No sé para qué es esto pero postié lo mas me gusta

lunes, 19 de septiembre de 2011

Vení, trae la joggineta y olvidate del arroz.



Como en muchos temas, el nivel de acuerdo que había entre JJ y yo era extremadamente escaso y, cuando se trataba de “las compras”, no había acuerdo.

El problema arrancaba porque JJ jamás respetaba la lista de lo que debía comprar. El pibe, o compraba de más, o compraba lo que a él le gustaba y no necesitábamos, como broches, metros de cuerda que jamás usamos, hilo sisal y cosas mas o menos así. Demás esta decir que siempre se olvidaba más de una cosa de las que si necesitábamos. En realidad, no creo que se olvidara, para mí, él no buscaba bien o no se calentaba en encontrarla.

Así las cosas, la lista del supermercado era completamente al pedo, además de escribir la lista también se la explicaba verbalmente con todo detalle, pero, evidentemente, con todo esto no alcanzaba como para que compre acorde a la lista. Creo que mi ahijada de seis años entendía mejor.

Otro gran problema de JJ, era que en su cerebro tenía bloqueada la compra de algunos productos. Había cosas que, claramente, no le importaban, como el detergente, por nombrar algo. Eso si, el flaco, para comprar un cepillo de dientes estaba años frente a la góndola, los miraba, comparaba uno con otro, buscaba diferencias y similitudes, sacaba estadísticas de uso, toda una verdadera locura, para comprar un cepillo de dientes.


El resultado de este tema del supermercado era el siguiente: cuando JJ compraba papel higiénico traía el primero que manoteaba, ¡le chupaba un huevo! Si era un papel de lija o acolchonadito súper soft, no se calentaba y no se calentaba ni por el precio, cosa que a mi me sacaba del poco quicio que tenia, ese culto al “chupahuevismo” que hacía JJ me ponía del orto. Cada vez que veía lo que había comprado no podía evitar imaginármelo mirando sin prestar atención, paradito ahí, con la vista perdida, enfrentado a doscientas variedades de papel higiénico, pensando: “¿y tanto quilombo para limpiarse el culo? Masí, son todos iguales”, así, llegaba al “manoteo loco” y te traía un papel higiénico de doce pesos, con florcitas de colores estampadas, o uno de cuatro pesos con cincuenta, que era lo mismo que pasarte una piedra pómez. Todo era igual en el mundo de JJ.


Por otro lado estoy yo, que no soporto el encierro del supermercado y odio perder tiempo ahí adentro, por eso me resultaba imposible compartir pacíficamente el momento de “las compras” con JJ. Nunca nos miramos a los ojos cómplices y con una sonrisita aprobadora nos dijimos un “si, amor, llevalo”, como en una publicidad de Disco.

No, todo era un ring de box y el supermercado no era la excepción.

De todos modos, como a él le encantaba ir al supermercado, cada tanto iba, a pesar de lo que comprara, para mi era un alivio no ir. Parece que disfrutaba eso de estar parado ahí, varios minutos, mirando detenidamente solo las góndolas de lo que le interesaban, lógico.



Su mejor compra la hizo un domingo.

¿Qué compró?, compró arroz. No cualquier arroz. Compró arroz partido para perros, en lugar de comprar simplemente, “arroz” y, como siempre, entró orgulloso de la compra que había hecho.

¡Claro! ¡¿cómo no iba a estar contento?!  ¡Si por dos mangos con cincuenta trajo diez kilos de arroz! ¡un ofertón encontró!

Ay, ese día, cuando volvió del supermercado, JJ se sentía Gar-del, si, si, era Gardel, Lepera, Lennon y McCartney, todos juntos.



Lástima, esa alegría poco le duró:

-Gorrrrrrda, traje todo lo que me pediste. Vení así guardas vos que sabes mejor donde van las cosas *él parecía que vivía al lado, nunca sabía donde estaban las cosas*

-¿En serio, amor?, ves que cuando querés sos un bombón, por eso estoy enamorada de vos, ¿trajiste lo que te pedí?, ¿todo? *si, si, aunque cueste creerlo, cuando estábamos bien, le hablaba así. Creo que, en ese momento, todavía estaba enamorada de JJ*

-Todo lo que me pediste, gorda. Hasta te traje los balines, ¡eh!, tamaño medio, como me dijiste.

-¿Naaaa? ¿Me trajiste los tampones?

-Si, tomá, ¿están bien?, ¿son esos? *me los tira por el aire, yo los agarro y los miro*

-Si, JJ, ¡bien! ¡son estos! *sorprendida y feliz, salto y corro a darle un beso*

-Además, mirá gorda, mirá la oferta que encontré, es increíble, no la vas a poder creer.

-A ver, ¿qué es?

-Escuchá, Pau, ¡diez kilos de arroz compré! Y si te digo a cuánto estaba te morís. *automáticamente giro la cabeza porque no tenía idea de cuánto era el volumen de diez kilos de arroz*

-Es mucho diez kilos de arroz, JJ, ¿por qué tanto arroz?

-Es que estaba en oferta, ¡no la iba a dejar pasar, nena! *el nivel de romanticismo se me fue al carajo un segundo después de escuchar que sólo lo compró porque estaba de oferta*

-Pero no comprés porque “está de oferta”, JJ. Si mañana ponen de oferta pañales para adultos, ¿vos lo compras? *recién en ese momento vi el volumen de arroz que eran esos diez kilos y era ¡una animalada!*

-Ah, fuiste delicada, creí que me ibas a decir: “ay, JJ, si mañana ponen de oferta soretes de colores, ¿vos los compras?, seguro lo compras, te conozco, JJ” *me lo dijo muy burlón, con tonito afeminado, intentando imitarme *

-No dije ninguna guarangada, ¿ves?, parece que todavía no me conoces, JJ *en ese momento viene, me abraza y me dice, ahora con voz dulce*

-Si, te conozco gordita. ¡Epa! ¡Upalalá! Qué ajustadita vino la joggineta de hoy.

-Ay por Dios, ¿vos te escuchaste, JJ?, ¿escuchaste la huevada que acabas de decir?

-¿Qué?, ¿de la joggineta?, si te aprieta y se te marca un poquito el culo, ya está, calienta. Nena, vos hablas porque no sabes lo que calienta una joggineta.

-Ay, no…JJ, no me podes decir eso, es un jogging y un jogging no calienta, ¡un jogging no calienta ni a un preso! ¡Jajaja! Sos un delirante, no sabes qué decir para cambiar el foco del tema.

