No sé para qué es esto pero postié lo mas me gusta

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lunes, 18 de octubre de 2010

Todo un muerto.



-          ¿Y, Jime? ¿No escribiste todavía en el blog la historia de ese pibe al que siempre se le morían los amigos? ¿No la escribiste? ¡Ah! ¡La tenés que escribir!
-          ¡Ay, Marga! No seas así, ¡que perra! No se le morían los amigos siempre al pibe.
-          ¡No, claro! Siempre no se le morían, solo se le morían cada vez que tenía que salir con vos. Un PE-LO-TU-DO, Jimena, me acuerdo todo.
-          A veces sos rencorosa, ¡Eh! cuando se te mete algo en la cabeza y sos terrible. Ya pasó, esa historia no da, no da contarla.
-          Decime, Jime, ¿para qué te invitaba tanto a salir si después siempre tenía algún problema y cancelaba la cita a último momento? ¿Alguien puede entender eso?
-          Si yo supiera lo que pasa en la mente humana no estaría acá tomando la leche la vos, nena.
-          Bueno, tenés que poner esa historia. ¡Haceme caso publicala en el blog!

Entonces, a pedido de mi amiga, acá va la histeria, eh, no, no, ¡perdón, perdón! Historia, quise decir, acá va la historia sobre este enigmático sujeto al que llamaremos CC.
Un día como cualquier otro día común llego a la agencia y uno de mis compañeros, Mati, me dice:
-          ¡Buen día Paulita!, a partir de esta semana tu vida va a dar un giro de ciento ochenta grados. Te encontré el hombre de tu vida, el hombre ideal para vos, ¡te va a encantar! Vas a ver…
-          ¡Ay, no! Terminemos con la pavadita de las presentaciones, dejen de querer cagarme la vida poniéndome de novia, por favor, basta. ¡Esas cosas forzadas tipo, “vení que te presento” no sirven, Mati, no sirven, o al menos a mi no me sirven, me salen como el orto! ¡Creemeló! ¡Es así!
-          Pará, pará, pará chiquita, por qué no miras primero las fotos de mi amigo en facebook y después me decís si sirven o no esas presentaciones forzadas como vos decís.
-          ¡Ay, no! ¡Facebook no! ¡Basta con eso del amigo, del amigo que quizás conozcas, basta!
-          Mirá las fotos, nena, haceme caso, él te vió en facebook y le encantaste, ¡en serio te digo! No te estoy jodiendo.
-          ¡Pero la puta! Dele que te dele con el facebook, ¡mamá! ¡¿Cómo estamos con facebook?! Yo me voy a enfermar porque culpa de esa red social de mierda, te lo digo así. Mirá Mati, la verdad es que no es ninguna novedad lo que me decís, siempre hay un boludo dando vueltas por ahí, no sabe qué hacer y mira fotos en facebook, después si queda “encantado” es porque cualquier cosa le viene bien. Pero a eso que vos le decís “encantamiento” en mi barrio le dicen “calentura”, nene.
-          ¡Bajá un cambio chiquita que es mi amigo! Ojito porque no es ningún caído del catre, es periodista, vive solo, vivió con una novia un tiempo pero esta solo hace como 3 años. Estuvo de joda todo este tiempo pero ahora quiere sentar cabeza porque quiere estar bien con alguien, ¿entendés?
-          ¡Ah, bue! ¿Quién da más?, ¿quién da más? Que hoy estamos de remate de soltero no caído del catre. Pará de venderme a tu amigo, ¿querés? Además te cuento que la originalidad de este chico CC es menos veinte, ¡que creativo del orto es! Sabías que nunca antes me habían dicho eso de que querían sentar cabeza.
-          Cuando te pones irónica sos insoportable, Paula. Mira las fotos, no seas boluda, mirá las fotos y me decís que onda. ¡Dale, Pau! date vuelta y mirá, no seas perra, ¡dale! - Tanto insistió, tanto insistió que me di vuelta a ver la cara de “sentar cabeza” que tenía su amigo. Me di vuelta y miré la pantalla de Mati - 
-          Bue, a ver… - Miro y no digo nada mientras las fotos pasan y pasan - 
-          ¡Ahahaha! Te gusta, ¡que boluda sos! ahora no lo vas a reconocer.
-          ¿Por qué no lo reconocería? Si me gusta, me gusta, después de todo es una foto, nada más y, como ya sabemos, los pingos se ven en la cancha. ¡Uy! A ver, ¡pará! ¡pará Mati! ¿éste es?, ¿ese es CC? ¡Ah! es muy lindo tipo, tenias razón. Lo admito. Muy buen mozo.
-          ¡Siiiiii!, ¡yo sabía que te iba a gustar!, ¿viste? Acá esta el futuro padre de tus hijos, mi amigo CC.
-          ¡Che, me gusta! parece que tiene onda, ¿no?
-          Si, nena, alta facha tiene, ¿viste? Aceptalo ahora en facebook, no seas perra.
-          Bueno, bueno, lo voy a aceptar. - La realidad es que no me daba la velocidad de los deditos para aceptarlo, ¡estaba bárbaro! ¡El tipo era hermoso! -

Esa es la verdad, el tipo era un bombón, súper buen mozo y, desde lo visual, no le encontré ni un defecto en más de mil fotos. Al toque que termino de aceptarlo como amigo en facebook me manda un correo con su MSN y me dice que lo agregue al mío así podíamos charlar mejor. Me pareció lógico y como me gustó, lo acepté inmediatamente en el Messenger dando comienzo a la etapa “chat” de la relación.
El tipo: simpatiquísimo pero además era esa clase de hombre que dicen todo lo que una quiere escuchar. Piropeador bien, ni grasa ni grosero, el punto justo y lo mejor: aparentaba ser un dulce total, un tipo sensible de esos que saben tratar a una mujer, bueno todo esto fue así al menos por MSN.

