Ay, este San Valentín
parece que todo lo puede. Lindo angelito con arco y flecha, tan indefenso él,
que a veces tira a matar. ¡A tener cuidado de este angelito!
Bueno, mas allá de esta
importada y relativamente nueva fecha festiva, lo rescatable es que JJ una vez,
al menos una vez, quiso hacer algo bien.
En realidad, no podría decir
si quiso hacer las cosas bien, siendo amable y generando un momento inolvidable
o si lo que buscó fue que yo realmente deteste esta fecha. Para bien o para
mal, algo logró. JJ logró que sea inolvidable.
Con JJ, San Valentín
empezó igual que cualquier otro día. No se dió cuenta era el día de los
enamorados aunque varias veces lo dijeron Peña y Petinatto por la radio. ¡Ah!
Peña y Petinatto es porque hacíamos un zapping algo violento, a veces, a la
hora de definir la emisora matutina. En fin, JJ escuchó que era San Valentín y
nada, él como si nada. La verdad es que mucho no esperaba porque ya sabía como
era JJ, si para el día de la primavera por un ramito de flores hizo tanto quilombo, un
San Valentín era como demasiado.
A lo largo del día, en el trabajo, todos nos preguntaban o nos sugerían, haciendo “caritas cómplices”, festejar nuestro día. Bueno, mi cara decía, “si, seguro festejamos”
pero planeado no había nada y, para ser honesta, no me parecía fecha como para darle
tanta bola. Pero JJ le dió importancia a lo mas inesperado.
Justo cuando volvimos del
trabajo golpean la puerta del dpto., me fijo y era Sabrina, nuestra vecina. Con
Sabrina empezamos siendo vecinas, vivimos dos años pared de por medio, nos
llevábamos muy bien y nos fuimos haciendo amigas. No pasó lo mismo entre el
novio de Sabrina y JJ. Con Sabrina intentamos generar buena onda entre ellos,
pero JJ no era muy sociable asique desistimos. Para ese momento, Sabrina era mi
amiga.
Cuando abrías la puerta
del dpto. lo primero que se veía era la cocina y cuando le abrí a Sabri JJ
estaba en la cocina revisando la heladera por decima vez en lo que iba del último
minuto. Nunca supe por qué JJ abría la puerta de la heladera tantas veces al día
y tan seguidas. ¿Qué esperaba ver?, si sólo había pasado un minuto de la última
vez que abrió.
Lo más loco era que abría,
miraba y cerraba, no sacaba nada de la heladera. Esa era la secuencia: abrir,
mirar y cerrar. Una y otra vez, muchísimas veces por día. Para mí, era algo insoportable. Pero no se le podía preguntar
nada, porque se calentaba mal: - ¿qué buscas? hace medio minuto abriste la puerta
de la heladera y ahora otra vez. De las dos personas que hay en este dpto.
ninguna compró algo como para ver si el estado de la heladera cambió, ¡me podes
decir, querido!, ¿por qué abrís tan seguido la puerta de la heladera?. Nunca
tuve una respuesta concisa. Y la verdad, es que ya la pregunta planteada así,
era para quilombo, por eso dejaba que abriera un millón de veces al día la puerta
de esa maldita heladera. Sé que esto que estoy relatando es una pavada pero
vivenciarlo es desesperante.
Vuelvo a San Valentín.
Golpean la puerta, atiendo y era Sabri, JJ estaba en la cocina prácticamente
adentro de la heladera.
-¡Hola
Sa!
-¡Paulita!,
¿cómo andas?, hola JJ.
-Bien,
bien, Sabri, recién llegamos del trabajo.
-Ay,
si. Por eso vine, los escuché llegar y como hay una promoción de sushi por el día
de los enamorados, con Nico vamos a pedir, ¿por qué no piden y comemos juntos?
Dale, ¿si?
