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martes, 1 de mayo de 2012

La mea culpa rompe los huevos.


Hay un momento en el que algunas relaciones se vencen, expiran y no dan más. Ya no resisten ningún intento de arreglo más porque los dos están convencidos y saben que no hay marcha atrás, pero siempre es más fácil seguir como si nada, esperando que solas las cosas se definan.
Pero como las cosas solas no se definen, inconscientemente o no, hay quienes fuerzan esa "definición”. Yo soy de las que fuerzan esa definición.
Hoy viendo las cosas a la distancia me doy cuenta de lo estúpida que fui y del tiempo que inútilmente perdí, pero, en fin, el post no se trata de esto.
En este humilde post voy a hacer un intento de mea culpa, por así decirlo, porque me di cuenta que provoqué discusiones y peleas buscando una definición. Lógicamente que no lo hacía racionalmente, sólo sentía que todo estaba tan desgastado que, ser más o menos obsesiva o controladora de las típicas cosas que nos molestan de los hombres, no cambiaba mucho las cosas porque ya estan mal.  Es como tener un celular Movicom, ¿te impporta que se rompa?, ¡no! si ya no tiene arreglo, se lo das a tu sobrino de un año y que lo haga mierda. 
Bueno, así era mi relación con JJ, vencida y sin arreglo, como un celular Movicom.

Las cosas con JJ estaban mal, discutíamos por todo, no compartíamos nada, éramos dos personas extrañas viviendo juntas, pero él parecía no querer darse cuenta. No sé en realidad qué pensaba JJ y como tener una conversación adulta era imposible, sin darme cuenta, al menos de manera consciente, me transformé en una revenda hincha pelotas. Si, lo admito, fui en una hincha pelotas mal, una rompe huevos de primera, no contenía absolutamente nada de todo lo que quería decirle. Todo lo que pensaba lo largaba así como venía, sin procesar nada porque si algo es claro, es que no me importaba romperle los huevos a JJ, y si se los rompía era para rompérselos bien rotos, al punto de que sus huevos rotos fueran irreparables.
Cualquier situación valía la pena para molestarlo, ropa desacomodada, vasos sucios desparramados por ahí, olvidare se pagar las expensas, todo valía a la hora de romper las bolas. A veces era un tema que lo repetía durante varios dias e insistía una y otra vez sobre lo mismo, eso si, si podía desconcertarlo era mejor. Si se sentía perdido y como a los tumbos, mejor porque era más dócil y me obedecía más sin discutirla mucho. Era cuentión de joder lo mio pero porque él me jodía a mi con sus actitudes, desde estepunto de vista, hincharle las bolas era como equilibrar el universo. 
Mis cagadas a pedos, generalmente, se daban cuando él estaba ocioso frente a la televisión o jugando a los videojuegos. Lo agarraba relajado, así tardaba más en reaccionar, tenía la guardia baja, ponele, es más, a veces no reaccionaba. Eso si, las cagadas a pedos siempre las empezaba con una pregunta, porque eso lo obligaba a pensar y con eso ya le ganaba terreno. Pensar no le gustaba y tener que recordar algo era imposible para él, por eso con solo un: "¿y dónde te dije que dejaras esa ropa?" lo desestructuraba completamente porque nunca se acordaba nada de todo lo que yo le decía.

De esta situación surge este “compilado” de mini diálogos que hacen que me ría mucho de mi y ojalá también, te rías vos. ¡Salú!

-JJ, ¿me podes decir qué es esto? *parada con una manito en la cintura, con cara de directora de secundaria aplicando una amonestación, agitando el piecito izquierdo impacientemente y moviendo un par de medias con mi brazo derecho en alto, me paré delante de la televisión un domingo mientras mirada “Futbol de Primera”*
-¿Eh?, yo que sé, nena, salí, ¿no ves que estoy mirando?
-Estas mirando la nada porque Racing perdió y goles para ver no tenes, asique respóndeme, ¿qué es esto, JJ?
-Racing perdió porque nos bombeó ese árbitro hijo de puta, además vos no sabes quién es Racing, ¿sabes quién es Racing?, ¿vos sabes?, ¿vos no sabes nada?
-Si lo preguntas es para responderte a vos mismo JJ, porque a mi me importa tres carajos.
-En el ’97 hicimos la bandera más grande del mundo, Paulita. Aprendé antes de hablar, ¿querés? Y salí de ahí con esas medias en la mano que pareces más loca todavía.
-¡Ah! Muy bien JJ, son medias, pero ¿qué tienen estas medias?
-¡Uy! Nena salí, ¿qué se yo qué tienen? Hablá todo seguido, Paula, ¿qué? a ver, ¿estamos jugando al ping pong de preguntas y respuestas?
-Respondeme JJ, ¿qué son estas medias?
-¡Qué pesada estas, pendeja! ¡salí!
-Contestame y me voy, ¿qué hacían estas medias en el baño,JJ? 
-¡Uy! Bue, me las olvidé, ¿tanto interrogatorio por eso?
-Son medias sucias, JJ, ¿y dónde van las medias sucias?, a ver.
-La sabía, la sabía, estudié pero no me la acuerdo.
-¿Sos gracioso ahora? Avísame con tiempo así me río.
-¡Estas insoportable!, ¿te está por venir? 
-No, ya me vino y se fué, no de eso te acordas, ¡que marmota, dios mio!, ¡que marmota!
-Pará nena, no agredas así, además cortala con esas medias de mierda, pareces un maniquí ahí parada.
-Contestame dónde van las medias sucias porque me quedo acá parada como clavo  remachado y no me mueve nadie.
-No puedo creer tanta escena por un par de medias.
-Yo no puedo creer cómo te cagas en todo, JJ.Decime ya dónde van las medias sucias.
-Uy, dió, van en el lavarropas, rompe huevos.
-¿Y por qué estaban tiradas en el baño?
-¿Vos me jodes?, dejá de peguntar pelotudeces nena.
-Pregunto pelotudeces pero no me respondés una, querido. *fin*

-¿Lavaste el auto, JJ?
-No, no tuve tiempo.
-¿No tuviste tiempo?, mirá que bien, para jugar al futbol si tuviste tiempo, ¿no?
-¡Uy! No mezcles, Paula.
-No mezclo, no mezclo, pregunto, nada más.
-¿Cuándo vas a  lavar el auto?, ¿se puede saber?
-No sé, Paula, no tengo idea, para qué querés que limpie el auto si nunca te importó.
-¿Cómo para qué?, ¿cómo para qué?, ¿ya te olvidaste, JJ?
-¡Uy! La puta madre me quiero cortar un huevo, ¿de qué me olvidé? Decime.
-No, no te lo voy a decir. Cortate un huevo, cortate. *piensa, piensa un tiempo largo, pero en su cabeza esta el monito de Homero Simpson dele golpear los platillos*
-Gorda no sé, no te pongas tan rompe huevos.
-¿Yo soy la rompe huevos?, ¿yo? Pero el que s olvida de mi familia sos vos.
-¡Ah! El sábado es el cumpleaños de tu sobrino, ¡me acordé!
-Menos mal, “hola neuronas, felicitaciones hicieron sinapsis”
-Che, no seas así, me olvidé.
-Pero siempre te olvidas de todo lo que te digo, de t-o-d-o te olvidas.
-Che, ¿y por el cumpleaños de tu sobrino queres que lave el auto? Si hacen un asado en la casa de tu abuela.
-Quiero que vayamos bien, con el auto limpio, ¿es mucho pedir, JJ?
-No, no es mucho, pero es raro en vos…nunca te importa nada del auto, por eso. Es raro.
-Y no me dijiste cuándo vas a lavar el auto. *fin*


