No sé para qué es esto pero postié lo mas me gusta

martes, 21 de septiembre de 2010

¿La primavera? ¿Por los huevos?





Un 21 de septiembre alrededor de las 10 de la mañana me llaman de recepción y me piden que baje porque habían dejado algo para mí. Bajo y la chica de la recepción me dice: “¡Ah, Pau! Te mandaron flores”, miro y era un ramo enorme que tenia mas o menos diez tipos de flores diferentes, fácil. Estaba perfectamente envuelto con papel transparente tipo celofán y sobre ese papel lo envolvía una tela brillante tipo raso, ¡era divino! El moño era impresionante, hecho con cinta pero de tela, también hermoso. La verdad nunca había visto un ramo tan lindo y que sea para mí. Eso si, pesaba un montón. Estaba emocionadísima, y mientras buscaba una tarjeta o algo escrito que diga quien lo había enviado pensaba: “¡Ay! ¿Habrá sido JJ?, pero no es su estilo”, “¿será JJ?, pero si no es él, ¿quién iba a ser?”. En eso encuentro la tarjetita y leo: “Que tengas una hermosa primavera, Julián”. ¿Julián?, aclaro JJ no es Julián. ¿Quién era Julián?, pienso, pienso y me acuerdo de un compañero de la facultad del cuatrimestre anterior, ¡un pelotazo! Un pibe aburrido, que se notaba que generaba situaciones para encontrarse conmigo, bueno, un gil.

Que decepción tan grande sentí, era obvio que JJ no había comprado eso pero en el fondo esperaba una actitud así de él. Caro, la chica de recepción me dice,

-          ¿y Pau?, ¿quién te lo mandó?, ¿JJ?
-          No, no Caro, le dije, ¿vos soñás, nena?, ¿no viste como es JJ?
-          Y, lo vi, pero qué querés decir con ¿cómo es JJ?
-          Me las mandó un flaco de la facultad. Podría haber sido JJ y sumar un punto, ¿no?

Termino de decir esto y Caro me mira con cara de “que idiota sos Paula, de ese pibe no podes esperar nada”. Bueno, en realidad, no sé qué quiso decir Caro con su cara, ella solo lo conocía porque lo veía pasar, solo por un “Hola, Chau”.
Pero JJ con su actitud decía mucho más que con palabras. Es bajito, JJ por ser hombre, es más,  bastante bajito, siempre usó el pelo cortito, morocho aunque mi mamá siempre dijo que era rubio, en fin, mi mamá te discute ese tipo de cosas. Camina muy onda “compadrito” diría mi abuela, tiene los hombritos armaditos como haciendo “que me importa”, siempre con un pucho en la boca y eso si, era un tipo seco, no saludaba o si saludaba no te modulaba un “Hola” ni a ganchos, solo hacía un gesto con la cabeza como diciendo “si”, acompañando mueca que pretendía parecerse a una leve sonrisa. Esa era su respuesta ante un caluroso: “Hola JJ, ¿cómo estas?, ¿todo bien?”, solo un pequeño movimiento de cabeza, tipo los perritos esos que ponen los taxeros en el auto que siempre mueven la cabecita, para arriba y para abajo, ¿sabes cuales te digo? Si, JJ te movía la cabecita como esos perritos de los taxis y ese movimiento de cabeza significaba que te había escuchado el hola. Él por sí mismo jamás te decía un “Hola”. En fin, Carolina sólo conocía sus movimientos de cabeza y por eso lo vería como un flaco menos veinte, limitando con ser un desastre, creo yo.

