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martes, 1 de mayo de 2012

La mea culpa rompe los huevos.


Hay un momento en el que algunas relaciones se vencen, expiran y no dan más. Ya no resisten ningún intento de arreglo más porque los dos están convencidos y saben que no hay marcha atrás, pero siempre es más fácil seguir como si nada, esperando que solas las cosas se definan.
Pero como las cosas solas no se definen, inconscientemente o no, hay quienes fuerzan esa "definición”. Yo soy de las que fuerzan esa definición.
Hoy viendo las cosas a la distancia me doy cuenta de lo estúpida que fui y del tiempo que inútilmente perdí, pero, en fin, el post no se trata de esto.
En este humilde post voy a hacer un intento de mea culpa, por así decirlo, porque me di cuenta que provoqué discusiones y peleas buscando una definición. Lógicamente que no lo hacía racionalmente, sólo sentía que todo estaba tan desgastado que, ser más o menos obsesiva o controladora de las típicas cosas que nos molestan de los hombres, no cambiaba mucho las cosas porque ya estan mal.  Es como tener un celular Movicom, ¿te impporta que se rompa?, ¡no! si ya no tiene arreglo, se lo das a tu sobrino de un año y que lo haga mierda. 
Bueno, así era mi relación con JJ, vencida y sin arreglo, como un celular Movicom.

Las cosas con JJ estaban mal, discutíamos por todo, no compartíamos nada, éramos dos personas extrañas viviendo juntas, pero él parecía no querer darse cuenta. No sé en realidad qué pensaba JJ y como tener una conversación adulta era imposible, sin darme cuenta, al menos de manera consciente, me transformé en una revenda hincha pelotas. Si, lo admito, fui en una hincha pelotas mal, una rompe huevos de primera, no contenía absolutamente nada de todo lo que quería decirle. Todo lo que pensaba lo largaba así como venía, sin procesar nada porque si algo es claro, es que no me importaba romperle los huevos a JJ, y si se los rompía era para rompérselos bien rotos, al punto de que sus huevos rotos fueran irreparables.
Cualquier situación valía la pena para molestarlo, ropa desacomodada, vasos sucios desparramados por ahí, olvidare se pagar las expensas, todo valía a la hora de romper las bolas. A veces era un tema que lo repetía durante varios dias e insistía una y otra vez sobre lo mismo, eso si, si podía desconcertarlo era mejor. Si se sentía perdido y como a los tumbos, mejor porque era más dócil y me obedecía más sin discutirla mucho. Era cuentión de joder lo mio pero porque él me jodía a mi con sus actitudes, desde estepunto de vista, hincharle las bolas era como equilibrar el universo. 
Mis cagadas a pedos, generalmente, se daban cuando él estaba ocioso frente a la televisión o jugando a los videojuegos. Lo agarraba relajado, así tardaba más en reaccionar, tenía la guardia baja, ponele, es más, a veces no reaccionaba. Eso si, las cagadas a pedos siempre las empezaba con una pregunta, porque eso lo obligaba a pensar y con eso ya le ganaba terreno. Pensar no le gustaba y tener que recordar algo era imposible para él, por eso con solo un: "¿y dónde te dije que dejaras esa ropa?" lo desestructuraba completamente porque nunca se acordaba nada de todo lo que yo le decía.

De esta situación surge este “compilado” de mini diálogos que hacen que me ría mucho de mi y ojalá también, te rías vos. ¡Salú!

-JJ, ¿me podes decir qué es esto? *parada con una manito en la cintura, con cara de directora de secundaria aplicando una amonestación, agitando el piecito izquierdo impacientemente y moviendo un par de medias con mi brazo derecho en alto, me paré delante de la televisión un domingo mientras mirada “Futbol de Primera”*
-¿Eh?, yo que sé, nena, salí, ¿no ves que estoy mirando?
-Estas mirando la nada porque Racing perdió y goles para ver no tenes, asique respóndeme, ¿qué es esto, JJ?
-Racing perdió porque nos bombeó ese árbitro hijo de puta, además vos no sabes quién es Racing, ¿sabes quién es Racing?, ¿vos sabes?, ¿vos no sabes nada?
-Si lo preguntas es para responderte a vos mismo JJ, porque a mi me importa tres carajos.
-En el ’97 hicimos la bandera más grande del mundo, Paulita. Aprendé antes de hablar, ¿querés? Y salí de ahí con esas medias en la mano que pareces más loca todavía.
-¡Ah! Muy bien JJ, son medias, pero ¿qué tienen estas medias?
-¡Uy! Nena salí, ¿qué se yo qué tienen? Hablá todo seguido, Paula, ¿qué? a ver, ¿estamos jugando al ping pong de preguntas y respuestas?
-Respondeme JJ, ¿qué son estas medias?
-¡Qué pesada estas, pendeja! ¡salí!
-Contestame y me voy, ¿qué hacían estas medias en el baño,JJ? 
-¡Uy! Bue, me las olvidé, ¿tanto interrogatorio por eso?
-Son medias sucias, JJ, ¿y dónde van las medias sucias?, a ver.
-La sabía, la sabía, estudié pero no me la acuerdo.
-¿Sos gracioso ahora? Avísame con tiempo así me río.
-¡Estas insoportable!, ¿te está por venir? 
-No, ya me vino y se fué, no de eso te acordas, ¡que marmota, dios mio!, ¡que marmota!
-Pará nena, no agredas así, además cortala con esas medias de mierda, pareces un maniquí ahí parada.
-Contestame dónde van las medias sucias porque me quedo acá parada como clavo  remachado y no me mueve nadie.
-No puedo creer tanta escena por un par de medias.
-Yo no puedo creer cómo te cagas en todo, JJ.Decime ya dónde van las medias sucias.
-Uy, dió, van en el lavarropas, rompe huevos.
-¿Y por qué estaban tiradas en el baño?
-¿Vos me jodes?, dejá de peguntar pelotudeces nena.
-Pregunto pelotudeces pero no me respondés una, querido. *fin*

