-¿No pusiste lo de los playmobils en el blog, Jime?
- No, Margui…no lo puse.
- Ah, no, no, no. Lo tenés que poner, ¡es buenísimo!
Y como Marga lo sugirió acá va el relato de los playmobils.
En el segundo intento de convivencia con JJ, aclaro, segundo intento que no
fue tal. En realidad, fue un intento de demostrarle a JJ lo lejos que estábamos
uno del otro, que no existía amor, al menos de mi parte y de que ya nada nos
unía. Se lo quise demostrar empíricamente, ponele, para que deje de pensar que
era un capricho mío.
Gran estupidez la mía, lo sé, perdimos el tiempo y nos desgastamos el alma
los dos. Pero dejando de lado todo aquello que pertenezca al terreno
melancólico, el contexto de nuestra relación se resume, más o menos, así.
Pretendí que JJ viera que no funcionaba nuestra relación y que no se trataba de un capricho
mío. Mi actitud, a fin de querer demostrar que “esto no iba”, no era la mejor.
Por ejemplo, a la ropa de JJ no le ponía suavizante, no lo acompañé más a
ningún evento familiar ni de sus amigos, tampoco lo participaba de los míos y,
como digo frecuentemente: “yo ya no me comía ni la punta”, es decir que no
soportaba nada, mi tolerancia era casi nula. Sólo media cara de culo de su
parte era motivo suficiente como para levantarme en plena cena, agarrar mi
plato y terminar cenando bien lejos de él, en cualquier otro lugar del
departamento. Todo esto lo hacía embanderando una de las frases que me acompañó
durante aquellos tiempos: “demasiadas caras de culo soporto de la gente a lo
largo del día, como para llegar a mi casa y tener que tolerar la tuya también,
JJ. Mi casa, nuestra casa, debe ser el lugar donde encontremos el mayor confort
posible. Si vos no colaboras para que esta casa sea el mejor lugar donde
podemos estar, el mejor refugio que podemos encontrar: te transformaste en una
piedra, flaco”… y todos sabemos lo incómodas que son las piedras en el camino.
Así venia yo, áspera, ponele, con ese tonito de voz algo altanera al hablar,
pero ojo, él tenía lo suyo y no se quedaba atrás. También se amotinaba en “pie
de lucha”, onda los trotskos de la facultad de ciencias sociales. Eso si, los
amotinamientos de JJ son para otra entrada, o varias, en este blog, ¡bah! el
blog se va nutrir de los amotinamientos, caprichos, razonamientos más que extraños,
formas de actuar y de contestar imposibles de comprender en un hombre de treinta
años.
Entre todas sus particularidades, JJ coleccionaba playmobils, no uno, ni
unos cuantos, sino que coleccionaba toda la escena completa. Tampoco eran los
muñequitos en una caja que guardaba porque ya no jugaba más con eso, ¡no! Los
playmobils debían estar desplegados, con toda la escena armada en uno, no, en
realidad, en varios estantes que estaban destinados para eso, eran los estantes
de mis libros y cada vez que yo intentaba sacar un libro tratada de hacerlo con
mucho equilibrio para no tirar ninguno pero era casi imposible. Los playmobils
así dispersos eran muy molestos, juntaban mucha tierra y como son livianitos,
el viento los hacía volar cada vez que se abría la ventana del balcón y con
gran facilidad terminaban en el piso. Y, ¿adiviná qué pasaba cuando tocaban el
piso?, para JJ era un desastre, pero era algo lógico que una vez que el
playmobil tocara el piso Luna lo agarrara y lo escondiera entre los trapitos de
su cucha. Ella también los coleccionaba. Pero, todo se transformaba en trágico
porque lamentablemente, los perros para agarrar las cosas, las muerden y algo
irreparable para un playmobil. Cuando un playmobil tiene mordidas las manitos o
la cabeza ya no le entra el peluquín o la copita de vino para brindar. Ese es
el drama.
Por eso, cada vez que JJ se daba cuenta que faltaba algo o que algún
playmobil estaba mordidito armaba un quilombo impresionante que, sumado a mi
escaza tolerancia, todo terminaba siempre en una batalla.
Pensar que todo se debía a esos playmobils, ¡que locura! Peleas eternas por
esos juguetes que sólo estaban en exhibición. Pero ojo, el amor de JJ por sus
playmobils tenía un límite claro: jamás limpió ni un puto playmobil, ni una
maldita copita, ni la nave espacial, ni el camión de bomberos, nunca limpió una
mierda y eso aumentaba mi queja contra esos juguetitos detestables con pelito
patético y manitos que ¡no eran manitos, por el amor de dios!
Un sábado arrancó a pura batalla cuando llego al mediodía, después de haber
ido al gimnasio, llego tranquila,
contenta, sin preocupaciones porque estaba prácticamente sedada después de la rutina
zarpada que había hecho. Abro la puerta del departamento y JJ me recibe de la
peor manera que podía llegar a recibirme: con cara de culo y sin un
"Hola" previo. Detesto profundamente llegar a cualquier lado, a la
facultad, a la casa de una amiga, al laburo, a donde sea que llegue y que me
ataquen con un tema sin ni siquiera decirme "hola". La cara de culo
de JJ noté que fue instantánea, se transformó en cuanto me vio entrar y en un
segundo me di cuenta el por qué, ¡claro! ¿cómo se me ocurre no ponerme el buzo
en la cintura para que me tape el culo cuando estoy con calzas y la remera no
me llega hasta el tobillo?, ¿cómo hago una cosa así?. JJ en lugar de decirme un
"Hola" me recibe así:
-¿Así fuiste al gimnasio, Paula? *respiro hondo porque tengo mooooy poca
tolerancia para responderle*
-Si, fui así JJ, ¿qué querés que me ponga?, a ver, decime, ¿una sotana,
nene? *mientras le hablo pienso que jamás fui al gimnasio con calzas zarpadas
color blanco, nunca un top o algo súper sexy. Siempre fui con calzas y una
remera común, no con una remera hasta la rodilla pero tampoco un top. Me
envenenaban esos comentarios porque pensaba en las chicas que van súper sexies
y yo, al lado de ellas, parezco una boluda y me tengo que bancar que él me
recontra cague a pedos porque se me veía el culo. Obvio que no se me veía, se
marcaba a lo sumo, pero mis remeras siempre llegan un poco más abajo de la
cintura. Todo me reafirmaba una sola cosa: ¡que desubicado es este flaco!*
-No me cargues, Paula, sabes a lo que me refiero. ¡Se te ve todo el culo!