-Hola, ¿Paula Jimena?, ¿estás ahí? *me lo dijo haciéndome “toc toc” en la cabeza, tipo Marty McFly, cosa que me reventaba*

-¡No me hagas así, nene! Sabes que no me gusta.

-Es que pareces lela, Paula. El jogging calienta, nena, con lo que marca del culo alcanza para saber cómo viene una mina de culo. Uno ya se imagina como viene el culo y eso calienta.

-Delirás, tarado. Son joggins, JJ, son “cero” sexies, cortala. Además estoy acá adentro, limpiando, ¡no jodas!, ¿qué me voy a poner?

-Por eso no me enojo, gordita mia, porque estas acá adentro y nadie te ve *mientras me dice eso me da dos palmaditas en el culo*

-No me digas nada más, JJ. Dejá no me hables más y anda pensando cómo vamos a comer diez kilos de arroz. Bah, pensá como vos vas a cocinar estos diez kilos de arroz para perros, ¡JJ es arroz para perros!, ¿cómo mierda no lo leíste?

-Si, es para perros, ¿y? *no sé si se hizo el gil, como para no asumir el error, o lo compró igual sabiendo que era “para perros”*

-Es arroz partido, JJ. Cuando se cocina queda un masacote, una pasta. Queda como un puré, ¿entendés? *me mira, piensa, piensa, vuelve a pensar y tímidamente me pregunta*

-¿Qué?, ¿no es lo mismo?, ¿no es el mismo arroz?, ¿por qué viene partido?

-Y yo qué carajo sé por qué viene partido el arroz para perros, ¿qué me viste?, ¿cara de qué? ¿de Eukanuba, nene?

-Es que no te vi la cara... *con cara de libidinoso me agarra como para darme un beso y pongo distancia con mi mano en su hombro*

-Pará, pará un poquito, no te hagas el fogoso ahora, que sos un boludo que no mira lo que compra. Decime una cosa, ¿no te llamó la atención el precio?, ¿tan barato era?, ¿cuánto te salió?

-Seis pesos.

-¿Y no te llamó la atención? No, por lo visto no te llamó la atención, ¿tampoco leíste que era para perros?

-Si, eso lo leí.

-¿Y por qué lo compraste?

-Creí que era igual, nena. El arroz es arroz. No sabía que para los perros lo partían, nena. ¡¿Por qué carajo lo partirán?!

-Ah, ¿no leíste que era “partido”, “arroz partido”?

-Bue, che, ¡siempre un problema! No leí que era partido, bue.

-No, no, ni se te ocurra mirar a Luna. Pesa cinco kilos el perro, no puede comer tanto arroz, se tapona, termina como una pelota y revienta. Ni pienses en darle a Luna.

-Bueno, Paula, de a poco le vamos dando.

-Claro, le vamos dando y la perra no caga nunca más.

-Puff, bue, tenés razón. No leí bien, estaba justo ahí, en la entrada, delante de todo.

-Y ahí esta todo lo que es para mascotas. Onda, que al lado del arroz estaban, las correas para perros, las pipetas mata pulgas, los huesitos de goma y los bozales, pero vos no ves todo ese despliegue de productos, es una pregunta, te aviso. ¿Viste o no todo eso al lado del arroz?

-Che, si es un parcial, avisá.

-No, no, respondeme porque me molesta que nunca leas. No puede ser, JJ.

-Y…no lo vi. Vi el arroz, vi solo el arroz. Nada más, después traje todo lo que me pediste, Pau.

-Las galletitas no. No las veo.

-No habías anotado galletitas.

-Mentís, mentís, ¿no había galletitas Express en el Coto?, dale, JJ, ¡jaja! Me mentís en la cara. Ni las buscaste, sos más trucho, nene.

-No había, es la verdad, pensá lo que quieras, nena.

-Trajiste todo, JJ, ¡muy bien! Y trajiste más de todo esto que te  gusta, ¡mamá! ¡cómo te gusta gastar!

-No me jodas más gorda, si sabes que ganó Racing hoy, mamita, estoy de buen humor. Tenes la joggineta puesta solo para mi, asique ¿sabés qué me falta mientras miro Futbol de Prima?, que te prepares una picadita así le entramos con todo, negra, y miramos los goles, ¿dale?

-Los goles que ya viste, los vas a volver a ver, onda que vemos veinte veces el mismo gol, ¿vos te diste cuenta de eso? Después de Futbol de Primera, ponés Paso a Paso y volvemos a ver el mismo gol, ¡parecemos pelotudos, JJ!

-Dejá, no me digas nada más. Hacete la picada, dale. Te compré los balines que tanto me rompes las pelotas porque nunca los traigo.

-Ah, si…me compraste los tampones, gracias, ¿qué pasó?, no te miró la cajera pensando que eran para vos, como siempre me decis, ¡Jaja! *ya habla con una resignación enorme*

-Eso pienso igual, la cajera piensa que son para mi, pero dejá no me vas a entender, nunca. Ahora dale, hacete la picada y de futbol no hables. No entendés nada Paula. Por favor, de futbol, ya sabes, no me hablés. Sos muy básica, me decis que vemos el mismo gol, no sabes nada. Mejor, hablá del arroz si querés.

-¡Jajaja! ¡Que forro que sos! Haceme reir, JJ, ahora la básica soy yo, claro. Yo soy la básica pero el que mira veinte veces el mismo gol sos vos, ¡jaja! Andá, salí de acá, salí de la cocina, tomatelás.

-¡Que pelotuda sos, nena! No entendés nada y te crees viva.

-Seré una boluda pero no compro el arroz que esta en el “sector mascotas”, papa frita.

-¡Jajaja! Reite de mí y de mi arroz, pero ahora venite con la picadita y la joggineta esa que te pusiste.

-Voy si juega el Chanchi Estévez que me encanta la onda de ese tipo. La crestita, la crestita del pelo me mata.

-Ahora salí, ¡te gusta ese gordo que es un muerto! Arruinaste todo boluda, ni vengas. Todo arruinaste, enterate. Bue, aunque si traes la picadita cambiaría el panorama.

-¿Sabes qué?, en el orto, JJ, la picadita, en el orto la vas a tener, vos ¿la queres igual, amor?



miércoles, 3 de agosto de 2011

El problema de Bridget.


Una vez más veo esa película que detesto y paso dos horas criticando cada escena. A veces me pasa, pero, particularmente hoy noté un gran parecido físico entre Bridget Jones y Lilita Carrió. Y, ¿viste como son los pensamientos?, un pensamiento lo asocias con algo, ese algo con otra cosa, esa otra cosa con otra idea y así, en diez segundos podes irte mentalmente al carajo. Eso es lo que me pasó recién, asocié a Bridget Jones con Elisa Carrió, pensé: “esta piba Bridget sólo ve lo malo, como Carrió”, ahí arranqué, una idea me llevó a otra idea y vi la película desde otro lugar.
Toda esta suma de ideas y asociaciones me llevó a pensar cuál es, en definitiva, el problema de Bridget.