-¿Lavaste el auto, JJ?
-No, no tuve tiempo.
-¿No tuviste tiempo?, mirá que bien, para jugar al futbol si tuviste tiempo, ¿no?
-¡Uy! No mezcles, Paula.
-No mezclo, no mezclo, pregunto, nada más.
-¿Cuándo vas a  lavar el auto?, ¿se puede saber?
-No sé, Paula, no tengo idea, para qué querés que limpie el auto si nunca te importó.
-¿Cómo para qué?, ¿cómo para qué?, ¿ya te olvidaste, JJ?
-¡Uy! La puta madre me quiero cortar un huevo, ¿de qué me olvidé? Decime.
-No, no te lo voy a decir. Cortate un huevo, cortate. *piensa, piensa un tiempo largo, pero en su cabeza esta el monito de Homero Simpson dele golpear los platillos*
-Gorda no sé, no te pongas tan rompe huevos.
-¿Yo soy la rompe huevos?, ¿yo? Pero el que s olvida de mi familia sos vos.
-¡Ah! El sábado es el cumpleaños de tu sobrino, ¡me acordé!
-Menos mal, “hola neuronas, felicitaciones hicieron sinapsis”
-Che, no seas así, me olvidé.
-Pero siempre te olvidas de todo lo que te digo, de t-o-d-o te olvidas.
-Che, ¿y por el cumpleaños de tu sobrino queres que lave el auto? Si hacen un asado en la casa de tu abuela.
-Quiero que vayamos bien, con el auto limpio, ¿es mucho pedir, JJ?
-No, no es mucho, pero es raro en vos…nunca te importa nada del auto, por eso. Es raro.
-Y no me dijiste cuándo vas a lavar el auto. *fin*


-¿Cuántas veces más vas a abrir la heladera? No ves que se va el frío.
-Bueno, ¡Eh! Fiera, tranquila, soooo, soooo.
-No me hagas como a los caballos que me revienta.
-Todo te revienta, Paula y a mi me reventas vos.
-Es que no te puedo ver colgado de la puerta de la heladera. Te colgas, ¿te diste cuenta? Estas quince minutos colgado de la heladera mirando siempre el mismo paisaje.
-Dos minutos, Paula, cómo te gusta inflar las cosas.
-Dos minutos es una e-t-e-r-n-i-d-a-d con cuarenta grados, ¡se va el frio, JJ! Cerrá ya esa heladera.
-No me cagués a pedos, nena, nadie me caga a pedos a mi.
-Si, yo te cago a pedos, ¿sabes por qué?, porque se va el frio.
-No se va el frio.
-Pero decime, ¿qué carajo querés encontrar si hace cinco minutos la abriste?, están las mismas cosas que estaban hace cinco minutos atrás.
-Puffff, nena, ¿qué se yo porque abro la heladera tantas veces?, si no es un problema, vos querés romper los huevos, eso pasa. 
-Vos tenes los huevos rotos hace rato, JJ. *fin*


-¿Llamaste a Tito?
-No.
-¿Cuándo vas a llamar a Tito?
-Cuando se me cante. No me preguntes más, Paula, hace una semana que me preguntas por Tito. ¡Cortala, nena!
-Que educado estas, JJ. Haceme el favor y llamá a Tito.
-¡Uy! Piba, ¿qué te pasa con Tito?, es MI amigo Tito, gana é joder tenes.
-Te equivocás fiero, JJ, no tengo ganas de joder. Soy educada, eso pasa. Yo lo llamé a Tito y a la señora porque para tu información tuvieron un hijo y un hijo no se tiene todos los días. Asique tomá y llamá a Tito.
-Sacame el teléfono de la cara, Paula, ¡sos rompe pelotas cuando queres!
-Educada, JJ, educada.
-Nada educada, ¡bruta! Me estas poniendo el teléfono en la cara.
-Para que llames a Tito. ¡Llamalo, carajo!
-Boluda no sé si esto es un chiste, ¡jaja!
-¿Chiste?, ¿yo tengo cara de chiste?
-Mametha, ponete una careta, tenes una caripela de OGT que dios mio.
-Caripela, llamá a Tito porque marco, atiende y te paso.
-No marqués, es mi amigo. ¡Dame el teléfono, Paula! ¡Dame! *todo esto sucede forcejeando con el teléfono y corriendo por el departamento para poder marcar el número de Tito*
-Marco. Mirá como marco, ¡jaja!
-Forra, dame. Che, no seas boluda, Paula.
-Suena, suena, ¡jaja!
-Que estúpida sos. *se resigna y no me corre más*
-Una estúpida soy…"Hola, ¿Tito?"  *justo atiende Tito*
-¿Cómo estan? *sigo hablando con Tito*
-¿Cómo esta el gordito? *mientras hablo con Tito JJ hace gestos de “te viá matá, forra”*
-¡Ah! Me imagino, que bombón ese bebé.
-No, no, Tito, no me pases con Leti, llamaba porque JJ te quiere saludar desde la semana pasada. Ahí te paso. ¡Besos a los tres! *me despido de Tito y con una gran sonrisa en los dientes le paso el teléfono a JJ*
-¡Que haces campeón! ¿Cómo viene la mano, che? ¡Ya sos papá! ¡Que grande, Tito!*fin*





lunes, 18 de julio de 2011

Si se acordara de olvidarme.

