Como en muchos temas, el
nivel de acuerdo que había entre JJ y yo era extremadamente escaso y, cuando se
trataba de “las compras”, no había acuerdo.
El problema arrancaba porque
JJ jamás respetaba la lista de lo que debía comprar. El pibe, o compraba de más,
o compraba lo que a él le gustaba y no necesitábamos, como broches, metros de
cuerda que jamás usamos, hilo sisal y cosas mas o menos así. Demás esta decir
que siempre se olvidaba más de una cosa de las que si necesitábamos. En
realidad, no creo que se olvidara, para mí, él no buscaba bien o no se calentaba en
encontrarla.
Así las cosas, la lista del
supermercado era completamente al pedo, además de escribir la lista también se
la explicaba verbalmente con todo detalle, pero, evidentemente, con todo esto no
alcanzaba como para que compre acorde a la lista. Creo que mi ahijada de seis
años entendía mejor.
Otro gran problema de JJ,
era que en su cerebro tenía bloqueada la compra de algunos productos. Había
cosas que, claramente, no le importaban, como el detergente, por nombrar algo. Eso
si, el flaco, para comprar un cepillo de dientes estaba años frente a la góndola,
los miraba, comparaba uno con otro, buscaba diferencias y similitudes, sacaba
estadísticas de uso, toda una verdadera locura, para comprar un cepillo de
dientes.
El resultado de este tema
del supermercado era el siguiente: cuando JJ compraba papel higiénico traía el primero
que manoteaba, ¡le chupaba un huevo! Si era un papel de lija o acolchonadito súper
soft, no se calentaba y no se calentaba ni por el precio, cosa que a mi me
sacaba del poco quicio que tenia, ese culto al “chupahuevismo” que hacía JJ me ponía
del orto. Cada vez que veía lo que había comprado no podía evitar imaginármelo mirando
sin prestar atención, paradito ahí, con la vista perdida, enfrentado a doscientas
variedades de papel higiénico, pensando: “¿y tanto quilombo para limpiarse el
culo? Masí, son todos iguales”, así, llegaba al “manoteo loco” y te traía un
papel higiénico de doce pesos, con florcitas de colores estampadas, o uno de
cuatro pesos con cincuenta, que era lo mismo que pasarte una piedra pómez. Todo
era igual en el mundo de JJ.
Por otro lado estoy yo, que
no soporto el encierro del supermercado y odio perder tiempo ahí adentro, por
eso me resultaba imposible compartir pacíficamente el momento de “las compras” con
JJ. Nunca nos miramos a los ojos cómplices y con una sonrisita aprobadora nos
dijimos un “si, amor, llevalo”, como en una publicidad de Disco.
No, todo era un ring de
box y el supermercado no era la excepción.
De todos modos, como a él
le encantaba ir al supermercado, cada tanto iba, a pesar de lo que comprara,
para mi era un alivio no ir. Parece que disfrutaba eso de estar parado ahí, varios
minutos, mirando detenidamente solo las góndolas de lo que le interesaban, lógico.
Su mejor compra la hizo un
domingo.
¿Qué compró?, compró arroz.
No cualquier arroz. Compró arroz partido para perros, en lugar de comprar simplemente,
“arroz” y, como siempre, entró orgulloso de la compra que había hecho.
¡Claro! ¡¿cómo no iba a
estar contento?! ¡Si por dos mangos con
cincuenta trajo diez kilos de arroz! ¡un ofertón encontró!
Ay, ese día, cuando
volvió del supermercado, JJ se sentía Gar-del, si, si, era Gardel, Lepera, Lennon
y McCartney, todos juntos.
Lástima, esa alegría poco
le duró:
-Gorrrrrrda, traje todo lo
que me pediste. Vení así guardas vos que sabes mejor donde van las cosas *él parecía
que vivía al lado, nunca sabía donde estaban las cosas*
-¿En serio, amor?, ves
que cuando querés sos un bombón, por eso estoy enamorada de vos, ¿trajiste lo
que te pedí?, ¿todo? *si, si, aunque cueste creerlo, cuando estábamos bien, le hablaba
así. Creo que, en ese momento, todavía estaba enamorada de JJ*
-Todo lo que me pediste,
gorda. Hasta te traje los balines, ¡eh!, tamaño medio, como me dijiste.
-¿Naaaa? ¿Me trajiste los
tampones?
