Situaciones como ésta que voy a contar hacen que no me importen absolutamente nada las minas. En casos así me voy de mí, empiezo a pensar en cualquier cosa, en el programa de Tinelli, en las vacaciones que me deben, o lo que es aún peor, en el promedio de River.
¿Quiero minitas fáciles? Cualquiera diría que sí, pero a veces, cuando están tan open, puedo asegurar que querés remarla un poco.
Todo comenzó por Facebook. La mujer de Martín me pasó el contacto de una amiga suya. Arrancamos bien: la minita estaba buena, así que después de revisarle todas las fotos le mandé para agregarla como amiga. Iba a mandarle un mail primero, pero me pareció muy formal, una huevada, no sé. De todas formas me aceptó, así que todo bien. Últimamente por Facebook conocí a bastantes minas, ¡no sé cómo no me hice una cuenta antes!
Cuando le conté a Martín las buenas nuevas casi se pega un síncope. Me pidió prácticamente de rodillas que la haga bien.
– ¡No te zarpes, no me hagas quedar mal!– me suplicó.
– Boludo, ¿alguna vez te hice quedar mal yo?
– Demasiadas veces, pajero.
– Yo también te quiero, forro.
Me parecía sensato hacerle caso; no hacerlo quedar mal con la jermu. Cuestión que la mina me termina aceptando y después de hablar dos huevadas por Facebook le pido el MSN. Era, después de todo, la senda correcta.
Gran error. Por MSN estuvimos como dos meses. Ya después de la primera semana no sabía de qué más hablarle, pero como me saludaba siempre y con buena onda, yo le hacía chistes con lo único que tenía a mano: sus fotos de Facebook. Me sentía un pelotudo, y como ella era buena y me explicaba por qué tenía las fotos que tenía en su perfil, me hacía sentir más pelotudo todavía. La rutina humillante se repitió mucho más de lo que yo hubiera querido.
Cuando llegó marzo, cansado, decidí mandar toda la corrección a la mierda y me tiré el lance de invitarla a salir. Si me aceptaba después de todos los papelones que había hecho por MSN, ya estaba. Aceptó.
Quedamos de salir un sábado en el que justo jugaba River a las siete. Yo ya tenía entradas para ir a la cancha con Willy, así que le propuse dársela a su hermano para que vayan juntos. Me respondió enseguida que no rompa los huevos, que cómo iba a dejar de ver a River por una minita, que me prometía que nos volvíamos –siempre íbamos en su auto, que está más baqueteado– ni bien terminaba el partido. Entré como un nabo, porque después del partido me hizo ir a una pizzería a tomar un porroncito –"dale, si lo tomás como agua", me dijo– que terminó convirtiéndose en tres Quilmes y media muzza con fainá. Patada al hígado mal.
Cuando por fin me tiró en casa me tuve que mandar dos vasos de Hepatalgina, y al toque tres chicles de menta mientras me bañaba a los apurones. Salí rajando. Decí que la mina vivía en Olivos y que yo me conocía la zona como la palma de mi mano por haber vivido toda la vida en San Isidro. Si no, no llegaba nunca. Igual llegué tarde y le mandé cualquier fruta de que me perdí, que hacía mil que no iba por la zona, que bla, bla, bla. Por lo visto me creyó.
Para esta altura tenía un tremendo revuelto gramajo en el estómago, producto de la muzza, y cero ganas de tomar. Le pregunté por cortesía a dónde quería ir y me dijo no se qué de un minicine. Podía llegar a morir si iba a una cosa así en mi estado, así que me hice el sota y le dije de ir al bolichito al que llevo a todas las minitas, que aparte es un golazo porque está cerca de casa, y si pinta onda ya estamos ahí. Casi no me sale, porque cuando íbamos por Panamericana, ya a punto de llegar, me dice de ir a otro que está por el centro, pero cuando le dije que al que íbamos estaba cerca de mi casa se copó y no tuvo drama. ¡Venía bien la cosa!
Obviamente llegamos y yo ni quería ver la carta. Le dije que se pida lo que quisiera que yo me tomaba un agua mineral, que tenía que manejar y que además al día siguiente entrenaba temprano. Corte responsable, para quedar bien. Aquél debe haber sido el primer domingo en que caí sin resaca a una práctica.
Ya sentados, empezamos a hablar. Como no salía charla de ningún tema terminé contándole sobre mi ex, de cómo me dejó, de sus mambos. Se la exageré un poco, pero la mina me escuchaba atenta, así que supongo que le interesaba el tema. A mí no; quería hablar de algo más picantón, ponerle sal al asunto. Después de media hora ya no sabía más qué contarle, y la flaca seguía firme como un poste, escuchándome. Ni que estuviera enamorada. "¡Listo, digo, acá hay que concretar!", así que salté al tema del sexo de una.