Si hay algo que me encanta es ir al cine y, estando de novia, ir al cine puede ser algo mas lindo para disfrutar, como que tiene otro sabor. Eso si, siempre que “estar de novia” no implique un novio como JJ.
Con mi prima, Lucía, se nos ocurrió salir de a cuatro, si, queríamos salir con nuestras respectivas parejas. Algo con lo que siempre fantaseábamos desde
chicas. Pero la verdad es que fue un sábado digno de ser olvidado.
-Gordo, no te cuelgues con las compras como siempre, ¿si?, hagamos rápido hoy que a las ocho tendríamos que salir de casa, así no andamos a las corridas. *mientras le hablaba a JJ probaba enérgicamente el cuarto carrito del supermercado Coto, tratando de encontrar un carro que las rueditas no se traben, que no se desvíen y que se deje conducir*
-¡Uhhh! No, me apures, Paula. ¿Qué hay hoy?, ¿te acordás?
-Quedamos en que íbamos al cine con mi prima y José.
-Nena, eso ya sé, me lo dijiste veinte veces. Rompiste tanto las pelotas con lo mismo, toda la semana, que ya sé lo de esta noche, Paula. Sos pesada cuando queres.
-¡Ay! Me haces enervar de una manera inexplicable, JJ. Mirá yo repito y repito veinte veces, veinte cosas distintas y vos no retenés ni una.  *ya me dolía la cabeza, sentía que una procesión me caminaba adentro de la cabeza, porque siempre intentar dialogar con JJ era un quilombo*    
-¡Pero, pero, pero! ¿tan nerviosita te pongo?, ¿tengo ese poder?, ah, no, ¡perdón! todo te pone nerviosa a vos.
-A ver, escuchame JJ, me preguntaste, ¿hoy que hay? y te respondo lo que arreglamos para hacer hoy a la noche, ¿me estas jodiendo?
-Me refería a la promoción de hoy. Además el “arreglamos”. Bue, arreglamos. Ahora resulta que “a-rre-gla-mos”. *mordiéndose el labio de abajo, haciendo todo el acting de estar hinchado las pelotas y hacían sólo dos minutos que habíamos llegado al Coto*  
-Ay, bueno, arreglé yo, ¡pero te avisé! ¡no jodas!
-¿Se puede saber qué haces Paula?
-¡¿Eh?! ¿De qué me hablás JJ?
-Con los carritos, Paula, hace quince minutos que estamos acá parados, ¿qué haces?, ¿control de calidad, nena?
-Mmmmm, si sabés que después, cuando llenamos el carrito, parece que cobra vida, empieza a andar solo, se desbalancea a la mierda y terminamos luchando con el carro de mierda que vos no lo querés llevar. Por eso, como lo termino llevando yo, trato de encontrar el menos torcido, ¿te jode?
-¡Que insoportable, nena! dame ese, ese esta bien, ¡dale! Si lo llevo yo, ¿qué decís?
-Vos lo llevas hasta que te colgás mirando pelotudeces, te tildas con televisores de tres mil pesos, computadoras de un millón de dólares y todo tipo de cosas que no vamos a comprar jamás, y como no me gusta estar mil años acá adentro encerrada, agarro el carro y termino comprando sola.
-Te molesta todo, ¡eh! Ya ni te calentás en disimular.  
-¿Cómo?, ¿tengo que disimular?, ¿con vos?, sos mi novio, ¿cómo voy a disimular con vos?, te tengo que poder decir todo a vos, JJ.
-Y, un mínimo deberías disimular, como para poder convivir, ¿viste?, no sé, digo. Si no te jode.
-Pará, pará, un minuto JJ. Vos estas usando mal una palabra y no estas diciendo lo que queres decir, ¿no?
-A ver, a ver, ella, que leyó treinta y tres mil libros, que tanto sabe de todo. A ver, decime vos, qué es lo que yo quiero decir.
-Para que podamos convivir no tengo que “disimular”, JJ. Tengo que tolerar, aceptar, no sé, muchas cosas más. Pero “disimular” es ocultar, JJ.
-Ah, será por eso que nuestra convivencia es un golazo, ¿no?, ¡flor de pegada la nuestra!

Directamente hago como que no escuché nada y sigo el recorrido en el Coto.
-¿Qué agarrás, JJ?
-Paté, ¿qué tiene?
-¿Qué tiene?, un precio de puta madre, eso tiene.
-Uh, gorda, sacate la gorra dos minutos.
-Hablame bien, JJ, no me hables como le hablas a tus amigos porque no soy “el Mono” ni soy “el Pampa”. ¿Podrás hablarme como lo que soy?, ¡hola! soy tu novia. Tu-no-via.
-Cuando te depilas, ¡jaja!
-Ah, metiste un chiste, ¿qué hago ahora?, ¿me tengo que reir?, ¿qué?, ¿qué cuando me depilo?
-Y, no, dejá, dejá, si para amarga no te gana nadie. ¿No sabés que si te explico el chiste pierde la gracia?
-Primero, para que un chiste tenga gracia el que lo cuenta debe tener gracia, cosa que vos no tenés. Segundo, vos sos el que me pone amarga, JJ y tercero, ese chiste, ese “supuesto” chiste no es que yo no lo entiendo, ¡no lo entiende nadie, Landriscina! *JJ respira hondo y bufa antes de responderme*
-Me empezas a enumerar y me sacás Paula Jimena, me sacás. Sos como dice tu viejo, te pones torcida y no se te puede decir nada, te cerras y no agarras ningún chiste.
-Bue…exagerá cuando quieras, JJ. No entendí tu chiste, che, nada más. ¿Me decís?, ¿me decís, qué “cuando me depilo”?
-¡Puff! Vos decís, no me hables como le hablas a tus amigos, porque no soy “el Mono”, por eso dije: “cuando te depilas”. Cuando te depilas no sos “el Mono”.
-¡Ah! Estas inspirado en piropos, pelotudo.
-Bueno nena, dije que era un chiste y no un piropo, y que si te lo explicaba perdía la gracia.
-Si, igual no perdió la gracia porque nunca la tuvo.
-¡Que tarada que sos nena!
-No nos entendemos nosotros dos, evidentemente, JJ.
-¡Qué novedá! ¿Por qué no me decís algo que no sepa?
-A ver, decime, ¿vivís en Disney World vos?, ¿con cuánta guita te crees que disponemos? 
-Sacá ese paté de, ¡¿de ciervo?, sos un hijo de puta, ¡no podés comer ciervo! ¡que impresión, nene! ¡sacá eso! ¿desde cuándo?, ¿qué te haces? Desde ya te lo digo, eso no se compra. ¡Sacalo del carro! *como veo que no lo saca, amago a sacarlo yo, pero cuando voy a sacar la lata de paté de ciervo, JJ se me adelanta y me la arrebata de las manos*
-¡Bruto! Dame la lata.
-La pago yo, se compra y punto. *me dice con ojos endemoniados*
-No importa quién la paga, no dá comprar eso, ¡damelá! ¡dame esa lata, JJ!
-¡No te la pienso dar! ¡olvidate, nena! Además, no entiendo por qué no querés que la compre.
-Basta, basta, te dije que teníamos que hacer rápido y mirá…estamos perdiendo más tiempo que nunca. ¡Nunca tardamos tanto en este encierro! Parece que me lo haces a propósito. ¡No, no me parece! ¡me lo haces a propósito!
-Bueno, vos podrías dejarte de joder un poco y no ponerte como loca Greenpeace porque compro un paté, ¿cuál es el problema?, ¿me podés decir?
-Es queeee, es de ciervo, JJ, no dá. *vuelve a mirarme pero esta vez con cara de loco, larga una carcajada en mi cara y casi gritando me dice*
-¡Jajaja! ¿Y resulta que el que se cree que esta en Disney World soy yo, Paula? ¡No puedo creer! ¿te da “cosa” que sea un ciervo? ¡Es eso! ¡Jaja! ¡Andá! vas a cumplir treinta años, Paula.
-Yo no dije que me daba pena que sea de ciervo.
-¡Tu cara, Paula, tu cara! Tu cara habla sola, “es Bambi” pensaste, no podemos comernos a Bambi, ¡si! ¡es eso! ¡Jaja!
-¿Por qué no te vas a cagar, JJ? Mirá la hora que es, ya no llegamos al cine, ¡que  forro sos!
-Ay, hagamos de cuenta que este ciervo murió de viejito, que se murió de muerte natural, ¡jaja! Así lo comemos sin remordimientos.
-Boludo dale, apurate. Igual no llegamos, no llegamos.
-Bueno, no llegamos, ¡que drama! llamá a tu prima y decile que no vamos, o que lo dejamos para el próximo sábado, dramática.
-¿Yo la tengo que llamar?, ¿yo?, cuando sos vos al que le encanta perder el tiempo en este Coto de mierda mirando huevadas. No te soporto, JJ, no te soporto más.
-Anda vos al cine, que yo bien tranqui en casa con una cervecita me como a Bambi, a Mickey, a Minnie y a los tres chanchitos ¡Jajaja!

