-¿No pusiste lo de los playmobils en el blog, Jime?
- No, Margui…no lo puse.
- Ah, no, no, no. Lo tenés que poner, ¡es buenísimo!
Y como Marga lo sugirió acá va el relato de los playmobils.
En el segundo intento de convivencia con JJ, aclaro, segundo intento que no
fue tal. En realidad, fue un intento de demostrarle a JJ lo lejos que estábamos
uno del otro, que no existía amor, al menos de mi parte y de que ya nada nos
unía. Se lo quise demostrar empíricamente, ponele, para que deje de pensar que
era un capricho mío.
Gran estupidez la mía, lo sé, perdimos el tiempo y nos desgastamos el alma
los dos. Pero dejando de lado todo aquello que pertenezca al terreno
melancólico, el contexto de nuestra relación se resume, más o menos, así.
Pretendí que JJ viera que no funcionaba nuestra relación y que no se trataba de un capricho
mío. Mi actitud, a fin de querer demostrar que “esto no iba”, no era la mejor.
Por ejemplo, a la ropa de JJ no le ponía suavizante, no lo acompañé más a
ningún evento familiar ni de sus amigos, tampoco lo participaba de los míos y,
como digo frecuentemente: “yo ya no me comía ni la punta”, es decir que no
soportaba nada, mi tolerancia era casi nula. Sólo media cara de culo de su
parte era motivo suficiente como para levantarme en plena cena, agarrar mi
plato y terminar cenando bien lejos de él, en cualquier otro lugar del
departamento. Todo esto lo hacía embanderando una de las frases que me acompañó
durante aquellos tiempos: “demasiadas caras de culo soporto de la gente a lo
largo del día, como para llegar a mi casa y tener que tolerar la tuya también,
JJ. Mi casa, nuestra casa, debe ser el lugar donde encontremos el mayor confort
posible. Si vos no colaboras para que esta casa sea el mejor lugar donde
podemos estar, el mejor refugio que podemos encontrar: te transformaste en una
piedra, flaco”… y todos sabemos lo incómodas que son las piedras en el camino.
Así venia yo, áspera, ponele, con ese tonito de voz algo altanera al hablar,
pero ojo, él tenía lo suyo y no se quedaba atrás. También se amotinaba en “pie
de lucha”, onda los trotskos de la facultad de ciencias sociales. Eso si, los
amotinamientos de JJ son para otra entrada, o varias, en este blog, ¡bah! el
blog se va nutrir de los amotinamientos, caprichos, razonamientos más que extraños,
formas de actuar y de contestar imposibles de comprender en un hombre de treinta
años.
Entre todas sus particularidades, JJ coleccionaba playmobils, no uno, ni
unos cuantos, sino que coleccionaba toda la escena completa. Tampoco eran los
muñequitos en una caja que guardaba porque ya no jugaba más con eso, ¡no! Los
playmobils debían estar desplegados, con toda la escena armada en uno, no, en
realidad, en varios estantes que estaban destinados para eso, eran los estantes
de mis libros y cada vez que yo intentaba sacar un libro tratada de hacerlo con
mucho equilibrio para no tirar ninguno pero era casi imposible. Los playmobils
así dispersos eran muy molestos, juntaban mucha tierra y como son livianitos,
el viento los hacía volar cada vez que se abría la ventana del balcón y con
gran facilidad terminaban en el piso. Y, ¿adiviná qué pasaba cuando tocaban el
piso?, para JJ era un desastre, pero era algo lógico que una vez que el
playmobil tocara el piso Luna lo agarrara y lo escondiera entre los trapitos de
su cucha. Ella también los coleccionaba. Pero, todo se transformaba en trágico
porque lamentablemente, los perros para agarrar las cosas, las muerden y algo
irreparable para un playmobil. Cuando un playmobil tiene mordidas las manitos o
la cabeza ya no le entra el peluquín o la copita de vino para brindar. Ese es
el drama.
Por eso, cada vez que JJ se daba cuenta que faltaba algo o que algún
playmobil estaba mordidito armaba un quilombo impresionante que, sumado a mi
escaza tolerancia, todo terminaba siempre en una batalla.
Pensar que todo se debía a esos playmobils, ¡que locura! Peleas eternas por
esos juguetes que sólo estaban en exhibición. Pero ojo, el amor de JJ por sus
playmobils tenía un límite claro: jamás limpió ni un puto playmobil, ni una
maldita copita, ni la nave espacial, ni el camión de bomberos, nunca limpió una
mierda y eso aumentaba mi queja contra esos juguetitos detestables con pelito
patético y manitos que ¡no eran manitos, por el amor de dios!
