No sé para qué es esto pero postié lo mas me gusta

sábado, 30 de abril de 2011

Un post para mujeres, pero sobre hombres.

 
Lejos estoy de intentar, con este post, hacer una tipología sobre los hombres. No creo conocer tanto al género masculino. Sólo voy a contar lo que conozco, o aquello con lo que me enfrenté.

Sin más vueltas arranco. Acá va y que “se ponga el sayo a quien le quepa”.
El primer tipo de tipos que se me viene a la mente, quizás por la frecuencia con la que me los cruzo es:
El “falso colgado”, seguramente algún hombre te dijo algo parecido a esto: “¿Viste cómo soy?,¡soy re colgado! pero vos ¡estas hermosa como siempre!” Siempre alguna frase va acompañada por algún piropo, pero, claramente no se colgó nada, cuando quiso salir con vos no se colgó. Cuando quiso encontrarte te buscó, generó situaciones, por eso hubo buena onda y salieron. Solo él y dios, si es que existe saben, por qué cada tanto se “cuelga”. A ver, ¿qué sos, flaco? ¿una pc que te colgás?, ¡no me jodas! ¿de dónde carajo te colgas?. Bueno, bueno – como dando palmaditas en su espalda –  Cuando te descuelgues llamame.

Otra especie es el “pirata con corazón”.  ¡Ah! Ellos son un amor, sin duda alguna. En un principio no parecen “piratas” (dentro del termino “pirata” entra, para mi, el viejo y conocido por todas: “el mujeriego” y todo hombre que posee algún tipo de compromiso con otra mujer, ya sea esposo, novio, concubino o similar). El “pirata con corazón” se te acerca con un único fin. Piratearla con vos. Salir y garchar pero para esto el pibe elabora un plan, la labura, te hace el “trabajo fino” pero siempre afirma con énfasis su “soltería”. Más de uno le aporta algo de dramatismo y no habla de “soltería”, habla de “soledad”.
Pero, como no es un pirata común, cuando te conoce, ve que sos buena mina, le caes súper bien, charlando se da cuenta que venís golpeada por patéticas relaciones anteriores y es ahí cuando el tipo violentamente, clava los frenos.
Acto seguido a la primera y única cita: desaparece y si aparece cambia el tono de “te quiero garchar” por el de “sos una re buena mina”. Vos, no entendés nada y es lógico porque para vos, esa primera y única cita fue perfecta. Si te habla, lo hace con tono de: “esta todo bien”, pero de volver a salir, nada.
Vos, perdida. Seguro que no hiciste nada mal. Él solito se dió cuenta que si salen de nuevo te va a lastimar y le das “cosa”. Bueno, eso es lo que él y su gran ego creen. Quizás, después de una segunda salida, vos solita prefieras caminar con taco aguja por algún empedrado de Buenos Aires solo por el mero hecho de sufrir un poco menos que con él dos horas en un bar.
Este tipo de tipo es casi inofensivo porque no te lastima, no te rompe el corazón para decirlo poéticamente, pero confunde y como una ya viene confundida contribuyen al estado de confusión y eso, es realmente una cagada.
Una cosita más sobre el “pirata con corazón”. Son obvios, no sé si será genético, para tanto las neuronas no me dan. El tipo sigue tiroteando a toda minita que entra en su campo visual. Si es un contacto tuyo de facebook solo alcanza con ver el género de quién se hace “amigo”, si sólo suma mujeres, “lo dejo a tu criterio” como diría Karina Olga.

 También me he cruzado con el “quemaetapas”, este flaco además de quemar etapas te quema la bocha y eso es un problema.
A mí ya me quema la cabeza tener cuentas que pagar, me la queman en el laburo, me la quema mi mamá y me la quemo yo misma a diario. No necesito que nadie más se sume al quemado de mi cabeza. No chiquito, no me la quemes vos, por favor. El “quemaetapas” te deslumbra y te encanta desde el primer momento. Lo conociste, saliste y volviste a creer que quizás te podes volver a  enamorar. Es una picardía que estos hombres arruinen eso que esta todo bien, solo por ir a las chapas por la vida. 
El tipo manda muchos, pero muchos mensajitos de texto y si no respondes al toque, tenés un mail o un sms que te dice: “te estoy texteando, ¿qué te pasa?, ¿por qué no me respondes?”
¡Upalalá! ¿Qué te anda pasando nene? Ya vi los sms, pero mi dedo tiene una velocidad limitada como para responder tan al toque, ponele, o tengo a mi jefe al lado, o no tengo crédito, o no sé, ¡pará man! 
El "quemaetapas" te llama, te quiere ver todo el tiempo, quiere irte a buscar a la salida del trabajo o te pregunta a qué hora salís a almorzar: “así nos vemos, ¡dale!”. Lo peor es que, a cada no que te decis, o a cada excusa que vos ponés, él, sobre esa excusa te arma un plan. 