Llegamos a la caja y la cajera pregunta:

-¿Cómo van a pagar? ¿Efectivo o tarjeta? *mientras los productos empezaban a pasar*
-Con débito Galicia *respondemos a dúo, porque teníamos el descuento de ese banco*
-Son setecientos treinta y tres pesos con noventa centavos. *dice la cajera*

Los dos nos miramos como diciendo, “sacá la tarjeta, ¿qué esperas?”. Antes de que yo diga algo, JJ me mira y dice:

-Vos tenés mi tarjeta, gorda. Te di mi billetera para que la lleves en la cartera, como siempre.
-No me la diste, me lo dijiste y yo te dije: “guardala en mi cartera”, ¿vos no la guardaste? *mientras hablo revuelvo súper enérgica toda mi cartera*
-No, no la guardé.
-Ah, entonces no tenemos cómo pagar, ¡divino todo esto! *ya me quería ir como sea, con o sin las cosas, no me importaba nada. El sábado ahí adentro me saca*

La verdad es que se podían sentir como puñaladas las miradas de la cajera y de las mil doscientas personas que estaban atrás nuestro en la cola de Coto. JJ toma valor y le responde a la cajera.

-Nos olvidamos la tarjeta, no podemos llevar nada, disculpá. Tenemos que dejar todo acá. *la cajera bufa, respira profundo y nos dice con una sonrisita socarrona*
-Bueno, espero que no les vuelva a pasar porque retrasaron toda la fila. *sonríe*

JJ se da vuelta con violencia, juro que pensé: “ay, le pega a la piba”. Se acerca a la cajera, apoyando las manos en el borde de la mesada donde estaba todo lo que no habíamos comprado, y le dice:

-No te preocupes linda, la próxima vez a la que me voy a olvidar es a ella.*lo dice con guiñadita de ojo, ¡perdón! Soy la novia, eh, estoy acá, no me fui*
-Que tipo tan boludo sos, JJ, nunca sé qué carajo tenes en esa mente.

En cuanto llegamos a casa, agarro el teléfono y llamo a mi prima.

-Hola, ¿José?, ¿me pasas con Lucía, por favor? *tenía voz llorosa y de cara de orto*
-¿Qué te pasa Jime?, ¿estas llorando?
-Si, pero nada. Pasame con Lu, por favor.
-Bueno, pero, ¿estás bien?
-Si. Pasa que con JJ discutimos en el Coto y no vamos a ir al cine.
-¡Uy, Jime! Ya me imagino cómo le habrás hinchado los huevos a ese pobre flaco, ¡Jajaj!
-Solo te estas riendo José, ¿vos te das cuenta de eso?
-Pará, pará Jime, que ya te paso con tu prima, esta acá. ¡Chau, Jime y no hagas drama por todo!
-Hola Jime, ¿qué pasa?
-Nada, tu marido es un pelotudo, Lucía y al cine no vamos. Chau. *click, corté el teléfono*








domingo, 3 de abril de 2011

Jodido un domingo en el balcón.



Tener un techo no es nada fácil, sea alquilando o comprando el tema es complicado por donde se lo mire; y, si el camino viene empedrado lo que menos necesitas es una piedra.
Tarde me dí cuenta de este detalle de la “piedra” en el camino empedrado, porque JJ siempre hacía todo lo posible para ser una piedra más. Él no te allanaba el camino, no te hacía más liviana la carga, él era la carga.
Si JJ complicaba lo simple, cuando ya la cosa era complicada de entrada, sin dudas, la hacía imposible.
Pero ojo, no es que la complicaba tramando algo o haciéndose el estratega, no, ¡para nada! Cuando JJ complicaba algo, lo hacía de tal forma que, la complicada parecía ser siempre yo.
Buscar departamento para alquilar cuando estas en pareja puede ser una situación romántica porque lo que buscas es un lugar para compartir con “ese” hombre al que tanto amas, pero en lugar de ser algo romántico, también  puede ser un martillazo en un dedo, puede ser un morderte con toda tu fuerza un pedacito de lengua mientras comes, no sé elegí el dolor que menos te guste y pensá concentradamente en ese dolor, porque así fue buscar departamento con JJ.