-¿Cuántas veces más vas a abrir la heladera? No ves que se va el frío.
-Bueno, ¡Eh! Fiera, tranquila, soooo, soooo.
-No me hagas como a los caballos que me revienta.
-Todo te revienta, Paula y a mi me reventas vos.
-Es que no te puedo ver colgado de la puerta de la heladera. Te colgas, ¿te diste cuenta? Estas quince minutos colgado de la heladera mirando siempre el mismo paisaje.
-Dos minutos, Paula, cómo te gusta inflar las cosas.
-Dos minutos es una e-t-e-r-n-i-d-a-d con cuarenta grados, ¡se va el frio, JJ! Cerrá ya esa heladera.
-No me cagués a pedos, nena, nadie me caga a pedos a mi.
-Si, yo te cago a pedos, ¿sabes por qué?, porque se va el frio.
-No se va el frio.
-Pero decime, ¿qué carajo querés encontrar si hace cinco minutos la abriste?, están las mismas cosas que estaban hace cinco minutos atrás.
-Puffff, nena, ¿qué se yo porque abro la heladera tantas veces?, si no es un problema, vos querés romper los huevos, eso pasa. 
-Vos tenes los huevos rotos hace rato, JJ. *fin*


-¿Llamaste a Tito?
-No.
-¿Cuándo vas a llamar a Tito?
-Cuando se me cante. No me preguntes más, Paula, hace una semana que me preguntas por Tito. ¡Cortala, nena!
-Que educado estas, JJ. Haceme el favor y llamá a Tito.
-¡Uy! Piba, ¿qué te pasa con Tito?, es MI amigo Tito, gana é joder tenes.
-Te equivocás fiero, JJ, no tengo ganas de joder. Soy educada, eso pasa. Yo lo llamé a Tito y a la señora porque para tu información tuvieron un hijo y un hijo no se tiene todos los días. Asique tomá y llamá a Tito.
-Sacame el teléfono de la cara, Paula, ¡sos rompe pelotas cuando queres!
-Educada, JJ, educada.
-Nada educada, ¡bruta! Me estas poniendo el teléfono en la cara.
-Para que llames a Tito. ¡Llamalo, carajo!
-Boluda no sé si esto es un chiste, ¡jaja!
-¿Chiste?, ¿yo tengo cara de chiste?
-Mametha, ponete una careta, tenes una caripela de OGT que dios mio.
-Caripela, llamá a Tito porque marco, atiende y te paso.
-No marqués, es mi amigo. ¡Dame el teléfono, Paula! ¡Dame! *todo esto sucede forcejeando con el teléfono y corriendo por el departamento para poder marcar el número de Tito*
-Marco. Mirá como marco, ¡jaja!
-Forra, dame. Che, no seas boluda, Paula.
-Suena, suena, ¡jaja!
-Que estúpida sos. *se resigna y no me corre más*
-Una estúpida soy…"Hola, ¿Tito?"  *justo atiende Tito*
-¿Cómo estan? *sigo hablando con Tito*
-¿Cómo esta el gordito? *mientras hablo con Tito JJ hace gestos de “te viá matá, forra”*
-¡Ah! Me imagino, que bombón ese bebé.
-No, no, Tito, no me pases con Leti, llamaba porque JJ te quiere saludar desde la semana pasada. Ahí te paso. ¡Besos a los tres! *me despido de Tito y con una gran sonrisa en los dientes le paso el teléfono a JJ*
-¡Que haces campeón! ¿Cómo viene la mano, che? ¡Ya sos papá! ¡Que grande, Tito!*fin*





domingo, 22 de abril de 2012

Así fue el arranque.

Había empezado un trabajo nuevo y me asignaron supervisora de call center, entre nos ¡una reverenda cagada!, lógicamente eso de mandonear a la gente y presionarla para que venda conmigo no iba y mucho no me gustaba la idea, pero era la única manera de que la empresa me conservara porque esto pasó en el 2001 y el trabajo no abundaba para nada.

Como hacen en muchas empresas, me asignaron un plan de capacitación que incluía recorrer varios sectores para conocer el funcionamiento de la empresa en general.
Mi primer lunes como supervisora, me tocó conocer cómo funcionaba el circuito de pagos a domicilio. La verdad, ¡un torro como pocos! Creo que si veo Titanic dos veces seguidas sin pausa, me duermo menos de lo que me dormí con la explicación del circuito de cobranzas esa mañana.

Desde muy temprano, muy temprano son las ocho de la mañana en la empresa, ¡ese horario es una locura para mi biorritmo! Bue, ese lunes el encargado de la facturación domiciliaria, Félix, me explicó muy detalladamente cómo funcionaba su sector. Supongo que él realmente creía que tenía un laburo fascinante porque le ponía una garra a la explicación que me daba, que era una verdadera lástima que invirtiera tanto desgaste en explicarme eso a mí. Mientras yo escuchaba y anotaba haciendo el acting de, “tengo un interés de la re ostia”, miré por un segundo la oficina de al lado y hubo algo que me llamó poderosamente la atención. No era el circuito de pagos precisamente, claro que no.
Miro de nuevo esa oficina, que estaba toda vidriada, tipo pecera y me tildé un toque, segundos nada más. Miré y volví a mirar. Cada tanto, también, miraba a Félix asintiendo con la cabeza a todo lo que me decía, que, a decir verdad me chupaba un huevo. Pero cada tanto, de nuevo, revoleaba los ojitos tratando de volver a ver lo que ya había visto, y me había llamado la atención. Se me colgaba la mirada hasta que lo encontraba y lo podía seguir mirando todo el día. En un punto nunca dejé de mirar porque nunca lo perdí de mi campo visual. Si bien mis ojos siempre apuntaban al torro de Félix. Cada tanto, una y otra vez, buscaba con la mirada, onda mira laser, lo detectaba, lo seguía mirando y tuc, ojitos a Félix que no paraba de hablar.
Hasta que en un momento no aguanté más y le pregunté a Félix con mi mejor, tono de minitha bien boluda, “Ay, decime, ¿te puedo preguntar una cosa, Félix?” 
-Si, si, obvio *me contestó convencido que mi pregunta se refería a algún punto de su ardua explicación*
-¿De qué es esa oficina que esta acá al lado? ¿qué hacen esos dos chicos que están ahí? 
-Ah, ¿eso querés saber? *me mira con cara de decepción, mientras le hago un “si” gestual con la cabeza, le regalo una de mis mejores sonrisas junto a un tintineo de ojos como bonus track, a ver si de una vez por todas me sacaba la intriga que me estaba comiendo la cabeza hacía más de una hora*
-Son los dos diseñadores gráficos que tenemos. Ellos hacen los folletos, los calcos con el logo, creo que también están armando la pagina web, esas cosas, ¿viste? Iban a depender del Departamento de Marketing pero como eso se frenó así que siguen dependiendo del sector comercial. *abro los ojos bien grandes, pero bien, bien grandes y comento casi con el mismo tono de minita que usé antes, pero esta vez el tono era de minita más boluda que el que usé en la pregunta anterior*
-¡Ah! Iban a depender de mí, entonces. *mi cara lo decía todo, me faltaba la servilleta hecha un nudito en el cuello, el cuchillo y el tenedor uno en cada mano como “el Coyote” cuando piensa en comerse al Correcaminos*
-Es verdad, ¡vos ibas a ser la jefa! ¡Mirá que loco!, ¿y como se llaman los chicos? *antes de terminar la frase pensé, ¡que desubicada, Paula Jimena!, ¡completamente desubicada esa pregunta, estúpida!, ¿por qué la hiciste?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¡que tarde me di cuenta, la puta madre!*
-Epa, cuánto interés tenés. *me dijo Félix haciéndose el pícaro, pero de pícaro no tenía nada porque por pelotuda me faltaba un cartel luminoso con un, “¡me encanta, me encanta ese tipo de ahí!”*
-Epa es un helado, lo mío es curiosidad. *como para correrlo de tema le mandé un pésimo chiste, pero cuando termino de decir curiosidad uno de los dos flacos que estaba en esa oficina sale y se acerca, con cara de preocupado, directamente hacia donde estábamos Félix y yo. Mi cara se transformó en un segundo nada más. Mentalmente me empecé a auto flagelar, repitiéndome, ¿por qué no te quedás tranquila Paula Jimena y escuchas al pelotudo este que te explica el pelotazo de cómo se cobra?, ¿no te das cuenta boluda que es algo que seguramente vas a necesitar saber?, ¿para qué pasar por este evitable momento de estrés que te generaste vos sola, pavota?*
-Mirá, justo. Él es JJ, JJ ella es Paula, una nueva supervisora del call center. 
-Hola, ¿todo bien? *se lo dije con una sonrisa plena* 
-Hola, ¿qué tal?, bienvenida. *bien seca fue la respuesta de JJ*