Es enloquecedor. Si le decís que no salís para almorzar, te propone pasarte a buscar a la salida del trabajo. Pero si salís más tarde, o tenés otra cosa que hacer después del trabajo, por ejemplo, ir al gimnasio, ¿qué hace él?, te arma un plan y ¡te dice lo que tenes que hacer! y detenidamente te dice que cuando salgas del gimnasio vayas para la casa así cenan juntos. 
Seguramente, el tipo te sigue gustando pero justo ese día que quiere almorzar o cenar con vos, te pusiste lo primero que encontraste en el placar y te sentís muy fea, no estas depilada, no sé, pero eso muchas veces pasa. Ni hablar que cuando una sale del gimnasio sale para atrás, cansada, despeinada y poco presentable porque chivaste. 
Pero, parece que él no entiende un simple “no”.
Aunque no le decís: “No, no voy a salir. Ninguna opción de todas las que me digas me va a gustar, solo porque hoy no quiero salir”, no le decis un no rotundo porque no es eso lo que querés, le apostas una ficha al flaco, lo querés volver a ver, pero no así, como a las corridas, recien nos conocemos quiero estar mínimamente bañada, ¿podrás con tu ansiedad, che?

No sé, al menos para mí, durante la primer semana que te conozco tanta insistencia la siento como demasiada. 
Él siempre tiene una peli o algo para hacer juntos en su casa, o, lo que es peor aún, te invita a su cumpleaños en el que están sus hijos a solo quinces días de conocerte.
Hasta que un día el ahogo pasa a ser tormentoso, gruñís cada vez que llega un sms de él y arrojas dos o tres puteadas al aire cuando llama a tu celular. Es en ese momento cuando aplicás corte, a tan sólo veinte días de conocerlo, pero ya sus hijos te agregaron al facebook, ¡es mucho!
Bueno, listo, claramente y a escasos días de conocerlo bajas el concreto mensaje de: “no te soporto más”, siempre con la delicadeza de una gacela, obvio. 
Lo mejor de todo, es que pasado un mes, más o menos de todo este episodio, el tipo se pone de novio. ¡Ahahahaha! ¡Saltó la nutria! No sabes estar solo, ¡era eso! Perfecto, que te acompañe otra, entonces.  

Les debo algún que otro “tipo de tipo” más, pero hoy, “hasta aquí llegó mi amor”.
El género masculino es hermoso, debo decirlo, son amigos increíbles, hermanos impresionantes, padres excepcionales y maridos, novios o parejas de la ostia.  

Pero quiero dejar algo bien en claro: los hombres son hermosos, solo cuando son hombres.


domingo, 3 de abril de 2011

Jodido un domingo en el balcón.



Tener un techo no es nada fácil, sea alquilando o comprando el tema es complicado por donde se lo mire; y, si el camino viene empedrado lo que menos necesitas es una piedra.
Tarde me dí cuenta de este detalle de la “piedra” en el camino empedrado, porque JJ siempre hacía todo lo posible para ser una piedra más. Él no te allanaba el camino, no te hacía más liviana la carga, él era la carga.
Si JJ complicaba lo simple, cuando ya la cosa era complicada de entrada, sin dudas, la hacía imposible.
Pero ojo, no es que la complicaba tramando algo o haciéndose el estratega, no, ¡para nada! Cuando JJ complicaba algo, lo hacía de tal forma que, la complicada parecía ser siempre yo.
Buscar departamento para alquilar cuando estas en pareja puede ser una situación romántica porque lo que buscas es un lugar para compartir con “ese” hombre al que tanto amas, pero en lugar de ser algo romántico, también  puede ser un martillazo en un dedo, puede ser un morderte con toda tu fuerza un pedacito de lengua mientras comes, no sé elegí el dolor que menos te guste y pensá concentradamente en ese dolor, porque así fue buscar departamento con JJ.