Con JJ ya alquilábamos departamento pero se venía la fecha de renovación del alquiler y sabíamos que iba a aumentar. Por eso antes de esperar a que la dueña del departamento nos arroje un número que ameritaba una ulcera como mínimo, decidimos, o creo que decidí, buscar departamento.
Los alquileres en ese momento eran un despelote. Mirabas el diario a las nueve de la mañana, llamabas alrededor de las once y ya estaba reservado. Si conseguías poder ver algún departamento, mejor que te coincida con el horario del almuerzo o que sea justo a las seis de la tarde como para verlo con un poco de luz de sol, y la verdad es que todo eso era una verdadera proeza. Además, si a toda esta logística le sumás que JJ te pueda acompañar a ver el departamento donde también él va a vivir, porque somos una pareja, eso si ya era la gloria.
Lógicamente, JJ siempre intentaba evadir cualquier responsabilidad de hombre adulto y siempre encontraba la forma de no poder acompañarme a ver departamentos. Por la facultad, o por la abuela, siempre tenía otra cosa que hacer, pero esta vez, yo no iba a hacer todo sola.
Nosotros trabajábamos juntos, más o menos por Álvarez Thomas y Virrey Loretto, y justo conseguí poder ir a ver un departamento en el barrio de Chacarita, estábamos cerca.
El barrio mucho no me gustaba, pero el departamento por lo que decía el aviso era lo que buscábamos. Tenía balcón, muy necesario por Luna, además buscábamos algo más chico y sin expensas. Chacarita, después de todo, nos quedaba bien para ir al trabajo y a la facultad, así que, había que verlo.
En cuanto arreglé por teléfono con el dueño del departamento fui al sector donde estaba JJ y se lo dije súper contenta y entusiasmada.
Todo estuvo muy bien hasta que después de almorzar, JJ viene a mi sector, se acerca a mi escritorio y me dice en un tono de voz muy bajito:
Gorda, no puedo más del dolor de panza.
- ¡Uy! ¿por qué?, ¿de qué será? *todo lo decía con una cara de lamento impresionante, si lo ponías dos minutos repartiendo estampitas en el subte se hacía millonario el pibe*
-  No sé, creo que debe ser el pastel de papa que comí.
Bueno, pará que te busco algo, un sertal *le dije fingiendo una preocupación de locos*
No, dejá, negrita, dejá. No quiero nada. No quiero tomar nada. Para mi, tomé frio mientras comía. De última veo de hablar con Diego para que me autorice a salir antes, así voy a casa y me acuesto calentito, ¿viste? *todo me lo decía con el ceño fruncido, encorvado hacia adelante, abrazándose la panza y con una voz de lamento que eso en teatro eso se llama “sobreactuación”. Mientras me hablaba pensaba: Flaco, ¿te crees que me chupo el dedo? ¡Ahahaha!, ¿te querés acostar calentito para no acompañarme a ver el departamento? y mientras vos dormis yo veo el departamento sola, claro*
- ¿Sabes qué es lo mejor, amor?
- ¿Qué vaya a casa? Creo que voy a vomitar y no quiero vomitar acá en el trabajo, es horrible, Pau.
- No, gordo, no vomites acá, es horrible, pero ¡mirá donde trabajamos! Dejame llamar a Dani, el jefe de paramédicos, que justo esta abajo dando el curso de RCP. Le digo, bajás y que te aplique un sertal o reliveran inyectable así se te pasa rapidito. De paso me cambias esa carita, ¿si? Sos mas lindo cuando no te duele la panza, ¿sabías? *sonrío* 
Bueeeno, Pau, pará, ¡tanto no me duele!
- ¿Te duele o no te duele, JJ? Me vas a enloquecer, querido. A ver, si no te duele tanto vamos a casa juntos después de ver el departamento.
- Me duele, nena, pero seguro porque tomé frio mientras comía. Siento el gusto de del pastel de papa acá, en la garganta.
- Bueno gordo, en cuanto salimos, vemos el departamento y vamos para casa así te acostas, simple.
- Es que yo no sé si aguanto tanto.
- Bueno, llamo a Dani.
- No, no, no lo llames, Paula. Sabes que no me gusta tomar remedios.
- Entonces, dejá de quejarte, o ¿qué querés?, ¿querés seguir sufriendo?, ¿le tenés miedo, a una inyección, boludo?, ¡ya estas grande, JJ! ¡No jodamo'!

El día pasó y a las seis de la tarde salimos para ver el departamento. La actitud de JJ no era la mejor, porque, además, de estar prácticamente muriendo del dolor de panza, no le interesaba en lo más mínimo gastar un minuto de su tiempo en ver un departamento.
El departamento quedaba sobre Lacroze y una vez que llegamos nos atendió el dueño.
El dueño era un señor algo mayor. Desde el principio, la entrada al edificio era un reverenda bosta. Muy antigua, con mucho mármol, plantas de plástico, mucho espejo en la parte del hall de entrada y la puerta era de esas puertas bien pesadas. Era una puerta como de hierro con vidrios parecidos a los de las iglesias, bien onda vitró. La puerta pesaba tanto que cuando el señor bajó para abrirnos lo ayudamos a empujarla porque el tipo solo no podía moverla. El edificio no tenía ascensor y subimos cinco pisos por la escalera.
Parecía que no llegábamos más y que el viejo iba a morir al lado nuestro. A todo esto JJ no paraba de hacerme gestos de, “todo esto es una mierda”. La verdad es que hasta ahí, los cinco pisos fueron jodidos, se apagaba la luz cada dos segundos y quedaba todo muy oscuro. El señor quería ser amable y no paraba de hablar pero cuanto más hablaba, más le costaba respirar y se iba como desinflando, hasta que llegamos a la puerta del departamento propiamente dicho.
No se veía nada, las luces del pasillo eran muy amarillentas y mientras el señor intentaba embocar la llave en la cerradura, JJ y yo quedamos un paso más atrás de él y como insistía con sus gestos, muy bajito y en el oído le digo: “poné buena onda y cambiame la carita de muertito JJ, porque sino hay que seguir buscando y esto se va a repetir infinita cantidad de veces”. Eso, fue lo peor que podría haber dicho.

El señor abre la puerta después de minutos de arduo intento, entramos y el departamento no era lo que esperaba. Pero creo que eso debe suceder muy seguido, digo, eso de enfrentarse a algo que uno no esperaba, bueno, no solo pasa con los departamentos, ¿no?
Ya sabía que era un departamentito, chico, mucho más chico de donde alquilábamos pero buscábamos algo así. Además de ser chico era bastante oscuro y tenía algunos detalles más, que ahora te paso a contar.
Empezamos a recorrer el departamento, era de un ambiente y la única ventana que tenía era el balcón. La cocina estaba a parte. Pregunto las cosas lógicas: si el calefón andaba, ¿qué onda la cocina, el horno?, el señor no escuchaba bien y todo se lo repetía dos veces, mínimo. JJ, no decía nada pero tenía buena cara, como que le gustaba el departamento. Eso me desconcertó completamente.