-Si, tomá, ¿están bien?,
¿son esos? *me los tira por el aire, yo los agarro y los miro*
-Si, JJ, ¡bien! ¡son
estos! *sorprendida y feliz, salto y corro a darle un beso*
-Además, mirá gorda, mirá
la oferta que encontré, es increíble, no la vas a poder creer.
-A ver, ¿qué es?
-Escuchá, Pau, ¡diez
kilos de arroz compré! Y si te digo a cuánto estaba te morís. *automáticamente
giro la cabeza porque no tenía idea de cuánto era el volumen de diez kilos de
arroz*
-Es mucho diez kilos de
arroz, JJ, ¿por qué tanto arroz?
-Es que estaba en oferta,
¡no la iba a dejar pasar, nena! *el nivel de romanticismo se me fue al carajo un
segundo después de escuchar que sólo lo compró porque estaba de oferta*
-Pero no comprés porque “está
de oferta”, JJ. Si mañana ponen de oferta pañales para adultos, ¿vos lo
compras? *recién en ese momento vi el volumen de
arroz que eran esos diez kilos y era ¡una animalada!*
-Ah, fuiste delicada, creí
que me ibas a decir: “ay, JJ, si mañana ponen de oferta soretes de colores,
¿vos los compras?, seguro lo compras, te conozco, JJ” *me lo dijo muy burlón, con
tonito afeminado, intentando imitarme *
-No dije ninguna
guarangada, ¿ves?, parece que todavía no me conoces, JJ *en ese momento viene, me
abraza y me dice, ahora con voz dulce*
-Si, te conozco gordita.
¡Epa! ¡Upalalá! Qué ajustadita vino la joggineta de hoy.
-Ay por Dios, ¿vos te
escuchaste, JJ?, ¿escuchaste la huevada que acabas de decir?
-¿Qué?, ¿de la joggineta?,
si te aprieta y se te marca un poquito el culo, ya está, calienta. Nena, vos hablas
porque no sabes lo que calienta una joggineta.
-Ay, no…JJ, no me podes
decir eso, es un jogging y un jogging no calienta, ¡un jogging no calienta ni a
un preso! ¡Jajaja! Sos un delirante, no sabes qué decir para cambiar el foco
del tema.
-Hola, ¿Paula Jimena?,
¿estás ahí? *me lo dijo haciéndome “toc toc” en la cabeza, tipo Marty McFly,
cosa que me reventaba*
-¡No me hagas así, nene! Sabes
que no me gusta.
-Es que pareces lela,
Paula. El jogging calienta, nena, con lo que marca del culo alcanza para saber
cómo viene una mina de culo. Uno ya se imagina como viene el culo y eso calienta.
-Delirás, tarado. Son
joggins, JJ, son “cero” sexies, cortala. Además estoy acá adentro, limpiando,
¡no jodas!, ¿qué me voy a poner?
-Por eso no me enojo,
gordita mia, porque estas acá adentro y nadie te ve *mientras me dice eso me da
dos palmaditas en el culo*
-No me digas nada más, JJ.
Dejá no me hables más y anda pensando cómo vamos a comer diez kilos de arroz.
Bah, pensá como vos vas a cocinar estos diez kilos de arroz para perros, ¡JJ es
arroz para perros!, ¿cómo mierda no lo leíste?
-Si, es para perros, ¿y?
*no sé si se hizo el gil, como para no asumir el error, o lo compró igual
sabiendo que era “para perros”*
-Es arroz partido, JJ.
Cuando se cocina queda un masacote, una pasta. Queda como un puré, ¿entendés?
*me mira, piensa, piensa, vuelve a pensar y tímidamente me pregunta*
-¿Qué?, ¿no es lo mismo?,
¿no es el mismo arroz?, ¿por qué viene partido?
-Y yo qué carajo sé por
qué viene partido el arroz para perros, ¿qué me viste?, ¿cara de qué? ¿de Eukanuba, nene?
-Es que no te vi la cara...
*con cara de libidinoso me agarra como para darme un beso y pongo distancia con
mi mano en su hombro*
-Pará, pará un poquito,
no te hagas el fogoso ahora, que sos un boludo que no mira lo que compra. Decime
una cosa, ¿no te llamó la atención el precio?, ¿tan barato era?, ¿cuánto te
salió?
-Seis pesos.