– Che Pau, y contame, ¿solés tener sexo en la primera cita?
Se puso roja, je. Después de un rato sin respirar me empezó a contestar despacio, con un tonito ratoneador mal.
– Y, no sé, depende.
– ¿Depende de qué?– retruqué con una sonrisa y acomodándome en la silla.
– ¡Ay, de tantas variables! ¡Tantas variables entran en juego!
– No te hagas la misteriosa, Pau, decime.
– Y, lo primero es que tome cerveza conmigo, por ejemplo.
Me estaba gozando. Me encantan las minas que hacen eso.
– ¿En serio? ¡Qué mala! Si me decías tomaba...
– No, tonto. Te estoy jodiendo. ¿Mira si va a ser en serio? Depende de la onda que se genere, ¿viste? Esas cosas se dan, pasan, se generan solas, no se fuerzan.
Ya no daba para más, estaba todo dicho y yo ya me estaba aburriendo no pudiendo tomar. Era el momento de hacer el avance, pero no era el lugar.
– Claro, obvio, tenés razón. ¿Qué te parece? ¿Vamos ya, Pau, o querés tomar algo más?
– No, dale, vamos– Se venía el gol.
Cuando íbamos caminando hacia el auto, me pareció notar que estaba nerviosísima. Es algo que siempre me da risa, porque nadie sabe bien qué decir en circunstancias así. Preferí hacerla corta y sin cursilerías –tipo miraditas, caricias y esas boludeces– porque la mina obviamente no daba más de la vergüenza. Ni bien nos metimos en el auto le chanté un beso.
Lo que viene ahora es lo inexplicable: estábamos dándonos unos besos riquísimos y de repente la mina me corta en seco y me dice de ir yendo. "¡Fa, la tenés loca, taitan!", me felicité. Como quien ya sabe de la cosa, le digo que está bien, que nos vamos para casa, a lo que me responde que no, que quiere ir... ¡al río! ¿Qué quería ir a hacer al río, digo yo, con la cantidad de mosquitos que había? Sin entender mucho, acepto y agarro Libertador de vuelta.
El silencio en el auto era sepulcral y me hizo volver a acordar de la práctica del día siguiente, de la muzza con fainá que tenía atorada en el estómago, y de la cantidad de mosquitos que me estaban esperando en el río. Estaba maquinando a full.
Como estaba francamente en cualquiera, le mandé de vuelta el verso de que estaba perdido en esa zona de la ciudad, etcétera, y le pedí que me guíe. Por un buen rato no le presté demasiada atención, pero de alguna logré ir haciéndole caso. Hasta que en un instante –no sé cómo hice para escucharla– me dijo que tome Corrientes así de paso me mostraba dónde estaba su casa. Y se me salió la cadena. ¿Su casa? ¿Quería ir al río pero me estaba mostrando dónde estaba su casa? ¿En qué quedamos? ¿Quién las entiende a estas mujeres? Oficialmente me chupaba un huevo todo.
La verdad, a esa altura de la noche no sabía si tenía chances o no con la minita. Sabía, solamente, que ya no me importaba otra cosa que dormir, despertarme bien al día siguiente con la cabeza despejada, y disfrutar sobrio de una práctica. Se lo planteé.
– ¿Sabes que, Pau?
– Decime.
– ¿No te enojas si te dejo en tu casa ahora?
– No, está todo bien, pero contame, decime la verdad, total es la primer vez que nos vemos. ¿Qué te paso tan de repente?
Se quedó mirándome como suplicándome una explicación. Pero me estaba preguntando algo en NTSC y yo ya estaba en PAL-N. Le respondí sin filtros.
– Es que me acordé que mañana entreno más temprano que de costumbre y no quiero ir arruinado. Podemos salir otro día si te parece. Ir a cenar, si querés...
– Sí, sí. No hay drama, dale. Me decís y salimos. Mirá, es acá, doblá acá que justo está mi casa.
– Bueno, te llamo entonces.
– Dale, chau, chau, ¡suerte mañana con tu entrenamiento! Y llamame, ¡dale!
Bip-bip, la saludé con la bocina mientras entraba a su casa. Quizá, en una de ésas, algún día, ordenando, encuentre el papelito donde anoté su teléfono.
Los intentos de arreglo con JJ eran agua corriente. Hasta
que uno llega a decir “basta” en una relación intenta hacer que funcione. Todo
con el fin de que "la relación", esa especie de ente, funcione. A
veces esos intentos sirven y otras veces desgastan, pero no sabes si sirven o desgastan
hasta que no probas. Con este diálogo me di cuenta que hacer que “la relación”
funcione estaba siendo esfuerzo mío y que del otro lado tenía poca recepción.