Miramos un rato largo el único ambiente y muy bajito, casi murmurando le digo a JJ:
- Vemos esto rápido y nos vamos, no se si da vivir acá.
- ¿Qué?, ¿qué decís si da, Paula?
- ¿Tienen alguna duda? Cualquier cosa me dicen. *interrumpe el señor, después de que JJ me dejara expuesta mal*
- No, no, esta bien. Solo que tenemos que ver si entra la cama o entra el futón, todo no nos entra, eso hablábamos.
- Entra todo lo mas bien, Paula.
- Ehhhh, tenemos la mesa del comedor, JJ. También esta la pc, ¿dónde la ponemos? *JJ quería sacarse el problema de encima, ¡era eso! Con razón todo le gustaba y ni hablar del precio, era una maravilla al lado de lo que pagábamos*
- Pero va a ver que le entra todo señora. *acota el dueño*
- Bueno, vemos, vemos. *dije yo con ganas de irme*
- Hay que darle una lavada de cara, nada más. Lo pintan ustedes que son jóvenes y les queda hecho un chiche.
- Mirá Paula, mirá.* ahí JJ empieza a hacer la típica pelotudez que hacen muchos pero que a él no le sale y no lo quiere reconocer. Se pone a contar los metros del departamento dando pasitos con los pies y siempre que hizo eso le erró. Así, al mejor estilo Michael Jackson, haciendo el pasito lunar se desplazaba por el único ambiente del departamento, explicándome, con sus manos al compás, que, “de acá hasta acá entraba el futón” Mientras tanto yo miraba absorta. No podía creer que él me quisiera vender ese departamento a mí*
- Son jóvenes ustedes, chicos, se van a arreglar bien acá. *acota el dueño del departamento*
- Bueno, más alla de la juventud, señor, estoy pensando en el lavarropas y por lo que veo  no entra.
- Paula como estas, eh. Después soy yo el jodido.
- Dejelá las mujeres son así, dejelá, ¡Jaja! ¿me permite? *me dice el dueño*
- Si, por favor, dígame señora.
- El lavarropas lo puede poner en el balcón.
¡Ay!, pero se arruina, no tiene ni un año mi lavarropas.
- Pero, no se ahogue en un vaso de agua, señora. Le compra una funda protectora, acá todos la tienen.
- Ves Pau, compramos la funda protectora. *a JJ ya me lo quería comer crudo, o cagarlo a trompadas directamente. A ese departamento no podíamos dedicarle ni un minuto más, era muy chiquito y jamás nos íbamos a mudar ahí. Un ambiente compartido con JJ era una locura. Si uno quiere leer y el otro quiere ver la tele ya es un quilombo. Mi cabeza no paraba de pensar en todas las situaciones incómodas que se iban a generar en ese lugar*
- Bueno, veamos el balcón. *dije con voz de estar completamente frustrada*

En cuanto salimos al balcón y quedé helada, no lo podía creer. Lo miro a JJ y él con el señor dándose palmaditas en la espalda, haciendo migas, pegando onda como quien diría. Parecía que con el tema, "que jodidas son las mujeres" se sentían identificados, no sé. JJ estaba tan entretenido con el viejo que no prestaba atención a nada y estaba ajeno a todo, al tal punto, que no se dió cuenta dónde estaba parado. Literalmente no vió dónde estaba parado.
- Disculpe, ¿eso que se ve allá es el cementerio? *ya eran pasadas las seis de la tarde, estábamos en el mes de mayo o junio porque ya en julio o nos mudábamos o renovábamos el contrato del departamente en el que vivíamos. Por esos meses como oscurecía más temprano quería estar segura de estar viendo lo correcto.
- Si señora, es el cementerio. *ahí mi paciencia se acabó y con un tomo altanero le respondí*
- Mire, soy señorita, no estamos casados.
- Bueno, pero si nos vamos a casar, Paula. *mientras JJ aclara me abraza, pero yo estaba a mas de cien grados, ¡yo hervía!*
¡No!, ¡de ninguna manera, JJ! no podemos vivir acá. Cada vez que salgamos al balcón vamos a ver las cúpulas esas con las cruces, se ven las cruces del cementerio, JJ. ¿Decime que las ves como las estoy viendo yo?
- Pero no se ven bien, bien. Si vos, no me lo decís no me doy cuenta, Pau. *¡Ay, lo iba a matar! Él seguro que no sa da cuenta, si vive colgado de una palmera en la isla de Lost*
- Muchas gracias, señor, fue muy amable pero deje, nos vamos.
- Si yo salgo al balcón, salgo así. *dice JJ mientras me demuestra gestualmente, teatralizando cómo él sale al balcón evitando mirar hacia donde estaba el cementerio. Toda esa situación me estaba enfermando de verdad. JJ me mostraba como dando un  paso hacia adelante, entraba al balcón evitando ver el cementerio*
- Ah, si salís así no se ve el cementerio, ¡claro! pero si giras la cabeza para la derecha lo ves, nene.
- Ah, bueno, hay que mirar para la derecha. No la girás y listo, Paula. *me contesta JJ como hinchado las pelotas mordiéndose el labio inferior*
- Pero espere, espere, señora. Acá hay un enrejado justamente para poner una planta, si usted pone una enredadera o un lindo ficus tapa ese lado del balcón.
- ¡Claro! Ponemos una planta y no se ve nada, no ves más las cruces que tanto te molestan, Paula. Igual, gorda, como dice el dicho, tenele miedo a los vivos, ¿no?
- ¡Jaja! *se reían a dúo el señor y JJ. Yo, desconcertada, no quería desmerecer el departamento del señor pero la verdad es que era una reverenda cagada. ¿Cómo vamos a vivir en un lugar que si para salir al balcón no podemos girar la cabeza hacia la derecha?,¡todos con tortícolis, entonces!¡es una locura! Además, mentalmente iba sumando: entra una sola cosa, o la cama o el futón, los dos no, el lavarropas casi nuevo tendría que quedar a la intemperie haciéndose mierda y por útimo la frutilla de postre es tener que ver muertos con el plus de estar tan cerca a la parca, ¡tomatelás!
- Bueno, igual podemos hablarlo y lo llamamos, ¿no?
- No, es con reserva, señora. Tienen que dejar una reserva así lo dejo de mostrar.
- Paula es re barato, dale y nos olvidamos de todo el tema mudanza que te tiene loca. *me dice JJ al oído*
- ¡Che, divino pasar una tarde de domingo en el balcón escuchando "Canción para mi muerte"!, ¿no? ¿no lo pensaste, JJ? ¡Jaja! *quise meter un chiste como para relajarme un poco pero no me salió. El señor no entendió el chiste y a JJ no le causó gracia. Si para forro no le gana nadie, es así*