CC arrancó por donde arrancan todos, eso sí, originalidad cero, sobre lo primero que habló fue: “ya estoy cansado de ir a boliches, busco otra cosa, otro tipo de salidas, busco una relación”, “todos mis amigos están muy de novios, o están casados y algunos ya tienen hijos…”.
Ante este tipo de declaraciones soy muy poco crédula pero, a pesar de eso, seguimos chateando varias semanas y cada vez con más frecuencia. A los chateos le siguieron los llamados y los mensajitos de textos.
Un sábado a la tarde, tipo 7 por MSN me dice:

-          ¿Cómo está la hermosa?
-          ¿A mi me decís?
-          Más vale, ¡sos hermosa! ¿Qué andas haciendo?
-          Estoy tratando de terminar lo de peronismo, ¿te acordás que te conté la investigación que estaba haciendo?
-          Ay, que lindo que te guste la historia, yo mucho no sé pero me encantaría saber, son temas que me parecen tan interesantes, la cagada es que mucho no me gusta leer.
-          Pero si sos periodista no debería gustarte leer, bueno, digo, me parece.
-          Pero soy periodista deportivo, no es lo mismo.
-          ¡Ah! No sabía.
-          ¡Che! Quiero conocerte, ¿nos vamos a conocer? Quiero creer que si.
-          Si, seguro, un día arreglamos y podemos tomar algo cuando salgo de la agencia, a la tarde.
-          ¿Hasta que hora trabajas?  
-          Hasta las 18hs más o menos, estoy por Belgrano que es un lugar bastante accesible como para tomar algo por ahí.
-          ¡Uy! Pero no conozco nada yo, soy de Zárate.
-          Pero me dijiste que hacía como 5 años que vivías en Buenos Aires.
-          Si, si, pero me decís así, Belgrano y siento que es enorme, me pierdo mentalmente.
-          Bueno, pero yo te explico como llegar, es muy fácil, si vivís cerca del Alto Palermo es un toque, desde ahí hay muchos colectivos que te dejan.
-          Podes venirte vos para acá también, digo porque conoces más.
-          Si, ni hablar CC, podemos encontrarnos en el Alto Palermo y tomamos algo ahí que hay un Starbuck. La onda es, “ver qué onda”.
-          Si, también nos podemos encontrar en el Alto Palermo y nos venimos para casa. - Me imaginé que iba a decir eso y fue una patada. Como primer encuentro no me va ir a la casa de “nadie” sin conocerlo mínimamente primero. Me molesta que me tire esa posibilidad de ir a la casa, me cae mal, pienso que se esta burlando diciéndome que no conoce como llegar a Belgrano ¿no sabes llegar a Belgrano o querés que vaya a tu casa? ¿Cómo es la mano? - 
-          Todo bien CC pero mejor primero tomemos algo, charlamos y después vemos que onda. Después de todo no nos conocemos, solo por chat.
-          Si, si, hermosa vemos, obvio, quiero verte eso es lo que importa.

¡Ay! Hacete el nabo cuando quieras, pensé, total todos sabemos que el “vemos” es no definir las cosas. A mí me queda claro que no definís si entendiste o no mi mensaje sobre la cita N°1 y la baja probabilidad de que vaya a tu casa. Bueno, dijiste “vemos, vemos”, elegiste hacerte el boludo, todo bien, lo dejamos ahí, total no voy a ir a ningún lugar que no quiera.

El chateo semanal pasó a ser diario y al siguiente sábado del mes de Julio, creo, a eso de las 23hs CC me cuenta por chat que estaba amasando fideos en su casa. Lógicamente, acto seguido, me invitó a cenar sus fideos amasados. Parece que se negaba a entender que no iba a ir a la casa en la cita Nº 1 y, a esta altura, ya me había encaprichado, ¿le hablo a la pared yo? Ni hablar de los “por menores” nada menores de lo tarde que era, del frío que hacía y de que la que debía moverse hasta la casa era yo. En esas condiciones tan inhóspitas mi respuesta fue un violento no. Me negaba a ceder pero a su vez tampoco me daba cortarlo mandarlo a la mierda porque ésta era una de esas situaciones en las que me gusta aplicar una especie de sociología “conductista” y quiero saber hasta donde es capaz de llegar el comportamiento masculino. Siempre tengo una leve esperanza de poder comprender la intrincada mentalidad del sexo opuesto, cosa que jamás logro.

A todo esto las semanas pasaban, los chateos seguían y parecía que nos conocíamos hacia una banda de años. Marga, insistía en que salga porque realmente CC tenía mucha facha y con el temita de que si no salís no conoces y si no conoces nunca vas a enamorarte me psicopatea siempre.

Por lo tanto, haciéndole caso a Marga, pongo buena actitud y, como seguía insistiendo en que me quería conocer, le digo de encontrarnos en el Solar de la Abadía, lugar al que sabía cómo llegar. Quedamos en vernos un viernes tipo 19hs, para mí después del trabajo era lo mejor, porque el garrón termina siendo un garroncito. No te arruina un sábado y se minimiza el riesgo.

Pero ese viernes a las 18:45hs, más o menos, envía un sms diciendo que un caño del baño de su casa se le había roto, que estaba con el plomero tratando de arreglarlo y que no iba a llegar a tiempo. Al toque un segundo sms decía: “sé que seguro no me crees nada, pero es así, te juro, Pau. Me muero por conocerte, esto del caño me mató, creeme”. “No te creo nada, tenés razón”. Le respondí. Un ultimo sms dice: “Pau, no es que no quiera conocerte, pero no llego al Solar porque esta el plomero en mi casa, podes venir vos y tomamos un café acá”. Ahí levanté temperatura y el piso 11 de la agencia parecía “Infierno en la torre” porque echaba chispas del veneno que me dió. Elegí no responderle nada. Evité mandarlo a cagar pero, más caliente que una pava, llamo a Marga, le cuento todo y después de reírse media hora de mí me dice:

-          Pero este flaco es un pelotudo, si él te quiere conocer, ¿por qué dá tantas vueltas?
-          ¡Ay! si yo supiera Marga, estaría en el casino ganando a la ruleta como loca, nena.
-          Pero, ¿él te agregó a vos al facebook?, ¿vos estás segura, Jime? Porque a veces te mareas, viste que te olvidas de algunas cosas a veces.
-          No Marga, no me mareo y no me olvidé de nada, estoy segura, además es amigo de Mati y él tampoco entiende que onda CC.
-          ¡Qué loco de mierda, boluda!
-          Que sea loco no es nada, la cagada es que los garrones me los como yo.