Un sábado arrancó a pura batalla cuando llego al mediodía, después de haber
ido al gimnasio, llego tranquila,
contenta, sin preocupaciones porque estaba prácticamente sedada después de la rutina
zarpada que había hecho. Abro la puerta del departamento y JJ me recibe de la
peor manera que podía llegar a recibirme: con cara de culo y sin un
"Hola" previo. Detesto profundamente llegar a cualquier lado, a la
facultad, a la casa de una amiga, al laburo, a donde sea que llegue y que me
ataquen con un tema sin ni siquiera decirme "hola". La cara de culo
de JJ noté que fue instantánea, se transformó en cuanto me vio entrar y en un
segundo me di cuenta el por qué, ¡claro! ¿cómo se me ocurre no ponerme el buzo
en la cintura para que me tape el culo cuando estoy con calzas y la remera no
me llega hasta el tobillo?, ¿cómo hago una cosa así?. JJ en lugar de decirme un
"Hola" me recibe así:
-¿Así fuiste al gimnasio, Paula? *respiro hondo porque tengo mooooy poca
tolerancia para responderle*
-Si, fui así JJ, ¿qué querés que me ponga?, a ver, decime, ¿una sotana,
nene? *mientras le hablo pienso que jamás fui al gimnasio con calzas zarpadas
color blanco, nunca un top o algo súper sexy. Siempre fui con calzas y una
remera común, no con una remera hasta la rodilla pero tampoco un top. Me
envenenaban esos comentarios porque pensaba en las chicas que van súper sexies
y yo, al lado de ellas, parezco una boluda y me tengo que bancar que él me
recontra cague a pedos porque se me veía el culo. Obvio que no se me veía, se
marcaba a lo sumo, pero mis remeras siempre llegan un poco más abajo de la
cintura. Todo me reafirmaba una sola cosa: ¡que desubicado es este flaco!*
-No me cargues, Paula, sabes a lo que me refiero. ¡Se te ve todo el culo!
-Bueno, basta, JJ, cambiame la carita y tratemos de almorzar con algo de
paz, no me hagas calentar, por favor.
-¿Ahora soy yo el que te hago calentar?, pero sos vos la que no te pones el
buzo en la cintura sabiendo que a mi no me gusta que andes sin el buzo atado. Si
antes te lo ponías, ¿por qué ahora no?
-Porque antes trataba de evitar estos quilombos, pero siempre tenés algún
motivo para generar discusiones al pedo, entonces, haga lo que haga me peleas, por
eso no me caliento más porque total vos me vas a pelear, JJ. No sé, lo tuyo es
genético en un punto, nene.
-Ah, ¡pará! ¡pará, Paula! ¡No abras la ventana del balcón! *ni bien me lo
dice miro hacia el balcón y no puedo creer lo que veo. Vuelvo a mirar y me
enfurezco como nunca*
-¿Vos estas loco?, estas completamente desquiciado, JJ, decime ya qué hace
Luna en el balcón con los cinco grados que hace, ¡hace un frio de locos, flaco!
¡sos un animal! ¡Luna esta temblando, forro! ¡pesa cinco kilitos nada más! ¡la
vas a matar!
-¡Que exagerada sos! Es un perro, Paula, ¡pará, nena!¡no le abras! ¡está en
penitencia!, ¡dejala ahí! Tiene que aprender a no tocar mis playmobils.
-¡Perdón! Vos sos un enfermo mental, nene. Tenés que estar en una clínica
apartado de la sociedad.
-Es así, Paula. La perra es una malcriada por tu culpa y no puede ser que
haga lo que ella quiera. No tiene límites.
-¿Vos sos pelotudo?
-Dejá de insultarme, Paula.
-Te pregunté algo, respondeme, ¿sos pelotudo?
-Cortala, dejá de hacerte la canchera porque te queda mal y ya puse la mesa,
asique vení a comer.
-No la corto nada. Me tenés tan, pero tan cansada con esos playmobils de
mierda, que ya siento que estoy al lado de un pelotudo de catorce años. Estos
putos playmobils, porque te aclaro que parecen bien putitos con ese pelito de
forros que tienen, siempre se caen. Tocas un libro y se caen, abrís la ventana
y el viento los tira. La perra es perra y actúa como perra, por eso guarda todas
las cositas que encuentra entre sus trapitos, papa frita.