Entramos de nuevo al ambiente, y me doy cuenta de otro detalle, para nada detalle.
- ¿Le hago una última preguntita?
- Si, si, haga nomás.
- ¿Placard, no hay?
- No. Siempre los que vivieron acá se compraron un ropero y santo remedio.
- Si, un ropero o un armario, Pau, eso se compra, es una pavada. *JJ me lo dijo como hinchado las pelotas, no sé de qué porque para él todo cerraba barbaro. Aunque para mi estaba completamente loco dando el visto bueno a ese lugar*
- Si, ya sé que se compra, JJ, pero pregunto porque un armario te come lugar, tiene profundidad, hay que calcular eso también, ¿cómo hacía la persona que vivía antes, señor?
- Ah, antes vivía un hombre que viajaba mucho, entonces tenía estantes, como una especie de biblioteca en donde ponía apiladita la ropa, ¿me entiende?
- Ah, le quedaba todo a la vista.
- ¡Claro señora! pero como era un hombre que vivia solo se ve que mucho no le preocupaba. 
- Pero ¿cómo? ¿no colgaba la ropa? ¿no tenía camperas, trajes?
- La verdad, señora no le vi nada colgado.
- Paula, el señor no se puso a ver todo con lupa como vos.
- Bueno, dejemos al señor tranquilo, vamos a casa. *mientras decía esto JJ no dejaba de apretarme el brazo, me quería decir algo, no se qué. Tampoco me importaba porque ahí no íbamos a vivir*
- ¿Les bajo a abrir, entonces? Una lástima chicos que no les guste, es un lindo departamento.
- Pero si mañana temprano lo llamamos y nadie lo reservó, ¿nosotros podemos reservarlo?
- Si, querido. Te acercas hasta acá y hacemos la reserva pero solo los espero hasta el medio día, ¿te parece?
- Si, si, muchas gracias. *responde JJ colmado de ilusiones de reserva*
- Bueno, muchas gracias. Fue muy amable. *le dije fingiendo una sonrisa enorme*
- Gracias a ustedes chicos. *nos saluda el señor con beso con olor a nastalina*

Salimos y yo estaba “on fire”, a JJ lo quería matar, no sabía qué decirle primero, si lo del placard, lo del cementerio, el lavarropas, tenía todo en la cabeza, cuando él me gana de mano y me dice:
- La verdad Paula que cuando te queres hacer la graciosa, quedas tan tarada.
- ¿Eh? ¿de qué me estas hablando, JJ?
- Cuando te quisiste hacer la graciosa y mandaste: “jodido un domingo acá escuchando “Canción para mi muerte”, ¿no viste la cara que te puso el viejo? pobre, boluda, el viejo no entendió nada. No entendió tu chiste.
- Pará, JJ, ¿eso sólo tenés para decirme?
- Y si, ¿qué más querés que te diga?


viernes, 9 de julio de 2010

¡No, con los playmobils no!


-¿No pusiste lo de los playmobils en el blog, Jime?
- No, Margui…no lo puse.
- Ah, no, no, no. Lo tenés que poner, ¡es buenísimo!
Y como Marga lo sugirió acá va el relato de los playmobils.

En el segundo intento de convivencia con JJ, aclaro, segundo intento que no fue tal. En realidad, fue un intento de demostrarle a JJ lo lejos que estábamos uno del otro, que no existía amor, al menos de mi parte y de que ya nada nos unía. Se lo quise demostrar empíricamente, ponele, para que deje de pensar que era un capricho mío.
Gran estupidez la mía, lo sé, perdimos el tiempo y nos desgastamos el alma los dos. Pero dejando de lado todo aquello que pertenezca al terreno melancólico, el contexto de nuestra  relación se resume, más o menos, así.
Pretendí que JJ viera que no funcionaba nuestra  relación y que no se trataba de un capricho mío. Mi actitud, a fin de querer demostrar que “esto no iba”, no era la mejor. Por ejemplo, a la ropa de JJ no le ponía suavizante, no lo acompañé más  a ningún evento familiar ni de sus amigos, tampoco lo participaba de los míos y, como digo frecuentemente: “yo ya no me comía ni la punta”, es decir que no soportaba nada, mi tolerancia era casi nula. Sólo media cara de culo de su parte era motivo suficiente como para levantarme en plena cena, agarrar mi plato y terminar cenando bien lejos de él, en cualquier otro lugar del departamento. Todo esto lo hacía embanderando una de las frases que me acompañó durante aquellos tiempos: “demasiadas caras de culo soporto de la gente a lo largo del día, como para llegar a mi casa y tener que tolerar la tuya también, JJ. Mi casa, nuestra casa, debe ser el lugar donde encontremos el mayor confort posible. Si vos no colaboras para que esta casa sea el mejor lugar donde podemos estar, el mejor refugio que podemos encontrar: te transformaste en una piedra, flaco”… y todos sabemos lo incómodas que son las piedras en el camino.

Así venia yo, áspera, ponele, con ese tonito de voz algo altanera al hablar, pero ojo, él tenía lo suyo y no se quedaba atrás. También se amotinaba en “pie de lucha”, onda los trotskos de la facultad de ciencias sociales. Eso si, los amotinamientos de JJ son para otra entrada, o varias, en este blog, ¡bah! el blog se va nutrir de los amotinamientos, caprichos, razonamientos más que extraños, formas de actuar y de contestar imposibles de comprender en un hombre de treinta años.

Entre todas sus particularidades, JJ coleccionaba playmobils, no uno, ni unos cuantos, sino que coleccionaba toda la escena completa. Tampoco eran los muñequitos en una caja que guardaba porque ya no jugaba más con eso, ¡no! Los playmobils debían estar desplegados, con toda la escena armada en uno, no, en realidad, en varios estantes que estaban destinados para eso, eran los estantes de mis libros y cada vez que yo intentaba sacar un libro tratada de hacerlo con mucho equilibrio para no tirar ninguno pero era casi imposible. Los playmobils así dispersos eran muy molestos, juntaban mucha tierra y como son livianitos, el viento los hacía volar cada vez que se abría la ventana del balcón y con gran facilidad terminaban en el piso. Y, ¿adiviná qué pasaba cuando tocaban el piso?, para JJ era un desastre, pero era algo lógico que una vez que el playmobil tocara el piso Luna lo agarrara y lo escondiera entre los trapitos de su cucha. Ella también los coleccionaba. Pero, todo se transformaba en trágico porque lamentablemente, los perros para agarrar las cosas, las muerden y algo irreparable para un playmobil. Cuando un playmobil tiene mordidas las manitos o la cabeza ya no le entra el peluquín o la copita de vino para brindar. Ese es el drama.

Por eso, cada vez que JJ se daba cuenta que faltaba algo o que algún playmobil estaba mordidito armaba un quilombo impresionante que, sumado a mi escaza tolerancia, todo terminaba siempre en una batalla. 
Pensar que todo se debía a esos playmobils, ¡que locura! Peleas eternas por esos juguetes que sólo estaban en exhibición. Pero ojo, el amor de JJ por sus playmobils tenía un límite claro: jamás limpió ni un puto playmobil, ni una maldita copita, ni la nave espacial, ni el camión de bomberos, nunca limpió una mierda y eso aumentaba mi queja contra esos juguetitos detestables con pelito patético y manitos que ¡no eran manitos, por el amor de dios!