Antes de responderle a
Sabri pensé: prefiero que maten a San Valentín antes de preguntarle a JJ si se
sumaba al plan. Verle la cara de orto era una patada y ya sabía que no le iba a
copar el tema sushi, vecinos, Sabrina, el novio, nada le iba a copar. Tanto fue
así que no fue necesario, ni siquiera, que le haga la pregunta completa.
-JJ,
¿dice Sabri si nos sumamos? –interrumpe groseramente, no me deja terminar de
hablar y responde lapidario casi desde adentro de la heladera-
-No
me gusta el sushi, ¿no te acordás? –la voz ya reflejaba la cara de orto que
tenía-
-Cierto,
cierto, que no te gusta.
-Además
quiero llevarte a cenar hoy –acota JJ. Ahí
me quedé helada, pensé que era una joda o algo que se le ocurrió antes para
zafar-
Sabrina, escuchó la voz
de cara de orto de JJ y con una sonrisa se despidió:
-Bueno,
pásenla lindo.
-Chau
Sabri, ustedes también. Saludos a Nico y gracias por decirnos. –eso lo verbalicé
pero con gestos y muecas le dí a entender que JJ estaba mintiendo y ella pareció
entenderme-
Cerré la puerta llena de
furia y toda esa furia tenía un solo destinatario: JJ. Me acerco con una manito
apoyada en la cintura al mejor estilo “jarrita” y le digo enojada:
-Primero,
cerrá esa heladera que me enfermás. Segundo, cuando viene Sabrina la saludás.
Tercero, ¿comes de todo y sushi no?, ¿no te gusta el sushi? Bueno, no me
acordaba.
-Ah,
¿estas calentita?, ¿qué pasó, mamita?
-Pasó
que sos un flor de ordinario, nene. Eso pasó.
-Sabes
que me revienta que me enumeres, primero, segundo y me cago en el tercero. Me
molesta pero me lo haces. No me enumeres más las cosas, Paula.
-¿Sabés
que sos un animal, JJ?
-Ay,
San Valentín te hace insultar de manera recatada parece.
-¡Que
forro sos! –le digo por lo bajo-
-Mirá,
más que animal me siento un boludo queriéndote llevar a cenar.
-No
me mientas en la cara JJ, por favor.
-No
miento, no quiero pelear.
-Bueno,
¿sos la víctima del día ahora?, ¡mirá vos! Hola víctima, encantada, Paula
Jimena es mi nombre. Un gusto.
-Que
boluda sos cuando te querés hacer la graciosa. Lo peor es que te crees
graciosa.
-Y,
¿qué querés que te diga, JJ? Si te da vergüenza caminar con un ramo de flores
por la calle, eso de “te quiero llevar a cenar” es un buzón, flaco ¡no te lo
crees ni vos!
-No
quiero discutir gorda. –con una sonrisa en la boca me lo dice-
-No
aguantás la risa, ni vos te crees ese buzón.
-Che
gorda, no quiero discutir, de verdad. Igual basta con eso de que salude a
Sabrina, no es mi amiga.
-¿Qué
tiene que ver que no sea tu amiga? Tenés que saludar, JJ. Además ella te saludó
recién y no le respondiste.
-No
me saludó. Gritó desde la puerta. Si ella es la que viene a casa, que entre y que
me salude. Que entre hasta acá. Pero basta con eso Paula, no es mi amiga,
basta.
-Sos
bruto y te gusta serlo, eso es lo peor. Tenés que saludarla igual, por respeto.
-¿La
podés cortar, Pau? Quiero llevarte a cenar.
-Ah,
¿es en serio?, ¿a dónde querés ir? –yo sentía que me estaba cargando-
-Acá,
cerca. A ese restaurant que esta a cinco o seis cuadras para el lado de la casa
de tus viejos.
-¿Ahí?
Es tenedor libre, yo no como nada.
-Si,
ahí quiero ir, ¿vamos?, ¡dale! Festejemos, Pau. ¿No es el día de los enamorados
hoy? –sonrió y me convenció. Igual todo me parecía tan raro-
Fuimos al tenedor libre,
y lógicamente, no tenía hecha ninguna reserva, con lo cual, siendo San Valentín
estaba repleto de gente y había que hacer cola afuera para esperar mesa.
