No sé para qué es esto pero postié lo mas me gusta

lunes, 22 de noviembre de 2010

Hacé un 2 x 1: pelo teñido de negro, tiñe camisa blanca.


Adoro a Luna, pero no puedo negar que es una perra complicada. Su ladrido es muy agudo, el tono es alto y además continuo. Así es ella, empieza a ladrar y no para, tampoco la podes hacer callar porque no te escucha, su ladrido siempre es más fuerte de lo que uno pueda gritar. Y, lo que es peor aun, es que le ladra a todo: al teléfono, a Vicente el portero, al vecino cuando camina, al vecino cuando sale al pasillo, al vecino cuando sale al balcón, a las palomas, a cualquier cosa que mueva el viento, en fin, le ladra a todo. Pero, como el amor es más fuerte Luna todavía esta conmigo.

Si bien es jodida, con JJ habían logrado una “buena” relación, (porque la perra es perra, pero no boluda) con él no se hacía la viva como conmigo, JJ se hacía el macho alfa de la manada y la tenía bien cortita. Una más, Luna también es jodida con los otros perros. Ella, verdaderamente,  se cree que es un dogo argentino o algo así, no hay dudas. Camina sacando pechito, siempre con actitud desafiante, mostrando los dientes, haciéndole frente a cualquier perro que se le cruza sin importarle el tamaño y hasta le late el lado derecho de su labio superior para mostrar su canino cuando ya esta muy enojada.

En el barrio se hizo famosa enseguida por las riñas que generaba y JJ, amoroso como siempre, creo que me habrá acompañado unas tres veces y media como mucho a pasearla y nunca más quiso salir a la calle con la perra porque decía que “pasaba vergüenza”.
La actitud de JJ me daba un odio impresionante, eso si me hervía la sangre en segundos, porque JJ en casa la amaba, pero en la calle, el hipócrita, se adelantaba unos metros caminando más rápido como si no nos conociera cada vez que Luna ladraba. Un verdadero forro, ¡eso sí que me enfurecía!
Probé absolutamente de todo para dominar un poco el carácter de Luna, que, entre nosotros te comento, fué un regalo de mi madre. - ¡Gracias Má! Si me estas leyendo ahora, ¡besito!

   Un día del mes de diciembre, una compañera de trabajo me comenta que el perro de su vecina superó unas alteraciones de conducta terribles: 

-          Pero vos, ¿sabes lo que tenés que hacer, Paulita?
-          No, Silvita, ya no sé qué hacer. Cuando ladra se la escucha desde abajo y vivo en el piso diecisiete, ¡imaginate!
-          ¿Y los vecinos, nena? ¿No te dijeron nada?
-          No, no me dijeron nada, directamente la quisieron matar Silvita. Pasaron cloro puro por abajo de la puerta, otra vez ácido muriático, me arruinaron todo, ¡un desastre! Son una mierda, porque además nunca me dijeron que la perra ladraba cuando quedaba sola como para que yo pueda hacer algo.
-          ¡Ay! ¡Qué peligro, nena! Entonces este hombre que te digo es tu salvación. ¡Anotá y llamalo ya!
-          Pero, ¿quién es? ¿qué es? ¿un curandero? Mirá que esas cosas no me gustan a mi, eh.
-          No, curandero no es. Pero te digo que con la onda y el aura que le veo a tu novio cada vez que viene a verte, mmmm, ¿cómo era que se llamaba este chico?
-          JJ, ¿Qué tiene? ¿Tiene mala onda? ¿Y el aura? ¿Qué es el aura? ¿De qué mierda me hablas Silvita? Estábamos con el tema de la perra, nena.
-          Yo te digo algo Paulita, y no te ofendas, por favor, porque te lo digo con todo el amor del mundo. Pero con el aura oscura, pero bien oscura que le veo a este chico cada vez que pasa por acá, necesitas que vaya a tu casa y haga flor de limpieza.
-          Silvi, hacémela corta, otro día hablamos del aura oscura de JJ, se la limpiamos y se la planchamos si queres, pero ahora decime lo del flaqueta este, ¿Qué hace con los perros?
-          Ah, si, el flaqueta, no digas así, Paulita, es Médico.
-          ¡Ay! No sé pero se me viene a la cabeza Olmedo cuando hacía de mano santa.
-          ¡Me haces reír Paulita! Anotá el teléfono y llamalo, es un amor. Se llama Andrés Gómez y es Veterinario homeópata, ¿viste que la homeopatía es natural y es inofensiva? No es como un valium, no es droga pura.
-          No, por Dios, ¡lo que me faltaba! Internar a Luna en una granja de rehabilitación. Te entendí, ya sé a lo que vas. No me va a dejar a la perra falopeada mal todo el día.
-          Claro, bueno, él te dirá qué le das. Además cobra muy barato.
-          ¡Ah! ¿si? ¡Buenísimo!, a ver, pasame el teléfono, ¡dale!
-          0228…
-          ¡Pará! ¿Dónde atiende? ¿Dónde es esto?
-          Cerquita de mi casa, en Moreno.
-          ¿Vos me estas jodiendo? ¿Cómo llevo a Luna hasta allá? ¡Uy! La puta, ¡que cagada!
-          Disculpá Paulita, pero tu papá, ¿no te regaló un autito?
-          Dame manija vos…¡Dale!