Con JJ ya alquilábamos departamento pero se venía la fecha de renovación del alquiler y sabíamos que iba a aumentar. Por eso antes de esperar a que la dueña del departamento nos arroje un número que ameritaba una ulcera como mínimo, decidimos, o creo que decidí, buscar departamento.
Los alquileres en ese momento eran un despelote. Mirabas el diario a las nueve de la mañana, llamabas alrededor de las once y ya estaba reservado. Si conseguías poder ver algún departamento, mejor que te coincida con el horario del almuerzo o que sea justo a las seis de la tarde como para verlo con un poco de luz de sol, y la verdad es que todo eso era una verdadera proeza. Además, si a toda esta logística le sumás que JJ te pueda acompañar a ver el departamento donde también él va a vivir, porque somos una pareja, eso si ya era la gloria.
Lógicamente, JJ siempre intentaba evadir cualquier responsabilidad de hombre adulto y siempre encontraba la forma de no poder acompañarme a ver departamentos. Por la facultad, o por la abuela, siempre tenía otra cosa que hacer, pero esta vez, yo no iba a hacer todo sola.
Nosotros trabajábamos juntos, más o menos por Álvarez Thomas y Virrey Loretto, y justo conseguí poder ir a ver un departamento en el barrio de Chacarita, estábamos cerca.
El barrio mucho no me gustaba, pero el departamento por lo que decía el aviso era lo que buscábamos. Tenía balcón, muy necesario por Luna, además buscábamos algo más chico y sin expensas. Chacarita, después de todo, nos quedaba bien para ir al trabajo y a la facultad, así que, había que verlo.
En cuanto arreglé por teléfono con el dueño del departamento fui al sector donde estaba JJ y se lo dije súper contenta y entusiasmada.
Todo estuvo muy bien hasta que después de almorzar, JJ viene a mi sector, se acerca a mi escritorio y me dice en un tono de voz muy bajito:
Gorda, no puedo más del dolor de panza.
- ¡Uy! ¿por qué?, ¿de qué será? *todo lo decía con una cara de lamento impresionante, si lo ponías dos minutos repartiendo estampitas en el subte se hacía millonario el pibe*
-  No sé, creo que debe ser el pastel de papa que comí.
Bueno, pará que te busco algo, un sertal *le dije fingiendo una preocupación de locos*
No, dejá, negrita, dejá. No quiero nada. No quiero tomar nada. Para mi, tomé frio mientras comía. De última veo de hablar con Diego para que me autorice a salir antes, así voy a casa y me acuesto calentito, ¿viste? *todo me lo decía con el ceño fruncido, encorvado hacia adelante, abrazándose la panza y con una voz de lamento que eso en teatro eso se llama “sobreactuación”. Mientras me hablaba pensaba: Flaco, ¿te crees que me chupo el dedo? ¡Ahahaha!, ¿te querés acostar calentito para no acompañarme a ver el departamento? y mientras vos dormis yo veo el departamento sola, claro*
- ¿Sabes qué es lo mejor, amor?
- ¿Qué vaya a casa? Creo que voy a vomitar y no quiero vomitar acá en el trabajo, es horrible, Pau.
- No, gordo, no vomites acá, es horrible, pero ¡mirá donde trabajamos! Dejame llamar a Dani, el jefe de paramédicos, que justo esta abajo dando el curso de RCP. Le digo, bajás y que te aplique un sertal o reliveran inyectable así se te pasa rapidito. De paso me cambias esa carita, ¿si? Sos mas lindo cuando no te duele la panza, ¿sabías? *sonrío* 
Bueeeno, Pau, pará, ¡tanto no me duele!
- ¿Te duele o no te duele, JJ? Me vas a enloquecer, querido. A ver, si no te duele tanto vamos a casa juntos después de ver el departamento.
- Me duele, nena, pero seguro porque tomé frio mientras comía. Siento el gusto de del pastel de papa acá, en la garganta.
- Bueno gordo, en cuanto salimos, vemos el departamento y vamos para casa así te acostas, simple.
- Es que yo no sé si aguanto tanto.
- Bueno, llamo a Dani.
- No, no, no lo llames, Paula. Sabes que no me gusta tomar remedios.
- Entonces, dejá de quejarte, o ¿qué querés?, ¿querés seguir sufriendo?, ¿le tenés miedo, a una inyección, boludo?, ¡ya estas grande, JJ! ¡No jodamo'!

