Si hay algo que me encanta es
ir al cine y, estando de novia, ir al cine puede ser algo mas lindo para
disfrutar, como que tiene otro sabor. Eso si, siempre que “estar de novia” no
implique un novio como JJ.
Con mi prima, Lucía, se nos
ocurrió salir de a cuatro, si, queríamos salir con nuestras respectivas
parejas. Algo con lo que siempre fantaseábamos desde
chicas. Pero la verdad es que
fue un sábado digno de ser olvidado.
-Gordo, no te cuelgues con las
compras como siempre, ¿si?, hagamos rápido hoy que a las ocho tendríamos que
salir de casa, así no andamos a las corridas. *mientras le hablaba a JJ probaba
enérgicamente el cuarto carrito del supermercado Coto, tratando de encontrar un
carro que las rueditas no se traben, que no se desvíen y que se deje conducir*
-¡Uhhh! No, me apures, Paula.
¿Qué hay hoy?, ¿te acordás?
-Quedamos en que íbamos al cine
con mi prima y José.
-Nena, eso ya sé, me lo dijiste
veinte veces. Rompiste tanto las pelotas con lo mismo, toda la semana, que ya
sé lo de esta noche, Paula. Sos pesada cuando queres.
-¡Ay! Me haces enervar de una
manera inexplicable, JJ. Mirá yo repito y repito veinte veces, veinte
cosas distintas y vos no retenés ni una. *ya me dolía la cabeza, sentía
que una procesión me caminaba adentro de la cabeza, porque siempre
intentar dialogar con JJ era un quilombo*
-¡Pero, pero, pero! ¿tan nerviosita
te pongo?, ¿tengo ese poder?, ah, no, ¡perdón! todo te pone nerviosa a vos.
-A ver, escuchame JJ, me
preguntaste, ¿hoy que hay? y te respondo lo que arreglamos para hacer hoy
a la noche, ¿me estas jodiendo?
-Me refería a la promoción de
hoy. Además el “arreglamos”. Bue, arreglamos. Ahora resulta que
“a-rre-gla-mos”. *mordiéndose el labio de abajo, haciendo todo el acting
de estar hinchado las pelotas y hacían sólo dos minutos que habíamos
llegado al Coto*
-Ay, bueno, arreglé yo, ¡pero
te avisé! ¡no jodas!
-¿Se puede saber qué haces
Paula?
-¡¿Eh?! ¿De qué me hablás JJ?
-Con los carritos, Paula, hace
quince minutos que estamos acá parados, ¿qué haces?, ¿control de calidad,
nena?
-Mmmmm, si sabés que después,
cuando llenamos el carrito, parece que cobra vida, empieza a andar solo, se
desbalancea a la mierda y terminamos luchando con el carro de mierda que
vos no lo querés llevar. Por eso, como lo termino llevando yo, trato de encontrar
el menos torcido, ¿te jode?
-¡Que insoportable, nena! dame
ese, ese esta bien, ¡dale! Si lo llevo yo, ¿qué decís?
-Vos lo llevas hasta que te
colgás mirando pelotudeces, te tildas con televisores de tres mil pesos,
computadoras de un millón de dólares y todo tipo de cosas que no vamos a comprar
jamás, y como no me gusta estar mil años acá adentro encerrada, agarro el carro
y termino comprando sola.
-Te molesta todo, ¡eh! Ya ni te
calentás en disimular.
-¿Cómo?, ¿tengo que disimular?,
¿con vos?, sos mi novio, ¿cómo voy a disimular con vos?, te tengo que poder
decir todo a vos, JJ.
-Y, un mínimo deberías
disimular, como para poder convivir, ¿viste?, no sé, digo. Si no te jode.
-Pará, pará, un minuto JJ. Vos
estas usando mal una palabra y no estas diciendo lo que queres decir, ¿no?
-A ver, a ver, ella, que leyó
treinta y tres mil libros, que tanto sabe de todo. A ver, decime vos, qué
es lo que yo quiero decir.
-Para que podamos convivir no
tengo que “disimular”, JJ. Tengo que tolerar, aceptar, no sé, muchas cosas
más. Pero “disimular” es ocultar, JJ.