-Es indefendible, Paula, Luna siempre hace lo que quiere.
-Luna se cree que los putitos playmobils son sus hijos, JJ, vos no la
entendés. Como todo en esta vida, no entendés nada. *eso de que Luna se
"cree" que los playmobils son sus hijos, son chistes que JJ no
entiende que son chistes, cree que yo realmente pienso así y odia esa clase de
comentarios. Justamente por eso se los hago en plena discusión*
-¡No le abras a Luna! *ya le estaba abriendo la ventana y la perra entró en
un segundo cagada de frio*
-Ya le abrí, tarde, querido.
-No sabes tener animales, Paula.
-Mira JJ, vamos a hacer así porque no podemos seguir discutiendo eternamente
por esto. Vos sacas los playmobils hoy y los guardás en una caja o paso la
aspiradora y los chupo todos, mañana.
-¡Callate Paula! Nunca te vas a animar a aspirarlos.
-Bueno, mañana vemos si me animo, por las dudas, vos, guardalos vos.
Lógicamente, no sacó ni un puto playmobil, ninguno pasó a estar en ninguna
caja, seguían ahí, paraditos los putitos. En el estante, del departamento del piso
diecinueve, piso en el que cada vez que abrías la ventana el viento, a gusto y
piaccere, los desparramaba por todos lados. Grato momento para Luna, obvio, no
le daban las patitas para correr, poder llevárselos todos a su cucha y
esconderlos entre sus trapitos.
JJ, no guardó nada.
El final: predecible.
Por eso al día siguiente le pregunté:
-Tampoco hoy pensás guardar los playmobils, JJ.
-Paula, tengo que ir a la casa de Tebi a terminar la entrega de mañana, ya lo
sabes, ¿para qué preguntás?
-Bueno, después no te sorprendas.
-¡Ay! Hacé lo que quieras Paula, pero no me jodas más.
-Bueno.
Los aspiré. Aspiré todo, menos las naves, las mesas, las sillas y esas cosas
grandes que eran parte de las escenas. Cosas que por las aspiradora no pasan,
pero que si entraron cómodamente en una bolsa.
Después, todo fue a parar a la Iglesia donde esta el Padre Pablo, nunca me
acuerdo el nombre de esa Iglesia pero sé que es sede de Cáritas, asique,
seguramente, hoy esté jugando con esos playmobils algún nene que no los
considera un caprichito, sino un simple juego.
Así me quedé hoy, con la misma expresión que ese bebé. Con esa cara que no entiende por qué, pero que por algo va a llorar. Tengo la cara del bebé cuando le sacan algo que quiere, seria una cara de capricho porque no se cuánto hay de necesidad legitima en esa expresión. Creo que el deseo funciona así, lo querés cuando no lo tenés y si lo tenés mmmm como lo tengo mejor busco otra cosa, pones el deseo en otro lado. Pero si en el medio del proceso “lo quiero – lo tengo” te lo sacan no me diste tiempo a poner mi deseo en otra cosa ¿? Así no! En fin, no se que tanto yo quería lo que ahora no tengo, pero mientras lo tuve no me cerraba, mientras lo tuve lo disfrute y lo disfrutamos y vaya a uno saber porque con lo que tenia (con lo que tenia para ofrecerme) no me conformé. Mierda! Si me hubiese conformado no estaría con estas raras sensaciones y si me hubiera conformado hace 10 años estaría casada con Hernán, en fin ODIO los verbos en tiempo “potencial”. Aunque uno no lo diga siempre cree que existe una posibilidad de que él acepte un cambio en las tacitas reglas del juego, supuestamente en este juego, estas con el flaco porque no te va mucho (en este juego) en este juego el tipo no te da para mas o no te copa demasiado. En mi caso si comienzo el juego es porque un mínimo de conexión debe haber porque sino ni un beso te doy y no me refiero a una conexión física, pienso en que como mínimo algo te tiene que atraer, con la atracción empieza el juego y nunca sabes donde termina…creo que el final de mi juego era predecible para muchos y me incluyo, pero hasta que el juego no termina no sabes el resultado. Game over, y nadie dijo “insert coin, insert coin” no se si gane o perdí, siento que no gane y no se si perdí porque lo que perdí no lo quería mas para mi, no more! Quizá gane alivio, no sé…la sensación de incertidumbre no me gusta, no me hace bien y no la quiero. Un terreno mas seguro me gusta mas. Me apresuré y creí que estaba confundida ahora veo que no, porque no buscaba ir mas allá, se iba a agotar de todos modos. Igual me siento rara. La verdad no sé que quiero y eso angustia, pero, creo que me acerco a lo que quiero cada vez que defino lo que no quiero. Cuando uno dice no, se dice si a si mismo y se “hace un mimo” digámoslo así. Entonces gané, me gané un mimo y casillero mas cerca de definir lo que quiero. Igual sigo sintiéndome rara :S