La idea de la homeopatía me parecía buena así que primero llamé y consulté precios de algunos veterinarios homeópatas que queden más cerca de mi casa pero no había mejor tarifa, por lejos, que la de Andrés Gómez de Moreno. Era verdad, que después de todo yo tenía que poder contar con el auto. No te digo tomarlo de remisero a JJ, pero bien podía hacerme un favor. Pero, al yo no manejar esta “otra persona” que si manejaba, iba y venía con el auto de un lado al otro, a su gusto, orgulloso, como si en lugar de manejar un Renault 4 manejara un Jaguar. Así que le pedí el favor:

-          Gordo, ¿Sabés? Estuve pensando y te quería contar algo.
-          ¡Ay, no! ¿Qué me vas a decir? Cuando usas ese tonito, Pauli, es porque ya tenés decidido algo y sólo me lo vas a “informar”, o me vas a pedir algo, o no sé…podes salir con cualquier cosa.
-          ¿Cómo te gusta exagerar a vos? Que mentiroso sos, JJ.
-          Gordita, ¿hacés puré con las milanesas ahora? ¡Como me gusta el puré! ¡Dale, gordita, hoy quiero cenar eso!
-          Te estoy hablando JJ, ¿me dejás, por favor?
-          Che, ¿tan grave es que pregunte por la cena?
-          No, grave no, pero dejame hablar, necesito decirte algo.
-          Pará, pará, medio segundito más. Las milanesas freilas, ¿si?, no las hagas al horno que se secan y son una suela. ¡Conmigo no te hagas la light, Pauli!
-          Ay, pero si comés cualquier cosa, JJ, ¿Qué decís?
-          Como cualquier cosa porque cocinás cualquier cosa.
-          ¡Ayyyyyyyyy!, dejame hablar, ¡mierda!, ¿Cómo te pones, che?
-          ¿Estamos nerviosas hoy? ¿o me parece a mí? ¿qué nos anda pasando? ¿es tu día 28?
-          Necesito que me lleves al veterinario, ¿puede ser?
-          ¡Al fin te diste cuenta! – Hace un aplauso, con las manos para arriba como mirando el cielo y mordiéndose el labio inferior –  
-          ¡Que forrito sos! ¿Querés cenar? En la esquina esta “Vitorio”, por qué no vas y le preguntas al mastodonte ese que cocina si las milanesas las hizo fritas o al horno y vas a ver cómo terminás con una milanesa en el orto adentro de la freidora. Andá y hacete el cancherito con esa bestia como te haces conmigo.
-          ¡Es un chiste, nena! Más vale que te llevo, gorda. ¡Che! cómo saltas al toque, eh. Tiene razón tu abuelo cuando te dice “leche hervida”, ¡mamita! Bajá un poco la guardia, nena. ¿Tanto lio para llevar a Luna al veterinario?
-          ¿Si? ¿en serio? ¿nos llevas, JJ? ¡Que lindo sos! Estoy contenta, contenta, pero muy contenta, creí que me ibas a mandar a la  mierda.
-          Pero no, Pau, las llevo en el auto, no hay problema. Pero no entiendo por qué tenemos que ir en el auto si está acá nomás el veterinario de Luna.
-          Es que quiero llevarla a un veterinario nuevo que es homeópata y queda en Moreno.
-          ¡Ah! ¿vos no estas nada bien de la cabeza, Paula? Al homeópata andá vos, ¿de dónde sacaste ese buzón? ¿a quién se lo compraste? ¡Eso es todo mentira eso, Pau!
-          ¡Ay, JJ! Lo pago yo, no empieces con tus teorías, por favor, llevanos y listo.
-          Es que no creo en la homeopatía.
-          Pero no es una cuestión de creencia, JJ.
-          Vos no crees en Dios pero crees en la homeopatía, no entiendo. Mirá, para ir hasta Moreno con Luna, a un veterinario homeópata, solo te puede mover la fe, aunque lo niegues.