Todo lo que dijo JJ, lo dijo con cara de orto. El “¿todo bien?” que le pregunté, jamás me lo respondió pero igual me encantó. Lo ví atractivo, serio, con cara de macho, ¡me mató! ¡quedé boludísima! *escribo esto y no puedo creer que JJ en un momento me gustó, ¡por dio!*
              
La cobranza no me importaba en absoluto y después de ver a JJ me chupaba más un huevo, sólo lo miraba a JJ con la mejor carpa posible. JJ seguía con una cara de estar preocupadísimo yendo de un escritorio a otro revisando cajón por cajón. Súper inquieto abría, cerraba y revolvía todos los cajones que encontraba a su paso, de última, ya lo hacía casi con violencia. Desde temprano el pibe estaba así, recorriendo todo, buscando algo, no sé qué pero parecía estar al límite de la desesperación. Otra vez no soporte más y lo interrumpí a Félix para preguntarle otra cosa que nada tenía que ver con su explicación de la cobranza domiciliaria.
-Che, Félix, ¿qué le pasa que esta así revisando todo? *le señalo a JJ*
-Ni idea, pero pará que le pregunto.
-¡Che, JJ!, ¿qué perdiste que andas revolviendo todo, boludo? *le pregunta, Félix. Mientras Félix preguntaba yo pensaba que JJ seguramente buscaba algún original, un diseño, no sé, pero para mi buscaba algo importantísimo, porque su cara era de estar realmente hasta los huevos si no lo encontraba. Ya me daban ganas a mi de decirle, “flaco, qué te pasa, decime por dios que te ayudo a buscar”* 
-Yerba, boludo, ¿qué voy a buscar un lunes a esta hora?, yerba para el mate, ¿puede ser que no haya?, si teníamos un paquete entero el viernes, ¿cómo puede ser que no haya nada ahora?, ¿hace dos horas que estoy buscando yerba, man?

Bueno, no estaba concentrado en el trabajo, buscaba yerba y pelotudeaba a la vista de todos, pero cuando te gusta un tipo no ves nada, o sólo ves lo que querés ver.
Como viste otra cosa, pasados algunos años puede ser que te des cuenta que lo que querías era no estar sola. Si tardas cuatro años en darte cuenta que lo que viste no es lo que en realidad era el resultado puede se explosivo *además de doloroso, ¿no?*

Evidentemente mi cara me delató ese día y los posteriores también. Félix rápidamente se dió cuenta que JJ me gustaba y tomó una actitud “casamentera”. ¿Por qué será?, es mucha la gente a la que le encanta armar parejas, ¡que hobby de mierda, che!, ¡por qué no se arman un buen faso y se dejan de cagarle la vida a la gente armando parejitas!

Al mes de esto, más o menos,  salí con JJ por primera vez y la verdad es que un poco me aburrí, bueno, no. Me aburrí mucho, lo admito ahora, pero en su momento lo negué rotundamente. Habló solo prácticamente, habló mucho de un solo tema: Racing Clú de Avellaneda, hacía poco habían salido campeones después de treinta y pico de años de no poder ganar un campeonato y justifiqué con eso mi aburrimiento *ay, ¡si! Me quiero cagar a patadas yo misma, lo sé*. Lo que aprendí de Racing esa noche no lo sé de River, que desde que nací en mi familia sólo se habla de River Plei, ¡por dio! Lo que es el amor, bueno no, mejor dicho, ¡lo que es el “falso” amor!
Esa noche no me preguntó mucho sobre mí, sobre mis cosas, mi vida, como que no se interesó demasiado. Claro, solo habló de Racing, pero en fin, eso a mí, en ese momento no me importó, no le di importancia y era la primera cita. 
Tampoco me importaron muchas otras cosas, que pasado un tiempo empecé a detestar.

La convivencia llegó a los poco meses, en realidad se fue dando, fue fluyendo casi naturalmente. Cada vez más seguido se quedaba a dormir conmigo, en el departamento de Caballito, como trabajábamos juntos, íbamos juntos al trabajo, a veces volvíamos juntos también, ¡un pegoteo que me acuerdo y me relaja el estómago! Los días que yo cursaba en la facultad y llegaba tarde, él se encargaba de la cena y hasta me iba a buscar a la parada del colectivo con Luna, cosas me le duraron lo que le duró el amor, si algo de amor hubo, ¿no?

La verdad es que no sé como empiezan las convivencias, no sé si empiezan bien y los roces vienen con el tiempo, o si los roces son primero porque uno no se conoce con el otro hasta que logran que esté todo bien. Honestamente no sé. En  mi caso, los roces no tardaron en llegar, la cagada fue que no los quise ver. Eso si, al tiempo, los roces ya se parecían más a una batalla de medioevo que a una pareja que *supuestamente* se ama.

Bueno, en un punto, si hubiese visto las cosas a tiempo y hubiera manejado todo de una forma más adulta, no tendría blog, ¿no?





















lunes, 19 de septiembre de 2011

Vení, trae la joggineta y olvidate del arroz.



Como en muchos temas, el nivel de acuerdo que había entre JJ y yo era extremadamente escaso y, cuando se trataba de “las compras”, no había acuerdo.

El problema arrancaba porque JJ jamás respetaba la lista de lo que debía comprar. El pibe, o compraba de más, o compraba lo que a él le gustaba y no necesitábamos, como broches, metros de cuerda que jamás usamos, hilo sisal y cosas mas o menos así. Demás esta decir que siempre se olvidaba más de una cosa de las que si necesitábamos. En realidad, no creo que se olvidara, para mí, él no buscaba bien o no se calentaba en encontrarla.

Así las cosas, la lista del supermercado era completamente al pedo, además de escribir la lista también se la explicaba verbalmente con todo detalle, pero, evidentemente, con todo esto no alcanzaba como para que compre acorde a la lista. Creo que mi ahijada de seis años entendía mejor.

Otro gran problema de JJ, era que en su cerebro tenía bloqueada la compra de algunos productos. Había cosas que, claramente, no le importaban, como el detergente, por nombrar algo. Eso si, el flaco, para comprar un cepillo de dientes estaba años frente a la góndola, los miraba, comparaba uno con otro, buscaba diferencias y similitudes, sacaba estadísticas de uso, toda una verdadera locura, para comprar un cepillo de dientes.


El resultado de este tema del supermercado era el siguiente: cuando JJ compraba papel higiénico traía el primero que manoteaba, ¡le chupaba un huevo! Si era un papel de lija o acolchonadito súper soft, no se calentaba y no se calentaba ni por el precio, cosa que a mi me sacaba del poco quicio que tenia, ese culto al “chupahuevismo” que hacía JJ me ponía del orto. Cada vez que veía lo que había comprado no podía evitar imaginármelo mirando sin prestar atención, paradito ahí, con la vista perdida, enfrentado a doscientas variedades de papel higiénico, pensando: “¿y tanto quilombo para limpiarse el culo? Masí, son todos iguales”, así, llegaba al “manoteo loco” y te traía un papel higiénico de doce pesos, con florcitas de colores estampadas, o uno de cuatro pesos con cincuenta, que era lo mismo que pasarte una piedra pómez. Todo era igual en el mundo de JJ.


Por otro lado estoy yo, que no soporto el encierro del supermercado y odio perder tiempo ahí adentro, por eso me resultaba imposible compartir pacíficamente el momento de “las compras” con JJ. Nunca nos miramos a los ojos cómplices y con una sonrisita aprobadora nos dijimos un “si, amor, llevalo”, como en una publicidad de Disco.