-Bueno, basta, JJ, cambiame la carita y tratemos de almorzar con algo de
paz, no me hagas calentar, por favor.
-¿Ahora soy yo el que te hago calentar?, pero sos vos la que no te pones el
buzo en la cintura sabiendo que a mi no me gusta que andes sin el buzo atado. Si
antes te lo ponías, ¿por qué ahora no?
-Porque antes trataba de evitar estos quilombos, pero siempre tenés algún
motivo para generar discusiones al pedo, entonces, haga lo que haga me peleas, por
eso no me caliento más porque total vos me vas a pelear, JJ. No sé, lo tuyo es
genético en un punto, nene.
-Ah, ¡pará! ¡pará, Paula! ¡No abras la ventana del balcón! *ni bien me lo
dice miro hacia el balcón y no puedo creer lo que veo. Vuelvo a mirar y me
enfurezco como nunca*
-¿Vos estas loco?, estas completamente desquiciado, JJ, decime ya qué hace
Luna en el balcón con los cinco grados que hace, ¡hace un frio de locos, flaco!
¡sos un animal! ¡Luna esta temblando, forro! ¡pesa cinco kilitos nada más! ¡la
vas a matar!
-¡Que exagerada sos! Es un perro, Paula, ¡pará, nena!¡no le abras! ¡está en
penitencia!, ¡dejala ahí! Tiene que aprender a no tocar mis playmobils.
-¡Perdón! Vos sos un enfermo mental, nene. Tenés que estar en una clínica
apartado de la sociedad.
-Es así, Paula. La perra es una malcriada por tu culpa y no puede ser que
haga lo que ella quiera. No tiene límites.
-¿Vos sos pelotudo?
-Dejá de insultarme, Paula.
-Te pregunté algo, respondeme, ¿sos pelotudo?
-Cortala, dejá de hacerte la canchera porque te queda mal y ya puse la mesa,
asique vení a comer.
-No la corto nada. Me tenés tan, pero tan cansada con esos playmobils de
mierda, que ya siento que estoy al lado de un pelotudo de catorce años. Estos
putos playmobils, porque te aclaro que parecen bien putitos con ese pelito de
forros que tienen, siempre se caen. Tocas un libro y se caen, abrís la ventana
y el viento los tira. La perra es perra y actúa como perra, por eso guarda todas
las cositas que encuentra entre sus trapitos, papa frita.
-Es indefendible, Paula, Luna siempre hace lo que quiere.
-Luna se cree que los putitos playmobils son sus hijos, JJ, vos no la
entendés. Como todo en esta vida, no entendés nada. *eso de que Luna se
"cree" que los playmobils son sus hijos, son chistes que JJ no
entiende que son chistes, cree que yo realmente pienso así y odia esa clase de
comentarios. Justamente por eso se los hago en plena discusión*
-¡No le abras a Luna! *ya le estaba abriendo la ventana y la perra entró en
un segundo cagada de frio*
-Ya le abrí, tarde, querido.
-No sabes tener animales, Paula.
-Mira JJ, vamos a hacer así porque no podemos seguir discutiendo eternamente
por esto. Vos sacas los playmobils hoy y los guardás en una caja o paso la
aspiradora y los chupo todos, mañana.
-¡Callate Paula! Nunca te vas a animar a aspirarlos.
-Bueno, mañana vemos si me animo, por las dudas, vos, guardalos vos.
Lógicamente, no sacó ni un puto playmobil, ninguno pasó a estar en ninguna
caja, seguían ahí, paraditos los putitos. En el estante, del departamento del piso
diecinueve, piso en el que cada vez que abrías la ventana el viento, a gusto y
piaccere, los desparramaba por todos lados. Grato momento para Luna, obvio, no
le daban las patitas para correr, poder llevárselos todos a su cucha y
esconderlos entre sus trapitos.
JJ, no guardó nada.
El final: predecible.
Por eso al día siguiente le pregunté:
-Tampoco hoy pensás guardar los playmobils, JJ.
-Paula, tengo que ir a la casa de Tebi a terminar la entrega de mañana, ya lo
sabes, ¿para qué preguntás?
-Bueno, después no te sorprendas.
-¡Ay! Hacé lo que quieras Paula, pero no me jodas más.
-Bueno.
Los aspiré. Aspiré todo, menos las naves, las mesas, las sillas y esas cosas
grandes que eran parte de las escenas. Cosas que por las aspiradora no pasan,
pero que si entraron cómodamente en una bolsa.
Después, todo fue a parar a la Iglesia donde esta el Padre Pablo, nunca me
acuerdo el nombre de esa Iglesia pero sé que es sede de Cáritas, asique,
seguramente, hoy esté jugando con esos playmobils algún nene que no los
considera un caprichito, sino un simple juego.
Todavía me los reclama, ¡paaaaabre!
Todavía me los reclama, ¡paaaaabre!



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Un Malaprendido de verdad, opina.