El problema de Bridget nace y se desarrolla así:
Primero quiere compañía, quiere tener a alguien con quien garchar.
Una vez que garcha, quiere tener novio.
Cuando tiene novio, quiere que le diga “te amo”.
Cuando el novio le dice “te amo”, quiere que grite el “te amo”.
Cuando el novio le grita “te amo”, quiere que la incluya en su vida social.
Cuando la incluye en su vida social, quiere que él esté todo el tiempo pendiente de ella.
Cuando él está todo el tiempo pendiente de ella, Bridget quiere tener un bebé.
Como no logra tener un bebé, quiere compromiso.
Como el novio no le da ningún anillo de compromiso, Bridget quiere casarse.  
Como la propuesta de matrimonio no llegó en el momento que Bridget esperaba, todo el tiempo se siente disconforme con su vida amorosa.
Estar disconforme la lleva a malinterpretar una amistad que tiene el novio con otra mujer, eso la enoja y lo deja ofendida.

Así Bridget nunca disfruta de lo que tiene en el momento que lo tiene.
Siempre quiere y sufre por lo que no tiene, impidiéndole disfrutar de lo que si tiene.
Ese es el problema de Bridget, que se resume en: “el problema de Bridget es: Bridget”.
La única cagada de todo esto es que: todas fuimos en algún momento, al menos un poco Bridget.


Ya sé que simplifiqué enormemente el problema de Bridget (es que para complicada esta Bridget) y las que amen esa película me van a decir que no entendí nada, cosa muy probable, pero mi idea no era comentar lo que ya sabemos de Bridget. Esto es sólo otra mirada, una más, complementaria o no de otras miradas.

En fin, como diría el célebre Guillermo Nimo: “Por lo menos, así lo veo yo”.

lunes, 18 de julio de 2011

Si se acordara de olvidarme.

Si hay algo que me encanta es ir al cine y, estando de novia, ir al cine puede ser algo mas lindo para disfrutar, como que tiene otro sabor. Eso si, siempre que “estar de novia” no implique un novio como JJ.
Con mi prima, Lucía, se nos ocurrió salir de a cuatro, si, queríamos salir con nuestras respectivas parejas. Algo con lo que siempre fantaseábamos desde
chicas. Pero la verdad es que fue un sábado digno de ser olvidado.
-Gordo, no te cuelgues con las compras como siempre, ¿si?, hagamos rápido hoy que a las ocho tendríamos que salir de casa, así no andamos a las corridas. *mientras le hablaba a JJ probaba enérgicamente el cuarto carrito del supermercado Coto, tratando de encontrar un carro que las rueditas no se traben, que no se desvíen y que se deje conducir*
-¡Uhhh! No, me apures, Paula. ¿Qué hay hoy?, ¿te acordás?
-Quedamos en que íbamos al cine con mi prima y José.
-Nena, eso ya sé, me lo dijiste veinte veces. Rompiste tanto las pelotas con lo mismo, toda la semana, que ya sé lo de esta noche, Paula. Sos pesada cuando queres.
-¡Ay! Me haces enervar de una manera inexplicable, JJ. Mirá yo repito y repito veinte veces, veinte cosas distintas y vos no retenés ni una.  *ya me dolía la cabeza, sentía que una procesión me caminaba adentro de la cabeza, porque siempre intentar dialogar con JJ era un quilombo*    
-¡Pero, pero, pero! ¿tan nerviosita te pongo?, ¿tengo ese poder?, ah, no, ¡perdón! todo te pone nerviosa a vos.
-A ver, escuchame JJ, me preguntaste, ¿hoy que hay? y te respondo lo que arreglamos para hacer hoy a la noche, ¿me estas jodiendo?
-Me refería a la promoción de hoy. Además el “arreglamos”. Bue, arreglamos. Ahora resulta que “a-rre-gla-mos”. *mordiéndose el labio de abajo, haciendo todo el acting de estar hinchado las pelotas y hacían sólo dos minutos que habíamos llegado al Coto*  
-Ay, bueno, arreglé yo, ¡pero te avisé! ¡no jodas!
-¿Se puede saber qué haces Paula?
-¡¿Eh?! ¿De qué me hablás JJ?
-Con los carritos, Paula, hace quince minutos que estamos acá parados, ¿qué haces?, ¿control de calidad, nena?
-Mmmmm, si sabés que después, cuando llenamos el carrito, parece que cobra vida, empieza a andar solo, se desbalancea a la mierda y terminamos luchando con el carro de mierda que vos no lo querés llevar. Por eso, como lo termino llevando yo, trato de encontrar el menos torcido, ¿te jode?
-¡Que insoportable, nena! dame ese, ese esta bien, ¡dale! Si lo llevo yo, ¿qué decís?
-Vos lo llevas hasta que te colgás mirando pelotudeces, te tildas con televisores de tres mil pesos, computadoras de un millón de dólares y todo tipo de cosas que no vamos a comprar jamás, y como no me gusta estar mil años acá adentro encerrada, agarro el carro y termino comprando sola.
-Te molesta todo, ¡eh! Ya ni te calentás en disimular.  
-¿Cómo?, ¿tengo que disimular?, ¿con vos?, sos mi novio, ¿cómo voy a disimular con vos?, te tengo que poder decir todo a vos, JJ.
-Y, un mínimo deberías disimular, como para poder convivir, ¿viste?, no sé, digo. Si no te jode.
-Pará, pará, un minuto JJ. Vos estas usando mal una palabra y no estas diciendo lo que queres decir, ¿no?
-A ver, a ver, ella, que leyó treinta y tres mil libros, que tanto sabe de todo. A ver, decime vos, qué es lo que yo quiero decir.
-Para que podamos convivir no tengo que “disimular”, JJ. Tengo que tolerar, aceptar, no sé, muchas cosas más. Pero “disimular” es ocultar, JJ.
-Ah, será por eso que nuestra convivencia es un golazo, ¿no?, ¡flor de pegada la nuestra!