No, todo era un ring de box y el supermercado no era la excepción.

De todos modos, como a él le encantaba ir al supermercado, cada tanto iba, a pesar de lo que comprara, para mi era un alivio no ir. Parece que disfrutaba eso de estar parado ahí, varios minutos, mirando detenidamente solo las góndolas de lo que le interesaban, lógico.



Su mejor compra la hizo un domingo.

¿Qué compró?, compró arroz. No cualquier arroz. Compró arroz partido para perros, en lugar de comprar simplemente, “arroz” y, como siempre, entró orgulloso de la compra que había hecho.

¡Claro! ¡¿cómo no iba a estar contento?!  ¡Si por dos mangos con cincuenta trajo diez kilos de arroz! ¡un ofertón encontró!

Ay, ese día, cuando volvió del supermercado, JJ se sentía Gar-del, si, si, era Gardel, Lepera, Lennon y McCartney, todos juntos.



Lástima, esa alegría poco le duró:

-Gorrrrrrda, traje todo lo que me pediste. Vení así guardas vos que sabes mejor donde van las cosas *él parecía que vivía al lado, nunca sabía donde estaban las cosas*

-¿En serio, amor?, ves que cuando querés sos un bombón, por eso estoy enamorada de vos, ¿trajiste lo que te pedí?, ¿todo? *si, si, aunque cueste creerlo, cuando estábamos bien, le hablaba así. Creo que, en ese momento, todavía estaba enamorada de JJ*

-Todo lo que me pediste, gorda. Hasta te traje los balines, ¡eh!, tamaño medio, como me dijiste.

-¿Naaaa? ¿Me trajiste los tampones?

-Si, tomá, ¿están bien?, ¿son esos? *me los tira por el aire, yo los agarro y los miro*

-Si, JJ, ¡bien! ¡son estos! *sorprendida y feliz, salto y corro a darle un beso*

-Además, mirá gorda, mirá la oferta que encontré, es increíble, no la vas a poder creer.

-A ver, ¿qué es?

-Escuchá, Pau, ¡diez kilos de arroz compré! Y si te digo a cuánto estaba te morís. *automáticamente giro la cabeza porque no tenía idea de cuánto era el volumen de diez kilos de arroz*

-Es mucho diez kilos de arroz, JJ, ¿por qué tanto arroz?

-Es que estaba en oferta, ¡no la iba a dejar pasar, nena! *el nivel de romanticismo se me fue al carajo un segundo después de escuchar que sólo lo compró porque estaba de oferta*

-Pero no comprés porque “está de oferta”, JJ. Si mañana ponen de oferta pañales para adultos, ¿vos lo compras? *recién en ese momento vi el volumen de arroz que eran esos diez kilos y era ¡una animalada!*

-Ah, fuiste delicada, creí que me ibas a decir: “ay, JJ, si mañana ponen de oferta soretes de colores, ¿vos los compras?, seguro lo compras, te conozco, JJ” *me lo dijo muy burlón, con tonito afeminado, intentando imitarme *

-No dije ninguna guarangada, ¿ves?, parece que todavía no me conoces, JJ *en ese momento viene, me abraza y me dice, ahora con voz dulce*

-Si, te conozco gordita. ¡Epa! ¡Upalalá! Qué ajustadita vino la joggineta de hoy.

-Ay por Dios, ¿vos te escuchaste, JJ?, ¿escuchaste la huevada que acabas de decir?

-¿Qué?, ¿de la joggineta?, si te aprieta y se te marca un poquito el culo, ya está, calienta. Nena, vos hablas porque no sabes lo que calienta una joggineta.

-Ay, no…JJ, no me podes decir eso, es un jogging y un jogging no calienta, ¡un jogging no calienta ni a un preso! ¡Jajaja! Sos un delirante, no sabes qué decir para cambiar el foco del tema.

-Hola, ¿Paula Jimena?, ¿estás ahí? *me lo dijo haciéndome “toc toc” en la cabeza, tipo Marty McFly, cosa que me reventaba*

-¡No me hagas así, nene! Sabes que no me gusta.

-Es que pareces lela, Paula. El jogging calienta, nena, con lo que marca del culo alcanza para saber cómo viene una mina de culo. Uno ya se imagina como viene el culo y eso calienta.

-Delirás, tarado. Son joggins, JJ, son “cero” sexies, cortala. Además estoy acá adentro, limpiando, ¡no jodas!, ¿qué me voy a poner?

-Por eso no me enojo, gordita mia, porque estas acá adentro y nadie te ve *mientras me dice eso me da dos palmaditas en el culo*

-No me digas nada más, JJ. Dejá no me hables más y anda pensando cómo vamos a comer diez kilos de arroz. Bah, pensá como vos vas a cocinar estos diez kilos de arroz para perros, ¡JJ es arroz para perros!, ¿cómo mierda no lo leíste?

-Si, es para perros, ¿y? *no sé si se hizo el gil, como para no asumir el error, o lo compró igual sabiendo que era “para perros”*

-Es arroz partido, JJ. Cuando se cocina queda un masacote, una pasta. Queda como un puré, ¿entendés? *me mira, piensa, piensa, vuelve a pensar y tímidamente me pregunta*

-¿Qué?, ¿no es lo mismo?, ¿no es el mismo arroz?, ¿por qué viene partido?

-Y yo qué carajo sé por qué viene partido el arroz para perros, ¿qué me viste?, ¿cara de qué? ¿de Eukanuba, nene?

-Es que no te vi la cara... *con cara de libidinoso me agarra como para darme un beso y pongo distancia con mi mano en su hombro*

-Pará, pará un poquito, no te hagas el fogoso ahora, que sos un boludo que no mira lo que compra. Decime una cosa, ¿no te llamó la atención el precio?, ¿tan barato era?, ¿cuánto te salió?

-Seis pesos.

-¿Y no te llamó la atención? No, por lo visto no te llamó la atención, ¿tampoco leíste que era para perros?

-Si, eso lo leí.

-¿Y por qué lo compraste?

-Creí que era igual, nena. El arroz es arroz. No sabía que para los perros lo partían, nena. ¡¿Por qué carajo lo partirán?!

-Ah, ¿no leíste que era “partido”, “arroz partido”?

-Bue, che, ¡siempre un problema! No leí que era partido, bue.

-No, no, ni se te ocurra mirar a Luna. Pesa cinco kilos el perro, no puede comer tanto arroz, se tapona, termina como una pelota y revienta. Ni pienses en darle a Luna.

-Bueno, Paula, de a poco le vamos dando.

-Claro, le vamos dando y la perra no caga nunca más.

-Puff, bue, tenés razón. No leí bien, estaba justo ahí, en la entrada, delante de todo.

-Y ahí esta todo lo que es para mascotas. Onda, que al lado del arroz estaban, las correas para perros, las pipetas mata pulgas, los huesitos de goma y los bozales, pero vos no ves todo ese despliegue de productos, es una pregunta, te aviso. ¿Viste o no todo eso al lado del arroz?

-Che, si es un parcial, avisá.

-No, no, respondeme porque me molesta que nunca leas. No puede ser, JJ.

-Y…no lo vi. Vi el arroz, vi solo el arroz. Nada más, después traje todo lo que me pediste, Pau.

-Las galletitas no. No las veo.

-No habías anotado galletitas.

-Mentís, mentís, ¿no había galletitas Express en el Coto?, dale, JJ, ¡jaja! Me mentís en la cara. Ni las buscaste, sos más trucho, nene.

-No había, es la verdad, pensá lo que quieras, nena.

-Trajiste todo, JJ, ¡muy bien! Y trajiste más de todo esto que te  gusta, ¡mamá! ¡cómo te gusta gastar!

-No me jodas más gorda, si sabes que ganó Racing hoy, mamita, estoy de buen humor. Tenes la joggineta puesta solo para mi, asique ¿sabés qué me falta mientras miro Futbol de Prima?, que te prepares una picadita así le entramos con todo, negra, y miramos los goles, ¿dale?