-          Mirá, ya saqué turno para el lunes, nos tenés que llevar. Además pensá en lo lindo que sería que Luna este mas relajada, no tendríamos mas problemas con Vicente, ni con el consorcio. Quizás sea la solución. Te necesito JJ, no puedo sola, no sé manejar.
-          El próximo lunes no vamos a poder ir, es el cumpleaños de mi hermana. Seguro te olvidaste, ¿Cómo se nota que no la querés? No sé por qué nunca lo terminas de reconocer.
-          Ay, basta con esa pavada que si la quiero o no, ¡cortala!, siempre dije que es una copada tu hermana, no jodas más. Además el cumple es el otro lunes y yo saqué turno para este lunes que viene ahora.
-          ¡Pará! Si hoy es viernes, ¿este lunes decís?, ¿dentro de dos días?, el domingo juega Racing, no se como estaré.
-          ¡Uy! ¿Qué te pasa? Ya no sabes qué inventar para no hacerme un favor.
-          ¡Es que es un garrón!
-          Y, si, ya sé. Pero, apuesto a que esto, quizás la ayude. El perro de una amiga de Silvita mejoró un montón, ¿no sabes?
-          ¿Quién te recomendó el veterinario homeópata de Moreno?
-          Silvita, la Sra. que está en el telemarketing, esa que es divina.
-          ¡Esa mujer está completamente loca, Paula! ¿Vos te das cuenta a quien le estas dando bola? ¿Sos consiente de lo pirada que esta esa vieja?
-          ¡Ay! No podes ser tan malo, no podes. No hables así de ella.
-          Paula, te pido por favor que razones. Esa vieja tiene todo su box tapizado de estampitas de santos, rosarios colgando, prende velas, sahumerios, eso no es normal.
-          Prende sahumerios cuando ve que entrás al sector, porque tenés el aura sucia y no lo sabés.
-          ¿Qué aura? ¿y el sahumerio me la limpia? ¿vos decís? ¡Dejame de joder, Paula! Razoná, ¿vamos a ir hasta Moreno a un homeópata de perros, llevando una perra psiquiátrica prácticamente, y todo esto nos lo recomienda una enferma psiquiátrica, una loca de atar? Solo vos le podes hacer caso a esa mujer, ¿entendés algo de todo esto, Paula?
-          ¡Ay, JJ! Cómo te gusta el lamento, cómo te gusta el llanto, nene… ¡cómo se nota que sos de Racing! ¡Jaja! Ahora bien que cuando te exorcizaron el “potrerito” ese que tenes en Avellaneda no dijiste nada, ¿no?, ahí no te cuestionaste ninguna creencia. La verdad que tenes la cara de piedra, JJ.
-          ¡Que mala sos! Como no podes defender ni a la vieja esa ni a tu perra, me atacas con cualquier cosa, porque queres hacerme calentar pero tranquila, eh, no te voy a dar el gusto, no me voy a calentar. Eso si, potrerito las pelotas, “Cilindro Mágico” nena, aprendé lo que en sociales parece que no te enseñan, “Cilindro Mágico”.

   Llega el lunes, nos fuimos a trabajar y la idea era a la salida buscar a Luna, para irnos a Moreno. La temperatura de ese lunes fue increíble, el calor agobiaba y pegoteaba todo con todo. Tanto calor potencia el mal humor y la intolerancia. Solo daban ganas de bañarse y quedarse en algún lugar de la casa inmóvil intentando no transpirar. Si el día venía bastante caldeado, se caldeó más todavía, cuando JJ a último momento aparece con cambio de planes.
Unas cuadras antes de llegar a casa, JJ encontró la mejor manera de complicar las cosas, obviamente.  