Directamente hago como que no escuché nada y sigo el recorrido en el Coto.
-¿Qué agarrás, JJ?
-Paté, ¿qué tiene?
-¿Qué tiene?, un precio de puta madre, eso tiene.
-Uh, gorda, sacate la gorra dos minutos.
-Hablame bien, JJ, no me hables como le hablas a tus amigos porque no soy “el Mono” ni soy “el Pampa”. ¿Podrás hablarme como lo que soy?, ¡hola! soy tu novia. Tu-no-via.
-Cuando te depilas, ¡jaja!
-Ah, metiste un chiste, ¿qué hago ahora?, ¿me tengo que reir?, ¿qué?, ¿qué cuando me depilo?
-Y, no, dejá, dejá, si para amarga no te gana nadie. ¿No sabés que si te explico el chiste pierde la gracia?
-Primero, para que un chiste tenga gracia el que lo cuenta debe tener gracia, cosa que vos no tenés. Segundo, vos sos el que me pone amarga, JJ y tercero, ese chiste, ese “supuesto” chiste no es que yo no lo entiendo, ¡no lo entiende nadie, Landriscina! *JJ respira hondo y bufa antes de responderme*
-Me empezas a enumerar y me sacás Paula Jimena, me sacás. Sos como dice tu viejo, te pones torcida y no se te puede decir nada, te cerras y no agarras ningún chiste.
-Bue…exagerá cuando quieras, JJ. No entendí tu chiste, che, nada más. ¿Me decís?, ¿me decís, qué “cuando me depilo”?
-¡Puff! Vos decís, no me hables como le hablas a tus amigos, porque no soy “el Mono”, por eso dije: “cuando te depilas”. Cuando te depilas no sos “el Mono”.
-¡Ah! Estas inspirado en piropos, pelotudo.
-Bueno nena, dije que era un chiste y no un piropo, y que si te lo explicaba perdía la gracia.
-Si, igual no perdió la gracia porque nunca la tuvo.
-¡Que tarada que sos nena!
-No nos entendemos nosotros dos, evidentemente, JJ.
-¡Qué novedá! ¿Por qué no me decís algo que no sepa?
-A ver, decime, ¿vivís en Disney World vos?, ¿con cuánta guita te crees que disponemos? 
-Sacá ese paté de, ¡¿de ciervo?, sos un hijo de puta, ¡no podés comer ciervo! ¡que impresión, nene! ¡sacá eso! ¿desde cuándo?, ¿qué te haces? Desde ya te lo digo, eso no se compra. ¡Sacalo del carro! *como veo que no lo saca, amago a sacarlo yo, pero cuando voy a sacar la lata de paté de ciervo, JJ se me adelanta y me la arrebata de las manos*
-¡Bruto! Dame la lata.
-La pago yo, se compra y punto. *me dice con ojos endemoniados*
-No importa quién la paga, no dá comprar eso, ¡damelá! ¡dame esa lata, JJ!
-¡No te la pienso dar! ¡olvidate, nena! Además, no entiendo por qué no querés que la compre.
-Basta, basta, te dije que teníamos que hacer rápido y mirá…estamos perdiendo más tiempo que nunca. ¡Nunca tardamos tanto en este encierro! Parece que me lo haces a propósito. ¡No, no me parece! ¡me lo haces a propósito!
-Bueno, vos podrías dejarte de joder un poco y no ponerte como loca Greenpeace porque compro un paté, ¿cuál es el problema?, ¿me podés decir?
-Es queeee, es de ciervo, JJ, no dá. *vuelve a mirarme pero esta vez con cara de loco, larga una carcajada en mi cara y casi gritando me dice*
-¡Jajaja! ¿Y resulta que el que se cree que esta en Disney World soy yo, Paula? ¡No puedo creer! ¿te da “cosa” que sea un ciervo? ¡Es eso! ¡Jaja! ¡Andá! vas a cumplir treinta años, Paula.
-Yo no dije que me daba pena que sea de ciervo.
-¡Tu cara, Paula, tu cara! Tu cara habla sola, “es Bambi” pensaste, no podemos comernos a Bambi, ¡si! ¡es eso! ¡Jaja!
-¿Por qué no te vas a cagar, JJ? Mirá la hora que es, ya no llegamos al cine, ¡que  forro sos!
-Ay, hagamos de cuenta que este ciervo murió de viejito, que se murió de muerte natural, ¡jaja! Así lo comemos sin remordimientos.
-Boludo dale, apurate. Igual no llegamos, no llegamos.
-Bueno, no llegamos, ¡que drama! llamá a tu prima y decile que no vamos, o que lo dejamos para el próximo sábado, dramática.
-¿Yo la tengo que llamar?, ¿yo?, cuando sos vos al que le encanta perder el tiempo en este Coto de mierda mirando huevadas. No te soporto, JJ, no te soporto más.
-Anda vos al cine, que yo bien tranqui en casa con una cervecita me como a Bambi, a Mickey, a Minnie y a los tres chanchitos ¡Jajaja!

Llegamos a la caja y la cajera pregunta:

-¿Cómo van a pagar? ¿Efectivo o tarjeta? *mientras los productos empezaban a pasar*
-Con débito Galicia *respondemos a dúo, porque teníamos el descuento de ese banco*
-Son setecientos treinta y tres pesos con noventa centavos. *dice la cajera*

Los dos nos miramos como diciendo, “sacá la tarjeta, ¿qué esperas?”. Antes de que yo diga algo, JJ me mira y dice:

-Vos tenés mi tarjeta, gorda. Te di mi billetera para que la lleves en la cartera, como siempre.
-No me la diste, me lo dijiste y yo te dije: “guardala en mi cartera”, ¿vos no la guardaste? *mientras hablo revuelvo súper enérgica toda mi cartera*
-No, no la guardé.
-Ah, entonces no tenemos cómo pagar, ¡divino todo esto! *ya me quería ir como sea, con o sin las cosas, no me importaba nada. El sábado ahí adentro me saca*

La verdad es que se podían sentir como puñaladas las miradas de la cajera y de las mil doscientas personas que estaban atrás nuestro en la cola de Coto. JJ toma valor y le responde a la cajera.

-Nos olvidamos la tarjeta, no podemos llevar nada, disculpá. Tenemos que dejar todo acá. *la cajera bufa, respira profundo y nos dice con una sonrisita socarrona*
-Bueno, espero que no les vuelva a pasar porque retrasaron toda la fila. *sonríe*

JJ se da vuelta con violencia, juro que pensé: “ay, le pega a la piba”. Se acerca a la cajera, apoyando las manos en el borde de la mesada donde estaba todo lo que no habíamos comprado, y le dice:

-No te preocupes linda, la próxima vez a la que me voy a olvidar es a ella.*lo dice con guiñadita de ojo, ¡perdón! Soy la novia, eh, estoy acá, no me fui*
-Que tipo tan boludo sos, JJ, nunca sé qué carajo tenes en esa mente.

