Había empezado un trabajo nuevo y me
asignaron supervisora de call center, entre nos ¡una reverenda cagada!, lógicamente
eso de mandonear a la gente y presionarla para que venda conmigo no iba y mucho
no me gustaba la idea, pero era la única manera de que la empresa me conservara
porque esto pasó en el 2001 y el trabajo no abundaba para nada.
Como
hacen en muchas empresas, me asignaron un plan de capacitación que incluía
recorrer varios sectores para conocer el funcionamiento de la empresa en
general.
Mi primer lunes como supervisora, me tocó conocer cómo
funcionaba el circuito de pagos a domicilio. La verdad, ¡un torro como pocos!
Creo que si veo Titanic dos veces seguidas sin pausa, me duermo menos de lo que
me dormí con la explicación del circuito de cobranzas esa mañana.
Desde muy temprano, muy temprano son las ocho de la
mañana en la empresa, ¡ese horario es una locura para mi biorritmo! Bue, ese
lunes el encargado de la facturación domiciliaria, Félix, me explicó muy
detalladamente cómo funcionaba su sector. Supongo que él realmente creía que
tenía un laburo fascinante porque le ponía una garra a la explicación que me
daba, que era una verdadera lástima que invirtiera tanto desgaste en explicarme
eso a mí. Mientras yo escuchaba y anotaba haciendo el acting de, “tengo un interés
de la re ostia”, miré por un segundo la oficina de al lado y hubo algo que me
llamó poderosamente la atención. No era el circuito de pagos precisamente,
claro que no.
Miro de nuevo esa oficina, que estaba toda vidriada, tipo
pecera y me tildé un toque, segundos nada más. Miré y volví a mirar. Cada
tanto, también, miraba a Félix asintiendo con la cabeza a todo lo que me decía,
que, a decir verdad me chupaba un huevo. Pero cada tanto, de nuevo, revoleaba
los ojitos tratando de volver a ver lo que ya había visto, y me había llamado
la atención. Se me colgaba la mirada hasta que lo encontraba y lo podía seguir mirando
todo el día. En un punto nunca dejé de mirar porque nunca lo perdí de mi campo visual.
Si bien mis ojos siempre apuntaban al torro de Félix. Cada tanto, una y otra
vez, buscaba con la mirada, onda mira laser, lo detectaba, lo seguía mirando y tuc,
ojitos a Félix que no paraba de hablar.
Hasta que en un momento no aguanté más y le pregunté a
Félix con mi mejor, tono de minitha bien boluda, “Ay, decime, ¿te puedo preguntar una
cosa, Félix?”
-Si, si,
obvio *me contestó convencido que mi pregunta se refería a algún punto de su
ardua explicación*
-¿De qué es esa oficina que esta acá al lado? ¿qué hacen
esos dos chicos que están ahí?
-Ah, ¿eso querés saber? *me mira con cara de decepción,
mientras le hago un “si” gestual con la cabeza, le regalo una de mis mejores
sonrisas junto a un tintineo de ojos como bonus track, a ver si de una vez por
todas me sacaba la intriga que me estaba comiendo la cabeza hacía más de una
hora*
-Son los dos diseñadores gráficos que tenemos. Ellos hacen
los folletos, los calcos con el logo, creo que también están armando la pagina
web, esas cosas, ¿viste? Iban a depender del Departamento de Marketing pero
como eso se frenó así que siguen dependiendo del sector comercial. *abro los
ojos bien grandes, pero bien, bien grandes y comento casi con el mismo tono de
minita que usé antes, pero esta vez el tono era de minita más boluda que el que
usé en la pregunta anterior*
-¡Ah! Iban a depender de mí, entonces. *mi cara lo decía
todo, me faltaba la servilleta hecha un nudito en el cuello, el cuchillo y el
tenedor uno en cada mano como “el Coyote” cuando piensa en comerse al
Correcaminos*
-Es verdad, ¡vos ibas a ser la jefa! ¡Mirá que loco!, ¿y
como se llaman los chicos? *antes de terminar la frase pensé, ¡que desubicada,
Paula Jimena!, ¡completamente desubicada esa pregunta, estúpida!, ¿por qué la
hiciste?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¡que tarde me di cuenta, la puta
madre!*
-Epa, cuánto interés tenés. *me dijo Félix haciéndose el
pícaro, pero de pícaro no tenía nada porque por pelotuda me faltaba un cartel
luminoso con un, “¡me encanta, me encanta ese tipo de ahí!”*
-Epa es un helado, lo mío es curiosidad. *como para
correrlo de tema le mandé un pésimo chiste, pero cuando termino de decir
curiosidad uno de los dos flacos que estaba en esa oficina sale y se acerca,
con cara de preocupado, directamente hacia donde estábamos Félix y yo. Mi cara
se transformó en un segundo nada más. Mentalmente me empecé a auto flagelar, repitiéndome,
¿por qué no te quedás tranquila Paula Jimena y escuchas al pelotudo este que te
explica el pelotazo de cómo se cobra?, ¿no te das cuenta boluda que es algo que
seguramente vas a necesitar saber?, ¿para qué pasar por este evitable momento
de estrés que te generaste vos sola, pavota?*
-Mirá, justo. Él es JJ, JJ ella es Paula, una nueva
supervisora del call center.