Bueno, volviendo a aquel día de la primavera, la mirada de Caro me hizo tener una idea buenísima. Entonces le dije:

-          Caro, tengo una idea pero necesito que no digas nada.
-          Dale Pau, contá conmigo, pero ¿qué pensás?
-          La verdad es que tu cara me hizo acordar que JJ jamás me regalía algo así, bah, en realidad debe ser el único argentino que no consigue flores ni el día de la primavera ni el día de la mujer. Siempre me vende un bolazo de que cuando salió de la facultad ya no había flores, cualquier cosa me dice.
-          Pau, no sé que haces con él, vos sos tan simpática y él nada que ver con vos.
-          No te preocupes, yo tampoco se que hago con él.
-          ¿Y?, ¿qué pensaste?
-          Lo voy a hacer quedar para la mierda delante de todos. Pero para eso necesito que en la hora del almuerzo cuando esté sentada con él en el bar, me llames y me digas que pase a buscar algo que llegó para mí. Y recién ahí me das el ramo. Ahora escondé el ramo que si él baja a fumar no lo vea.
-          Ah, dale, dale, lo meto acá abajo. Che, que grande que es, le tengo que poner esta rueda de la silla encima, ¡lo hago mierda!
-          Pisalo, no hay drama. Gracias Caro y acordate, llamame cuando estemos almorzando.
-          ¡Fuma nena!

Llega la hora del almuerzo y en una mesa éramos seis, entre ellos estábamos JJ y yo. El resto eran de su sector porque yo me turnaba con otra supervisora para almorzar, así mi sector no quedaba solo. Con lo cual éramos los compañeros de JJ, JJ y yo.

Al rato de habernos sentado llama por el interno Caro al bar del laburo y voy hacia la recepción, como habíamos quedado.

En menos de un minuto vuelvo al bar con el gigantesco ramo de flores, lo miro a JJ con cara de enamorada y le digo:

-          Amor, ¡gracias mi vida! ¡Que hermosas flores, JJ! *Con cara de “me quiero matar” agrega*
-          Yo no te regalé nada.
-          Ay, dale, ¡si fuiste vos!
-          No Paula, tirá esas flores porque yo no fui el que te las regalo. *se acerca muy despacio, me empieza a hablar al oído lleno de odio, mientras me va agarrando del brazo con mas fuerza cada vez*
-          ¡Eu!, ¡pará!, ¡pará la mano!, ¿qué mierda te pasa?, Y el bracito no es necesario, soltame.
-          Decime ¿quién carajo te regaló esas flores de mierda? *me dice al oído*
-          ¿Qué?, ¿no fuiste vos?, ¿en serio me decís?, ¿cómo no fuiste vos? *pregunto con mi mejor voz de minita inocente y pelotuda*
-          Somos una pelotuda, Paula.

Me voy a mi sector con las flores, al toquecito viene JJ y me habla muy bajito al oído.

-          Punto número uno: Tirá esas flores. Punto número dos: ¿decime quién mierda te las regaló?
-          ¡Uy! odio cuando enumeras, eso me lo hacía mi mamá, nene.
-          No te hagas la enojada vos porque acá el que tiene que estar enojado soy yo, que quedé bien como un pelotudo adelante de todos. *él hablaba y yo empecé a sentir orgullo en el pecho y me dije a mi misma: “victoria mía, ¡lo logré! Logré por una vez que te sientas un pelotudo. Yo ya conozco esa sensación”*
-          ¿Para qué querés que te diga quién mierda me las regaló si no lo conoces? *ay, me hacía la canchera, ¡que placer!*
-          ¿Sabes qué? Anda pensando bien cómo mierda me vas explicar esto, pendeja. ¿Quién te lo regaló? Seguro que fue un boludo porque para comprar algo así hay que ser un flor de boludo.
-          ¿Para qué queres saber si a vos te chupa un huevo todo? El día de la primavera, el día de la mujer, el día de la chota nunca me regalas ni una flor arrancada y lo que es peor es que me mentís diciendo que no encontraste flores, como hiciste el año pasado, ¿tan boluda me crees? ¡Te las venden en todos los semáforos, nene!
-          ¿Querés saber por qué nunca te regalé una flor y nunca te la pienso regalar?
-          ¿Ni pensás regalar?, ¿ni pensás?, ¿y el día que tenga un hijo? Después de haber parido el chiquito, cuando esté semi muerta pos parto sosteniendo a nuestro hijo, ¿ahí tampoco me vas a regalar una flor?
-          Tampoco. Porque no hay nada que me parezca mas pelotudo que ver un chabón con una flor o con un ramo de flores caminado por la calle. A mí se me cae la cara de vergüenza, antes.
-          Sos un PE-LO-TU-DO, pero sos más pelotudo de lo que siempre pensé. Ay, dejame trabajar, nene. ¡Andá, andá!
-          Ahora me voy, pero no te hagas la boludita y pensá cómo me vas a explicar esto.
-          Andá, querés, andate, ¡ah! y ¡Feliz Primavera, mi amor!
-          Por los huevos me la paso, bien por los huevos me paso a la primavera, forra.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Perdón, ¿qué día me tocaba a mí?