-¿Y no te llamó la
atención? No, por lo visto no te llamó la atención, ¿tampoco leíste que era
para perros?
-Si, eso lo leí.
-¿Y por qué lo compraste?
-Creí que era igual,
nena. El arroz es arroz. No sabía que para los perros lo partían, nena. ¡¿Por
qué carajo lo partirán?!
-Ah, ¿no leíste que era
“partido”, “arroz partido”?
-Bue, che, ¡siempre un
problema! No leí que era partido, bue.
-No, no, ni se te ocurra
mirar a Luna. Pesa cinco kilos el perro, no puede comer tanto arroz, se tapona,
termina como una pelota y revienta. Ni pienses en darle a Luna.
-Bueno, Paula, de a poco
le vamos dando.
-Claro, le vamos dando y
la perra no caga nunca más.
-Puff, bue, tenés razón.
No leí bien, estaba justo ahí, en la entrada, delante de todo.
-Y ahí esta todo lo que
es para mascotas. Onda, que al lado del arroz estaban, las correas para perros,
las pipetas mata pulgas, los huesitos de goma y los bozales, pero vos no ves todo
ese despliegue de productos, es una pregunta, te aviso. ¿Viste o no todo eso al
lado del arroz?
-Che, si es un parcial,
avisá.
-No, no, respondeme
porque me molesta que nunca leas. No puede ser, JJ.
-Y…no lo vi. Vi el arroz,
vi solo el arroz. Nada más, después traje todo lo que me pediste, Pau.
-Las galletitas no. No
las veo.
-No habías anotado galletitas.
-Mentís, mentís, ¿no
había galletitas Express en el Coto?, dale, JJ, ¡jaja! Me mentís en la cara. Ni
las buscaste, sos más trucho, nene.
-No había, es la verdad,
pensá lo que quieras, nena.
-Trajiste todo, JJ, ¡muy
bien! Y trajiste más de todo esto que te
gusta, ¡mamá! ¡cómo te gusta gastar!
-No me jodas más gorda, si
sabes que ganó Racing hoy, mamita, estoy de buen humor. Tenes la joggineta
puesta solo para mi, asique ¿sabés qué me falta mientras miro Futbol de Prima?,
que te prepares una picadita así le entramos con todo, negra, y miramos
los goles, ¿dale?
-Los goles que ya viste,
los vas a volver a ver, onda que vemos veinte veces el mismo gol, ¿vos te diste
cuenta de eso? Después de Futbol de Primera, ponés Paso a Paso y volvemos a ver
el mismo gol, ¡parecemos pelotudos, JJ!
-Dejá, no me digas nada más.
Hacete la picada, dale. Te compré los balines que tanto me rompes las pelotas
porque nunca los traigo.
-Ah, si…me compraste los
tampones, gracias, ¿qué pasó?, no te miró la cajera pensando que eran para vos, como
siempre me decis, ¡Jaja! *ya habla con una resignación enorme*
-Eso pienso igual, la cajera piensa que son
para mi, pero dejá no me vas a entender, nunca. Ahora dale, hacete la picada y de futbol no
hables. No entendés nada Paula. Por favor, de futbol, ya sabes, no me hablés. Sos
muy básica, me decis que vemos el mismo gol, no sabes nada. Mejor, hablá del arroz si querés.
-¡Jajaja! ¡Que forro que
sos! Haceme reir, JJ, ahora la básica soy yo, claro. Yo soy la básica pero el
que mira veinte veces el mismo gol sos vos, ¡jaja! Andá, salí de acá, salí de
la cocina, tomatelás.
-¡Que pelotuda sos, nena!
No entendés nada y te crees viva.
-Seré una boluda pero no
compro el arroz que esta en el “sector mascotas”, papa frita.
-¡Jajaja! Reite de mí y
de mi arroz, pero ahora venite con la picadita y la joggineta esa que te
pusiste.
-Voy si juega el Chanchi Estévez que me encanta la onda de ese tipo. La crestita, la crestita del pelo me mata.
-Ahora salí, ¡te gusta ese gordo que es un
muerto! Arruinaste todo boluda, ni vengas. Todo arruinaste, enterate. Bue, aunque si traes la
picadita cambiaría el panorama.
-¿Sabes qué?, en el orto, JJ, la
picadita, en el orto la vas a tener, vos ¿la queres igual, amor?