El día pasó y a las seis de la tarde salimos para ver el departamento. La actitud de JJ no era la mejor, porque, además, de estar prácticamente muriendo del dolor de panza, no le interesaba en lo más mínimo gastar un minuto de su tiempo en ver un departamento.
El departamento quedaba sobre Lacroze y una vez que llegamos nos atendió el dueño.
El dueño era un señor algo mayor. Desde el principio, la entrada al edificio era un reverenda bosta. Muy antigua, con mucho mármol, plantas de plástico, mucho espejo en la parte del hall de entrada y la puerta era de esas puertas bien pesadas. Era una puerta como de hierro con vidrios parecidos a los de las iglesias, bien onda vitró. La puerta pesaba tanto que cuando el señor bajó para abrirnos lo ayudamos a empujarla porque el tipo solo no podía moverla. El edificio no tenía ascensor y subimos cinco pisos por la escalera.
Parecía que no llegábamos más y que el viejo iba a morir al lado nuestro. A todo esto JJ no paraba de hacerme gestos de, “todo esto es una mierda”. La verdad es que hasta ahí, los cinco pisos fueron jodidos, se apagaba la luz cada dos segundos y quedaba todo muy oscuro. El señor quería ser amable y no paraba de hablar pero cuanto más hablaba, más le costaba respirar y se iba como desinflando, hasta que llegamos a la puerta del departamento propiamente dicho.
No se veía nada, las luces del pasillo eran muy amarillentas y mientras el señor intentaba embocar la llave en la cerradura, JJ y yo quedamos un paso más atrás de él y como insistía con sus gestos, muy bajito y en el oído le digo: “poné buena onda y cambiame la carita de muertito JJ, porque sino hay que seguir buscando y esto se va a repetir infinita cantidad de veces”. Eso, fue lo peor que podría haber dicho.

El señor abre la puerta después de minutos de arduo intento, entramos y el departamento no era lo que esperaba. Pero creo que eso debe suceder muy seguido, digo, eso de enfrentarse a algo que uno no esperaba, bueno, no solo pasa con los departamentos, ¿no?
Ya sabía que era un departamentito, chico, mucho más chico de donde alquilábamos pero buscábamos algo así. Además de ser chico era bastante oscuro y tenía algunos detalles más, que ahora te paso a contar.
Empezamos a recorrer el departamento, era de un ambiente y la única ventana que tenía era el balcón. La cocina estaba a parte. Pregunto las cosas lógicas: si el calefón andaba, ¿qué onda la cocina, el horno?, el señor no escuchaba bien y todo se lo repetía dos veces, mínimo. JJ, no decía nada pero tenía buena cara, como que le gustaba el departamento. Eso me desconcertó completamente.