Cuando llegamos una
señorita muy agradable nos dijo que teníamos cuarenta y cinco minutos de demora.
JJ súper convencido se anotó sin problema en la lista y esperamos.
La espera se hizo larga.
Primero, porque no fueron cuarenta y cinco minutos, fueron más y segundo,
porque teníamos hambre y cada minuto era interminable. JJ nunca le puso una
cara tan agradable al “hambre”. Raro en él, porque es como los nenes. JJ con
hambre se ponía insoportable, en realidad, fastidioso es la palabra.
Pero como la idea de cenar
ahí era de él, no dejaba de abrazarme y de hacerse el que estaba pasando una
espera divina. Parecía contento de esperar, cosa rarísima en JJ.
Como él le ponía tan
buena onda, me relajé tratando de pasar un buen rato. Lástima que hubo un
imponderable, y ese imponderable hizo que la buena onda se me fuera al carajo.
El champagne fue el
imponderable, bueno, eso creí en un principio. A cada rato, la chica que tan
amablemente nos mintió en la cara diciendo que la espera era de unos cuarenta y
cinco minutos, pasaba y nos traía una copita de champagne. Yo preferí no tomar porque con el estómago
vacio el champagne me da sueño y me cae re mal, pero JJ tomó. Tomó mucho. Tomó
varias copitas y, al toque, en cuanto nos sentamos pidió un vino porque había
que brindar y así lo hicimos.
Por momentos pensé que JJ
estaba siendo realmente muy romántico esa noche, pero por momentos también, parecía
estar poniéndose en pedo.
-JJ,
vos no te podes estar poniendo en pedo, ¿no? Si siempre tomas un montón y te la
bancas.
-Pincha
globo, eso sos. La estoy pasando bien Paula. Estoy con vos que sos la mujer que
amo. Estoy rodeado de comida, dejame, Paula. Dejame que estoy bárbaro así.
–esas declaraciones no eran normales, seré una pincha globo, pero esa situación
y esa verborragia en JJ no eran para nada normales-
-Bueno,
entonces, tratá de no gritar mucho cuando me hablas.
-¡Eh!
¿Qué pasa conmigo hoy? ¿tengo la hinchada en contra? –cuando hablaba, a los
gritos, miraba a las mesas se al lado buscando apoyo-
-Estas
gritando.
-Pero
gorda, linda mía, estoy feliz, dejame ser feliz. Eu, ¿a dónde vas? –eso me lo
dice a los gritos, entonces me acerco y le respondo casi al oído-
-A
buscarme comida, JJ.
-Vení
Paulita, brinda otra vez conmigo. Vení, no te vayas, negra. ¡Negra! ¡No me
dejes! –seguía gritando pero caminé decidida y con la frente bien alta para
servirme algo a ver si de una vez podía cenar-
No sabía cómo JJ podía
estar pasándola bien, la cantidad de gente que había en ese lugar era
increíble, todo Vicente López estaba ahí, en La Gran Aldea. Así se llama el
restaurante. Había que hacer cola para todo. Querías pastas, cola. Querías asado,
cola. Querías mariscos, cola. Para todo, cola.
Encontrar al mozo para
pedirle hielo y un agua mineral fue más difícil que encontrar a Wally. Y cuando
veías al mozo y le pedías el hielo y el agua, el mozo se iba y nunca más lo volvías
a ver. Pasaba así. Era un hormiguero ese lugar.
Para empezar elegí comer
jamón crudo porque no había que hacer cola, mientras me servía miraba hacia la
mesa y a JJ no lo veía, pero lo escuchaba.
-¿Y,
Paulita? ¿Qué me decís? Esto es comida, no el sushi ese que querías comer con
tu amiga.
Mientras me decía “esto
es comida”, pinchaba la tira de asado que tenía en el plato y lo levantaba como
trofeo. Patética era la imagen, imborrable también.