   El lunes siguiente le pregunto a Mati que onda CC, quería saber si su amigo estaba mentalmente apto como para interactuar con el mundo.

-          Mirá, estoy chateando con él, me dice que por favor le des otra oportunidad.
-          Pero nene, me dejó de garpe, estaba por salir para ir al Solar, ¿es pelotudo?
-          No seas así, a cualquiera se le rompen los caños del baño. Saliste con tantos giles Paula que a éste, mínimo, tenes que conocerlo. No perdes nada - Cuando Mati dijo “no perdes nada” pensé en la plata que gasto todos los meses en el psicólogo - 
-         No sé, siento que me toma por pavota y eso no me va.
-         ¡Dale, nena! No te hagas la canchera que te vas a quedar mas sola que Kung Fu.

Toda esa semana CC insistió incansablemente con el reiterado, “tenemos que conocernos, hermosa”. Tanto insistió que excedí a salir el siguiente sábado. Nos encontrábamos a las 23hs en Alto Palermo. Pero alrededor de las 12 de la noche de ese sábado la llamo a Marga desde mi casa:
-         Hola Mar.  - Mi voz era de: “me quiero matar”, con mezcla de: “lo voy a asesinar por tomarme por boluda” -
-          ¿Qué haces en tu casa boluda? ¿Lo dejaste de garpe vos a CC? ¡Canchera! ¡Grosa!
-          Nada, ni canchera, ni grosa, ¿a vos que te parece?
-          No me digas que te dejó de garpe, ¿te canceló?, por favor, ¡no me lo digas!, ¡no me lo sigas que me muero!
-          Me canceló, Marga. Me quiero matar, no sé qué hacer.
-          ¿Cómo no sabes qué hacer?, yo te lo digo: ¡Matalo!, ¡hay que matarlo! No hay que pensarlo más y eliminarlo del mapa, ese hombre tiene que morir, es un hijo de re mil…
-          Boluda, ¿Quién me lo mandó? ¿JJ?
-          No lo nombres, Jimena, no lo nombres te lo pido por el amor de Dior, si lo nombras sabes que se me cae el pelo. ¡Callate pero contame qué paso, por favor!
-          Es que no entiendo, fui al Alto Palermo, como habíamos quedado y a los 5 minutos me manda un sms.
-          Un cagón, un cagón, ¿ni te llamó? No tiene cara. ¿Ves?, tiene que morir. A ver, ¿qué excusa puso?
-          Esa es la cagada, me dijo que se le murió un amigo. - La carcajada de Marga todavía retumba en mi mente si me concentro la escucho -
-          Boluda, decime que me estas jodiendo.
-          ¡No nena, no! Me dijo así.
-          ¿Y vos que le dijiste? ¡Ay! Me imagino tu casa y me estoy meando de la risa, disculpá Jime, pero esto es increíble.
-          ¿Qué le iba a decir, nena? Llamó llorando prácticamente.
-          ¡Es un cara dura! No le creo nada.
-          Que se yo, no da joder con la muerte de un amigo, no puede mentir con eso. Además en el MSN tiene una frase re larga de despedida del amigo.
-          Es un forro, tomate un té y andá a dormir. Es un pelotudo.
-          No me gusta el te, siempre me mandas a tomar te y sabes que no me gusta. Chau.

Pero como CC era la victima que había perdido su amigo, insistió como si nada. Nada lo detuvo, solo se tomó un tiempo por el penoso acontecimiento de su amigo, pero pasadas unas dos semanas entabló dialogo otra vez. Su postura fue: “estoy superando el duelo”.

Nunca supe si su amigo había muerto o no, pero como ya estaba con mejor ánimo decidió reincidir con el temita de la cita para conocernos.
Perdido por perdido, un viernes después del trabajo quedamos en encontrarnos. Estaba segura que no iba a ir, no sé por qué pero lo suponía con mucha fuerza y así fue. Faltando 15 minutos para encontrarnos manda sms. Esta vez la culpa la tenía el tráfico, estaba estancado en la Panamericana y no podía avanzar. Estaba “varado” así dijo. Ese sms no lo respondí nunca.
Lógicamente Marga preguntó si finalmente había conocido a CC y creo que todavía se esta riendo cuando le conté que esta vez el tráfico lo había atrapado.

A todo esto mi compañero de trabajo terminó admitiendo que desconocía la actitud de CC, parece que a él, CC le decía siempre muy convencido que me quería conocer, pero la realidad decía lo contrario, con lo cual Mati agotado de pedirme disculpas decidió no meterse más.

Sé que este post esta quedando extenso y no tengo idea si les va a gustar pero la intriga y la dudosa situación con CC generaron que me anime a postearlo.
Pero, si el post es largo es porque CC la hizo “larga” y volvió a intentar salir una vez más. Si, ya sé, es de no creer pero fue así. ¡Ojo, eh! esta vez se tomó su tiempo, tardó unos meses en volver a hablarme y cambió un poco su estrategia. Optó por mandarme un extenso mail donde explicaba el porqué de sus vaivenes, adjudicándoselos a sus malas experiencias previas con las mujeres, según decía esas mujeres que lo habían hecho sufrir habían generado en él este auto boicot permanente y completamente inconsciente hacia todo intento de relación. Para mí, todo chamullo, pero a pesar de estar consciente de que él me estaba chamullando en el fondo no podía parar de pensar por qué tanta insistencia en salir para después cancelar. Para histeria era excesivo y no sabía qué pensar.