-Los goles que ya viste, los vas a volver a ver, onda que vemos veinte veces el mismo gol, ¿vos te diste cuenta de eso? Después de Futbol de Primera, ponés Paso a Paso y volvemos a ver el mismo gol, ¡parecemos pelotudos, JJ!

-Dejá, no me digas nada más. Hacete la picada, dale. Te compré los balines que tanto me rompes las pelotas porque nunca los traigo.

-Ah, si…me compraste los tampones, gracias, ¿qué pasó?, no te miró la cajera pensando que eran para vos, como siempre me decis, ¡Jaja! *ya habla con una resignación enorme*

-Eso pienso igual, la cajera piensa que son para mi, pero dejá no me vas a entender, nunca. Ahora dale, hacete la picada y de futbol no hables. No entendés nada Paula. Por favor, de futbol, ya sabes, no me hablés. Sos muy básica, me decis que vemos el mismo gol, no sabes nada. Mejor, hablá del arroz si querés.

-¡Jajaja! ¡Que forro que sos! Haceme reir, JJ, ahora la básica soy yo, claro. Yo soy la básica pero el que mira veinte veces el mismo gol sos vos, ¡jaja! Andá, salí de acá, salí de la cocina, tomatelás.

-¡Que pelotuda sos, nena! No entendés nada y te crees viva.

-Seré una boluda pero no compro el arroz que esta en el “sector mascotas”, papa frita.

-¡Jajaja! Reite de mí y de mi arroz, pero ahora venite con la picadita y la joggineta esa que te pusiste.

-Voy si juega el Chanchi Estévez que me encanta la onda de ese tipo. La crestita, la crestita del pelo me mata.

-Ahora salí, ¡te gusta ese gordo que es un muerto! Arruinaste todo boluda, ni vengas. Todo arruinaste, enterate. Bue, aunque si traes la picadita cambiaría el panorama.

-¿Sabes qué?, en el orto, JJ, la picadita, en el orto la vas a tener, vos ¿la queres igual, amor?



lunes, 18 de julio de 2011

Si se acordara de olvidarme.

Si hay algo que me encanta es ir al cine y, estando de novia, ir al cine puede ser algo mas lindo para disfrutar, como que tiene otro sabor. Eso si, siempre que “estar de novia” no implique un novio como JJ.
Con mi prima, Lucía, se nos ocurrió salir de a cuatro, si, queríamos salir con nuestras respectivas parejas. Algo con lo que siempre fantaseábamos desde
chicas. Pero la verdad es que fue un sábado digno de ser olvidado.
-Gordo, no te cuelgues con las compras como siempre, ¿si?, hagamos rápido hoy que a las ocho tendríamos que salir de casa, así no andamos a las corridas. *mientras le hablaba a JJ probaba enérgicamente el cuarto carrito del supermercado Coto, tratando de encontrar un carro que las rueditas no se traben, que no se desvíen y que se deje conducir*
-¡Uhhh! No, me apures, Paula. ¿Qué hay hoy?, ¿te acordás?
-Quedamos en que íbamos al cine con mi prima y José.
-Nena, eso ya sé, me lo dijiste veinte veces. Rompiste tanto las pelotas con lo mismo, toda la semana, que ya sé lo de esta noche, Paula. Sos pesada cuando queres.
-¡Ay! Me haces enervar de una manera inexplicable, JJ. Mirá yo repito y repito veinte veces, veinte cosas distintas y vos no retenés ni una.  *ya me dolía la cabeza, sentía que una procesión me caminaba adentro de la cabeza, porque siempre intentar dialogar con JJ era un quilombo*    
-¡Pero, pero, pero! ¿tan nerviosita te pongo?, ¿tengo ese poder?, ah, no, ¡perdón! todo te pone nerviosa a vos.
-A ver, escuchame JJ, me preguntaste, ¿hoy que hay? y te respondo lo que arreglamos para hacer hoy a la noche, ¿me estas jodiendo?
-Me refería a la promoción de hoy. Además el “arreglamos”. Bue, arreglamos. Ahora resulta que “a-rre-gla-mos”. *mordiéndose el labio de abajo, haciendo todo el acting de estar hinchado las pelotas y hacían sólo dos minutos que habíamos llegado al Coto*  
-Ay, bueno, arreglé yo, ¡pero te avisé! ¡no jodas!
-¿Se puede saber qué haces Paula?
-¡¿Eh?! ¿De qué me hablás JJ?
-Con los carritos, Paula, hace quince minutos que estamos acá parados, ¿qué haces?, ¿control de calidad, nena?
-Mmmmm, si sabés que después, cuando llenamos el carrito, parece que cobra vida, empieza a andar solo, se desbalancea a la mierda y terminamos luchando con el carro de mierda que vos no lo querés llevar. Por eso, como lo termino llevando yo, trato de encontrar el menos torcido, ¿te jode?
-¡Que insoportable, nena! dame ese, ese esta bien, ¡dale! Si lo llevo yo, ¿qué decís?
-Vos lo llevas hasta que te colgás mirando pelotudeces, te tildas con televisores de tres mil pesos, computadoras de un millón de dólares y todo tipo de cosas que no vamos a comprar jamás, y como no me gusta estar mil años acá adentro encerrada, agarro el carro y termino comprando sola.
-Te molesta todo, ¡eh! Ya ni te calentás en disimular.  
-¿Cómo?, ¿tengo que disimular?, ¿con vos?, sos mi novio, ¿cómo voy a disimular con vos?, te tengo que poder decir todo a vos, JJ.
-Y, un mínimo deberías disimular, como para poder convivir, ¿viste?, no sé, digo. Si no te jode.
-Pará, pará, un minuto JJ. Vos estas usando mal una palabra y no estas diciendo lo que queres decir, ¿no?
-A ver, a ver, ella, que leyó treinta y tres mil libros, que tanto sabe de todo. A ver, decime vos, qué es lo que yo quiero decir.
-Para que podamos convivir no tengo que “disimular”, JJ. Tengo que tolerar, aceptar, no sé, muchas cosas más. Pero “disimular” es ocultar, JJ.
-Ah, será por eso que nuestra convivencia es un golazo, ¿no?, ¡flor de pegada la nuestra!