-Hola, ¿todo bien? *se lo dije con una sonrisa
plena*
-Hola, ¿qué tal?, bienvenida. *bien seca fue la respuesta
de JJ*
Todo lo que dijo JJ, lo dijo con cara de orto. El “¿todo
bien?” que le pregunté, jamás me lo respondió pero igual me encantó. Lo ví
atractivo, serio, con cara de macho, ¡me mató! ¡quedé boludísima! *escribo esto
y no puedo creer que JJ en un momento me gustó, ¡por dio!*
La cobranza no me importaba en absoluto y después de ver a JJ me
chupaba más un huevo, sólo lo miraba a JJ con la mejor carpa posible. JJ seguía
con una cara de estar preocupadísimo yendo de un escritorio a otro revisando
cajón por cajón. Súper inquieto abría, cerraba y revolvía todos los cajones que
encontraba a su paso, de última, ya lo hacía casi con violencia. Desde temprano
el pibe estaba así, recorriendo todo, buscando algo, no sé qué pero parecía
estar al límite de la desesperación. Otra
vez no soporte más y lo interrumpí a Félix para preguntarle otra cosa que nada
tenía que ver con su explicación de la cobranza domiciliaria.
-Che, Félix, ¿qué le pasa que esta así revisando todo? *le
señalo a JJ*
-Ni idea, pero pará que le pregunto.
-¡Che,
JJ!, ¿qué perdiste que andas revolviendo todo, boludo? *le pregunta, Félix. Mientras
Félix preguntaba yo pensaba que JJ seguramente buscaba algún original, un
diseño, no sé, pero para mi buscaba algo importantísimo, porque su cara era de
estar realmente hasta los huevos si no lo encontraba. Ya me daban ganas a mi de
decirle, “flaco, qué te pasa, decime por dios que te ayudo a buscar”*
-Yerba, boludo, ¿qué voy a buscar un lunes a esta hora?,
yerba para el mate, ¿puede ser que no haya?, si teníamos un paquete entero el
viernes, ¿cómo puede ser que no haya nada ahora?, ¿hace dos horas que estoy
buscando yerba, man?
Bueno,
no estaba concentrado en el trabajo, buscaba yerba y pelotudeaba a la vista de
todos, pero cuando te gusta un tipo no ves nada, o sólo ves lo que querés ver.
Como viste otra cosa, pasados algunos años puede ser que
te des cuenta que lo que querías era no estar sola. Si tardas cuatro años en
darte cuenta que lo que viste no es lo que en realidad era el resultado puede
se explosivo *además de doloroso, ¿no?*
Evidentemente mi cara me delató ese
día y los posteriores también. Félix rápidamente se dió cuenta que JJ me
gustaba y tomó una actitud “casamentera”. ¿Por qué será?, es mucha la gente a
la que le encanta armar parejas, ¡que hobby de mierda, che!, ¡por qué no se
arman un buen faso y se dejan de cagarle la vida a la gente armando parejitas!
Al mes de esto, más o menos, salí con JJ por primera vez y la verdad es que
un poco me aburrí, bueno, no. Me aburrí mucho, lo admito ahora, pero en su
momento lo negué rotundamente. Habló solo prácticamente, habló mucho de un solo
tema: Racing Clú de Avellaneda, hacía poco habían salido campeones después de
treinta y pico de años de no poder ganar un campeonato y justifiqué con eso mi
aburrimiento *ay, ¡si! Me quiero cagar a patadas yo misma, lo sé*. Lo que
aprendí de Racing esa noche no lo sé de River, que desde que nací en mi familia
sólo se habla de River Plei, ¡por dio! Lo que es el amor, bueno no, mejor
dicho, ¡lo que es el “falso” amor!
Esa noche no me preguntó mucho sobre mí, sobre mis cosas,
mi vida, como que no se interesó demasiado. Claro, solo habló de Racing, pero
en fin, eso a mí, en ese momento no me importó, no le di importancia y era la
primera cita.
Tampoco
me importaron muchas otras cosas, que pasado un tiempo empecé a detestar.
La
convivencia llegó a los poco meses, en realidad se fue dando, fue fluyendo casi
naturalmente. Cada vez más seguido se quedaba a dormir conmigo, en el
departamento de Caballito, como trabajábamos juntos, íbamos juntos al trabajo,
a veces volvíamos juntos también, ¡un pegoteo que me acuerdo y me relaja el
estómago! Los días que yo cursaba en la facultad y llegaba tarde, él se
encargaba de la cena y hasta me iba a buscar a la parada del colectivo con
Luna, cosas me le duraron lo que le duró el amor, si algo de amor hubo, ¿no?
La verdad es que no sé como empiezan
las convivencias, no sé si empiezan bien y los roces vienen con el tiempo, o si
los roces son primero porque uno no se conoce con el otro hasta que logran que
esté todo bien. Honestamente no sé. En mi caso, los roces no tardaron en llegar, la
cagada fue que no los quise ver. Eso si, al tiempo, los roces ya se parecían
más a una batalla de medioevo que a una pareja que *supuestamente* se ama.
Bueno, en un punto, si hubiese visto las cosas a tiempo y
hubiera manejado todo de una forma más adulta, no tendría blog, ¿no?