JJ seguía hablándome a
los gritos, ya se le patinaba la lengua. Claramente estaba en pedo, pero era
imposible.
-JJ
vos estas borracho.
-Uy,
no sé, que se yo hermosa.
-¿Cómo
no sé? ¿Cómo que se yo, nene?
-Nene.
Nene. Nene.
-¡No
me cargues! Estas haciendo un papelón, no paras de gritar. El lugar explota,
hace dos horas que le pedí al mozo un agua mineral sin gas y no me la trae.
-Si
te la trajo, ¡mira! –y me tira un chorrito de soda del mini sifón que le había
traído el mozo-
-¡Ay,
no! Vos estas en pedo, ¿cómo me vas a tirar soda así, pelotudo? Borracho y
pelotudo sos. El mozo no me trajo nada, le pedí sin gas. A vos te trajo eso.
-Pero
yo no le pedí soda, si me estoy tomado purito, purito el tinto este que esta
riquísimo.
-Por
favor, a ver, repacemos JJ. Salimos juntos del trabajo, llegamos a casa y
vinimos para acá. No entiendo, el champagne no te puede haber puesto en este
estado. No entiendo nada, ya no entiendo nada más.
-Repasaste
mal, gordita mía.
-¿Vos
te escuchas cuando me hablas?
-¿Dónde
encontraste langostinos gordita?
-Pará,
¿por qué me dijiste repasaste mal? Si hicimos así.
-No.
Te estas olvidando de algo.
-¿De
qué me olvido? a ver…
-Pará,
pará, pará. No creo estar en pedo, pero me siento como muy relajado, eso si.
-Me
alegra que te relajes, igual me gustaría que no grites y tratá de no hacer un esfuerzo
para abrir los ojos chinitos que tenés. –ahí me di cuenta y al toque pensé-
Ojos chinos. Cuando
salimos del trabajo, en realidad él salió primero porque yo le dije que tenía para
unos quince minutos más cerrando el parte diario. Me dijo que me esperaba en
frente, con los chicos. No hizo quilombo. Eso fue raro. Tampoco puso cara, eso
fue más raro todavía. Seguí haciendo memoria, me dijo que me esperaba en
frente, y en frente hay una plaza. Además no tardé quince minutos en salir,
habré tardado unos cuarenta minutos y tampoco armó quilombo. ¡Ya está! ¡Me dí
cuenta!
-Solo
estando fumado me invitas a cenar, JJ, la puta madre que te parió. No, no, no.
Sacame ya esa carita de “¿y yo qué hice ahora?”, porque sos un forro, nene.
-Pincha
globo.
-Además
tomaste cerveza porque las cervezas las vi pasar, los chicos tenían birra.
-Unos
besitos nada más.
-Chupaste
birra, JJ. Con los cuarenta grados de calor que hay hoy, a las siete de la
tarde, cuando todavía hay sol vos chupaste birra y te clavaste un porro, por
eso estas así.
-Pincha
globo, eso sos.
-Basta
con eso, pavote. Dejá de gritar. No. Mejor no hables más porque no manejas el
volumen de tu voz. –me levanto a buscar comida y lo escucho a los gritos con el
mozo, al que le pedía que me convenciera de que él no estaba en pedo-
Ya era demasiado para esa
noche, me quería ir. No soportaba mas el papelón, no hablaba, gritaba. No paraba
de decime “Paulitaaaaa” con un tono decadente. Quería desaparecer.
Cuando pasó por “la
especialidades del Chef” y gritó:
-¡Paulitaaaaa!
Mirá, gorda, gambas al ajillo como a vos te gusta. Vení, vení.
Yo respondía con gestos,
“no, no como más”, pero él insistía, necesitaba que yo vaya porque estaba
haciendo la cola por mí y no dejó de
llamarme hasta que fui.
Esa cena fue
interminable, JJ parecía no tener fondo, no paraba de comer. Comió panqueques flambé.