-          Como tengo que cargar nafta. Hagamos así, Pau. Te dejo en casa y mientras subís y bajas por la perra,  yo cargo nafta y vuelvo total ya vas a estar abajo.
-          Pero si primero me dejas en casa bancame dos minutos y bajo con Luna, si no tardo nada.
-          Hagamos así Paula, como yo te digo, por favor.
-          Bueno, bueno, esta bien, JJ.

Busco a Luna, bajo y me quedo en la vereda esperando. Espero y espero y JJ no venía. El problema además de del calor, es que a Luna no le gusta esperar y empieza a ladrar incansablemente. Los ladridos aturdían, si caminaba para que Luna no ladre más por miedo a desencontrarme con  JJ, que, hasta Moreno iba a ser un viaje terrible.
JJ no llegaba, Luna no paraba de ladrar y el calor de masacrarme.
En un momento se acerca el verdulero de al lado para pedirme que la haga callar. Creo que le leí los labios porque Luna ladraba a un volumen tan alto que jamás escuché la voz de ese hombre. Cuando el tipo da media vuelta y vuelve a la verdulería, cae sobre mi cabeza un tremendo balde de agua. Hasta la cintura me mojé por completo. Levanté la cabeza buscando al hijo de puta que me empapó cuando justo aparece JJ, completamente enajenado, subí al auto y empezó a hablar compulsivamente sin parar un segundo. Puteaba al auto, que, cuando se rompía era mí auto.

-          La puta madre, ¡¿no sabés?! Se rompió el fuelle del tanque de nafta. No conseguía una puta manguerita para hacer que llegue la nafta al tanque. ¡Que barrio de mierda éste! ¿Todo cierra ya? Si son las siete y media, ya cierran las ferreterías, ¡que mala leche! ¡Y con este calor de mierda tuve que caminar un montón! – Mientras hablaba no paraba de gesticular, se tocaba la cabeza, se tiraba del pelo y toqueteaba todos los botoncitos del tablero –

Después de descargar su furia, sin siquiera tenerme en cuenta, frena en un semáforo, me mira y me vuelve a mirar abriendo los ojos cada vez mas grandes. Arrancando el auto y haciéndose el calmado me pregunta:

-          ¿Qué haces mojada, Paula? ¡Vos estas mojada! ¿Qué te paso?
-          Me tiraron un baldazo de agua mientras te esperaba con Luna que no paraba de ladrar un hijo de puta me empapó. – JJ cagándose de risa me hizo la pregunta obvia –
-          ¿Y quién fué?
-          No sé, JJ. Te crees que bajó y me dijo “Hola, que tal, encantado. Soy el que te recién te acaba de tirar el baldazo de agua porque tu perro me tiene los huevos llenos. ¿Me ubicas?”
-          Bue, ya empezás con el sarcasmo y con tu tonito irónico que sabes que me empelota, ¡no me hables así, Paula! Igual ya estas casi seca, gorda. Con tanto calor, te hicieron un favor.
-          Si, un favor hermoso…mirá mi camisa blanca, JJ. – Me corro el pelo con la mano y le muestro bien la camisa –
-          ¡Uuuuy! Se te destiño el pelo, ¡justo que te lo teñiste ayer! ¡Te hizo mierda la camisa! ¡Que pelotudo el que te mojó! ¿Por qué no me dijiste cuando subiste al auto? Si me decías antes hablaba con Vicente, tocaba todos los timbres.
-          Si no paraste de hablar ni un segundo desde que me subí al auto, JJ. ¡Ni me miraste!     – Me mira fijo, se queda mirándome como no entendiendo –
-          ¿Y por eso lloras Paula?


   

lunes, 8 de noviembre de 2010

Así empezó el amor, a medias. Literalmente a medias.


Cuando algo nuevo empieza, algo que uno busca y lo hace sentir bien (o cree que lo hace sentir bien), ese comenzar seguro será bueno porque uno mismo le pone toda la garra para hacer que esa relación funcione.  Aunque ahora, además de ponerle toda la garra yo diría que no hay que quedarse ciega en ese momento de en el que el amor florece *si, si, estoy siendo irónica, completamente irónica*

Con JJ, arranqué convencida de que esa relación tenía que funcionar, y no sé por qué, sentía que esa responsabilidad me correspondía a mí, era mi responsabilidad y no algo compartido entre los dos.
Seguramente lo vi bastante incompetente a JJ como para que él fuese el que llevase adelante “la relación”.