Después de convivir seis meses con JJ en Caballito, decidimos irnos porque Marta, la dueña del departamento, no sólo volvió pirucha, pirucha de Italia sino que se trajo algunos caprichitos importantes. La máxima fue que no aceptaba animales en su departamento y, además, solo quería que viva yo en su departamento. Es decir, dos personas en su departamento no quería que vivan, sólo aceptaba una porque consideraba que dos personas desgastaban el departamento más que una, ergo, se lo envejecíamos antes de tiempo. Si, si, completamente del tomate volvió la mina.

Así las cosas, de Luna no me iba a separar, de JJ tampoco y sólo nos quedó una alternativa: cada uno en su casa, al menos por tiempo, hasta poder alquilar algo. Por mi lado junté plata para poder alquilar. La idea era que alquilara yo porque ganaba más en ese momento y después él se venía a vivir conmigo.

Hubo un par de cosas que pacté con JJ y para mi fue una tranquilidad. Quedamos en que yo comprara la heladera, el futón, la cama y todas las otras cosas de la casa, así quedaba claro que eran mías y no existía duda de que no había que hacer ningún tipo de división de bienes. Si ese lamentable episodio en algún momento llegaba, claro esta.

Todo bien pero lo que no me gustó nada fue la onda que JJ le puso a todo el proceso de búsqueda y de mudanza hacia el departamento nuevo. Si bien yo empezaba a alquilar y después se venía él, la verdad es que siempre tenía alguna excusa que no le permitía acompañarme a ver departamentos, ni heladeras, ni las lámparas, ni nada. Él nunca podía acompañarme. Eso sí, por teléfono siempre daba órdenes, sobre todo mientas yo estaba con el de la inmobiliaria viendo algún departamento, y la verdad es que la interrupción telefónica de JJ me ponía del orto y me hacía sentir una pelotuda delante de la gente. Todo porque al de la inmobiliaria no da decirle la verdad. No le podía decir, “disculpe las preguntas pelotudas que le hago Lorenzo, lo que pasa es que mi novio es un flor de boludo que se cree macho dando órdenes telefónicas para que yo le pregunte a usted, ¿entiende Lorenzo?”. No, no podes decir así, tenés que atender el teléfono, poner cara de póker y tratar de neutralizar las pelotudeces de tu novio, para no transmitir las pelotudeces que pregunta.

En fin, siempre llamaba mientras el Señor Lorenzo me explicaba con lujo de detalles las virtudes del departamento en cuestión.
-          ¿Paulita, Paulita? ¿estas en el departamento que me dijiste?
-          Si, mi amor, soy yo, pero no grites, por favor, JJ. El departamento esta vacío y retumba tu voz asique te escuchamos todos acá, ¡tratá de no gritar, vida!
-          ¡Eh! ¿estás mala onda, nena?
-          Decime, gordo.
-          Mmmm, ¿cómo estás, nena?, ¿te está por venir?
-          JJ, decime qué necesitas porque el señor Lorenzo me estaba mostrando el calefón.
-          ¡Uy! ¡Que jodona estas, gorda! ¡Jaja! No te jodo, no te jodo más porque sé que te chivas, Paulita. Cuchá, fijate gorda si mi gimnasio entra ahí.
-          Y no sé, JJ, ¿qué sé yo si entra?, ¿pasame las medidas? *ya me ponía del orto en dos segundos. A ver, cómo mierda voy a saber si entra o no, su gimnasio, ¿me está cargando este pibe?, el gimnasio lo tiene en un patio enorme, en Padua y pierdo la perspectiva del tamaño, ¿mirá para qué me llama?*
-          ¡Uy, no las tengo las medidas acá, gorda! Pero vos lo viste en mi casa, ¿no te acordás más o menos? ¿a ojo negra, fíjate a ojo a ver si entra?
-          Y, el departamento parece grande, pero no sé si decirte que entra.
-          ¿Y la compu? ¿mi compu entra, negra? *¡ay! ¡quería matarlo! ¡¿Por qué carajo no viene él acá y se fuma al señor Lorenzo como me lo estoy fumando yo, la re puta madre?!*