35 años conmigo no son nada fáciles, son pura contradicción: porque soy la mal aprendida, la que siempre "dá la nota", la “contestataria”, la que siempre esta del orto, la "zurdita" con ropa Allo Martinez, la marxista que trabajó casi 10 años en McDonald’s, la que llora por todo pero también llora por nada, la nieta de la abuela Merce, la socióloga que se dedica al marketing publicitario, la "say no more" que toma clases de "perreo"... demasiada contradicción para mi metro y medio. …
Pero hay algo que se mantuvo intacto todos estos años y es que siempre quise ser, no, ser no, siempre quise hacer como Thelma y Louise. Si, eso de salir repentinamente con el auto medio sin rumbo, dejando todo colgado: laburos mediocres, parejas inútiles que inutizan la vida, ¿quién no soñó con colgar todo? Soñar con esa simple sensación de algo simple como puede ser la libertad. Sin embargo la libertad no es algo simple, es complejo y con solo la sensación de algún pequeño momento o de varios momentos juntos a mi me alcanza. Ya voy a salir así alocada con una amiga en auto, colgando todo aunque sea un fin de semana y quizás, si, quizás hasta me ponga un pañuelo como Louise!
¿Por qué me cuesta tanto pensarme diferente? bah, me cuesta porque cuando me pienso diferente, no puedo evitar sentirme “rara” y digo rara como sinónimo de diferente, distinta, loca, todo lo que escapa a la norma, a “lo normal”
En realidad (creo) que es el juicio de los “otros” lo que me hace sentir rara, loca, desubicada o diferente. Es el juicio de los otros y es el peso de los malditos mandatos sociales o familiares que todavía, a mis casi 35 años, no puedo terminar de romper. El peso de estos dictámenes (familiares, divinos, sociales, como te guste) nos impiden pensarnos a nosotros mismos como seres subjetivamente libres, pero libres de verdad, autodeterminados libremente. Por lo que sé en la construcción de la subjetividad intervienen dos procesos un proceso individual y uno colectivo (simplificando enormemente el tema, pido disculpas a mis profesores de facultad por mi “reduccionismo animal”).
En criollo, por las dudas, somos el resultado de lo que mamamos en casa (ahí se define nuestro “yo” según el resultado de nuestra batalla vs el Sr Edipo) a esto le sumamos el pasaje por el “colectivo social”, pasaje por la época que vivimos. Entonces yo soy = el resultado de mi batalla contra Edipo (te cuento que la batalla la perdimos todos los que mas o menos acatamos normas y estamos “socializados”, perder esa batalla eliminó en nosotros toda posibilidad de rebelión EXITOSA, y así nos hicimos dóciles, no hace sujetos [el vocablo no es casual, estamos “sujetos”] “domesticados”. Gracias Edipo, eh?!), vuelvo. Yo = sujeto individuo dócil + sujeto histórico. Cuando me planteo algo, cualquier cosa, un deseo por ejemplo, primero me proyecto como seria en relación a ese deseo y después tomo o no la decisión de satisfacer ese deseo. Decisión atada a mi conformación subjetiva. Digo: mis elecciones no las hago porque si, sino que son el resultado de lo que viví y mi viceversa.
Hasta acá todo bien, pero que pasa cuando ves que todos los valores (el sistema de valores y de normas) esta trastocado y no va con vos? O sentís que toda la realidad esta trastocada? puedo pensar, y sé que muchos lo piensan, que la trastocada soy yo, bueno no lo se!! Y el no saber me trastoca. Pero me trastoca mas que me cueste pensarme diferente, no puede ser (y eso me pone del orto) que a mi, que nunca compre la vida de Susanita, me cueste proyectarme en otro rol que no sea el de esposa y madre. No se si me cuesta proyectarme o imaginarme en otro rol, pero si se que me da terror proyectarme como no madre ni esposa. Pero mi terror tiene un origen y nace cuando en plena lucha contra Edipo o Electra me toca a mi por ser mujer, bue…en plena lucha por mi individualidad aparecen los regalos. Siii, regalos!! aparece el puto jueguito de te para jugar a las visitas, siempre acompañado de un hermoso bebe rubio, de cachetitos rosados y asexuado…y hacete cargo del jueguito, nena!!