Directamente hago como que no escuché nada y sigo el recorrido en el Coto.
-¿Qué agarrás, JJ?
-Paté, ¿qué tiene?
-¿Qué tiene?, un precio de puta madre, eso tiene.
-Uh, gorda, sacate la gorra dos minutos.
-Hablame bien, JJ, no me hables como le hablas a tus amigos porque no soy “el Mono” ni soy “el Pampa”. ¿Podrás hablarme como lo que soy?, ¡hola! soy tu novia. Tu-no-via.
-Cuando te depilas, ¡jaja!
-Ah, metiste un chiste, ¿qué hago ahora?, ¿me tengo que reir?, ¿qué?, ¿qué cuando me depilo?
-Y, no, dejá, dejá, si para amarga no te gana nadie. ¿No sabés que si te explico el chiste pierde la gracia?
-Primero, para que un chiste tenga gracia el que lo cuenta debe tener gracia, cosa que vos no tenés. Segundo, vos sos el que me pone amarga, JJ y tercero, ese chiste, ese “supuesto” chiste no es que yo no lo entiendo, ¡no lo entiende nadie, Landriscina! *JJ respira hondo y bufa antes de responderme*
-Me empezas a enumerar y me sacás Paula Jimena, me sacás. Sos como dice tu viejo, te pones torcida y no se te puede decir nada, te cerras y no agarras ningún chiste.
-Bue…exagerá cuando quieras, JJ. No entendí tu chiste, che, nada más. ¿Me decís?, ¿me decís, qué “cuando me depilo”?
-¡Puff! Vos decís, no me hables como le hablas a tus amigos, porque no soy “el Mono”, por eso dije: “cuando te depilas”. Cuando te depilas no sos “el Mono”.
-¡Ah! Estas inspirado en piropos, pelotudo.
-Bueno nena, dije que era un chiste y no un piropo, y que si te lo explicaba perdía la gracia.
-Si, igual no perdió la gracia porque nunca la tuvo.
-¡Que tarada que sos nena!
-No nos entendemos nosotros dos, evidentemente, JJ.
-¡Qué novedá! ¿Por qué no me decís algo que no sepa?
-A ver, decime, ¿vivís en Disney World vos?, ¿con cuánta guita te crees que disponemos? 
-Sacá ese paté de, ¡¿de ciervo?, sos un hijo de puta, ¡no podés comer ciervo! ¡que impresión, nene! ¡sacá eso! ¿desde cuándo?, ¿qué te haces? Desde ya te lo digo, eso no se compra. ¡Sacalo del carro! *como veo que no lo saca, amago a sacarlo yo, pero cuando voy a sacar la lata de paté de ciervo, JJ se me adelanta y me la arrebata de las manos*
-¡Bruto! Dame la lata.
-La pago yo, se compra y punto. *me dice con ojos endemoniados*
-No importa quién la paga, no dá comprar eso, ¡damelá! ¡dame esa lata, JJ!
-¡No te la pienso dar! ¡olvidate, nena! Además, no entiendo por qué no querés que la compre.
-Basta, basta, te dije que teníamos que hacer rápido y mirá…estamos perdiendo más tiempo que nunca. ¡Nunca tardamos tanto en este encierro! Parece que me lo haces a propósito. ¡No, no me parece! ¡me lo haces a propósito!
-Bueno, vos podrías dejarte de joder un poco y no ponerte como loca Greenpeace porque compro un paté, ¿cuál es el problema?, ¿me podés decir?
-Es queeee, es de ciervo, JJ, no dá. *vuelve a mirarme pero esta vez con cara de loco, larga una carcajada en mi cara y casi gritando me dice*
-¡Jajaja! ¿Y resulta que el que se cree que esta en Disney World soy yo, Paula? ¡No puedo creer! ¿te da “cosa” que sea un ciervo? ¡Es eso! ¡Jaja! ¡Andá! vas a cumplir treinta años, Paula.
-Yo no dije que me daba pena que sea de ciervo.
-¡Tu cara, Paula, tu cara! Tu cara habla sola, “es Bambi” pensaste, no podemos comernos a Bambi, ¡si! ¡es eso! ¡Jaja!
-¿Por qué no te vas a cagar, JJ? Mirá la hora que es, ya no llegamos al cine, ¡que  forro sos!
-Ay, hagamos de cuenta que este ciervo murió de viejito, que se murió de muerte natural, ¡jaja! Así lo comemos sin remordimientos.
-Boludo dale, apurate. Igual no llegamos, no llegamos.
-Bueno, no llegamos, ¡que drama! llamá a tu prima y decile que no vamos, o que lo dejamos para el próximo sábado, dramática.
-¿Yo la tengo que llamar?, ¿yo?, cuando sos vos al que le encanta perder el tiempo en este Coto de mierda mirando huevadas. No te soporto, JJ, no te soporto más.
-Anda vos al cine, que yo bien tranqui en casa con una cervecita me como a Bambi, a Mickey, a Minnie y a los tres chanchitos ¡Jajaja!

Llegamos a la caja y la cajera pregunta:

-¿Cómo van a pagar? ¿Efectivo o tarjeta? *mientras los productos empezaban a pasar*
-Con débito Galicia *respondemos a dúo, porque teníamos el descuento de ese banco*
-Son setecientos treinta y tres pesos con noventa centavos. *dice la cajera*

Los dos nos miramos como diciendo, “sacá la tarjeta, ¿qué esperas?”. Antes de que yo diga algo, JJ me mira y dice:

-Vos tenés mi tarjeta, gorda. Te di mi billetera para que la lleves en la cartera, como siempre.
-No me la diste, me lo dijiste y yo te dije: “guardala en mi cartera”, ¿vos no la guardaste? *mientras hablo revuelvo súper enérgica toda mi cartera*
-No, no la guardé.
-Ah, entonces no tenemos cómo pagar, ¡divino todo esto! *ya me quería ir como sea, con o sin las cosas, no me importaba nada. El sábado ahí adentro me saca*

La verdad es que se podían sentir como puñaladas las miradas de la cajera y de las mil doscientas personas que estaban atrás nuestro en la cola de Coto. JJ toma valor y le responde a la cajera.

-Nos olvidamos la tarjeta, no podemos llevar nada, disculpá. Tenemos que dejar todo acá. *la cajera bufa, respira profundo y nos dice con una sonrisita socarrona*
-Bueno, espero que no les vuelva a pasar porque retrasaron toda la fila. *sonríe*

JJ se da vuelta con violencia, juro que pensé: “ay, le pega a la piba”. Se acerca a la cajera, apoyando las manos en el borde de la mesada donde estaba todo lo que no habíamos comprado, y le dice:

-No te preocupes linda, la próxima vez a la que me voy a olvidar es a ella.*lo dice con guiñadita de ojo, ¡perdón! Soy la novia, eh, estoy acá, no me fui*
-Que tipo tan boludo sos, JJ, nunca sé qué carajo tenes en esa mente.

En cuanto llegamos a casa, agarro el teléfono y llamo a mi prima.

-Hola, ¿José?, ¿me pasas con Lucía, por favor? *tenía voz llorosa y de cara de orto*
-¿Qué te pasa Jime?, ¿estas llorando?
-Si, pero nada. Pasame con Lu, por favor.
-Bueno, pero, ¿estás bien?
-Si. Pasa que con JJ discutimos en el Coto y no vamos a ir al cine.
-¡Uy, Jime! Ya me imagino cómo le habrás hinchado los huevos a ese pobre flaco, ¡Jajaj!
-Solo te estas riendo José, ¿vos te das cuenta de eso?
-Pará, pará Jime, que ya te paso con tu prima, esta acá. ¡Chau, Jime y no hagas drama por todo!
-Hola Jime, ¿qué pasa?
-Nada, tu marido es un pelotudo, Lucía y al cine no vamos. Chau. *click, corté el teléfono*








domingo, 3 de abril de 2011

Jodido un domingo en el balcón.



Tener un techo no es nada fácil, sea alquilando o comprando el tema es complicado por donde se lo mire; y, si el camino viene empedrado lo que menos necesitas es una piedra.
Tarde me dí cuenta de este detalle de la “piedra” en el camino empedrado, porque JJ siempre hacía todo lo posible para ser una piedra más. Él no te allanaba el camino, no te hacía más liviana la carga, él era la carga.
Si JJ complicaba lo simple, cuando ya la cosa era complicada de entrada, sin dudas, la hacía imposible.
Pero ojo, no es que la complicaba tramando algo o haciéndose el estratega, no, ¡para nada! Cuando JJ complicaba algo, lo hacía de tal forma que, la complicada parecía ser siempre yo.
Buscar departamento para alquilar cuando estas en pareja puede ser una situación romántica porque lo que buscas es un lugar para compartir con “ese” hombre al que tanto amas, pero en lugar de ser algo romántico, también  puede ser un martillazo en un dedo, puede ser un morderte con toda tu fuerza un pedacito de lengua mientras comes, no sé elegí el dolor que menos te guste y pensá concentradamente en ese dolor, porque así fue buscar departamento con JJ.