Miramos un rato largo el único ambiente y muy bajito, casi murmurando le digo a JJ:
- Vemos esto rápido y nos vamos, no se si da vivir acá.
- ¿Qué?, ¿qué decís si da, Paula?
- ¿Tienen alguna duda? Cualquier cosa me dicen. *interrumpe el señor, después de que JJ me dejara expuesta mal*
- No, no, esta bien. Solo que tenemos que ver si entra la cama o entra el futón, todo no nos entra, eso hablábamos.
- Entra todo lo mas bien, Paula.
- Ehhhh, tenemos la mesa del comedor, JJ. También esta la pc, ¿dónde la ponemos? *JJ quería sacarse el problema de encima, ¡era eso! Con razón todo le gustaba y ni hablar del precio, era una maravilla al lado de lo que pagábamos*
- Pero va a ver que le entra todo señora. *acota el dueño*
- Bueno, vemos, vemos. *dije yo con ganas de irme*
- Hay que darle una lavada de cara, nada más. Lo pintan ustedes que son jóvenes y les queda hecho un chiche.
- Mirá Paula, mirá.* ahí JJ empieza a hacer la típica pelotudez que hacen muchos pero que a él no le sale y no lo quiere reconocer. Se pone a contar los metros del departamento dando pasitos con los pies y siempre que hizo eso le erró. Así, al mejor estilo Michael Jackson, haciendo el pasito lunar se desplazaba por el único ambiente del departamento, explicándome, con sus manos al compás, que, “de acá hasta acá entraba el futón” Mientras tanto yo miraba absorta. No podía creer que él me quisiera vender ese departamento a mí*
- Son jóvenes ustedes, chicos, se van a arreglar bien acá. *acota el dueño del departamento*
- Bueno, más alla de la juventud, señor, estoy pensando en el lavarropas y por lo que veo  no entra.
- Paula como estas, eh. Después soy yo el jodido.
- Dejelá las mujeres son así, dejelá, ¡Jaja! ¿me permite? *me dice el dueño*
- Si, por favor, dígame señora.
- El lavarropas lo puede poner en el balcón.
¡Ay!, pero se arruina, no tiene ni un año mi lavarropas.
- Pero, no se ahogue en un vaso de agua, señora. Le compra una funda protectora, acá todos la tienen.
- Ves Pau, compramos la funda protectora. *a JJ ya me lo quería comer crudo, o cagarlo a trompadas directamente. A ese departamento no podíamos dedicarle ni un minuto más, era muy chiquito y jamás nos íbamos a mudar ahí. Un ambiente compartido con JJ era una locura. Si uno quiere leer y el otro quiere ver la tele ya es un quilombo. Mi cabeza no paraba de pensar en todas las situaciones incómodas que se iban a generar en ese lugar*
- Bueno, veamos el balcón. *dije con voz de estar completamente frustrada*

En cuanto salimos al balcón y quedé helada, no lo podía creer. Lo miro a JJ y él con el señor dándose palmaditas en la espalda, haciendo migas, pegando onda como quien diría. Parecía que con el tema, "que jodidas son las mujeres" se sentían identificados, no sé. JJ estaba tan entretenido con el viejo que no prestaba atención a nada y estaba ajeno a todo, al tal punto, que no se dió cuenta dónde estaba parado. Literalmente no vió dónde estaba parado.
- Disculpe, ¿eso que se ve allá es el cementerio? *ya eran pasadas las seis de la tarde, estábamos en el mes de mayo o junio porque ya en julio o nos mudábamos o renovábamos el contrato del departamente en el que vivíamos. Por esos meses como oscurecía más temprano quería estar segura de estar viendo lo correcto.
- Si señora, es el cementerio. *ahí mi paciencia se acabó y con un tomo altanero le respondí*
- Mire, soy señorita, no estamos casados.
- Bueno, pero si nos vamos a casar, Paula. *mientras JJ aclara me abraza, pero yo estaba a mas de cien grados, ¡yo hervía!*
¡No!, ¡de ninguna manera, JJ! no podemos vivir acá. Cada vez que salgamos al balcón vamos a ver las cúpulas esas con las cruces, se ven las cruces del cementerio, JJ. ¿Decime que las ves como las estoy viendo yo?
- Pero no se ven bien, bien. Si vos, no me lo decís no me doy cuenta, Pau. *¡Ay, lo iba a matar! Él seguro que no sa da cuenta, si vive colgado de una palmera en la isla de Lost*
- Muchas gracias, señor, fue muy amable pero deje, nos vamos.
- Si yo salgo al balcón, salgo así. *dice JJ mientras me demuestra gestualmente, teatralizando cómo él sale al balcón evitando mirar hacia donde estaba el cementerio. Toda esa situación me estaba enfermando de verdad. JJ me mostraba como dando un  paso hacia adelante, entraba al balcón evitando ver el cementerio*
- Ah, si salís así no se ve el cementerio, ¡claro! pero si giras la cabeza para la derecha lo ves, nene.
- Ah, bueno, hay que mirar para la derecha. No la girás y listo, Paula. *me contesta JJ como hinchado las pelotas mordiéndose el labio inferior*
- Pero espere, espere, señora. Acá hay un enrejado justamente para poner una planta, si usted pone una enredadera o un lindo ficus tapa ese lado del balcón.
- ¡Claro! Ponemos una planta y no se ve nada, no ves más las cruces que tanto te molestan, Paula. Igual, gorda, como dice el dicho, tenele miedo a los vivos, ¿no?
- ¡Jaja! *se reían a dúo el señor y JJ. Yo, desconcertada, no quería desmerecer el departamento del señor pero la verdad es que era una reverenda cagada. ¿Cómo vamos a vivir en un lugar que si para salir al balcón no podemos girar la cabeza hacia la derecha?,¡todos con tortícolis, entonces!¡es una locura! Además, mentalmente iba sumando: entra una sola cosa, o la cama o el futón, los dos no, el lavarropas casi nuevo tendría que quedar a la intemperie haciéndose mierda y por útimo la frutilla de postre es tener que ver muertos con el plus de estar tan cerca a la parca, ¡tomatelás!
- Bueno, igual podemos hablarlo y lo llamamos, ¿no?
- No, es con reserva, señora. Tienen que dejar una reserva así lo dejo de mostrar.
- Paula es re barato, dale y nos olvidamos de todo el tema mudanza que te tiene loca. *me dice JJ al oído*
- ¡Che, divino pasar una tarde de domingo en el balcón escuchando "Canción para mi muerte"!, ¿no? ¿no lo pensaste, JJ? ¡Jaja! *quise meter un chiste como para relajarme un poco pero no me salió. El señor no entendió el chiste y a JJ no le causó gracia. Si para forro no le gana nadie, es así*