A ver, ¿cómo lo explico? Las mujeres, o yo al menos, no sabemos tomar medidas “a ojo”, no dimensiono  bien el tamaño de las cosas, jamás me acuerdo cuántos pasos son un metro y JJ pretendía que calcule si entraba su gimnasio, ¡esta completamente loco este muchacho! El gimnasio además de los metros cuadrados que ocupa, también ocupa un alto, hay que tener en cuenta la altura de ese aparato. Cuando vi ese gimnasio en el patio de la casa como no hay techo en un patio, menos referencia tenía, ¿cómo espera que calcule sin una puta referencia?  Si esos fierros son altos y tocan el techo, no tengo ni idea. Después, para colmo agrega: “pero, preguntale a Lorenzo si entra un gimnasio estándar en el comedor o en el balcón”. Mirá si voy a preguntar tamaña locura, me saca cagando y se lo alquila a otro con solo pensar cómo puede llegar a quedar el piso de parquet con el peso de del gimnasio encima, ¿qué pensaba?, ¿apoyar los discos esos de cincuenta kilos en el piso? Se hace mierda el parquet, ¿alguien le puede avisar a JJ, por favor? ¡qué inconsciente, por dió!

Al final, como era de esperarse, todas esas preguntas fueron completamente al pedo porque cuando nos mudamos jamás trajo el gimnasio. Como no entró en la camionetita de su amigo, el gimnasio jamás salió de San Antonio de Padua y, lógicamente, no pagó un flete de Padua hasta Olivos para transportarlo ¡canuto con la guita como él solo!

Sin esperar mucha colaboración de parte de JJ alquilé lo que mejor me pareció a mí. De paso, aprovecho este momento y hago un pequeño avisito parroquial, el último en conocer el departamento fue JJ, ¿quién más podía a ser? Lo había venido a conocer todo el mundo, hasta mis abuelos, pero él no lo conocía.

Una vez alquilado, como ya había comprado las cosas más importantes para equiparlo, me mudaba y listo. Solo hubo que pintar algunas cosas, detalles chiquitos. JJ colaboró con lo que más le gustaba, se encaprichó en pintar y pintó. Limpiar u ordenar, nada. En realidad, para ordenar eran cosas mías pero también había cosas de la casa como platos, vasos, con esas cosas podría haber ayudado, pero no. Bueno, colaboró con la pintura, say no more, no me iba a calentar por eso. Pasados dos días de pintura, trajeron el futón y con el futón ya podíamos dormir juntos otra vez en el nuevo departamento. JJ, lento para todo y sumamente indeciso, no se quería mudar inmediatamente porque le daba “cosa” dejar sola a la Poro y en un punto, me pareció bien. Además, ¿qué le iba a decir?, trabajábamos en la misma empresa, almorzábamos juntos todos los días y durante la semana se iba a quedar a dormir conmigo porque para moverse para la facultad y el trabajo era mejor estar en Olivos que en Padua y los fines de semana yo podría ir con él a Padua para estar con la Poro.