Esto de darme cuenta de que del otro lado tenía poca recepción lo vi pero hice
de cuenta que no vi nada.
Más o menos las cosas fueron así:
-JJ, mi amor, necesitaría que, por
favor, me ayudes con algunas cosas de la casa. No puedo mas, desde que estamos
juntos hago el doble de cosas. Plancho doble, lavo doble, cocino doble. De Luna
olvidate, gordo, Luna es mía y de ella me encargo yo. *la verdad es que no me
alcanzaba el tiempo para cocinar, lavar, planchar, hacer las compras y todo. Él
llegaba antes que yo y no era capaz de pelar una papa. Necesitaba que
dividiéramos las tareas porque estaba perdiendo a lo pavo*
-Y, pero yo no se hacer nada de
esas cosas que me decís, además, no decías nada de todas las veces cocino yo,
gorda.
-Si, JJ, vos cocinas cuando tenés
ganas, pero tenemos que comer todos los días nosotros y vos más que yo. Porque
yo me arreglo con cualquier cosa que hay en la heladera, en cambio vos, querés
bife con puré, pollo, ensalada, me haces cocinar porque para vos comer panchos
no es cena.
-Bueno, Pau, pero si es por vos me
tenes meta panchos y hamburguesa todos los días.
-Tampoco exageres tanto, JJ, además
cuando cocinas armás un despelote tremendo. Jamás le embocas al tamaño del
tarro que vas usar para hervir fideos. Te das cuenta cuando ves que no te
entran, entonces ahí agarras otra cacerola más grande y así ensucias todo. Mirá
JJ, no me hagas acordar cuando hiciste pollo a la sal porque le pusiste tanta
sal que se desbordó y se empezó a caer sobre la chapa del horno, ¡imposible de
despegar esa puta sal!, y no me ayudaste ni un poco a limpiar esa costra que se
hizo.
-¿No te ayudé?, no tenes cara, Pula
Jimena. Compré yo todos los líquidos Mr. Musculo que hay en el Coto para
limpiar el horno y decís que no ayudé, ¡la de guita que gasté!
-JJ, dejá de lamentarte, por favor,
porque quiero que tengamos una charla lo más adulta que sea posible.
-Bueno, a ver, decime, charla
adulta.
-Y, por lo menos cuando tomas Coca
Cola no dejes el vaso por ahí, llevalo a la cocina. Llego y la casa esta tapizada
de vasos con restos de Coca Cola, ¿no podes rellenarte el mismo vaso que venias
usando?, ¿tanto te jode?
-Sabes, gorda que voy directo a la
heladera cuando quiero Coca y no tengo en cuenta si ya tomé. Agarro un vaso y
me sirvo Coca. No lo veo tan grave.
-¡Uy! Si te olvidas de los vasos
que vas usando, estamos más jodidos de lo que pensé, menos mal que vivimos en
setenta metros cuadrados.
-Bueno, ¿tanto drama por eso? Dejá,
esta bien, voy a buscar los vasos y voy a usar siempre el mismo, tá bien, ¿más
tranquila ahora?, ¡tanto quilombo por un vaso del orto! *se fue al cuarto murmurando
por lo bajo*
Meses después, traté de hablar adultamente de nuevo con JJ,
lógico que ya tenía menos paciencia que antes
porque los vasos seguían sembrados por todos lados y no contaba mucho
con su colaboración para las cosas diarias. No quedaba otra alternativa que
volver sobre el tema:
-Algo tenemos que hacer, JJ. No
puedo seguir haciendo todo yo sola. Ni siquiera das vuelta la ropa cuando te la
sacas, las medias hechas un bollo, JJ, ¡así no se pueden lavar!
-Uy, Paula, cuando se te mete algo
en la cabeza no te lo saca nadie, la nueva es que yo tengo que colaborar.
-¡¿Tan loco te parece lo que te
digo, JJ?! *y si, le parecía muy loco lo
que yo decía, bastaba con ir una vez a la casa y ver como lo trataba Porota. El
flaco ahí era un rey. Llegaba y se sentaba automáticamente en su computadora,
tranqui, ciento veinte. Ahí nomás, al minuto estaba la Poro con un vaso de Coca
Cola bien fría que se la dejaba al lado del teclado en una bandejita y con una
sonrisa enorme le decía, “¿te hago un sanguchito?” Viendo las cosas desde ese
lugar, convivir conmigo era peor que vivir en Camboya, ¡claro que le parecía
loco mi pedido de colaboración! Pero yo no tenía tiempo para nada. No sé, la
vida de por si es jodida si vos me la jodes más te quiero lejos*
-Pau, ¿qué querés, decime?, ¿pretendés
que de vuelta la ropa?, que la ponga al derecho.