La cagada fue el detalle que recorría el mail, ese detalle tocó mi fibra más intima y ahí la cague. No tuvo mejor idea de pedirme ayuda y comprensión (la puta madre que lo parió), refiriéndose a su finado amigo. La palabra “ayuda” pudo más y le respondí que podía contar conmigo si necesitaba algo pero le dejé en claro que era solo a nivel de escucha telefónica mi apoyo. CC se la bancó tranqui y laburó fino. Llamaba y hablaba de sus quilombos durante horas, honestamente, no lo escuchaba mucho y si chateaba no lo leía mucho solo respondía lo mínimo para darle la sensación de que lo estaba leyendo. Todo esto pasa por hacerme la guachi antropóloga para entender no sé qué mierda.
Creo que las ratas de laboratorio aprenden mas rápido que CC a reconocer cual es el camino correcto a seguir, pero como él no es rata de laboratorio, volvió a hacer lo mismo y me dijo de conocernos. Apeló a que estaba pasando por un mal momento y que necesitaba que lo ayude a “transitar” este momento. Con la cara de piedra que lo caracterizó me mandó este mail:

“Subject: Hermosa
Date: Thu, 11 Jun 2009 15:49:40 +0000
Hola bonita
Es más fácil que me veas vos si me conecto, que yo a vos. Te hago una oferta, la última, lo juro, lo hago porque me muero por conocerte. Te cuento: el sábado festeja el cumple un amigo mío en Valdes (Guatemala 5905, Palermo), estás más que invitada con las amigas que quieras ir. Quiero que vayas, quiero verte ahí, te lo pido por favor, dame una oportunidad mas, Pau. Tenés mi celular por cualquier cosa.
Cuando llegas me avisás y salgo a buscarte o directamente decís que vienen al cumpleaños de Patricio Fox. Vení con tu amiga, no te cuesta nada, quiero que hablemos me interesas en serio.
¡Muchos Besooooossssss, hermosa!”

Después de este mail le pedí a Marga que me acompañe a este cumpleaños, porque básicamente me mataba la intriga de conocer a este pibe totalmente desequilibrado, histérico, mitómano, no sé, pero a esta altura creo que ya quería conocer su patología. Marga me hizo la segunda para bardearlo, nunca me lo dijo, no lo admitió jamás, pero si aceptó ir tan fácilmente fue porque lo iba a matar bardeándolo toda esa noche.
Ese sábado vino Marga a mi casa, nos juntamos antes de salir hacia el cumpleaños de este tal  Patricio, pero un sms faltando un minuto para salir abortó la cita.
-          ¡No! ¿Es él? Es un hijo de puta, Jimena. Llamalo, llamalo ya y putealo, pero putealo bien puteado porque lo puteo yo, de verdad te digo.
-          ¡Estoy en schock Marga, no lo puedo creer! ¡Nunca me paso esto!
-          ¿Qué no podes creer nena?, que es un hijo de mil puta, ¿eso no podes creer?
-          No, boluda, se le volvió a morir otro amigo, no puede ser, este flaco se escapó de un psiquiátrico y se me pego a mi. ¿Qué tengo?, ¿una cara de idiota muy marcada? ¿tengo rasgos muy severos de minita pelotuda?
-          Si, Jimena, se te pegó este loco, como se te pegó el que salió de la granja de recuperación de adicciones que jamás se recuperó de nada y se sigue drogando. ¡Otro! ¡Otro que hay que matarlo sin pensarlo dos veces!
-          Me quiero morir. Te juro que es así.
-          Jimena, llamalo ya y putealo porque te saco el celular y lo llamo yo.
-          ¿Qué me vas a sacar, nena? ¡Pará! ¡Pará! ¡Dame mi celular, boluda, mira si esta en el velorio! - Con cara de odio, Marga me miró fijo como diciéndome: “si no esta en el velorio del amigo, en breve va a terminar en su propio velorio, porque lo vamos a matar nosotras”. Juro que nunca vi esa cara en mi amiga, estaba completamente fuera de si. Tenía mi celular en la mano y lo llamó, cuando CC vio mi número en su celular atendió, seguramente, con voz de velorio. Creo que el tipo solo debe haber dicho “Hola Pau”, pero Marga, en menos de un segundo, le saltó a la yugular y ella habló -
-          Escuchame pelotudo, ¿Por qué no haces una cosa? Haceme este favor, ¿querés?, matate y doná tus órganos.

Así fue, Marga se deshizo de CC, creo que el tipo cortó sin responder nada y nunca más supimos nada de él. Es mas, ni siquiera hoy encontramos su cuenta en facebook. Solo espero que CC no le haya hecho caso a Marga.



jueves, 9 de septiembre de 2010

Las minas son descartables, sépanlo.


Situaciones como ésta que voy a contar hacen que no me importen absolutamente nada las minas. En casos así me voy de mí, empiezo a pensar en cualquier cosa, en el programa de Tinelli, en las vacaciones que me deben, o lo que es aún peor, en el promedio de River.

¿Quiero minitas fáciles? Cualquiera diría que sí, pero a veces, cuando están tan open, puedo asegurar que querés remarla un poco.

Todo comenzó por Facebook. La mujer de Martín me pasó el contacto de una amiga suya. Arrancamos bien: la minita estaba buena, así que después de revisarle todas las fotos le mandé para agregarla como amiga. Iba a mandarle un mail primero, pero me pareció muy formal, una huevada, no sé. De todas formas me aceptó, así que todo bien. Últimamente por Facebook conocí a bastantes minas, ¡no sé cómo no me hice una cuenta antes!

Cuando le conté a Martín las buenas nuevas casi se pega un síncope. Me pidió prácticamente de rodillas que la haga bien.

– ¡No te zarpes, no me hagas quedar mal!– me suplicó.
– Boludo, ¿alguna vez te hice quedar mal yo?
– Demasiadas veces, pajero.
– Yo también te quiero, forro.