Lo primero que te enseñan es a darle la mamadera (la teta no! a ver si le gusta y sale putona la nena! Hay que darle la meme) y te enseñan a hacerle arrorró al bebe. Cuando jugaba con algún varoncito del jardín de infantes, alguno que se atrevía a jugar conmigo que era muy mandona (podre flaco me debe estar puteando) el juego se desarrollaba así. Yo madre y esposa abnegada saludo al marido que se va a trabajar, el pobre pibe se iba a un rincón no se que hacia porque salía de la escena hogareña. Yo me quedaba en el centro de la escena hogareña, lavaba platos, cambiaba al bebe RUBIO siempre rubio y hacia la cena porque llegaba mi marido de trabajar en cualquier momento. En esa parte solía cagar a pedos a mi lúdico marido si tenia la osadía de volver de trabajar sin darme tiempo a mi de hacer la cena. Todo tiene un por qué, ven? Jodida yo?! Que hermoso juego! Nada inocente, ojo, había elogios si le hacías correctamente el arrorró al bebe. Si, la abuela, mamá, tías y todos los presentes con “aplausitos” y voz de pelotudos te decían “muy bien la nena, a ver? cantale otra vez el arrorró al bebe?” y otra vez lo haces porque los elogios son siempre lindos y si vienen de papa y mama mucho mejor. Ahí el mandato y la puta satisfacción de satisfacer a otro (y cada vez que satisfago a otro me digo no a mi, tema que nos excede hoy).
Bueno, matemática pura: a este lastre que traigo de “casita” le sumo mi paso por esta época porque soy “social”, soy un sujeto social, soy yo en relación un colectivo social. Ahora lo de trastocada va a cobrar sentido practico. Sin detalles que no suman demasiado, mi paso por esta época se resume en mi vivencia actual: amigas, todas contemporáneas mías, desesperadas por casarse y las dos palabras que mas resuenan en mi cabeza son “reloj biológico”. Mi mejor amiga repetidas veces me dice “ya no estas para perder el tiempo con ese tipo”. Ahora me tienen que importar los tiempos? La tensión que genera todo este tema del matrimonio y la maternidad es directamente proporcional a la edad. Tanto me insisten o ponen caras de espanto cuando ven mi parsimonia ante ni situación amorosa (amorosa CERO) + 35 años, que dudo y creo que estoy mal, trastocada…y entonces es verdad que “ya estoy grande para hacer estas pavadas”.
El miedo que me genera pensarme como no madre ni esposa radica en el miedo a estar construyendo una subjetividad corrida de la norma, porque, ¿sabes quienes son los que construyen una subjetividad propia, lejos de la norma? Los Anormales, siiii, los locos. Pero no digamos locos porque definir quien es loco y quien no es un quilombo y, viendo como estamos, si la cordura nos trajo hasta acá…me inclino a la locura. Bueno, pero mi tema es mas simple, cómo me veo o me proyecto de acá en 5 años sin ser madre ni esposa, no se, pero, a menos que llegue el príncipe azul y me elija a mi (y que una vez que me elija me acepte y tenga una paciencia de puta madre), la verdad no tengo puta idea de cómo seré a los 40…mmm…no están tan lejos mierda! Estoy grande tienen razón!
Es verdad, lo incierto da miedo, entonces que hacemos? parate del lado certero, nena! Sigo el razonamiento y digo: para poder proyectarme de acá a 5 años me tengo que concentrar en aquello que seguramente si voy a ser (me paro del lado certero, sobre aquello que sé). Voy a ser feliz, seguro, porque me concentro en ser feliz (por eso no quiero novio ja!) porque busco ser feliz de maneras muy diversas, la mejor proyección de uno mismo es la que uno mismo se “auto” hace, sin plazos, ni vencimientos, disfrutando del trayecto porque si el trayecto esta bueno la meta llega sola, mi llegada debe ser el disfrute del camino. Solo haciendo me doy cuenta de lo que me gusta y cuando algo no me gusta con decisión mando a “papelera”, no soporto ni tolero cargas o mochilas que me impiden disfrutar de mi camino. Porque, como diría Fito, “lo importante no el llegar, lo importante es el camino”
Los zapatos aguja y las cosas complejas no las quiero mas, ya me complejicé demasiado, los zapatos aguja me ponen de mal humor y para compleja ya estoy yo (gracias mamá! Qué sería de mi analista sin vos?) entonces, me tengo que animar y tengo que seguir apostando y defendiendo la vida que hoy quiero vivir y “vamos viendo” pero sin culpa ni explicaciones a los que me cuentan los minutos de fertilidad que me quedan y, como diría Marce un amigo al que adoro muchísimo: “a coger que se acaba el mundo”.