Pero a pesar de estar todo tan claro entre nosotros, siempre había algún detallecito con el que JJ lograba sorprenderme enormemente. La sorpresa fue el día que llegó el futón y ya podíamos dormir juntos en el departamento nuevo. Iba a ser la primera noche juntos en ese lugar. La entrega del futón fue un sábado o un viernes, no me acuerdo bien, pero si me acuerdo que al otro día no se trabajaba, porque en base a eso armé una sorpresa para JJ.

La sorpresa era hacer una cena especial para esa primera noche juntos ahí. Como la cocina no es lo mío y estando él ahí no podía hacer nada que sea sorpresa, compré en la rotisería del Disco un pollo al horno con papas, también compré postre y ya tenía una película separada para ver después de comer. Todo preparado de esa forma era una verdadera sorpresa.

Antes de la hora de cenar me bañé primero así mientras él se bañaba yo ponía la mesa y arreglaba todo, así cuando salía del baño tenía una rica cena lista, algo muy sorprendente considerando el poco amor que le tengo a la cocina. Él valoraba mucho más una rica cena comprada de rotisería, antes que una cena casera mía, debido a mis culinarias “capacidades diferentes”. Puse velas, ¡no podían faltar! Era una verdadera cena romántica, creo que fue la primera y única vez que compré velas y las prendí en una cena sin que se haya cortado la luz. Un detalle no menor, Luna estaba en la casa de mi mamá porque como veníamos pintando fue mejor que la perra sea la última en mudarse y no camine con las patitas llenas de pintura por el departamento.

La verdad es que creí haber tenido todo en cuenta para que la cena sea perfecta. Solo hubo una cosa no tuve en cuenta: la indescifrable mente de JJ.
-          ¡Ah! ¡Qué rico, amor! ¿y por qué toda esta cena así tan linda? ¿a qué se debe?
-          Y, es la primera noche que vamos a pasar en este departamento, quería que sea especial.
-          Pero gorda, hoy es el día del amigo.
-          ¿Y qué tiene, JJ?
-          ¿Cómo que tiene, Pau? ¡Es el día del amigo!
-          Si, ¿y?
-          ¿Y? ¿me preguntas?, día del A-MI-GO, ¿qué te dice?, a ver pensá… ¿con quién te parece que debe pasar el día del amigo?
-          Si, ¿con tus amigos?
-          Si, mi amor, ¡más vale!, el día del A-MI-GO se pasa con: A-MI-GOS. Vos sos mi novia, Pau.
-          Pero, ¿justo hoy, JJ?, hoy que es nuestra primera noche acá, el día del amigo son todos los años.
-          Y este año es hoy el día del amigo yo no puse la fecha, Paula.
-          Ya se que no pusiste vos la fecha, nene, ¿o pisaste la luna y no me enteré?, ¿tan groso te crees?
-          ¡Uy, uy, uy! No te pongas loquita y no te hagas la graciosa conmigo, ¿qué me querés decir?, ¿que yo estoy siempre en la luna?, ¿qué tiene que ver la luna en esta conversación, nena?
-          Nada, nada, ¡olvidate! Pero pará, pará, de verdad te digo, ¿te vas?, no te vayas, JJ. Preparé todo para estar con vos hoy. Además sabés que me da cagazo dormir sola acá, es la primera noche y justo no esta Luna. No pensé que te ibas.
-          Pero la misma palabra te lo dice, gorda, pasa que te pones dura y no querés entender, ¡es el día del A-MI-GO! ¡A-MI-GO! ¿y con quién hay que estar en el día del A-MI-GO?
-          ¡Sos un pelotudo, JJ! ¡dejá de hablarme en sílabas y si te vas, ándate ya! ¡andate, nene!
-          ¡Jaja! Me haces reir, Paula. ¿Ahora resulta que soy un pelotudo porque el día del A-MI-GO lo quiero pasar con mis A-MI-GOS? ¡es lo lógico, Paula Jimena!
-          No entendés nada, pero nada de nada entendes. Andá, andá con tus A-MI-GOS, pelotudo, ¿querés irte?, ¡andá!
-          Nena, la que no entiende un carajo de la vida sos vos.
-          Mejor, dejame sola, ¿si?, gracias.
-          Pero, ¿por qué no arreglaste con tus amigas?
-          Porque es la primera noche que pasamos juntos en este departamento.
-          Pero es el día del…
-          ¡Callate! ¡Por favor callate! ¡No me lo repitas mas la palabra A-MI-GO, nene! ¡Andate! ¡Andate ya!
-          No te entiendo, Paula. ¿Cómo te gusta pelear, nena?
-          Si, si, yo peleo y me encanta. A ver, decime, ¿con tus amigos de Padua salís?
-          Si, obvio, ¿por?
-          Para saber si volvés a la noche pero veo que no, que si te vas a Padua directamente dormís en tu casa.
-          Si, iba a dormir allá, así me quedo un rato con Poro. Mañana a la tarde vengo y a la noche cenamos juntos, ¿dale?
-          No, no es lo mismo.
-          Y no, no es lo mismo porque hoy es el día del A-MI-GO y mañana no.
-          ¿Vos me estas cargando, JJ?
-          No, Pau. Pero te juro que no entiendo por qué haces tanto escándalo. Para vos esta el día de la novia y el día de los enamorados, que sé yo, mil días hay.
-          No puedo escucharte más, ¿para mí el día de la novia? ¿vos cumplís con los días de…del vecino, del maestro?, ¿cómo hacemos el día del novio?, ¿existe?, a ver, ¿a vos cuándo carajo te saludo?, ¿el día del pelotudo?
-          Te pones terrible Paula, te sacás, insultás. Así no se puede hablarte, nena. Es como dice tu papá cuando te pones torcida no se puede hablar con vos y hoy estas torcida.
-          ¿Cómo que no me entendés?, quiero que te vayas a Padua y festejes.
-          Me voy, Paula. Más vale que me voy, nena.
-          Masí JJ, hacé lo que quieras.