En cuanto llegamos a casa, agarro el teléfono y llamo a mi prima.

-Hola, ¿José?, ¿me pasas con Lucía, por favor? *tenía voz llorosa y de cara de orto*
-¿Qué te pasa Jime?, ¿estas llorando?
-Si, pero nada. Pasame con Lu, por favor.
-Bueno, pero, ¿estás bien?
-Si. Pasa que con JJ discutimos en el Coto y no vamos a ir al cine.
-¡Uy, Jime! Ya me imagino cómo le habrás hinchado los huevos a ese pobre flaco, ¡Jajaj!
-Solo te estas riendo José, ¿vos te das cuenta de eso?
-Pará, pará Jime, que ya te paso con tu prima, esta acá. ¡Chau, Jime y no hagas drama por todo!
-Hola Jime, ¿qué pasa?
-Nada, tu marido es un pelotudo, Lucía y al cine no vamos. Chau. *click, corté el teléfono*








sábado, 30 de abril de 2011

Un post para mujeres, pero sobre hombres.

 
Lejos estoy de intentar, con este post, hacer una tipología sobre los hombres. No creo conocer tanto al género masculino. Sólo voy a contar lo que conozco, o aquello con lo que me enfrenté.

Sin más vueltas arranco. Acá va y que “se ponga el sayo a quien le quepa”.
El primer tipo de tipos que se me viene a la mente, quizás por la frecuencia con la que me los cruzo es:
El “falso colgado”, seguramente algún hombre te dijo algo parecido a esto: “¿Viste cómo soy?,¡soy re colgado! pero vos ¡estas hermosa como siempre!” Siempre alguna frase va acompañada por algún piropo, pero, claramente no se colgó nada, cuando quiso salir con vos no se colgó. Cuando quiso encontrarte te buscó, generó situaciones, por eso hubo buena onda y salieron. Solo él y dios, si es que existe saben, por qué cada tanto se “cuelga”. A ver, ¿qué sos, flaco? ¿una pc que te colgás?, ¡no me jodas! ¿de dónde carajo te colgas?. Bueno, bueno – como dando palmaditas en su espalda –  Cuando te descuelgues llamame.

Otra especie es el “pirata con corazón”.  ¡Ah! Ellos son un amor, sin duda alguna. En un principio no parecen “piratas” (dentro del termino “pirata” entra, para mi, el viejo y conocido por todas: “el mujeriego” y todo hombre que posee algún tipo de compromiso con otra mujer, ya sea esposo, novio, concubino o similar). El “pirata con corazón” se te acerca con un único fin. Piratearla con vos. Salir y garchar pero para esto el pibe elabora un plan, la labura, te hace el “trabajo fino” pero siempre afirma con énfasis su “soltería”. Más de uno le aporta algo de dramatismo y no habla de “soltería”, habla de “soledad”.
Pero, como no es un pirata común, cuando te conoce, ve que sos buena mina, le caes súper bien, charlando se da cuenta que venís golpeada por patéticas relaciones anteriores y es ahí cuando el tipo violentamente, clava los frenos.
Acto seguido a la primera y única cita: desaparece y si aparece cambia el tono de “te quiero garchar” por el de “sos una re buena mina”. Vos, no entendés nada y es lógico porque para vos, esa primera y única cita fue perfecta. Si te habla, lo hace con tono de: “esta todo bien”, pero de volver a salir, nada.
Vos, perdida. Seguro que no hiciste nada mal. Él solito se dió cuenta que si salen de nuevo te va a lastimar y le das “cosa”. Bueno, eso es lo que él y su gran ego creen. Quizás, después de una segunda salida, vos solita prefieras caminar con taco aguja por algún empedrado de Buenos Aires solo por el mero hecho de sufrir un poco menos que con él dos horas en un bar.
Este tipo de tipo es casi inofensivo porque no te lastima, no te rompe el corazón para decirlo poéticamente, pero confunde y como una ya viene confundida contribuyen al estado de confusión y eso, es realmente una cagada.
Una cosita más sobre el “pirata con corazón”. Son obvios, no sé si será genético, para tanto las neuronas no me dan. El tipo sigue tiroteando a toda minita que entra en su campo visual. Si es un contacto tuyo de facebook solo alcanza con ver el género de quién se hace “amigo”, si sólo suma mujeres, “lo dejo a tu criterio” como diría Karina Olga.

 También me he cruzado con el “quemaetapas”, este flaco además de quemar etapas te quema la bocha y eso es un problema.
A mí ya me quema la cabeza tener cuentas que pagar, me la queman en el laburo, me la quema mi mamá y me la quemo yo misma a diario. No necesito que nadie más se sume al quemado de mi cabeza. No chiquito, no me la quemes vos, por favor. El “quemaetapas” te deslumbra y te encanta desde el primer momento. Lo conociste, saliste y volviste a creer que quizás te podes volver a  enamorar. Es una picardía que estos hombres arruinen eso que esta todo bien, solo por ir a las chapas por la vida. 
El tipo manda muchos, pero muchos mensajitos de texto y si no respondes al toque, tenés un mail o un sms que te dice: “te estoy texteando, ¿qué te pasa?, ¿por qué no me respondes?”
¡Upalalá! ¿Qué te anda pasando nene? Ya vi los sms, pero mi dedo tiene una velocidad limitada como para responder tan al toque, ponele, o tengo a mi jefe al lado, o no tengo crédito, o no sé, ¡pará man! 
El "quemaetapas" te llama, te quiere ver todo el tiempo, quiere irte a buscar a la salida del trabajo o te pregunta a qué hora salís a almorzar: “así nos vemos, ¡dale!”. Lo peor es que, a cada no que te decis, o a cada excusa que vos ponés, él, sobre esa excusa te arma un plan. 

Es enloquecedor. Si le decís que no salís para almorzar, te propone pasarte a buscar a la salida del trabajo. Pero si salís más tarde, o tenés otra cosa que hacer después del trabajo, por ejemplo, ir al gimnasio, ¿qué hace él?, te arma un plan y ¡te dice lo que tenes que hacer! y detenidamente te dice que cuando salgas del gimnasio vayas para la casa así cenan juntos. 
Seguramente, el tipo te sigue gustando pero justo ese día que quiere almorzar o cenar con vos, te pusiste lo primero que encontraste en el placar y te sentís muy fea, no estas depilada, no sé, pero eso muchas veces pasa. Ni hablar que cuando una sale del gimnasio sale para atrás, cansada, despeinada y poco presentable porque chivaste. 
Pero, parece que él no entiende un simple “no”.
Aunque no le decís: “No, no voy a salir. Ninguna opción de todas las que me digas me va a gustar, solo porque hoy no quiero salir”, no le decis un no rotundo porque no es eso lo que querés, le apostas una ficha al flaco, lo querés volver a ver, pero no así, como a las corridas, recien nos conocemos quiero estar mínimamente bañada, ¿podrás con tu ansiedad, che?