-Y si, mínimo. *ya estaba por
llorar porque notaba que él lo tomaba como un capricho mio y no lo hacía
convencido*
-Bueno, gorda, sin tan importante
es para vos, daré vuelta la ropa, a ver si alguna vez dejás de reclamarme cosas,
¿sabes?, tengo los huevos llenos, Pau.
-Sos un pelotudo malcriado de
mierda, ¡andate a cagar!
Después de algunos meses ya casi al borde de desbordarme
emocionalmente, vuelvo sobre lo mismo, pero el tono de comunicación ya no era
el mismo:
-Flaco, sos un potus, ¿sabias?,
pero lamentablemente necesito que me ayudes con algo.
-Uy, Paula, ¿y ahora que te pasó?,
¡que torcidita viniste!, ¿qué pasa?, ¿se te sublevaron las telemarketers, que
venias tan calentita?
-No querido, mi trabajo esta
perfecto, mi problema es acá, ¿sabes?, estoy hirviendo fideos para que cenemos,
limpio un toque el balcón porque Luna hizo pis. Descuelgo la ropa seca y se
esta por terminar el programa con una tanda de ropa que hay que colgar, ¡estoy
a pleno!, ¿no se te ocurre darme una mano con algo?
-Aguantá gorda, aguantá dos minutos
que veo los goles de Racing y estoy. No te enojes, ¿si?
-¿Que estas qué, JJ?, ¿los goles?,
¿hizo goles?, disimulá que todo te chupa un huevo, JJ.
-Bueno, nena, ya te ayudo, ¿qué
queres que haga?
-No hay leche para desayunar mañana.
Todavía no cerró Disco *el Disco quedaba exactamente enfrente del departamento*
-¿Qué?, ¿y yo tengo que ir?
-No, sabes que pensé en mandar a
Luna primero, pero tengo miedo que la caguen con el vuelto, ¿viste?
-¡Ay! JJ, mirá siguí cual potus mirando
a Racing. ¡Dejá! Voy yo a comprar la leche para que los dos desayunemos mañana.
*mientras agarro la billetera con mucha violencia, me dice con un tono de
“estar muy hinchado las pelotas”*
-¿Qué?, ¿te enojaste ahora, nena?
¡Sos más rara, Paula!
-¿Yo soy la rara ahora?
-Tanto que colabore, tanto que
colabore, ¿por qué no te ponés de novia con uno de la Cruz Roja y me dejas de
hinchar las pelotas, nena? *respiré hondo y dejé de discutir porque era para
darle un cachetazo en el medio de la cara*
Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.
Todos los derechos reservados. En caso de reproducción, solicitar autorización y citar la fuente. En ocasiones, este blog recurre a informaciones e imágenes disponibles en internet, si por alguna razón se encontrasen protegidas y deben ser retiradas, escribir al mail de contacto.
Muy buenos blogs, haceme caso y leelos. No te hagas el malaprendido conmigo
-
*Generadores de precios*
*Los oligopolios y monopolios son concentraciones en este caso de productos
en manos de pocas empresas. Esto genera que los precio...
Selección de frases del General del Cronista
-
– “Al amigo todo, al enemigo ni justicia” – “No es que nosotros seamos
tan buenos, sino que los demás son peores”- – “Sensibilidad e imaginación
es bas...
-
Fracasar es como estar bien vestido debajo de un diluvio.
Se te mojan los pies,
se te llena de agua el culo y el alma.
En algún momento va a parar, pen...
Para entender por qué se lo cuestiona a Abel Albino
-
¿De qué se lo acusa? Abel Albino tiene una muy reconocida trayectoria
ayudando a los más pobres. Muchos podemos coincidir en que su historia y
entrega es a...
La Marchita Canábica AKA el "Himno Doré"
-
Antes de fin de año, y previendo que no habrá más posts hasta quiénh carajo
sabe cuándo, paso a entregarle al mundo lo que todo el mundo estaba
esperando....
Nunca compres en Fancybox
-
*Tardé en escribir este post porque me drena la energía dedicarme a releer
cosas negativas, pero finalmente me decido a publicarlo ya que es sumamente ...
Lo trascendental del mal
-
Durante 6 años no se supo nada de Vince Gilligan. En verdad, el gran
público no sabía quién era Vince Gilligan antes, para ser sinceros. Yo no
sabía qui...