Después de un rato de llanto agarro el teléfono,
-          Hola mamá, no, no, no me pasa nada. ¿Me podés traer a Luna ahora, mami, por favor?, si, si, bueno, cuando quieras, mientras que sea hoy esta bien. 
-      Dale, después de cenar esta bien mami. Gracias, chau.
-      ¡Ay no má!, ¡nada! No me pasa nada. Sólo que estoy cansada y me acosté.
-      Si, JJ bien, pero tuvo que ir a ver a Poro porque no se sentía bien, asique que salió para Padua casi corriendo.
-     Bueno, traeme a Luni cuando puedas. No sé mañana si voy a estar acá má, pero igual tengo que
       festejarle a JJ el día del pelotudo. Beso má, chau.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Las minas son descartables, sépanlo.


Situaciones como ésta que voy a contar hacen que no me importen absolutamente nada las minas. En casos así me voy de mí, empiezo a pensar en cualquier cosa, en el programa de Tinelli, en las vacaciones que me deben, o lo que es aún peor, en el promedio de River.

¿Quiero minitas fáciles? Cualquiera diría que sí, pero a veces, cuando están tan open, puedo asegurar que querés remarla un poco.

Todo comenzó por Facebook. La mujer de Martín me pasó el contacto de una amiga suya. Arrancamos bien: la minita estaba buena, así que después de revisarle todas las fotos le mandé para agregarla como amiga. Iba a mandarle un mail primero, pero me pareció muy formal, una huevada, no sé. De todas formas me aceptó, así que todo bien. Últimamente por Facebook conocí a bastantes minas, ¡no sé cómo no me hice una cuenta antes!

Cuando le conté a Martín las buenas nuevas casi se pega un síncope. Me pidió prácticamente de rodillas que la haga bien.

– ¡No te zarpes, no me hagas quedar mal!– me suplicó.
– Boludo, ¿alguna vez te hice quedar mal yo?
– Demasiadas veces, pajero.
– Yo también te quiero, forro.

