No sé para qué es esto pero postié lo mas me gusta

domingo, 29 de agosto de 2010

Pequeñas venganzas sobre la vida conyugal.





Para ser un poco más equitativa y no victimizarme tanto, debo reconocer que no he sido la Santa Todotelotolera con JJ. Cuando se detecta que del otro lado no hay intenciones de modificar ningún tipo de actitud y que cuando se habla de “terminar” o de “tomar un tiempo” en la pareja a modo de solución, él no se dejaba dejar. Fue ese el momento en el que pensé: “Bueno, ya te cansarás, cariño”. Así esperé, erróneamente, que él decida cortar la relación.

Después de más de dos años juntos, digamos que, “el horno no estaba para bollos y llegado a un punto de saturación importante, tuve mis momentos de “pequeñas venganzas”. Se trataban de pequeñas “cositas” que solo yo entendía y me divertían mucho.
JJ iba cuatro veces por semana a la facultad y esos días que cursaba volvía tarde, alrededor de las once de la noche, más o menos. Lógicamente llegaba con un hambre voraz. Con o sin hambre, JJ ya venía “per se” bastante pesado con el temita: “comida”.

Por mi parte, la comida, me pasaba bastante inadvertida más viviendo sola y, de todas las artes culinarias, en la gastronomía no me destaco en absoluto, sumado a que en ese momento no me importaba destacarme y tampoco le ponía mucha garra para superarme.

La verdad es que poco me importaba que JJ estuviese contento con sus ingestas. Además de mi “cero” onda con la cocina no puedo dejar de reconocer que tengo un grave problema a la hora de ponerle sal a la comida. Me caracterizo por arruinar comidas por exceso de sal. La protesta de JJ por mi pasión a la hora de salar la comida era todo un clásico. Pero, como aprendí de mi madre, no hay nada mejor que una importante cara de orto en el momento de la cena ante cualquier crítica a la comida. “Una buena cara de orto vence cualquier intento de critica”, sabelo.

Vuelvo a JJ, a su facultad y sigo. Como JJ volvía tan tarde de su facultad muchas veces yo comía antes pero lo esperaba con la comida lista como toda buena novia hace. Un día con pocas opciones en la heladera intenté hacer algo diferente con lo que tenía, pero no me salió. 
Lo primero que hice fue agarrar un librito de cocina, como siempre hago y busco cómo se hace la salsa blanca. Me pareció que con unos fideítos iba a ser un manjar. Básicamente la receta nombraba dos ingredientes claves: leche y maicena, estos dos elementos se mezclaban a fuego tranqui y “chau pinela”, ¡es una papa hacer salsa blanca!, pensé. Bueno, es una papa si tenés leche y maicena pero si no tenés los ingredientes, ¿qué haces?, yo te lo digo porque me hago la chica práctica y moderna, aunque no me salga siempre. Maicena no tenía y en su lugar puse harina, es lo mismo o parecido, pensé. Leche tampoco tenía, bue, tenía más o menos, había leche en polvo, así que la mezclé con agua porque se hace de esa forma la leche en polvo. Siguiendo las instrucciones del libro, también le puse sal y pimienta, decía nuez moscada pero no tenía idea de qué era eso. Sal puse muy poquita así JJ no me decía nada y evitaba al menos una protesta. ¡Ay! también decía que la salsa blanca, lleva manteca pero solo un pedacito y no me pareció muy relevante ponerle un “pedacito” nada más, si es un pedacito tan chiquito, que tenga o no manteca no se iba a notar. Tampoco tenía un paladar tan refinado JJ, de más esta aclararlo. Le ponías un adoquín y cenaba adoquín.

Así hice la salsa blanca. La hice, si, pero jamás pensé cual sería el resultado, lo juro. Aunque el resultado de mi adaptación libre de la receta no me importó demasiado.
La probé y era incomible, realmente espantosa. En ese momento lo mejor era consultar a una experta y la llamé a mi abuela desesperada esperando que diga alguna forma de salvar esa maldita salsa. Le cuento con todo detalle lo que hice y cómo reemplacé los ingredientes. La abuela Merce me escucha atenta y me dice lapidaria: “¡Eso es engrudo, Paulita!” “Te quedó harina y agua, es engrudo ¡tirálo ya, nena!”. “Gracias abuela, ahora lo tiro”, le dije, pero en mi frente se habían clavado unas luces de neón que titilaban diciendo: “ni en pedo lo tiro, ni en pedo lo tiro. Todo mi tiempo invertido esta salsa no va a terminar en la basura”
¡Má sí!, que la coma igual, me niego rotundamente a que mi esfuerzo culinario termine en la basura.
Mi negación a tirar la salsa solo duró hasta que JJ llegó de la facultad con un hambre importante. Creo que si le ponía las fichitas del Ludo Matic se las comía igual que canapés.
Llega JJ, lo saludo y con mi mejor cara de poker, agarro un librito y me voy para la cama. No quería estar cerca en el momento que comiera el primer fideo.

-          ¿Ya te vas a dormir, gorda? ¡Qué raro! ¿Por qué no te quedas conmigo mientras ceno, como siempre?
-          ¡Ay! Tengo mucho sueño hoy JJ. Si vos comes todo en un segundo, en seguida estas acá en la cama. Comé, que seguro tenés hambre. Te hice fideos con salsa blanca y están en el microondas ya en el plato, la mesa esta lista, dale unos segunditos a los fideos y listo.
-          ¡Uy! ¡Nunca me hiciste fideos con salsa blanca, gorda! ¡Parecen ricos estos fideos, Paui! ¡Tienen una pinta! * parecen, solo parecen, probalos y  vas a ver” ¡Ay! me sentía una pequeña  Yiya Murano*
-          ¡Que suerte que te gusten, mi amor!, le dije.
-          Mmmm, los pruebo y te digo cómo están, amor.