La distancia nos unió más. Lamentablemente si, y a los a las pocas semanas de salir empezamos a vivir juntos de a poco, en el departamento de Marta, en Caballito, donde vivía yo en ese momento. Trabajábamos juntos en Belgrano y como él vivía en San Antonio de Padua, terminó quedándose a dormir porque sino se la pasaba viajando.

Cuando vivimos juntos en Caballito estuvo todo bien, conocí a su familia, él conoció a la mía  y convivimos ahí hasta que Marta volvió de Italia. Con la vuelta de Marta se armó una rosca de aquellas.
Mientras convivimos en Caballito estuvo todo casi perfecto, aunque desde un principio había algo él que no me cerraba mucho. Pero, para evitar ser “la jodida” de siempre, esperé a conocerlo más.
Una de las primeras veces que JJ se quedó a dormir en el departamento, fue durante el frío mes de julio, no me olvido más, durante el Mundial de Japón. Como siempre, primero me levanté yo, más que nada para poder usar el baño tranquila. Siempre presente la ceremonia de la planchita del pelo y todos mis ritos de “minitha” que hacen que tarde más que él en el baño. Aprovecho la ocasión para comentar que JJ de coqueto o de metrosexual no tenía nada, pero nada de nada, es más, creo que amaba su mugre. Podía salir a la calle sin lavarse la cara sacándose las lagañas con la mano una vez que yo le avisaba que sus lagañas ya se parecían a las de Luna que tiene cataratas, ¡un verdadero asco!
Se arreglaba lo mínimo, y un gran tema de discusión siempre fueron sus uñas, las de los pies, porque las uñas de las manos se las comía. Cuando tenía largas las uñas de los pies creo que ha roto sábanas.

En fin, volviendo a la convivencia, un día me levanto, prendo la estufa, me voy preparando el desayuno y encaro la dura tarea de despertar a JJ.
-                JJ, ya son las 8hs, despertate, mi vida, vamos mi amor  *la relación recién y el “mi amor” lo decía con un tono muy dulce*. Dale, despertate, gordito, ¿no te vas a despertar nunca más, Cuchi lindo? *el flaco roncaba como si fuesen las tres de la mañana. Tranquilo, aunque por la ventana entrara un sol que enceguecía a cualquiera*