-Ah, será por eso que nuestra
convivencia es un golazo, ¿no?, ¡flor de pegada la nuestra!
Directamente hago como que no
escuché nada y sigo el recorrido en el Coto.
-¿Qué agarrás, JJ?
-Paté, ¿qué tiene?
-¿Qué tiene?, un precio de puta
madre, eso tiene.
-Uh, gorda, sacate la gorra dos
minutos.
-Hablame bien, JJ, no me hables
como le hablas a tus amigos porque no soy “el Mono” ni soy “el Pampa”.
¿Podrás hablarme como lo que soy?, ¡hola! soy tu novia. Tu-no-via.
-Cuando te depilas, ¡jaja!
-Ah, metiste un chiste, ¿qué
hago ahora?, ¿me tengo que reir?, ¿qué?, ¿qué cuando me depilo?
-Y, no, dejá, dejá, si para
amarga no te gana nadie. ¿No sabés que si te explico el chiste pierde la
gracia?
-Primero, para que un chiste
tenga gracia el que lo cuenta debe tener gracia, cosa que vos no tenés.
Segundo, vos sos el que me pone amarga, JJ y tercero, ese chiste, ese “supuesto”
chiste no es que yo no lo entiendo, ¡no lo entiende nadie, Landriscina! *JJ respira
hondo y bufa antes de responderme*
-Me empezas a enumerar y me
sacás Paula Jimena, me sacás. Sos como dice tu viejo, te pones torcida y
no se te puede decir nada, te cerras y no agarras ningún chiste.
-Bue…exagerá cuando quieras,
JJ. No entendí tu chiste, che, nada más. ¿Me decís?, ¿me decís, qué
“cuando me depilo”?
-¡Puff! Vos decís, no me hables
como le hablas a tus amigos, porque no soy “el Mono”, por eso dije:
“cuando te depilas”. Cuando te depilas no sos “el Mono”.
-¡Ah! Estas inspirado en
piropos, pelotudo.
-Bueno nena, dije que era un
chiste y no un piropo, y que si te lo explicaba perdía la gracia.
-Si, igual no perdió la gracia
porque nunca la tuvo.
-¡Que tarada que sos nena!
-No nos entendemos nosotros
dos, evidentemente, JJ.
-¡Qué novedá! ¿Por qué no me
decís algo que no sepa?
-A ver, decime, ¿vivís en
Disney World vos?, ¿con cuánta guita te crees que disponemos?
-Sacá ese paté de, ¡¿de
ciervo?, sos un hijo de puta, ¡no podés comer ciervo! ¡que impresión,
nene! ¡sacá eso! ¿desde cuándo?, ¿qué te haces? Desde ya te lo digo, eso no se compra.
¡Sacalo del carro! *como veo que no lo saca, amago a sacarlo yo, pero
cuando voy a sacar la lata de paté de ciervo, JJ se me adelanta y me la
arrebata de las manos*
-¡Bruto! Dame la lata.
-La pago yo, se compra y punto.
*me dice con ojos endemoniados*
-No importa quién la paga, no
dá comprar eso, ¡damelá! ¡dame esa lata, JJ!
-¡No te la pienso dar! ¡olvidate,
nena! Además, no entiendo por qué no querés que la compre.
-Basta, basta, te dije que
teníamos que hacer rápido y mirá…estamos perdiendo más tiempo que nunca.
¡Nunca tardamos tanto en este encierro! Parece que me lo haces a propósito.
¡No, no me parece! ¡me lo haces a propósito!
-Bueno, vos podrías dejarte de
joder un poco y no ponerte como loca Greenpeace porque compro un paté, ¿cuál es
el problema?, ¿me podés decir?
-Es queeee, es de ciervo, JJ,
no dá. *vuelve a mirarme pero esta vez con cara de loco, larga una carcajada en
mi cara y casi gritando me dice*
-¡Jajaja! ¿Y resulta que el que
se cree que esta en Disney World soy yo, Paula? ¡No puedo creer! ¿te da “cosa”
que sea un ciervo? ¡Es eso! ¡Jaja! ¡Andá! vas a cumplir treinta años, Paula.