Comió dos veces porque le encantó el fuego, estaba como loco con ese fuego de
mierda. Era insoportable ese lugar y JJ lo hacía más insoportable todavía.
Como dije antes, ya era
demasiado para una sola noche, pero con JJ nunca se sabe cuando es demasiado.
Yo era una olla a
presión, colapsaba en cualquier momento, hacía más o menos media hora que me
había cruzado de brazos esperando que deje de comer.
-Uy,
bueno, ya vamos, pido la cuenta y vamos.
-Si,
por favor, JJ.
-Che,
Pau.
-¿Qué?
-Que
mucho no fumé, eso quiero decirte. –habló con voz muy bajita como, un susurro-
-Mira
JJ, la verdad es que con lo mal que la estoy pasando lo que menos me importa es
tu nivel de consumo. Si te hubieses inyectado heroína pero te hubieras portado
mínimamente bien, te juro que no me jodía tanto como esas pitaditas pelotudas
que le habrás dado a ese faso.
-Macanuda,
macanuda vos, che. Una amiga sos.
-Pedí
la cuenta y vamos, dale.
-Ya
la pedí, ¡sohhhh!, ¡sohhhhh! –me hacía como le hacen a los caballos cuando los
están domando-
-No
es gracioso, ¿sabías?. Voy al baño mientras pagas.
Voy al baño y cuando
vuelvo lo veo que estaba al borde del llanto y con el mozo ahí, delante de él.
-¿Qué
pasó?
-Perdoname
Pau, me vas a matar y tenés razón. Soy un boludo, gorda pero te amo.
-Escuchame
decime qué pasa, ¿te agarró el bajón, ahora? ¿qué carajo te pasa? –todo esto se
lo digo prácticamente al oído-
-No
aceptan tarjetas acá y no llego con el efectivo que traje, ¿vos tenes?, perdóname
gorda, en serio, perdoname. –le hago una sonrisa al mozo y le digo-
-Vaya
señor, yo en un minuto me acerco y le pago. Gracias.
-Perdoname,
Pauli, ¿me mirás?
-Perdoname
no, JJ. Perdoname nada. Vamos a hacer así, escuchá y te lo voy a enumerar.
Primero, vas a dejar de hablar con ese tono de voz dramático que parece que vas
a llorar en cualquier momento, porque es penoso. La misma gente que te vió
felíz hace veinte minutos te ve ahora haciendo fuerza para llorar.
-No
estoy haciendo fuerza, ¡que tarada que sos, Paula!
-Retiramos
el tarada y te retiras vos.
-¿Qué?,
¿qué decís nena? Además, ¿tanto te importa la gente? siempre decís que no te
importa lo que diga el resto, ¿qué agitás ahora?
-La
gente no me importa. Sólo me importan estas personas porque son testigos del
momento de mierda que pasé y del novio que pegué en la vida.
-Uh,
che.
-Escuchá
JJ lo que te voy a decir. Me voy a levantar para ir a pagar y vos te vas a
levantar, vas a empezar a caminar muy rapidito para casa así me llevas una
cuadra o más de delantera y así evito verte la cara.
Me levanto, JJ habla solo
por lo bajo pero se va. Pago, paso por el baño para hacer tiempo y voy hacia la
puerta. Camino una cuadra y media y veo a JJ que viene corriendo hacia mí. ¿Qué
hace este hombre ahora?, pensé.
-Para
el otro lado tenías que ir, querido. –lo quería matar, a esa altura ya no me
importaba nada, ¡nada!-
-Ya
sé que es para el otro lado, no me trates como si fuese tarado.
-Bue…
¿y? ¿para qué volvés?
-No
tengo llaves, las dejé en casa. Bue, ¿tan grave es?
Este post, por ser el
post de San Valentín se lo dedico a mi profesor del taller, Guadi Calvo, porque
sé que apuesta al amor. ¡Gracias Guadi!
Te lo dedico por ser ésta
una fecha que hace referencia al amor, no por el contenido de la narración que
realmente poco tiene ver con ese sentimiento.
Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.
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