Me parecía sensato hacerle caso; no hacerlo quedar mal con la jermu. Cuestión que la mina me termina aceptando y después de hablar dos huevadas por Facebook le pido el MSN. Era, después de todo, la senda correcta.

Gran error. Por MSN estuvimos como dos meses. Ya después de la primera semana no sabía de qué más hablarle, pero como me saludaba siempre y con buena onda, yo le hacía chistes con lo único que tenía a mano: sus fotos de Facebook. Me sentía un pelotudo, y como ella era buena y me explicaba por qué tenía las fotos que tenía en su perfil, me hacía sentir más pelotudo todavía. La rutina humillante se repitió mucho más de lo que yo hubiera querido.

Cuando llegó marzo, cansado, decidí mandar toda la corrección a la mierda y me tiré el lance de invitarla a salir. Si me aceptaba después de todos los papelones que había hecho por MSN, ya estaba. Aceptó.

Quedamos de salir un sábado en el que justo jugaba River a las siete. Yo ya tenía entradas para ir a la cancha con Willy, así que le propuse dársela a su hermano para que vayan juntos. Me respondió enseguida que no rompa los huevos, que cómo iba a dejar de ver a River por una minita, que me prometía que nos volvíamos –siempre íbamos en su auto, que está más baqueteado– ni bien terminaba el partido. Entré como un nabo, porque después del partido me hizo ir a una pizzería a tomar un porroncito –"dale, si lo tomás como agua", me dijo– que terminó convirtiéndose en tres Quilmes y media muzza con fainá. Patada al hígado mal.

Cuando por fin me tiró en casa me tuve que mandar dos vasos de Hepatalgina, y al toque tres chicles de menta mientras me bañaba a los apurones. Salí rajando. Decí que la mina vivía en Olivos y que yo me conocía la zona como la palma de mi mano por haber vivido toda la vida en San Isidro. Si no, no llegaba nunca. Igual llegué tarde y le mandé cualquier fruta de que me perdí, que hacía mil que no iba por la zona, que bla, bla, bla. Por lo visto me creyó.

Para esta altura tenía un tremendo revuelto gramajo en el estómago, producto de la muzza, y cero ganas de tomar. Le pregunté por cortesía a dónde quería ir y me dijo no se qué de un minicine. Podía llegar a morir si iba a una cosa así en mi estado, así que me hice el sota y le dije de ir al bolichito al que llevo a todas las minitas, que aparte es un golazo porque está cerca de casa, y si pinta onda ya estamos ahí. Casi no me sale, porque cuando íbamos por Panamericana, ya a punto de llegar, me dice de ir a otro que está por el centro, pero cuando le dije que al que íbamos estaba cerca de mi casa se copó y no tuvo drama. ¡Venía bien la cosa!

Obviamente llegamos y yo ni quería ver la carta. Le dije que se pida lo que quisiera que yo me tomaba un agua mineral, que tenía que manejar y que además al día siguiente entrenaba temprano. Corte responsable, para quedar bien. Aquél debe haber sido el primer domingo en que caí sin resaca a una práctica.

Ya sentados, empezamos a hablar. Como no salía charla de ningún tema terminé contándole sobre mi ex, de cómo me dejó, de sus mambos. Se la exageré un poco, pero la mina me escuchaba atenta, así que supongo que le interesaba el tema. A mí no; quería hablar de algo más picantón, ponerle sal al asunto. Después de media hora ya no sabía más qué contarle, y la flaca seguía firme como un poste, escuchándome. Ni que estuviera enamorada. "¡Listo, digo, acá hay que concretar!", así que salté al tema del sexo de una.

– Che Pau, y contame, ¿solés tener sexo en la primera cita?

Se puso roja, je. Después de un rato sin respirar me empezó a contestar despacio, con un tonito ratoneador mal.

– Y, no sé, depende.
– ¿Depende de qué?– retruqué con una sonrisa y acomodándome en la silla.
– ¡Ay, de tantas variables! ¡Tantas variables entran en juego!
– No te hagas la misteriosa, Pau, decime.
– Y, lo primero es que tome cerveza conmigo, por ejemplo.