Un sábado arrancó a pura batalla cuando llego al mediodía, después de haber ido al  gimnasio, llego tranquila, contenta, sin preocupaciones porque estaba prácticamente sedada después de la rutina zarpada que había hecho. Abro la puerta del departamento y JJ me recibe de la peor manera que podía llegar a recibirme: con cara de culo y sin un "Hola" previo. Detesto profundamente llegar a cualquier lado, a la facultad, a la casa de una amiga, al laburo, a donde sea que llegue y que me ataquen con un tema sin ni siquiera decirme "hola". La cara de culo de JJ noté que fue instantánea, se transformó en cuanto me vio entrar y en un segundo me di cuenta el por qué, ¡claro! ¿cómo se me ocurre no ponerme el buzo en la cintura para que me tape el culo cuando estoy con calzas y la remera no me llega hasta el tobillo?, ¿cómo hago una cosa así?. JJ en lugar de decirme un "Hola" me recibe así:
-¿Así fuiste al gimnasio, Paula? *respiro hondo porque tengo mooooy poca tolerancia para responderle*
-Si, fui así JJ, ¿qué querés que me ponga?, a ver, decime, ¿una sotana, nene? *mientras le hablo pienso que jamás fui al gimnasio con calzas zarpadas color blanco, nunca un top o algo súper sexy. Siempre fui con calzas y una remera común, no con una remera hasta la rodilla pero tampoco un top. Me envenenaban esos comentarios porque pensaba en las chicas que van súper sexies y yo, al lado de ellas, parezco una boluda y me tengo que bancar que él me recontra cague a pedos porque se me veía el culo. Obvio que no se me veía, se marcaba a lo sumo, pero mis remeras siempre llegan un poco más abajo de la cintura. Todo me reafirmaba una sola cosa: ¡que desubicado es este flaco!*
-No me cargues, Paula, sabes a lo que me refiero. ¡Se te ve todo el culo!
-Bueno, basta, JJ, cambiame la carita y tratemos de almorzar con algo de paz, no me hagas calentar, por favor.
-¿Ahora soy yo el que te hago calentar?, pero sos vos la que no te pones el buzo en la cintura sabiendo que a mi no me gusta que andes sin el buzo atado. Si antes te lo ponías, ¿por qué ahora no?
-Porque antes trataba de evitar estos quilombos, pero siempre tenés algún motivo para generar discusiones al pedo, entonces, haga lo que haga me peleas, por eso no me caliento más porque total vos me vas a pelear, JJ. No sé, lo tuyo es genético en un punto, nene.
-Ah, ¡pará! ¡pará, Paula! ¡No abras la ventana del balcón! *ni bien me lo dice miro hacia el balcón y no puedo creer lo que veo. Vuelvo a mirar y me enfurezco como nunca*
-¿Vos estas loco?, estas completamente desquiciado, JJ, decime ya qué hace Luna en el balcón con los cinco grados que hace, ¡hace un frio de locos, flaco! ¡sos un animal! ¡Luna esta temblando, forro! ¡pesa cinco kilitos nada más! ¡la vas a matar!
-¡Que exagerada sos! Es un perro, Paula, ¡pará, nena!¡no le abras! ¡está en penitencia!, ¡dejala ahí! Tiene que aprender a no tocar mis playmobils.
-¡Perdón! Vos sos un enfermo mental, nene. Tenés que estar en una clínica apartado de la sociedad. 
-Es así, Paula. La perra es una malcriada por tu culpa y no puede ser que haga lo que ella quiera. No tiene límites.
-¿Vos sos pelotudo?
-Dejá de insultarme, Paula.
-Te pregunté algo, respondeme, ¿sos pelotudo?
-Cortala, dejá de hacerte la canchera porque te queda mal y ya puse la mesa, asique vení a comer.
-No la corto nada. Me tenés tan, pero tan cansada con esos playmobils de mierda, que ya siento que estoy al lado de un pelotudo de catorce años. Estos putos playmobils, porque te aclaro que parecen bien putitos con ese pelito de forros que tienen, siempre se caen. Tocas un libro y se caen, abrís la ventana y el viento los tira. La perra es perra y actúa como perra, por eso guarda todas las cositas que encuentra entre sus trapitos, papa frita.   
-Es indefendible, Paula, Luna siempre hace lo que quiere.
-Luna se cree que los putitos playmobils son sus hijos, JJ, vos no la entendés. Como todo en esta vida, no entendés nada. *eso de que Luna se "cree" que los playmobils son sus hijos, son chistes que JJ no entiende que son chistes, cree que yo realmente pienso así y odia esa clase de comentarios. Justamente por eso se los hago en plena discusión*
-¡No le abras a Luna! *ya le estaba abriendo la ventana y la perra entró en un segundo cagada de frio*
-Ya le abrí, tarde, querido. 
-No sabes tener animales, Paula.
-Mira JJ, vamos a hacer así porque no podemos seguir discutiendo eternamente por esto. Vos sacas los playmobils hoy y los guardás en una caja o paso la aspiradora y los chupo todos, mañana.
-¡Callate Paula! Nunca te vas a animar a aspirarlos.
-Bueno, mañana vemos si me animo, por las dudas, vos, guardalos vos.

Lógicamente, no sacó ni un puto playmobil, ninguno pasó a estar en ninguna caja, seguían ahí, paraditos los putitos. En el estante, del departamento del piso diecinueve, piso en el que cada vez que abrías la ventana el viento, a gusto y piaccere, los desparramaba por todos lados. Grato momento para Luna, obvio, no le daban las patitas para correr, poder llevárselos todos a su cucha y esconderlos entre sus trapitos.

JJ, no guardó nada.
El final: predecible.
Por eso al día siguiente le pregunté:
-Tampoco hoy pensás guardar los playmobils, JJ.
-Paula, tengo que ir a la casa de Tebi a terminar la entrega de mañana, ya lo sabes, ¿para qué preguntás?
-Bueno, después no te sorprendas.
-¡Ay! Hacé lo que quieras Paula, pero no me jodas más.
-Bueno.

Los aspiré. Aspiré todo, menos las naves, las mesas, las sillas y esas cosas grandes que eran parte de las escenas. Cosas que por las aspiradora no pasan, pero que si entraron cómodamente en una bolsa. 

Después, todo fue a parar a la Iglesia donde esta el Padre Pablo, nunca me acuerdo el nombre de esa Iglesia pero sé que es sede de Cáritas, asique, seguramente, hoy esté jugando con esos playmobils algún nene que no los considera un caprichito, sino un simple juego.

Todavía me los reclama, ¡paaaaaaabre!

Se dice de mí.

Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.

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Muy buenos blogs, haceme caso y leelos. No te hagas el malaprendido conmigo

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