No sé, al menos para mí, durante la primer semana que te conozco tanta insistencia la siento como demasiada. 
Él siempre tiene una peli o algo para hacer juntos en su casa, o, lo que es peor aún, te invita a su cumpleaños en el que están sus hijos a solo quinces días de conocerte.
Hasta que un día el ahogo pasa a ser tormentoso, gruñís cada vez que llega un sms de él y arrojas dos o tres puteadas al aire cuando llama a tu celular. Es en ese momento cuando aplicás corte, a tan sólo veinte días de conocerlo, pero ya sus hijos te agregaron al facebook, ¡es mucho!
Bueno, listo, claramente y a escasos días de conocerlo bajas el concreto mensaje de: “no te soporto más”, siempre con la delicadeza de una gacela, obvio. 
Lo mejor de todo, es que pasado un mes, más o menos de todo este episodio, el tipo se pone de novio. ¡Ahahahaha! ¡Saltó la nutria! No sabes estar solo, ¡era eso! Perfecto, que te acompañe otra, entonces.  

Les debo algún que otro “tipo de tipo” más, pero hoy, “hasta aquí llegó mi amor”.
El género masculino es hermoso, debo decirlo, son amigos increíbles, hermanos impresionantes, padres excepcionales y maridos, novios o parejas de la ostia.  

Pero quiero dejar algo bien en claro: los hombres son hermosos, solo cuando son hombres.


domingo, 3 de abril de 2011

Jodido un domingo en el balcón.



Tener un techo no es nada fácil, sea alquilando o comprando el tema es complicado por donde se lo mire; y, si el camino viene empedrado lo que menos necesitas es una piedra.
Tarde me dí cuenta de este detalle de la “piedra” en el camino empedrado, porque JJ siempre hacía todo lo posible para ser una piedra más. Él no te allanaba el camino, no te hacía más liviana la carga, él era la carga.
Si JJ complicaba lo simple, cuando ya la cosa era complicada de entrada, sin dudas, la hacía imposible.
Pero ojo, no es que la complicaba tramando algo o haciéndose el estratega, no, ¡para nada! Cuando JJ complicaba algo, lo hacía de tal forma que, la complicada parecía ser siempre yo.
Buscar departamento para alquilar cuando estas en pareja puede ser una situación romántica porque lo que buscas es un lugar para compartir con “ese” hombre al que tanto amas, pero en lugar de ser algo romántico, también  puede ser un martillazo en un dedo, puede ser un morderte con toda tu fuerza un pedacito de lengua mientras comes, no sé elegí el dolor que menos te guste y pensá concentradamente en ese dolor, porque así fue buscar departamento con JJ.

Con JJ ya alquilábamos departamento pero se venía la fecha de renovación del alquiler y sabíamos que iba a aumentar. Por eso antes de esperar a que la dueña del departamento nos arroje un número que ameritaba una ulcera como mínimo, decidimos, o creo que decidí, buscar departamento.
Los alquileres en ese momento eran un despelote. Mirabas el diario a las nueve de la mañana, llamabas alrededor de las once y ya estaba reservado. Si conseguías poder ver algún departamento, mejor que te coincida con el horario del almuerzo o que sea justo a las seis de la tarde como para verlo con un poco de luz de sol, y la verdad es que todo eso era una verdadera proeza. Además, si a toda esta logística le sumás que JJ te pueda acompañar a ver el departamento donde también él va a vivir, porque somos una pareja, eso si ya era la gloria.
Lógicamente, JJ siempre intentaba evadir cualquier responsabilidad de hombre adulto y siempre encontraba la forma de no poder acompañarme a ver departamentos. Por la facultad, o por la abuela, siempre tenía otra cosa que hacer, pero esta vez, yo no iba a hacer todo sola.
Nosotros trabajábamos juntos, más o menos por Álvarez Thomas y Virrey Loretto, y justo conseguí poder ir a ver un departamento en el barrio de Chacarita, estábamos cerca.
El barrio mucho no me gustaba, pero el departamento por lo que decía el aviso era lo que buscábamos. Tenía balcón, muy necesario por Luna, además buscábamos algo más chico y sin expensas. Chacarita, después de todo, nos quedaba bien para ir al trabajo y a la facultad, así que, había que verlo.
En cuanto arreglé por teléfono con el dueño del departamento fui al sector donde estaba JJ y se lo dije súper contenta y entusiasmada.
Todo estuvo muy bien hasta que después de almorzar, JJ viene a mi sector, se acerca a mi escritorio y me dice en un tono de voz muy bajito:
Gorda, no puedo más del dolor de panza.
- ¡Uy! ¿por qué?, ¿de qué será? *todo lo decía con una cara de lamento impresionante, si lo ponías dos minutos repartiendo estampitas en el subte se hacía millonario el pibe*
-  No sé, creo que debe ser el pastel de papa que comí.
Bueno, pará que te busco algo, un sertal *le dije fingiendo una preocupación de locos*
No, dejá, negrita, dejá. No quiero nada. No quiero tomar nada. Para mi, tomé frio mientras comía. De última veo de hablar con Diego para que me autorice a salir antes, así voy a casa y me acuesto calentito, ¿viste? *todo me lo decía con el ceño fruncido, encorvado hacia adelante, abrazándose la panza y con una voz de lamento que eso en teatro eso se llama “sobreactuación”. Mientras me hablaba pensaba: Flaco, ¿te crees que me chupo el dedo? ¡Ahahaha!, ¿te querés acostar calentito para no acompañarme a ver el departamento? y mientras vos dormis yo veo el departamento sola, claro*
- ¿Sabes qué es lo mejor, amor?
- ¿Qué vaya a casa? Creo que voy a vomitar y no quiero vomitar acá en el trabajo, es horrible, Pau.
- No, gordo, no vomites acá, es horrible, pero ¡mirá donde trabajamos! Dejame llamar a Dani, el jefe de paramédicos, que justo esta abajo dando el curso de RCP. Le digo, bajás y que te aplique un sertal o reliveran inyectable así se te pasa rapidito. De paso me cambias esa carita, ¿si? Sos mas lindo cuando no te duele la panza, ¿sabías? *sonrío* 
Bueeeno, Pau, pará, ¡tanto no me duele!
- ¿Te duele o no te duele, JJ? Me vas a enloquecer, querido. A ver, si no te duele tanto vamos a casa juntos después de ver el departamento.
- Me duele, nena, pero seguro porque tomé frio mientras comía. Siento el gusto de del pastel de papa acá, en la garganta.
- Bueno gordo, en cuanto salimos, vemos el departamento y vamos para casa así te acostas, simple.
- Es que yo no sé si aguanto tanto.
- Bueno, llamo a Dani.
- No, no, no lo llames, Paula. Sabes que no me gusta tomar remedios.
- Entonces, dejá de quejarte, o ¿qué querés?, ¿querés seguir sufriendo?, ¿le tenés miedo, a una inyección, boludo?, ¡ya estas grande, JJ! ¡No jodamo'!