Y vos, ¿a qué jugabas cuando ibas al jardín de infantes?
No hay nada que me ponga más del orto que “una respuesta vacía” y que, además me la quieran vender como la solución que necesitas. ¡Me saca! Y me saca porque estas respuestas vacías generalmente, están cargadas de soberbia, ¡cosa detestable, si las hay!
Hace poco pregunté en facebook si uno elige de quién enamorarse, mi pregunta fue ésta: ¿uno elige de quién enamorase? Categóricamente y con una velocidad impresionante, la primera persona que responde, escribe un: “¡obvio!”. ¡A la pelota!, pensé, ¡mierda!, ¿cómo saben algunos?, entonces yo, ¿no sé algo tan obvio? pero, ¡qué boluda soy!.
Bueno, ante esta rotunda respuesta me puse a pensar para tratar de entender algo que aparentemente era tan obvio. A ver, voy a pensar en los ejemplos más cercanos que tengo. Mi mejor amiga, Marga, se enamoró hace un tiempo de un tipo casado, pero sin saber que era casado, ella se enteró después, y ¿sabés después de qué? después de haberse enganchado. Cuando se enteró ya era tarde, ya estaba hasta la re manija con el flaco este. Yo te aseguro que ella no eligió enamorarse de semejante muerto, obvio que sabemos cómo terminan estas relaciones por lo general. Si algo es obvio, es que si Marga hubiese podido elegir, hubiera elegido a alguien que le dedique un poco más que dos horas por semana, o que no sólo puedan verse cuando él puede, o que la clandestinidad no sea algo necesario para que el matrimonio de este muerto no se vea perjudicado.
A ver, a ver, decime qué carajo elegís, ¿qué mierda elegís? contame ya qué es tan “obvio”. Pero como acá escribo yo, soy yo la que te digo qué es lo que elegís. Elegís al tipo, a un tipo. Elegís a un sólo tipo dentro de las opciones que tenés, ¿si?, pero elegiste a ese flaco del montón que, fundamentalmente, no conoces. Lo elegís para empezar algo, sea casual, sea informal o no; y lo elegís para conocerlo porque "no lo conoces". Entonces ahí, ¿qué hacés?, vas a tomar algo, un cafecito, una cervecita, no sé, en un punto que se dé lo que se tenga que dar. A lo sumo, si cuando salís ves que es muy buen mozo y que además, te cierra más o menos, te lo garchás. Hasta ahí vos venís eligiendo, pero según como avancen las cosas después de esa primera cita, de a poco, dejas de elegir. Te explico por qué vas dejando de elegi: un tipo puede ser divino, tener facha, la mejor actitud, cada vez que lo miras te derretís y te tiene como pelotuda hasta que...te besa. El beso es la clave de todo, ya lo sabemos. Si el beso no va…no sigas por favor, te pido en-ca-re-ci-da-men-te que dejes a ese tipo porque si el beso no te gustó porque si seguís es al reverendo pedo. Si el beso no te gustó, todo lo que siga “no te va a gustar”, si, si, si, como la banda. Eso del beso es tan solo un ejemplo, algo fácil y nadie, más o menos normal, sufre mucho por algo así. Todo esto se resume así, onda que el tipo te gutó, te besó pero como ese beso no te gustó, ¡picá, flaca!, ¡corré!, ¡corré bien lejos!
Ojo que también puede pasar que el beso si te haya gustado. Ahí avanzás, quizás te lo garchás y si, manos o menos va bien y él hace eso que a vos te gusta que te hagan, ¡cuidado! Ojo, porque ahí entras en la etapa: "me gustas mucho", a esta altura querés estar con él más tiempo y si el tipo demuestra interés en vos, además de cuidarlo porque de esos hay uno en un millón, ¿podríamos, decir la hermosa palabra?, ¿podemos definirte como "enamorada" o "casi" enamorada? En fin, usemos este vocablo algo infantil y muy pedorro para esta etapa y digamos o supongamos que estas enamorada o enamorado.