Con JJ ya alquilábamos departamento pero se venía la fecha de renovación del alquiler y sabíamos que iba a aumentar. Por eso antes de esperar a que la dueña del departamento nos arroje un número que ameritaba una ulcera como mínimo, decidimos, o creo que decidí, buscar departamento.
Los alquileres en ese momento eran un despelote. Mirabas el diario a las nueve de la mañana, llamabas alrededor de las once y ya estaba reservado. Si conseguías poder ver algún departamento, mejor que te coincida con el horario del almuerzo o que sea justo a las seis de la tarde como para verlo con un poco de luz de sol, y la verdad es que todo eso era una verdadera proeza. Además, si a toda esta logística le sumás que JJ te pueda acompañar a ver el departamento donde también él va a vivir, porque somos una pareja, eso si ya era la gloria.
Lógicamente, JJ siempre intentaba evadir cualquier responsabilidad de hombre adulto y siempre encontraba la forma de no poder acompañarme a ver departamentos. Por la facultad, o por la abuela, siempre tenía otra cosa que hacer, pero esta vez, yo no iba a hacer todo sola.
Nosotros trabajábamos juntos, más o menos por Álvarez Thomas y Virrey Loretto, y justo conseguí poder ir a ver un departamento en el barrio de Chacarita, estábamos cerca.
El barrio mucho no me gustaba, pero el departamento por lo que decía el aviso era lo que buscábamos. Tenía balcón, muy necesario por Luna, además buscábamos algo más chico y sin expensas. Chacarita, después de todo, nos quedaba bien para ir al trabajo y a la facultad, así que, había que verlo.
En cuanto arreglé por teléfono con el dueño del departamento fui al sector donde estaba JJ y se lo dije súper contenta y entusiasmada.
Todo estuvo muy bien hasta que después de almorzar, JJ viene a mi sector, se acerca a mi escritorio y me dice en un tono de voz muy bajito:
Gorda, no puedo más del dolor de panza.
- ¡Uy! ¿por qué?, ¿de qué será? *todo lo decía con una cara de lamento impresionante, si lo ponías dos minutos repartiendo estampitas en el subte se hacía millonario el pibe*
-  No sé, creo que debe ser el pastel de papa que comí.
Bueno, pará que te busco algo, un sertal *le dije fingiendo una preocupación de locos*
No, dejá, negrita, dejá. No quiero nada. No quiero tomar nada. Para mi, tomé frio mientras comía. De última veo de hablar con Diego para que me autorice a salir antes, así voy a casa y me acuesto calentito, ¿viste? *todo me lo decía con el ceño fruncido, encorvado hacia adelante, abrazándose la panza y con una voz de lamento que eso en teatro eso se llama “sobreactuación”. Mientras me hablaba pensaba: Flaco, ¿te crees que me chupo el dedo? ¡Ahahaha!, ¿te querés acostar calentito para no acompañarme a ver el departamento? y mientras vos dormis yo veo el departamento sola, claro*
- ¿Sabes qué es lo mejor, amor?
- ¿Qué vaya a casa? Creo que voy a vomitar y no quiero vomitar acá en el trabajo, es horrible, Pau.
- No, gordo, no vomites acá, es horrible, pero ¡mirá donde trabajamos! Dejame llamar a Dani, el jefe de paramédicos, que justo esta abajo dando el curso de RCP. Le digo, bajás y que te aplique un sertal o reliveran inyectable así se te pasa rapidito. De paso me cambias esa carita, ¿si? Sos mas lindo cuando no te duele la panza, ¿sabías? *sonrío* 
Bueeeno, Pau, pará, ¡tanto no me duele!
- ¿Te duele o no te duele, JJ? Me vas a enloquecer, querido. A ver, si no te duele tanto vamos a casa juntos después de ver el departamento.
- Me duele, nena, pero seguro porque tomé frio mientras comía. Siento el gusto de del pastel de papa acá, en la garganta.
- Bueno gordo, en cuanto salimos, vemos el departamento y vamos para casa así te acostas, simple.
- Es que yo no sé si aguanto tanto.
- Bueno, llamo a Dani.
- No, no, no lo llames, Paula. Sabes que no me gusta tomar remedios.
- Entonces, dejá de quejarte, o ¿qué querés?, ¿querés seguir sufriendo?, ¿le tenés miedo, a una inyección, boludo?, ¡ya estas grande, JJ! ¡No jodamo'!

El día pasó y a las seis de la tarde salimos para ver el departamento. La actitud de JJ no era la mejor, porque, además, de estar prácticamente muriendo del dolor de panza, no le interesaba en lo más mínimo gastar un minuto de su tiempo en ver un departamento.
El departamento quedaba sobre Lacroze y una vez que llegamos nos atendió el dueño.
El dueño era un señor algo mayor. Desde el principio, la entrada al edificio era un reverenda bosta. Muy antigua, con mucho mármol, plantas de plástico, mucho espejo en la parte del hall de entrada y la puerta era de esas puertas bien pesadas. Era una puerta como de hierro con vidrios parecidos a los de las iglesias, bien onda vitró. La puerta pesaba tanto que cuando el señor bajó para abrirnos lo ayudamos a empujarla porque el tipo solo no podía moverla. El edificio no tenía ascensor y subimos cinco pisos por la escalera.
Parecía que no llegábamos más y que el viejo iba a morir al lado nuestro. A todo esto JJ no paraba de hacerme gestos de, “todo esto es una mierda”. La verdad es que hasta ahí, los cinco pisos fueron jodidos, se apagaba la luz cada dos segundos y quedaba todo muy oscuro. El señor quería ser amable y no paraba de hablar pero cuanto más hablaba, más le costaba respirar y se iba como desinflando, hasta que llegamos a la puerta del departamento propiamente dicho.
No se veía nada, las luces del pasillo eran muy amarillentas y mientras el señor intentaba embocar la llave en la cerradura, JJ y yo quedamos un paso más atrás de él y como insistía con sus gestos, muy bajito y en el oído le digo: “poné buena onda y cambiame la carita de muertito JJ, porque sino hay que seguir buscando y esto se va a repetir infinita cantidad de veces”. Eso, fue lo peor que podría haber dicho.

El señor abre la puerta después de minutos de arduo intento, entramos y el departamento no era lo que esperaba. Pero creo que eso debe suceder muy seguido, digo, eso de enfrentarse a algo que uno no esperaba, bueno, no solo pasa con los departamentos, ¿no?
Ya sabía que era un departamentito, chico, mucho más chico de donde alquilábamos pero buscábamos algo así. Además de ser chico era bastante oscuro y tenía algunos detalles más, que ahora te paso a contar.
Empezamos a recorrer el departamento, era de un ambiente y la única ventana que tenía era el balcón. La cocina estaba a parte. Pregunto las cosas lógicas: si el calefón andaba, ¿qué onda la cocina, el horno?, el señor no escuchaba bien y todo se lo repetía dos veces, mínimo. JJ, no decía nada pero tenía buena cara, como que le gustaba el departamento. Eso me desconcertó completamente.

Miramos un rato largo el único ambiente y muy bajito, casi murmurando le digo a JJ:
- Vemos esto rápido y nos vamos, no se si da vivir acá.
- ¿Qué?, ¿qué decís si da, Paula?
- ¿Tienen alguna duda? Cualquier cosa me dicen. *interrumpe el señor, después de que JJ me dejara expuesta mal*
- No, no, esta bien. Solo que tenemos que ver si entra la cama o entra el futón, todo no nos entra, eso hablábamos.
- Entra todo lo mas bien, Paula.
- Ehhhh, tenemos la mesa del comedor, JJ. También esta la pc, ¿dónde la ponemos? *JJ quería sacarse el problema de encima, ¡era eso! Con razón todo le gustaba y ni hablar del precio, era una maravilla al lado de lo que pagábamos*
- Pero va a ver que le entra todo señora. *acota el dueño*
- Bueno, vemos, vemos. *dije yo con ganas de irme*
- Hay que darle una lavada de cara, nada más. Lo pintan ustedes que son jóvenes y les queda hecho un chiche.
- Mirá Paula, mirá.* ahí JJ empieza a hacer la típica pelotudez que hacen muchos pero que a él no le sale y no lo quiere reconocer. Se pone a contar los metros del departamento dando pasitos con los pies y siempre que hizo eso le erró. Así, al mejor estilo Michael Jackson, haciendo el pasito lunar se desplazaba por el único ambiente del departamento, explicándome, con sus manos al compás, que, “de acá hasta acá entraba el futón” Mientras tanto yo miraba absorta. No podía creer que él me quisiera vender ese departamento a mí*
- Son jóvenes ustedes, chicos, se van a arreglar bien acá. *acota el dueño del departamento*
- Bueno, más alla de la juventud, señor, estoy pensando en el lavarropas y por lo que veo  no entra.
- Paula como estas, eh. Después soy yo el jodido.
- Dejelá las mujeres son así, dejelá, ¡Jaja! ¿me permite? *me dice el dueño*
- Si, por favor, dígame señora.
- El lavarropas lo puede poner en el balcón.
¡Ay!, pero se arruina, no tiene ni un año mi lavarropas.
- Pero, no se ahogue en un vaso de agua, señora. Le compra una funda protectora, acá todos la tienen.
- Ves Pau, compramos la funda protectora. *a JJ ya me lo quería comer crudo, o cagarlo a trompadas directamente. A ese departamento no podíamos dedicarle ni un minuto más, era muy chiquito y jamás nos íbamos a mudar ahí. Un ambiente compartido con JJ era una locura. Si uno quiere leer y el otro quiere ver la tele ya es un quilombo. Mi cabeza no paraba de pensar en todas las situaciones incómodas que se iban a generar en ese lugar*
- Bueno, veamos el balcón. *dije con voz de estar completamente frustrada*