-Yo no dije que me daba pena
que sea de ciervo.
-¡Tu cara, Paula, tu cara! Tu
cara habla sola, “es Bambi” pensaste, no podemos comernos a Bambi, ¡si! ¡es
eso! ¡Jaja!
-¿Por qué no te vas a cagar,
JJ? Mirá la hora que es, ya no llegamos al cine, ¡que forro sos!
-Ay, hagamos de cuenta que este
ciervo murió de viejito, que se murió de muerte natural, ¡jaja! Así lo
comemos sin remordimientos.
-Boludo dale, apurate. Igual no
llegamos, no llegamos.
-Bueno, no llegamos, ¡que
drama! llamá a tu prima y decile que no vamos, o que lo dejamos para el próximo
sábado, dramática.
-¿Yo la tengo que llamar?,
¿yo?, cuando sos vos al que le encanta perder el tiempo en este Coto de mierda
mirando huevadas. No te soporto, JJ, no te soporto más.
-Anda vos al cine, que yo bien
tranqui en casa con una cervecita me como a Bambi, a Mickey, a Minnie y a los
tres chanchitos ¡Jajaja!
Llegamos a la caja y la cajera
pregunta:
-¿Cómo van a pagar? ¿Efectivo o
tarjeta? *mientras los productos empezaban a pasar*
-Con débito Galicia
*respondemos a dúo, porque teníamos el descuento de ese banco*
-Son setecientos treinta y tres
pesos con noventa centavos. *dice la cajera*
Los dos nos miramos como
diciendo, “sacá la tarjeta, ¿qué esperas?”. Antes de que yo diga algo, JJ me mira
y dice:
-Vos tenés mi tarjeta, gorda.
Te di mi billetera para que la lleves en la cartera, como siempre.
-No me la diste, me lo dijiste
y yo te dije: “guardala en mi cartera”, ¿vos no la guardaste? *mientras hablo
revuelvo súper enérgica toda mi cartera*
-No, no la guardé.
-Ah, entonces no tenemos cómo
pagar, ¡divino todo esto! *ya me quería ir como sea, con o sin las cosas, no me
importaba nada. El sábado ahí adentro me saca*
La verdad es que se podían
sentir como puñaladas las miradas de la cajera y de las mil doscientas personas
que estaban atrás nuestro en la cola de Coto. JJ toma valor y le responde a la
cajera.
-Nos olvidamos la tarjeta, no
podemos llevar nada, disculpá. Tenemos que dejar todo acá. *la cajera bufa,
respira profundo y nos dice con una sonrisita socarrona*
-Bueno, espero que no les
vuelva a pasar porque retrasaron toda la fila. *sonríe*
JJ se da vuelta con violencia,
juro que pensé: “ay, le pega a la piba”. Se acerca a la cajera, apoyando las
manos en el borde de la mesada donde estaba todo lo que no habíamos comprado, y
le dice:
-No te preocupes linda, la
próxima vez a la que me voy a olvidar es a ella.*lo dice con guiñadita de
ojo, ¡perdón! Soy la novia, eh, estoy acá, no me fui*
-Que tipo tan boludo sos, JJ,
nunca sé qué carajo tenes en esa mente.
En cuanto llegamos a casa,
agarro el teléfono y llamo a mi prima.
-Hola, ¿José?, ¿me pasas con
Lucía, por favor? *tenía voz llorosa y de cara de orto*
-¿Qué te pasa Jime?, ¿estas
llorando?
-Si, pero nada. Pasame con Lu,
por favor.
-Bueno, pero, ¿estás bien?
-Si. Pasa que con JJ discutimos
en el Coto y no vamos a ir al cine.
-¡Uy, Jime! Ya me imagino cómo
le habrás hinchado los huevos a ese pobre flaco, ¡Jajaj!
-Solo te estas riendo José,
¿vos te das cuenta de eso?
-Pará, pará Jime, que ya te
paso con tu prima, esta acá. ¡Chau, Jime y no hagas drama por todo!
-Hola Jime, ¿qué pasa?
-Nada, tu marido es un
pelotudo, Lucía y al cine no vamos. Chau. *click, corté el teléfono*