Me parecía sensato hacerle caso; no hacerlo quedar mal con la jermu. Cuestión que la mina me termina aceptando y después de hablar dos huevadas por Facebook le pido el MSN. Era, después de todo, la senda correcta.

Gran error. Por MSN estuvimos como dos meses. Ya después de la primera semana no sabía de qué más hablarle, pero como me saludaba siempre y con buena onda, yo le hacía chistes con lo único que tenía a mano: sus fotos de Facebook. Me sentía un pelotudo, y como ella era buena y me explicaba por qué tenía las fotos que tenía en su perfil, me hacía sentir más pelotudo todavía. La rutina humillante se repitió mucho más de lo que yo hubiera querido.

Cuando llegó marzo, cansado, decidí mandar toda la corrección a la mierda y me tiré el lance de invitarla a salir. Si me aceptaba después de todos los papelones que había hecho por MSN, ya estaba. Aceptó.

Quedamos de salir un sábado en el que justo jugaba River a las siete. Yo ya tenía entradas para ir a la cancha con Willy, así que le propuse dársela a su hermano para que vayan juntos. Me respondió enseguida que no rompa los huevos, que cómo iba a dejar de ver a River por una minita, que me prometía que nos volvíamos –siempre íbamos en su auto, que está más baqueteado– ni bien terminaba el partido. Entré como un nabo, porque después del partido me hizo ir a una pizzería a tomar un porroncito –"dale, si lo tomás como agua", me dijo– que terminó convirtiéndose en tres Quilmes y media muzza con fainá. Patada al hígado mal.

Cuando por fin me tiró en casa me tuve que mandar dos vasos de Hepatalgina, y al toque tres chicles de menta mientras me bañaba a los apurones. Salí rajando. Decí que la mina vivía en Olivos y que yo me conocía la zona como la palma de mi mano por haber vivido toda la vida en San Isidro. Si no, no llegaba nunca. Igual llegué tarde y le mandé cualquier fruta de que me perdí, que hacía mil que no iba por la zona, que bla, bla, bla. Por lo visto me creyó.

Para esta altura tenía un tremendo revuelto gramajo en el estómago, producto de la muzza, y cero ganas de tomar. Le pregunté por cortesía a dónde quería ir y me dijo no se qué de un minicine. Podía llegar a morir si iba a una cosa así en mi estado, así que me hice el sota y le dije de ir al bolichito al que llevo a todas las minitas, que aparte es un golazo porque está cerca de casa, y si pinta onda ya estamos ahí. Casi no me sale, porque cuando íbamos por Panamericana, ya a punto de llegar, me dice de ir a otro que está por el centro, pero cuando le dije que al que íbamos estaba cerca de mi casa se copó y no tuvo drama. ¡Venía bien la cosa!

Obviamente llegamos y yo ni quería ver la carta. Le dije que se pida lo que quisiera que yo me tomaba un agua mineral, que tenía que manejar y que además al día siguiente entrenaba temprano. Corte responsable, para quedar bien. Aquél debe haber sido el primer domingo en que caí sin resaca a una práctica.

Ya sentados, empezamos a hablar. Como no salía charla de ningún tema terminé contándole sobre mi ex, de cómo me dejó, de sus mambos. Se la exageré un poco, pero la mina me escuchaba atenta, así que supongo que le interesaba el tema. A mí no; quería hablar de algo más picantón, ponerle sal al asunto. Después de media hora ya no sabía más qué contarle, y la flaca seguía firme como un poste, escuchándome. Ni que estuviera enamorada. "¡Listo, digo, acá hay que concretar!", así que salté al tema del sexo de una.

– Che Pau, y contame, ¿solés tener sexo en la primera cita?

Se puso roja, je. Después de un rato sin respirar me empezó a contestar despacio, con un tonito ratoneador mal.

– Y, no sé, depende.
– ¿Depende de qué?– retruqué con una sonrisa y acomodándome en la silla.
– ¡Ay, de tantas variables! ¡Tantas variables entran en juego!
– No te hagas la misteriosa, Pau, decime.
– Y, lo primero es que tome cerveza conmigo, por ejemplo.

Me estaba gozando. Me encantan las minas que hacen eso.

– ¿En serio? ¡Qué mala! Si me decías tomaba...
– No, tonto. Te estoy jodiendo. ¿Mira si va a ser en serio? Depende de la onda que se genere, ¿viste? Esas cosas se dan, pasan, se generan solas, no se fuerzan.

Ya no daba para más, estaba todo dicho y yo ya me estaba aburriendo no pudiendo tomar. Era el momento de hacer el avance, pero no era el lugar.

– Claro, obvio, tenés razón. ¿Qué te parece? ¿Vamos ya, Pau, o querés tomar algo más?
– No, dale, vamos– Se venía el gol.

Cuando íbamos caminando hacia el auto, me pareció notar que estaba nerviosísima. Es algo que siempre me da risa, porque nadie sabe bien qué decir en circunstancias así. Preferí hacerla corta y sin cursilerías –tipo miraditas, caricias y esas boludeces– porque la mina obviamente no daba más de la vergüenza. Ni bien nos metimos en el auto le chanté un beso.

Lo que viene ahora es lo inexplicable: estábamos dándonos unos besos riquísimos y de repente la mina me corta en seco y me dice de ir yendo. "¡Fa, la tenés loca, taitan!", me felicité. Como quien ya sabe de la cosa, le digo que está bien, que nos vamos para casa, a lo que me responde que no, que quiere ir... ¡al río! ¿Qué quería ir a hacer al río, digo yo, con la cantidad de mosquitos que había? Sin entender mucho, acepto y agarro Libertador de vuelta.

El silencio en el auto era sepulcral y me hizo volver a acordar de la práctica del día siguiente, de la muzza con fainá que tenía atorada en el estómago, y de la cantidad de mosquitos que me estaban esperando en el río. Estaba maquinando a full.