Después de llamarlo más de un millón de veces abre un ojo. Me mira con ese único ojo abierto y me pregunta:
-                ¡Ay! Gordita, hace frío, ¿no?
-                Y si mi amor, es septiembre, pero ya prendí la estufa y tengo el desayuno listo.
-                ¿Te dije que sos el amor de mi vida, Pau?
-                No, no me lo decís nunca, bah, nunca me decís mucho. Bueno, no me decís nada.
-                ¿Me parece a mí o esto es un reclamito, gorita?
-                No, no, JJ, vos me preguntaste y me di cuenta que no sos de decirme cosas lindas. *no me dí cuenta en ese momento, tenía contadas de manera exacta todas las dos veces que me dijo “linda” y la única vez que dijo “te quiero”. Ya estaba sumando esta primera vez que me dijo “sos el amor de mi vida”*
-                Ah, porque las pienso. No las digo pero las pienso.
-                Ah, si las pensás no las puedo contar. *le respondí con ironía*
-                Que brava, buscas pelea pero no quiero pelear, mira si las vas a contar, Pau. La memoria no es una gran virtud, sos más bien de olvidarte todo. *si, si, pensé. Me olvido de todo, pero esa cuenta la llevo. Lamentablemente*
-                Bueno, dale, JJ, levántate que tenemos que ir al trabajo no tengo ganas de que me caguen a pedos porque llego tarde.
-                Bueno, me levanto si me haces algo que mi abuela me hace todos los días.  
-                A ver…decime. *juro que hoy creo que podía salir con cualquier cosa, JJ amaba a su abuela y vivía con ella desde chico, pero la abuela, Porota o la Poro, lo trataba como un bebé y yo no quería un bebé*
-                Poro, todos los días, cuando me despierta, viene con un par de medias calentitas, ¿no me traes?  *todo lo dijo con un tono de voz muy cariñoso, pero la verdad, yo, no entendí absolutamente nada, ¿de qué me hablaba este flaco?, no sé, pedime medias lunas, pero medias calientes, jamás lo escuché*
-                ¿Qué, mi amor?, ¿cómo medias calientes?, ¿algo calentado a medias?, no te entiendo, ¡te juro!  ¿hablás dormido o ya estás despierto?
-                Me encanta tu humor, Pau, ¿sabias? *lo miré, sonreí, pero estaba desconcertada, por eso él me empezó a explicar*
-           Como mi abuela se levanta antes que yo, igual que vos, lo primero que hace es prender la estufa. *Mmmmm, me compara con la abuela, pensé, no se si esta bien o mal, pero no me gustó nada*
-                Ah, yo prendí la estufa, así que levantate porque vamos a llegar tarde, sino me voy yo pero tengo miedo de irme y que sigas durmiendo, JJ. *pero a pesar de mi insistencia, JJ no se levantaba y parecía empecinado en explicar el temita de la medias. Tema que para mi, había dejado de tener todo tipo de relevancia alguna, porque no pensaba calentarle las medias y llevárselas a la cama pera que el señorito se levante. Mi lindo el noviazgo, muy lindo todo pero no me compares con tu abuela y no me hagas sentir una moza*
-                Pau, pará un poco, estas acelerada. Dejame que te explique.
-                No, acelerada no, mi amor. Si vos llegas tarde, bueno, pero yo que ya estoy lista para salir si llego tarde sería una picardía, como dice la abuela Merce.
-                ¿Qué? ¿no te importa que yo llegue tarde?
-                Si me importa, amor. Por eso te despierto, JJ.
-                Ah, bueno, pará, pará, ¿a dónde vas?
-                ¡Hoy tengo un hermoso día es spa!, Ay, JJ, ¿a dónde te parece que voy? Al trabajo, nene, hace media hora que estoy tratando de levantarte. *de más esta decir que yo ya estaba caliente, enojada y ya me había hinchado los ovarios*
-                Bueno, bueno, tranquila, te quiero contar y no me dejás.
-                Es que parece que no entendés el concepto de “llegar tarde”
-                Lo entiendo, Pau, pero no entiendo cómo  te altera tanto. Déjame que te dija esto chiquito y ya está. Poro calienta las medias sobre la estufa, cuando me vienen a levantar me trae las medias calentitas, así cuando salgo de la cama me pongo esas medias calientes y no tomo frio en los pies, ¡me encanta eso! ¡es re lindo! ¿me pones vos las medias en la estufa así me las traés calentitas, amor?

Me lo quería comer crudo, a él, a las medias y a la Poro, ¡la re puta madre para qué carajo madrugo yo! ¡para colmo madrugar me cuesta un reverendo huevo! Ay, no sabía qué hacer en ese momento, si lo mandaba a cagar pudría todo y verlo después en el laburo, ¡Uy! ¡Un verdadero bajón!  Mmmm, si lo consentía, podía hacerlo por hoy pero todos los días no, esa eterna paja que tenía él para todo, ¡ya me molestaba! Tenía un yunque en el orto y jamás para él no existía el concepto de “iniciativa propia”, de eso me di cuenta al toque y, cuanto más tiempo estábamos juntos, lo reafirmaba internamente.

Todo esto lo pensé en un segundo y me decidí.
-                Bueno, mi amor, hagamos así, yo sé que mucho no te va a gustas pero es un punto medio entre darte todos los gustos, lugar que le dejo a la Poro, y asegurarme de que te levantes. *le di un beso, me levanté de la cama y empecé a ponerme las botas*
-                ¿Qué?, ¿te vas Pau?, ¿no me vas a calentar las medias?
-                Gordo, no quiero llegar tarde, me voy pero vas a tener tus medias calentitas. *pongo una hermosa sonrisa, agarro mi cartera, moneditas para el colectivo en mano y vuelvo a darle un beso*
-                Ay, que guacha que sos, nena. ¡Te vas!
-                ¡No me digas así, mi amor! *grito desde la puerta* 
-          Si, JJ, me voy pero te dejo las medias sobre la estufa, asique levántate más o menos rápido porque se te pueden quemar. Nos vemos en el laburo, mi vida. ¡Chau y levantate porque se te pueden quemar. *terminé de decir esto, cerré la puerta del departamento, taconeé por el pasillo hasta el ascensor y mientras lo esperaba se me escapaba muy tímidamente una gran sonrisa*

Se dice de mí.

Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.

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Muy buenos blogs, haceme caso y leelos. No te hagas el malaprendido conmigo