El día pasó y a las seis de la tarde salimos para ver el departamento. La actitud de JJ no era la mejor, porque, además, de estar prácticamente muriendo del dolor de panza, no le interesaba en lo más mínimo gastar un minuto de su tiempo en ver un departamento.
El departamento quedaba sobre Lacroze y una vez que llegamos nos atendió el dueño.
El dueño era un señor algo mayor. Desde el principio, la entrada al edificio era un reverenda bosta. Muy antigua, con mucho mármol, plantas de plástico, mucho espejo en la parte del hall de entrada y la puerta era de esas puertas bien pesadas. Era una puerta como de hierro con vidrios parecidos a los de las iglesias, bien onda vitró. La puerta pesaba tanto que cuando el señor bajó para abrirnos lo ayudamos a empujarla porque el tipo solo no podía moverla. El edificio no tenía ascensor y subimos cinco pisos por la escalera.
Parecía que no llegábamos más y que el viejo iba a morir al lado nuestro. A todo esto JJ no paraba de hacerme gestos de, “todo esto es una mierda”. La verdad es que hasta ahí, los cinco pisos fueron jodidos, se apagaba la luz cada dos segundos y quedaba todo muy oscuro. El señor quería ser amable y no paraba de hablar pero cuanto más hablaba, más le costaba respirar y se iba como desinflando, hasta que llegamos a la puerta del departamento propiamente dicho.
No se veía nada, las luces del pasillo eran muy amarillentas y mientras el señor intentaba embocar la llave en la cerradura, JJ y yo quedamos un paso más atrás de él y como insistía con sus gestos, muy bajito y en el oído le digo: “poné buena onda y cambiame la carita de muertito JJ, porque sino hay que seguir buscando y esto se va a repetir infinita cantidad de veces”. Eso, fue lo peor que podría haber dicho.

El señor abre la puerta después de minutos de arduo intento, entramos y el departamento no era lo que esperaba. Pero creo que eso debe suceder muy seguido, digo, eso de enfrentarse a algo que uno no esperaba, bueno, no solo pasa con los departamentos, ¿no?
Ya sabía que era un departamentito, chico, mucho más chico de donde alquilábamos pero buscábamos algo así. Además de ser chico era bastante oscuro y tenía algunos detalles más, que ahora te paso a contar.
Empezamos a recorrer el departamento, era de un ambiente y la única ventana que tenía era el balcón. La cocina estaba a parte. Pregunto las cosas lógicas: si el calefón andaba, ¿qué onda la cocina, el horno?, el señor no escuchaba bien y todo se lo repetía dos veces, mínimo. JJ, no decía nada pero tenía buena cara, como que le gustaba el departamento. Eso me desconcertó completamente.

Miramos un rato largo el único ambiente y muy bajito, casi murmurando le digo a JJ:
- Vemos esto rápido y nos vamos, no se si da vivir acá.
- ¿Qué?, ¿qué decís si da, Paula?
- ¿Tienen alguna duda? Cualquier cosa me dicen. *interrumpe el señor, después de que JJ me dejara expuesta mal*
- No, no, esta bien. Solo que tenemos que ver si entra la cama o entra el futón, todo no nos entra, eso hablábamos.
- Entra todo lo mas bien, Paula.
- Ehhhh, tenemos la mesa del comedor, JJ. También esta la pc, ¿dónde la ponemos? *JJ quería sacarse el problema de encima, ¡era eso! Con razón todo le gustaba y ni hablar del precio, era una maravilla al lado de lo que pagábamos*
- Pero va a ver que le entra todo señora. *acota el dueño*
- Bueno, vemos, vemos. *dije yo con ganas de irme*
- Hay que darle una lavada de cara, nada más. Lo pintan ustedes que son jóvenes y les queda hecho un chiche.
- Mirá Paula, mirá.* ahí JJ empieza a hacer la típica pelotudez que hacen muchos pero que a él no le sale y no lo quiere reconocer. Se pone a contar los metros del departamento dando pasitos con los pies y siempre que hizo eso le erró. Así, al mejor estilo Michael Jackson, haciendo el pasito lunar se desplazaba por el único ambiente del departamento, explicándome, con sus manos al compás, que, “de acá hasta acá entraba el futón” Mientras tanto yo miraba absorta. No podía creer que él me quisiera vender ese departamento a mí*
- Son jóvenes ustedes, chicos, se van a arreglar bien acá. *acota el dueño del departamento*
- Bueno, más alla de la juventud, señor, estoy pensando en el lavarropas y por lo que veo  no entra.
- Paula como estas, eh. Después soy yo el jodido.
- Dejelá las mujeres son así, dejelá, ¡Jaja! ¿me permite? *me dice el dueño*
- Si, por favor, dígame señora.
- El lavarropas lo puede poner en el balcón.
¡Ay!, pero se arruina, no tiene ni un año mi lavarropas.
- Pero, no se ahogue en un vaso de agua, señora. Le compra una funda protectora, acá todos la tienen.
- Ves Pau, compramos la funda protectora. *a JJ ya me lo quería comer crudo, o cagarlo a trompadas directamente. A ese departamento no podíamos dedicarle ni un minuto más, era muy chiquito y jamás nos íbamos a mudar ahí. Un ambiente compartido con JJ era una locura. Si uno quiere leer y el otro quiere ver la tele ya es un quilombo. Mi cabeza no paraba de pensar en todas las situaciones incómodas que se iban a generar en ese lugar*
- Bueno, veamos el balcón. *dije con voz de estar completamente frustrada*