Me estaba gozando. Me encantan las minas que hacen eso.

– ¿En serio? ¡Qué mala! Si me decías tomaba...
– No, tonto. Te estoy jodiendo. ¿Mira si va a ser en serio? Depende de la onda que se genere, ¿viste? Esas cosas se dan, pasan, se generan solas, no se fuerzan.

Ya no daba para más, estaba todo dicho y yo ya me estaba aburriendo no pudiendo tomar. Era el momento de hacer el avance, pero no era el lugar.

– Claro, obvio, tenés razón. ¿Qué te parece? ¿Vamos ya, Pau, o querés tomar algo más?
– No, dale, vamos– Se venía el gol.

Cuando íbamos caminando hacia el auto, me pareció notar que estaba nerviosísima. Es algo que siempre me da risa, porque nadie sabe bien qué decir en circunstancias así. Preferí hacerla corta y sin cursilerías –tipo miraditas, caricias y esas boludeces– porque la mina obviamente no daba más de la vergüenza. Ni bien nos metimos en el auto le chanté un beso.

Lo que viene ahora es lo inexplicable: estábamos dándonos unos besos riquísimos y de repente la mina me corta en seco y me dice de ir yendo. "¡Fa, la tenés loca, taitan!", me felicité. Como quien ya sabe de la cosa, le digo que está bien, que nos vamos para casa, a lo que me responde que no, que quiere ir... ¡al río! ¿Qué quería ir a hacer al río, digo yo, con la cantidad de mosquitos que había? Sin entender mucho, acepto y agarro Libertador de vuelta.

El silencio en el auto era sepulcral y me hizo volver a acordar de la práctica del día siguiente, de la muzza con fainá que tenía atorada en el estómago, y de la cantidad de mosquitos que me estaban esperando en el río. Estaba maquinando a full.

Como estaba francamente en cualquiera, le mandé de vuelta el verso de que estaba perdido en esa zona de la ciudad, etcétera, y le pedí que me guíe. Por un buen rato no le presté demasiada atención, pero de alguna logré ir haciéndole caso. Hasta que en un instante –no sé cómo hice para escucharla– me dijo que tome Corrientes así de paso me mostraba dónde estaba su casa. Y se me salió la cadena. ¿Su casa? ¿Quería ir al río pero me estaba mostrando dónde estaba su casa? ¿En qué quedamos? ¿Quién las entiende a estas mujeres? Oficialmente me chupaba un huevo todo.

La verdad, a esa altura de la noche no sabía si tenía chances o no con la minita. Sabía, solamente, que ya no me importaba otra cosa que dormir, despertarme bien al día siguiente con la cabeza despejada, y disfrutar sobrio de una práctica. Se lo planteé.

– ¿Sabes que, Pau?
– Decime.
– ¿No te enojas si te dejo en tu casa ahora?
– No, está todo bien, pero contame, decime la verdad, total es la primer vez que nos vemos. ¿Qué te paso tan de repente?

Se quedó mirándome como suplicándome una explicación. Pero me estaba preguntando algo en NTSC y yo ya estaba en PAL-N. Le respondí sin filtros.

– Es que me acordé que mañana entreno más temprano que de costumbre y no quiero ir arruinado. Podemos salir otro día si te parece. Ir a cenar, si querés...
– Sí, sí. No hay drama, dale. Me decís y salimos. Mirá, es acá, doblá acá que justo está mi casa.
– Bueno, te llamo entonces.
– Dale, chau, chau, ¡suerte mañana con tu entrenamiento! Y llamame, ¡dale!

Bip-bip, la saludé con la bocina mientras entraba a su casa. Quizá, en una de ésas, algún día, ordenando, encuentre el papelito donde anoté su teléfono.


Autor: Matías elpavimento.blogspot.com o seguilo en Twitter @mgurmen 

Se dice de mí.

Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.

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Muy buenos blogs, haceme caso y leelos. No te hagas el malaprendido conmigo