Como estaba francamente en cualquiera, le mandé de vuelta el verso de que estaba perdido en esa zona de la ciudad, etcétera, y le pedí que me guíe. Por un buen rato no le presté demasiada atención, pero de alguna logré ir haciéndole caso. Hasta que en un instante –no sé cómo hice para escucharla– me dijo que tome Corrientes así de paso me mostraba dónde estaba su casa. Y se me salió la cadena. ¿Su casa? ¿Quería ir al río pero me estaba mostrando dónde estaba su casa? ¿En qué quedamos? ¿Quién las entiende a estas mujeres? Oficialmente me chupaba un huevo todo.

La verdad, a esa altura de la noche no sabía si tenía chances o no con la minita. Sabía, solamente, que ya no me importaba otra cosa que dormir, despertarme bien al día siguiente con la cabeza despejada, y disfrutar sobrio de una práctica. Se lo planteé.

– ¿Sabes que, Pau?
– Decime.
– ¿No te enojas si te dejo en tu casa ahora?
– No, está todo bien, pero contame, decime la verdad, total es la primer vez que nos vemos. ¿Qué te paso tan de repente?

Se quedó mirándome como suplicándome una explicación. Pero me estaba preguntando algo en NTSC y yo ya estaba en PAL-N. Le respondí sin filtros.

– Es que me acordé que mañana entreno más temprano que de costumbre y no quiero ir arruinado. Podemos salir otro día si te parece. Ir a cenar, si querés...
– Sí, sí. No hay drama, dale. Me decís y salimos. Mirá, es acá, doblá acá que justo está mi casa.
– Bueno, te llamo entonces.
– Dale, chau, chau, ¡suerte mañana con tu entrenamiento! Y llamame, ¡dale!

Bip-bip, la saludé con la bocina mientras entraba a su casa. Quizá, en una de ésas, algún día, ordenando, encuentre el papelito donde anoté su teléfono.


Autor: Matías elpavimento.blogspot.com o seguilo en Twitter @mgurmen 

lunes, 6 de septiembre de 2010

Soy retornable, pero no lo sabía.


Situaciones como esta que te voy a contar ahora generan que no entienda absolutamente nada de lo que ocurre a mi alrededor. Éste es uno de esos casos en los que, me pierdo, no sé quien se equivoca, no sé si hago bien o mal las cosas y, lo que es aún peor, comienzo a pensar que ni siquiera sé qué es lo que espero o quiero de un hombre. ¿Quiero honestidad completa? Cualquiera diría que si, pero cuando todo es tan evidente te puedo asegurar que deseas que te mienta un poco.
Todo comienza con el maldito facebook, red social que impulsa las ganas de mi amiga Sofi de presentarme un amigo de su novio.

Cuando empezamos por facebook, empezamos mal, por lo menos así me pasa a mí. Sofi no tiene mejor idea que contarme que le mostró fotos mías de facebook al tipo este y que él me agregó “como amiga”.

Cuando Sofi terminó de decirme esto, mi cara era la de un asesino serial y primero antes de hablar, pensé: ¡que pelotudo debe ser el flaco! Con 36 años, (Sofi así me había dicho),  le da click a un botón que dice: “¿desea agregarla como amiga?”, si solo había visto 10 fotos mías, más o menos. Todos agregamos en facebook gente que no conocemos y me incluyo, pero si la onda viene de “presentación”, habiendo una amiga en común ya con nuestra edad no me pareció la mejor forma de arrancar. Mirá, para mi, rankea mucho mejor si me manda un mail, contándome que habló con Sofi, por ejemplo, y en solo dos renglones me dice que le parece buena onda conocernos, salir un día, que sé yo, después si, me agrega como “amiga” o espera a que lo agregue yo. En fin, son huevadas mías.

Igual le cuento a Sofi que últimamente, los flacos que se me arriman vía facebook porque ven alguna foto mía no me copaban mucho, no llegamos a buen puerto. Le dije que hasta pensaba eliminar mi cuenta de facebook. Siento que ahí tengo muy mala imagen, me etiquetaron en un montón de fotos y en el 99% estoy en fiestas, tomando cerveza, bailando… ¡Es un papelón! Los tipos deben eso y creen que vivo de fiesta en fiesta, no me dá que esa sea la primer imagen que tiene un flaco de mí. El tipo mira las fotos y piensa: “¡Uy! esta mina vive joda, vive de noche, es flor de fiestera”, piensa así. Pero Sofi parece sorda e insiste en que lo “acepte” como amigo. Lo que pasa es que de amigo virtual va a querer pasar a ser amigo real, ¡esa es la cagada!

Después no se me ocurre nada mejor que llamar a Marga, le cuento esto del tipo amigo de Sofi y 
en tonito superado como cagándome a pedos me dice: 

-          ¿Podés salir? ¿podés hacerme el favor de salir si te dice?, ¿qué perdés?
-          El tiempo, Marga, ¿te parece poco?
-          No te banco, Jime, no te soporto más. Haceme caso, agregalo a facebook y si te dice de salir salís, ¿puede ser que al menos una vez en la vida hagas lo que yo te digo?
-          Si, si. Yo tampoco te banco, Marga. ¡Chau!
Termino agregando a facebook, a mi nuevo “pretendiente”, DD, después de varios mensajes vía facebook, me pareció buena onda y pasó a la etapa Nº2: MSN.
Por msn conversamos bastante, casi un mes y medio. El tipo macanudo, nada más, pero hacía, a modo de gracia, muchos comentarios alusivos a mi perfil de facebook y la verdad, es que eso no me gustaba nada. Cada tanto recalcaba esto, por ejemplo:

-          Pau vi que te etiquetaron en unas fotos recién, decime, ¿de día, no salís nunca vos?
-          ¿Sabes lo que pasa, DD? Generalmente, uno saca mas fotos cuando esta en una fiesta, estas celebrando, brindás, te sacas una foto con una amiga, con otra y así muchas fotos, es parte del festejo. Por ejemplo, cuando salgo al balcón no llevo la cámara de fotos, ¿vos la llevás?
-          Jaja! Me haces reír.
Un día, después de tanto chat, me dijo de vernos y acepté salir. En un punto si no salís no conoces a nadie y si no conoces, te compraste el pasaje hacia la soltería eterna. Hay que generar situaciones, pero puede que sean un garrón. Salimos un sábado a la noche, era marzo. Pasa a buscarme por mi casa, en auto. Yo quería conocerlo, pero sabia que iba a estar atenta a sus comentarios, “graciosos” que te los rematan con: “¡Eh! ¡No te enojes, che! Es una joda, Pau”. Me refiero a sus comentarios sobre las fiestas, la noche, facebook, las fotos y “rompete un huevo cuando quieras con el facebook, mierda”.