En cuanto salimos al balcón y quedé helada, no lo podía creer. Lo miro a JJ y él con el señor dándose palmaditas en la espalda, haciendo migas, pegando onda como quien diría. Parecía que con el tema, "que jodidas son las mujeres" se sentían identificados, no sé. JJ estaba tan entretenido con el viejo que no prestaba atención a nada y estaba ajeno a todo, al tal punto, que no se dió cuenta dónde estaba parado. Literalmente no vió dónde estaba parado.
- Disculpe, ¿eso que se ve allá es el cementerio? *ya eran pasadas las seis de la tarde, estábamos en el mes de mayo o junio porque ya en julio o nos mudábamos o renovábamos el contrato del departamente en el que vivíamos. Por esos meses como oscurecía más temprano quería estar segura de estar viendo lo correcto.
- Si señora, es el cementerio. *ahí mi paciencia se acabó y con un tomo altanero le respondí*
- Mire, soy señorita, no estamos casados.
- Bueno, pero si nos vamos a casar, Paula. *mientras JJ aclara me abraza, pero yo estaba a mas de cien grados, ¡yo hervía!*
¡No!, ¡de ninguna manera, JJ! no podemos vivir acá. Cada vez que salgamos al balcón vamos a ver las cúpulas esas con las cruces, se ven las cruces del cementerio, JJ. ¿Decime que las ves como las estoy viendo yo?
- Pero no se ven bien, bien. Si vos, no me lo decís no me doy cuenta, Pau. *¡Ay, lo iba a matar! Él seguro que no sa da cuenta, si vive colgado de una palmera en la isla de Lost*
- Muchas gracias, señor, fue muy amable pero deje, nos vamos.
- Si yo salgo al balcón, salgo así. *dice JJ mientras me demuestra gestualmente, teatralizando cómo él sale al balcón evitando mirar hacia donde estaba el cementerio. Toda esa situación me estaba enfermando de verdad. JJ me mostraba como dando un  paso hacia adelante, entraba al balcón evitando ver el cementerio*
- Ah, si salís así no se ve el cementerio, ¡claro! pero si giras la cabeza para la derecha lo ves, nene.
- Ah, bueno, hay que mirar para la derecha. No la girás y listo, Paula. *me contesta JJ como hinchado las pelotas mordiéndose el labio inferior*
- Pero espere, espere, señora. Acá hay un enrejado justamente para poner una planta, si usted pone una enredadera o un lindo ficus tapa ese lado del balcón.
- ¡Claro! Ponemos una planta y no se ve nada, no ves más las cruces que tanto te molestan, Paula. Igual, gorda, como dice el dicho, tenele miedo a los vivos, ¿no?
- ¡Jaja! *se reían a dúo el señor y JJ. Yo, desconcertada, no quería desmerecer el departamento del señor pero la verdad es que era una reverenda cagada. ¿Cómo vamos a vivir en un lugar que si para salir al balcón no podemos girar la cabeza hacia la derecha?,¡todos con tortícolis, entonces!¡es una locura! Además, mentalmente iba sumando: entra una sola cosa, o la cama o el futón, los dos no, el lavarropas casi nuevo tendría que quedar a la intemperie haciéndose mierda y por útimo la frutilla de postre es tener que ver muertos con el plus de estar tan cerca a la parca, ¡tomatelás!
- Bueno, igual podemos hablarlo y lo llamamos, ¿no?
- No, es con reserva, señora. Tienen que dejar una reserva así lo dejo de mostrar.
- Paula es re barato, dale y nos olvidamos de todo el tema mudanza que te tiene loca. *me dice JJ al oído*
- ¡Che, divino pasar una tarde de domingo en el balcón escuchando "Canción para mi muerte"!, ¿no? ¿no lo pensaste, JJ? ¡Jaja! *quise meter un chiste como para relajarme un poco pero no me salió. El señor no entendió el chiste y a JJ no le causó gracia. Si para forro no le gana nadie, es así*

Entramos de nuevo al ambiente, y me doy cuenta de otro detalle, para nada detalle.
- ¿Le hago una última preguntita?
- Si, si, haga nomás.
- ¿Placard, no hay?
- No. Siempre los que vivieron acá se compraron un ropero y santo remedio.
- Si, un ropero o un armario, Pau, eso se compra, es una pavada. *JJ me lo dijo como hinchado las pelotas, no sé de qué porque para él todo cerraba barbaro. Aunque para mi estaba completamente loco dando el visto bueno a ese lugar*
- Si, ya sé que se compra, JJ, pero pregunto porque un armario te come lugar, tiene profundidad, hay que calcular eso también, ¿cómo hacía la persona que vivía antes, señor?
- Ah, antes vivía un hombre que viajaba mucho, entonces tenía estantes, como una especie de biblioteca en donde ponía apiladita la ropa, ¿me entiende?
- Ah, le quedaba todo a la vista.
- ¡Claro señora! pero como era un hombre que vivia solo se ve que mucho no le preocupaba. 
- Pero ¿cómo? ¿no colgaba la ropa? ¿no tenía camperas, trajes?
- La verdad, señora no le vi nada colgado.
- Paula, el señor no se puso a ver todo con lupa como vos.
- Bueno, dejemos al señor tranquilo, vamos a casa. *mientras decía esto JJ no dejaba de apretarme el brazo, me quería decir algo, no se qué. Tampoco me importaba porque ahí no íbamos a vivir*
- ¿Les bajo a abrir, entonces? Una lástima chicos que no les guste, es un lindo departamento.
- Pero si mañana temprano lo llamamos y nadie lo reservó, ¿nosotros podemos reservarlo?
- Si, querido. Te acercas hasta acá y hacemos la reserva pero solo los espero hasta el medio día, ¿te parece?
- Si, si, muchas gracias. *responde JJ colmado de ilusiones de reserva*
- Bueno, muchas gracias. Fue muy amable. *le dije fingiendo una sonrisa enorme*
- Gracias a ustedes chicos. *nos saluda el señor con beso con olor a nastalina*

Salimos y yo estaba “on fire”, a JJ lo quería matar, no sabía qué decirle primero, si lo del placard, lo del cementerio, el lavarropas, tenía todo en la cabeza, cuando él me gana de mano y me dice:
- La verdad Paula que cuando te queres hacer la graciosa, quedas tan tarada.
- ¿Eh? ¿de qué me estas hablando, JJ?
- Cuando te quisiste hacer la graciosa y mandaste: “jodido un domingo acá escuchando “Canción para mi muerte”, ¿no viste la cara que te puso el viejo? pobre, boluda, el viejo no entendió nada. No entendió tu chiste.
- Pará, JJ, ¿eso sólo tenés para decirme?
- Y si, ¿qué más querés que te diga?


Se dice de mí.

Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.

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Muy buenos blogs, haceme caso y leelos. No te hagas el malaprendido conmigo