Básicamente, lo que te pasa es esto: el tipo gusta, te calienta, lo querés seducir todo el tiempo, lo queres calentar constantemente, pero, como no sos “Alicia en el país de las maravillas” sino que sos “Paulita o Jime en esta Argentinita” (por cortesía de mi madre tengo dos nombres y nunca nadie sabe con cuál de los dos dirigirse hacia mi), bueno, vuelvo al tema. Como no sos “Alicia en el país de las maravillas” ¡despertate, pavota! porque algo malo ese tipo tiene, ¿no me digas que no lo pensás? si me decís que no lo pensaste nunca no te lo creo. Pero el principal no sos vos ni es el pobre flaco, el problema de todo esto es que siempre te das cuenta tarde, ves las cosas cuando ya estas enamorada. Y ahí decí ¡alpiste!.
No hay algo que sea malo en un tipo y todas estemos de acuerdo con eso, cualquier cosa puede ser ese “algo malo” que desalienta el amor que sentís. En mi caso, por citar casi lo más llamativo de los amores que tuve en mi vida, me acuerdo de Facundo, pobre Facundo, es un cocainómano. Tiene muchas ganas de recuperarse, aclaro que no me refiero a su adicción como “eso malo” que te desenamora, ¡no fué así para nada! Es mas, lo quise mucho a pesar de su adicción, pero convengamos que de elegir alguien para enamorarme, Facundo no fue mi mejor elección. Tampoco Facundo fue mi única mala elección, ya tengo un catálogo que no quiero contar cuántos son porque seguramente me deprimiría de una manera importante. Te digo más, creo que yo siempre elijo mal y cada mala elección me hace sentir bien loser. Reflexiono dos segundos y pienso, ¡que boluda soy, madre mía! y todo eso me pasó porque nunca pero nunca elegí enamorarme de quien finalmente me me enamoré. Mi elección para enamorarme sería poder estar con alguien con quien poder compartir algo más que sexo ocasional, quiero poder apoyarme en alguien y también poder contar con él. No quiero competencias, no quiero desconfianzas, no quiero hincharle las pelotas a nadie y tampoco quiero que me las hinchen a mi.
Bueno, la verdad es que hoy estoy muy lejos de eso, porque cada hombre que se me presenta me desconcierta más, quizás ellos digan lo mismo de mi, lástima que jamás me entero, digo, como para modificar, si es que puedo, aquello que haga mal. Últimamente, con los hombres que salí alguna que otra cita, nunca pude saber dónde tenían la cabeza, ni qué tenían en la cabeza, me refiero a algo más que "ponerla", y lo que es peor aún, es que creo que ni ellos saben qué mierda tiene en sus cabezas porque actúan muy incoherentemente.
¡Lindo casting el mío! A Facundo lo elegí, pero no elegí todo su lastre, todo su quilombo con la merca, no elegí tener que ir a visitarlo todos los fines de semana a una granja que quedaba en la re concha de la lora, pero ¿cuándo me dí cuenta? ¡tarde! cuando ya estaba “enamorada” (no, si tengo razón, pero para mi es una palabra de mierda “enamorada”). Conclusión fácil, cortita y al pie: no elegís de quién enamorarte.
Si pudiera elegir, elegiría enamorarme de otra cosa que no se drogue principalmente, y conociéndome me enamoraría de ¡ese no existe! o que jamás se fijaría en mi. Con lo cual, dentro del universo masculino que te rodean elegís, mas o menos, lo que te parece que puede andar, ¡elegís a ojo! como todas. Así, del universo total de hombres, a la hora de elegir hay que descontar: casados, con novia o en pareja, también habría que descontar a los borregos *léase borregos: todos aquellos hombres tiernitos a los que le llevas más de 5 años*, descontás los mujeriegos, gracias pero una úlcera no quiero, paso. Los que físicamente no tocarías jamás, ¡beneficencia, no hacemos tampoco!, yo te saco los engreídos porque al lado de esos te sentís una basurita y no da, ya me siento basurita así sola, al lado tuyo no quiero reafirmar lo basurita que soy, te agradezco che. Los súper apuestos convengamos que son ¡peligrosísimos! esos te clavan los cuernos seguro. A los fiesteros los saco porque para dolores de cabeza ya tengo con mi jefe, con eso me sobra. Los ex de tus amigas no dá, la onda es: minimizar la posibilidad de quilombos en un punto. Los súper exitosos y competitivos los saco también, gracias ya sé que soy una loser, no necesito sentirme más loser aún. Tampoco quiero hombres con los que no podes hablar ni dos palabras seguidas porque el cerebro lo tienen vacio. Bueno, ni qué hablar de los gays ya sabemos que son amigas.