Cuando llega a mi casa bajo, estaba un poco nerviosa porque era una cita a ciegas, ¿o no?, solo vi fotos de él y hablé por msn, para mi sería mas bien, una cita “semi a ciegas”. Pero bueno, no importa que clase de cita era. Lo veo y con buena onda lo saludo: 

-          Hola, al final nos conocimos, ¿cómo estas, DD? (te hago un comentario que seguro esperas que haga: feo, no era, tampoco hermoso, me podía gustar mucho pero eso dependía bastante de su forma de ser)
-          Bien, muy bien. Bah, solo que me costó un poco encontrar tu casa, nada más.
-          Ah, si puede ser, hay muchas vías y calles cortadas por acá. Pero como me dijiste que eras de San Isidro creí que Olivos, mas o menos, lo manejabas.
-          No vivo mas en San Isidro, vivía con mis padres ahí pero a Olivos no vengo casi nunca, ni cuando vivía en San Isidro. Ahora vivo en Belgrano R, cerca de la estación,  ¿conoces?
-          Ah, si, conozco Belgrano R, mas o menos. Mucho no.
-          Ahí esta el auto, ¿A dónde querés ir? (siempre tengo un lugar en mente para ir porque nunca faltan esos que saben donde ir y a mi en ese momento se me hace una laguna mental y no me sale un puto lugar ni a garrotazos)
-          Y, podemos ir a un bar por acá que tiene mucha onda. Tiene un mini cine, ¡esta buenísimo ese lugar! Es un lugar diferente.
-          Y, Down Town Matias, ¿te gusta?
-          Si, si. Me gusta.
-          Bueno, vamos ahí entonces
-          Dale, dale (digo, ¿para qué mierda me preguntó? Si él sabía a dónde quería ir, ¿me habrá tomado examen?, tipo, ¿una especie de ping-pong de preguntas y respuestas? Bue, en ese momento no me importó, lo pasé por alto sino, le doy la razón a Marga cuando me dice, “si seguís haciéndote la canchera con los hombres te vas a quedar soltera, Jimena”).
Al toque me doy cuenta que toma por un camino raro, iba hacia la Panamericana y me extrañó. Entonces, haciéndome la gila, pero con vocecita de buena chica y de “esta todo bien”, le pregunto:
-          ¿Por dónde vas no me ubico? Creí que ibas a agarrar Av. del Libertador.
-          Vamos para Belgrano R, es más cerca.
-          ¿Hay un Down Town Matías en Belgrano R? ¡No sabía! (todo lo que dije lo acompañé con una hermosa sonrisa)
-          Si, hay uno. Esta a una cuadra y me media de mi casa.
Nota mental personal: ¡que casualidad! pero que cerca que está de tu casa, flaco, ¡mirá vos! ¡qué loco! Pienso, ¿te creés que yo soy tan lenta? Justo vamos a un bar a pasitos nomás de tu casa.
Bueno, llegamos a Down Town Matías, nos sentamos y se acerca el mozo:

-          ¿Qué van a pedir? ¿les traigo la carta?
-          No, no, la carta no, gracias. Yo tomo un agua mineral sin gas, por favor. Ah, disculpe, no sé vos Pau, ¿querés la carta para elegirte algo? (¡gracias DD!, creí que era una pintura de Picasso, ¿te acordaste que no estas solo?, yupi)
-          No, no. Esta bien. Con una cerveza para mí esta perfecto, gracias. Decime, ¿por qué te pediste agua, DD?
-          Porque mañana entreno temprano, además manejo. Pero vos, free style, tomá lo que quieras, Pau, en serio.
-          Esta bien, con una cervecita estoy bien, de verdad. (¡verdad una mierda! fue una patada que pida agua mineral, eso no me gustó mucho. Tomá una cervecita sola mínimo, flaco. Sentí que no me acompañaba, que no iba por el mismo camino)
En eso vuelve el mozo, con cara de “tenemos muchos clientes, voy 36 horas seguidas laburando y me esta saliendo todo mal”:
-          Perdón, me olvidé de decirte, la cerveza ¿la querés de un cuatro, querés una pinta, un chop, un porrón?
-          Un porrón, por favor.
-          ¿Qué preferís? Stella, Quilmes, Heineken, Brama.
-          Stella, una Stellita esta bien, gracias.
-          Stella, en porrón no tenemos, ¿cuál te traigo?
-          ¡Uy! ¡que pena! Traé alguna, cualquiera, me da lo mismo (ya comenzaba a estar “torcida”  así me dice mi papá cuando estoy del orto)
La charla con DD fue un resumen de su vida, pero con mucho foco en su separación. Hacía unos pocos meses que se separó de su chica con la que convivía y la dejó a solo unos meses de la boda. Parece que la chica tenía cierta tendencia hacia las adicciones y que era un tanto suicida, por eso a él le contó muchísimo dejarla. No sé cómo decirlo con cierta educación, pero me importaba un huevo tanto detalle. Cuando de repente, se interesó en conocerme mas, me preguntó por mi perra (él ya sabía de Luna por las charlas previas que tuvimos por msn). Alcanzó con que le dijera la raza, nada mas, para que su respuesta sea: “¡Son hermosos esos perritos! ¡Mi ex tenía dos! y a uno todavía lo extraño un montón”.