En cuanto salimos al balcón y quedé helada, no lo podía creer. Lo miro a JJ y él con el señor dándose palmaditas en la espalda, haciendo migas, pegando onda como quien diría. Parecía que con el tema, "que jodidas son las mujeres" se sentían identificados, no sé. JJ estaba tan entretenido con el viejo que no prestaba atención a nada y estaba ajeno a todo, al tal punto, que no se dió cuenta dónde estaba parado. Literalmente no vió dónde estaba parado.
- Disculpe, ¿eso que se ve allá es el cementerio? *ya eran pasadas las seis de la tarde, estábamos en el mes de mayo o junio porque ya en julio o nos mudábamos o renovábamos el contrato del departamente en el que vivíamos. Por esos meses como oscurecía más temprano quería estar segura de estar viendo lo correcto.
- Si señora, es el cementerio. *ahí mi paciencia se acabó y con un tomo altanero le respondí*
- Mire, soy señorita, no estamos casados.
- Bueno, pero si nos vamos a casar, Paula. *mientras JJ aclara me abraza, pero yo estaba a mas de cien grados, ¡yo hervía!*
¡No!, ¡de ninguna manera, JJ! no podemos vivir acá. Cada vez que salgamos al balcón vamos a ver las cúpulas esas con las cruces, se ven las cruces del cementerio, JJ. ¿Decime que las ves como las estoy viendo yo?
- Pero no se ven bien, bien. Si vos, no me lo decís no me doy cuenta, Pau. *¡Ay, lo iba a matar! Él seguro que no sa da cuenta, si vive colgado de una palmera en la isla de Lost*
- Muchas gracias, señor, fue muy amable pero deje, nos vamos.
- Si yo salgo al balcón, salgo así. *dice JJ mientras me demuestra gestualmente, teatralizando cómo él sale al balcón evitando mirar hacia donde estaba el cementerio. Toda esa situación me estaba enfermando de verdad. JJ me mostraba como dando un  paso hacia adelante, entraba al balcón evitando ver el cementerio*
- Ah, si salís así no se ve el cementerio, ¡claro! pero si giras la cabeza para la derecha lo ves, nene.
- Ah, bueno, hay que mirar para la derecha. No la girás y listo, Paula. *me contesta JJ como hinchado las pelotas mordiéndose el labio inferior*
- Pero espere, espere, señora. Acá hay un enrejado justamente para poner una planta, si usted pone una enredadera o un lindo ficus tapa ese lado del balcón.
- ¡Claro! Ponemos una planta y no se ve nada, no ves más las cruces que tanto te molestan, Paula. Igual, gorda, como dice el dicho, tenele miedo a los vivos, ¿no?
- ¡Jaja! *se reían a dúo el señor y JJ. Yo, desconcertada, no quería desmerecer el departamento del señor pero la verdad es que era una reverenda cagada. ¿Cómo vamos a vivir en un lugar que si para salir al balcón no podemos girar la cabeza hacia la derecha?,¡todos con tortícolis, entonces!¡es una locura! Además, mentalmente iba sumando: entra una sola cosa, o la cama o el futón, los dos no, el lavarropas casi nuevo tendría que quedar a la intemperie haciéndose mierda y por útimo la frutilla de postre es tener que ver muertos con el plus de estar tan cerca a la parca, ¡tomatelás!
- Bueno, igual podemos hablarlo y lo llamamos, ¿no?
- No, es con reserva, señora. Tienen que dejar una reserva así lo dejo de mostrar.
- Paula es re barato, dale y nos olvidamos de todo el tema mudanza que te tiene loca. *me dice JJ al oído*
- ¡Che, divino pasar una tarde de domingo en el balcón escuchando "Canción para mi muerte"!, ¿no? ¿no lo pensaste, JJ? ¡Jaja! *quise meter un chiste como para relajarme un poco pero no me salió. El señor no entendió el chiste y a JJ no le causó gracia. Si para forro no le gana nadie, es así*

Entramos de nuevo al ambiente, y me doy cuenta de otro detalle, para nada detalle.
- ¿Le hago una última preguntita?
- Si, si, haga nomás.
- ¿Placard, no hay?
- No. Siempre los que vivieron acá se compraron un ropero y santo remedio.
- Si, un ropero o un armario, Pau, eso se compra, es una pavada. *JJ me lo dijo como hinchado las pelotas, no sé de qué porque para él todo cerraba barbaro. Aunque para mi estaba completamente loco dando el visto bueno a ese lugar*
- Si, ya sé que se compra, JJ, pero pregunto porque un armario te come lugar, tiene profundidad, hay que calcular eso también, ¿cómo hacía la persona que vivía antes, señor?
- Ah, antes vivía un hombre que viajaba mucho, entonces tenía estantes, como una especie de biblioteca en donde ponía apiladita la ropa, ¿me entiende?
- Ah, le quedaba todo a la vista.
- ¡Claro señora! pero como era un hombre que vivia solo se ve que mucho no le preocupaba. 
- Pero ¿cómo? ¿no colgaba la ropa? ¿no tenía camperas, trajes?
- La verdad, señora no le vi nada colgado.
- Paula, el señor no se puso a ver todo con lupa como vos.
- Bueno, dejemos al señor tranquilo, vamos a casa. *mientras decía esto JJ no dejaba de apretarme el brazo, me quería decir algo, no se qué. Tampoco me importaba porque ahí no íbamos a vivir*
- ¿Les bajo a abrir, entonces? Una lástima chicos que no les guste, es un lindo departamento.
- Pero si mañana temprano lo llamamos y nadie lo reservó, ¿nosotros podemos reservarlo?
- Si, querido. Te acercas hasta acá y hacemos la reserva pero solo los espero hasta el medio día, ¿te parece?
- Si, si, muchas gracias. *responde JJ colmado de ilusiones de reserva*
- Bueno, muchas gracias. Fue muy amable. *le dije fingiendo una sonrisa enorme*
- Gracias a ustedes chicos. *nos saluda el señor con beso con olor a nastalina*

Salimos y yo estaba “on fire”, a JJ lo quería matar, no sabía qué decirle primero, si lo del placard, lo del cementerio, el lavarropas, tenía todo en la cabeza, cuando él me gana de mano y me dice:
- La verdad Paula que cuando te queres hacer la graciosa, quedas tan tarada.
- ¿Eh? ¿de qué me estas hablando, JJ?
- Cuando te quisiste hacer la graciosa y mandaste: “jodido un domingo acá escuchando “Canción para mi muerte”, ¿no viste la cara que te puso el viejo? pobre, boluda, el viejo no entendió nada. No entendió tu chiste.
- Pará, JJ, ¿eso sólo tenés para decirme?
- Y si, ¿qué más querés que te diga?


Se dice de mí.

Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.

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Muy buenos blogs, haceme caso y leelos. No te hagas el malaprendido conmigo

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