En fin, ¡no elegís un carajo! ¿entendiste?
De todo lo que desconté solo hay un “tipo de tipo” que no descarto, es un tipo de hombre que está entre los que describí más arriba. Es un tipo de hombre que me apasiona pero sé que si me enamoro de él sería muy kamikaze de mi parte, pero como después de escribir todo esto soy consciente que uno no elige de quién enamorarse quizás por eso este llorando otra vez, todo por culpa de otra elección de mierda.
Pero como diría mi abuela Merce: “a llorar a la iglesia, Paulita”.
Cada vez mas seguido "estoy cansada"...y me doy cuenta que cada vez son mas las cosas que me cansan. En realidad no es cansancio es "hartazgo"!
Puedo nombrar un millón de cosas que ya me cansaron, pero no se si tiene sentido nombrarlas, no se si será mi edad, ya casi 35 años, no se si será mi historia, mi vida, esto que soy hoy, esto que elegí ser. Soy mujer, eso no lo elegí, pero bue, me la banco...elegí ser socióloga, estudiar en la UBA, trabajar en publicidad, esto lo detesto pero me da de comer... Elegí ser de izquierda, ser soltera, vivir y bancarme sola y elegí o elijo llevar mi vida tomando mis propias decisiones, intentando no responder mucho a los malditos mandatos sociales. Dentro de lo que puedo lo hago. Jamás pensé que fuese tan complicado correrse un poco (muy poco) de la "norma", complicado es mostrase como uno quiere intentando que al menos se tolere ser distinto. Ojo, no hablo de "la diferente", "la vanguardista"...no, no...me corro solo un poco de la media, soy un poco diferente y, aunque no tenga criticas intensas siempre hay "alguien" que tiene "algo" que decir. Ese "algo" que decir, me tiene harta, cansada...y si mando a cagar a todos los que inocentemente me dan su opinión, no solo me voy a quedar sin trabajo, también me voy a quedar sin amigos, sin nada...y, hay que reconocerlo, algo de vida social esta buena!
No, si te mostrás como sos...llueven criticas, opiniones, caras, juicios y prejuicios. Hoy por hoy no tengo prácticamente espacios de expresión libre, sin censuras y sin explicaciones. Ni en el nik del msn, ni en el "estado" del maldito facebook puedo poner como me siento realmente. Si estoy triste, simplemente triste, tampoco puedo ponerlo en mi nik del msn, porque TODOS los contactos, empiezan con consejos, comentarios, reflexiones y siempre alguna dice algo que detesto "no te permitas estar así". Ponete un minuto en mis zapatos dos minutos y después vemos como mierda te vas a sentir. Estoy cansada de no poder decir como me siento, si me siento como el orto, ¿por qué tengo que poner una frase pelotuda? ¿qué hago entonces? opto por poner alguna fase de alguna canción de Charly García, tipo al que amo y admiro mucho pero también preguntan, “es una canción, no busques mas allá! para eso esta mi terapeuta, gracias!”
Elegí ser de izquierda y estudiar Sociología...uuu!! que loca soy!! (también con ironía) soy LA ZURDA!! me lo dicen como si fuese un insulto, me chupa...soy zurda!! detesto la desigualdad social y que la gente crea que con pequeños cambios que salen del alma de cada uno de nosotros haremos un cambio total, pero debemos comenzar por un cambio individual. Quien fue el hijo de mil puta que invento tamaña pelotudez?! por favor!! los cambios se hacen desde la raíz, de una, con acción, con la acción de muchos...pero bueno, me fui a la mierda, la posibilidad de cambio social será tema para otro momento.
Acá, en este espacio quiero mostrarme transparente, no voy a escribir lo que otros quieran leer...no!! me niego a "complacer a otros", como me niego a un montón de cosas, entre las cosas a las que me niego están: mi negación al conformismo en TODO sentido. No pienso conformarme con nada que no me satisfaga completamente y cuando deje de satisfacerme "a papelera"...si, como dijo Monzón: "lo que no sirve, se tira"
Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.
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