Mis gestos y respuestas la remaron bastante bien, pero por dentro la sangre ya estaba tomando temperatura y la yugular me latía levemente, por ahora, para el estallido final faltaba aún. Convengamos que venía algo heavy la cita, el pibe hablaba de él nada más, toma agua y tenía un tono de voz uniforme que para un “arrorró” era hermoso. Pero la verdadera decadencia del encuentro fue cuando me dijo: 

-          ¡Che Pau! Y contame, ¿soles tener sexo en tu primera cita? (¡desubicado del orto!, pensé. Eso se percibe o no, cómo me vas a preguntar tan directamente, ¡sos un hijo de puta! ¿te queres asegurar algo para esta noche o me parece a mí? Ahí mi mundo se dió vuelta y pensé: “mentime, flaco, por favor, mentime. Disimulá un poco, no me arrojes así las cosas, tan crudamente, un poco violenta esa pregunta en este momento”)
Ya con una insipiente cara de orto, respondo, ahora con un tonito de voz de minita conchudita, le digo:
-          Y, no sé, depende.
-          ¿Depende de qué?
-          ¡Ay! De tantas variables, DD, tantas variables entran en juego.
-          No te hagas la misteriosa, Pau, decime.
-          Y, lo primero es que tome cerveza conmigo, por ejemplo.
-          ¿En serio? ¡Que mala! Si me decías tomaba.
-          No, tonto. Te estoy jodiendo. ¿Mira si va a ser en serio? Depende de la onda que se genere, ¿viste? esas cosas se dan, pasan, se generan solas, no se fuerzan.
-          Claro, obvio, tenés razón. ¿Qué te parece?, ¿vamos ya, Pau o querés tomar algo mas?
-          No. Dale, vamos.
Era obvio lo que se venía ahora, se venía el típico: ¿a dónde vamos? Me sentía Blanca Curi, sabía lo que iba a pasar. Con la casa de él a una cuadra y media del bar, ¿a dónde iba a querer ir? Pero no, no fue así, DD me demostró que no veo el futuro un carajo y que los hombres me pueden sorprender mucho todavía. Si él supiera cuánto me sorprendió no lo podría creer. Pero aunque no lo creas el final de la cita no es para nada predecible.

Caminamos hacia el auto, subimos y sin miradita previa, sin una tocadita de pelo, sin caricia alguna ni nada, muy primitivamente me chanta un beso. Si, me lo chanta, no me lo dá. En el auto no me sentía muy cómoda y los besos no me gustaban una mierda. Corto mambo y le digo:

-          ¿Vamos mejor? No me gusta estar en el auto, pasa la gente, me siento incómoda, mejor vayamos a otro lado, (le dije de ir a otro lado sabiendo la propuesta que se me venía encima)
-          ¡Vamos a mi casa que esta cerca!
-          No, mirá DD, no creo que este bueno. No nos conocemos nada, ¿por qué no vamos para el río? No se, mas o menos por mi casa, está relindo el río.
-          Bueno, como quieras Pau. Vamos, eso si, decime vos cómo ir porque me costó llegar y nos vamos a perder.
-          Dale, yo te voy guiando.
No tuve mariposas en el estómago cuando DD tocó el timbre de mi casa, pero te aseguro que si me hubiese divertido o si pasábamos un momento copado, todavía estoy en su departamento, no soy ninguna Carmelita descalza. Pero ésta fue una cita “seria”, en donde no se estableció ningún vínculo y en la que no surgieron puntos o temas en común, no nos reímos ni una vez y para mi eso es muy grave, sobre todo si es la primera vez que salimos. Si la primer cita no hay ni una risa a los seis meses me quedo dormida.

Lejos de imaginarlo, DD resultó ser todo un valiente, porque siendo una cita la fría y seria, arrojó la frase matadora de: “¿vamos a mi departamento?”. Me pregunta eso y pienso: ¿no se dió cuenta que toda la noche hablo de él y de sus cosas?, ¿no percibió que no hablé nada?, ¿no tuvo en cuenta que no nos reímos en ningún momento?, ¿qué significará para él una cita copada?. ¿Sabes qué? DD no quería una cita copada, evidentemente, porque cuando salimos y toma por Av. Libertador, le digo:

-          Podes agarrar Corrientes y salimos a una palyita. Ah, te digo ahora cuando pasamos donde esta mi casa así ya te ubicas (pretendía conocerlo mas, para no darle la baja automática)
-          Esta es Corrientes, ¿no?, ¿y tu casa?, ¿para dónde estaba? Estoy tan perdido, Pau.
-          Es para allá, ¿ves?
-          ¡Ah! Ahora me ubiqué.
-          Buenísimo ya sabes como llegar.
-          ¿Sabes que, Pau?
-          Decime.
-          ¿No te enojas si te dejo en tu casa ahora? (realmente me asombré y mucho)
-          No, esta todo bien, pero contame, decime la verdad total es la primer vez que nos vemos, ¿qué te paso tan de repente? (por dentro pensaba otra vez: “mentime por favor, no me digas una bestialidad”, ahora no quería un tipo honesto, quería un mentiroso, un simulador. Paula Jimena, ¿qué mierda querés entonces?, no me entiendo, ¡buuuuuuaaaaa!  ¡que frustrante!)
-          Es que me acordé que mañana entreno mas temprano que de costumbre y no quiero ir arruinado. Podemos salir otro día si te parece, ir a cenar, ¿si querés? (respiré profundo y pensé, ¡gracias por mentir! Aunque fuiste bastante obvio)
-          Si, si. No hay drama, dale. Me decís y salimos. Mira, es acá, dobla acá que justo esta mi casa.
-          Bueno, te llamo entonces.
-          Dale, chau, chau, ¡suerte mañana con tu entrenamiento! Y llamáme, ¡dale! (quizás, en una de esas, te atiendo, vos llamà) 

Se dice de mí.

Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.

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Muy buenos blogs, haceme caso y leelos. No te hagas el malaprendido conmigo

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