Entramos de nuevo al ambiente, y me doy cuenta de otro detalle, para nada detalle.
- ¿Le hago una última preguntita?
- Si, si, haga nomás.
- ¿Placard, no hay?
- No. Siempre los que vivieron acá se compraron un ropero y santo remedio.
- Si, un ropero o un armario, Pau, eso se compra, es una pavada. *JJ me lo dijo como hinchado las pelotas, no sé de qué porque para él todo cerraba barbaro. Aunque para mi estaba completamente loco dando el visto bueno a ese lugar*
- Si, ya sé que se compra, JJ, pero pregunto porque un armario te come lugar, tiene profundidad, hay que calcular eso también, ¿cómo hacía la persona que vivía antes, señor?
- Ah, antes vivía un hombre que viajaba mucho, entonces tenía estantes, como una especie de biblioteca en donde ponía apiladita la ropa, ¿me entiende?
- Ah, le quedaba todo a la vista.
- ¡Claro señora! pero como era un hombre que vivia solo se ve que mucho no le preocupaba. 
- Pero ¿cómo? ¿no colgaba la ropa? ¿no tenía camperas, trajes?
- La verdad, señora no le vi nada colgado.
- Paula, el señor no se puso a ver todo con lupa como vos.
- Bueno, dejemos al señor tranquilo, vamos a casa. *mientras decía esto JJ no dejaba de apretarme el brazo, me quería decir algo, no se qué. Tampoco me importaba porque ahí no íbamos a vivir*
- ¿Les bajo a abrir, entonces? Una lástima chicos que no les guste, es un lindo departamento.
- Pero si mañana temprano lo llamamos y nadie lo reservó, ¿nosotros podemos reservarlo?
- Si, querido. Te acercas hasta acá y hacemos la reserva pero solo los espero hasta el medio día, ¿te parece?
- Si, si, muchas gracias. *responde JJ colmado de ilusiones de reserva*
- Bueno, muchas gracias. Fue muy amable. *le dije fingiendo una sonrisa enorme*
- Gracias a ustedes chicos. *nos saluda el señor con beso con olor a nastalina*

Salimos y yo estaba “on fire”, a JJ lo quería matar, no sabía qué decirle primero, si lo del placard, lo del cementerio, el lavarropas, tenía todo en la cabeza, cuando él me gana de mano y me dice:
- La verdad Paula que cuando te queres hacer la graciosa, quedas tan tarada.
- ¿Eh? ¿de qué me estas hablando, JJ?
- Cuando te quisiste hacer la graciosa y mandaste: “jodido un domingo acá escuchando “Canción para mi muerte”, ¿no viste la cara que te puso el viejo? pobre, boluda, el viejo no entendió nada. No entendió tu chiste.
- Pará, JJ, ¿eso sólo tenés para decirme?
- Y si, ¿qué más querés que te diga?


Se dice de mí.

Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.

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Muy buenos blogs, haceme caso y leelos. No te hagas el malaprendido conmigo