Pasaron unos segundos y dejé de ser Paui para pasar a ser PÁula *acentuaba mucho las primeras dos letras de mi nombre cuando se enojaba*.

-          Ésto es incomible, PÁula! ¡No es salsa blanca, nena! ¿qué hiciste?
-          ¿Ah, no? ¿cómo que no es salsa blanca, JJ?, ¿me vas a decir a mi lo que cociné, nene?
-          Si sos tan cocorita, ¿por qué no venís y la probás?
-          ¡Uy! Ya no sabes con qué pelearme. ¡Sos insoportable con la comida, flaco! Comé y no me molestes más.
-          ¡Comé, PÁula! Dale, proba uno, ¡probá!
-          ¡Salí de acá, no vengas con la comida a la cama, nene! Tanto quilombo por un plato de fideos, cómo se nota que no tenés hambre. Seguro que no aguantaste en la facultad y te clavaste un paty antes de venir, ¡seguro! Si te conozco bien yo, JJ.
-          Nena, esto es una cagada, ¿entedés? Una reverenda CA-GA-DA, no lo puedo comer, no lo puede comer nadie, no pasa. Encima, me querés hacer creer que yo soy el equivocado y jodido con la comida, ¡eso es lo que más me saca Paula!
-          Mirá JJ, vos venís sacadito de antes. Seguro chupaste cerveza por eso estás tan irritable. Salí de la pieza con esa olla, rajá de acá, por favor.
-          ¿Ahora soy borracho? ¡Vos no tenés cara Paula!

Da un portazo mal y se va de la pieza. *Por dentro pensaba: “comé y no jodas más. Gracias que cociné. Comés tantas porquerías, nene. Esos patys en la cancha de racing que con la cantidad de gérmenes que tienen van solitos caminado hasta la parrilla para cocinarse. Si sos inmune a todo” Pensaba todo esto pero también sabía que él tenía razón. Igual, pelearlo así me divertía un montón* 
Al toque escucho ruido en la cocina, abría y cerraba las alacenas, la heladera, los cajones, todo. Sentía ruido de que estaba haciendo un quilombo bárbaro y gritando desde la pieza le pregunto:

-          ¿Se puede saber qué haces en la cocina JJ? ¡Mirá la hora que es!
-          Busco algo para comer Paula, no sé, una salchicha, ¡algo! ¿no hay nada, nena? ¡no puede ser!
-          Hablame tranquilito a mí, primero, ¡eh! No, no hay nada para comer.
-          ¿Y más fideos? ¿no quedaron fideos sin hacer?
-          Los use todos, JJ. Yo te dije que teníamos que ir a Coto, te lo dije el martes, pero vos no me das pelota cuando hablo. Ahora, ¿podés comer un poco de los fideos que te hice? haceme ese favor, ¿puede ser?
-          Eso es una mierda, nena. No es comida. No los pienso comer.
-          Y, ¿qué haces ahora?
-          Estoy llamando a “Vitorio”, la pizzería. Tus fideos no se pueden comer, ¿cuándo lo podrás entender, Paula?
-          ¿Y? ¿te atendieron?
-          No, son unos gallegos de mierda que no quieren laburar, ya cerraron seguro.
-          No son gallegos, “Vitorio” es italiano.
-          ¡Una mierda me importa la nacionalidad de esos putos!
-          Bue, basta, ¡me cansaste! ¡Comé los fideos que te hice!
-          Es que los tiré a la basura.
-          ¿Me estas jodiendo? ¿en serio? Entonces, ¡jodéte! ¡Jajaja! ¡Sos un mal agradecido! Ahora quedate con hambre. La próxima vez cocinate vos.  Sino andate a los gallegos de “Vitorio”, ¡jaja!

domingo, 22 de agosto de 2010

¿Vacaciones?, no gracias. Andate vos.




Nada era fácil con JJ y las vacaciones no fueron la excepción. Si bien las vacaciones que pasamos nuestro primer año juntos fueron perfectas (o casi perfectas), con el paso del tiempo hay cosas se fueron tornando un tanto imperfectas, hasta transformarse en algo similar a un  infierno. Creeme que no exagero para nada.
Entre octubre y noviembre nos pusimos a planificar las vacaciones. La realidad es que yo consideraba que lo mejor era no ir de vacaciones, nos habíamos mudado en julio de ese año, yo había comprado la heladera, el sillón, el somier, en fin, fueron muchos gastos para mi bolsillo como para irnos a la costa alquilando y viviendo allá quince días.
La verdad es que la insistencia de JJ pudo más. Mi papá unos meses antes me había regalado un auto chiquito, un Renault 4.
JJ se encaprichó como nadie con ese auto y lo puso "a punto", dentro de sus posibilidades, para poder salir a la ruta.

Las vacaciones las comenzábamos el primero de enero y tanto se cebó con ese auto que se dió cuenta (tarde) que la guita no nos daba para tanto. Para amortizar los gastos JJ no tuvo mejor idea que decirle a su hermana, Lucre, que venga con nosotros con el fin de dividir los gastos de nafta y alquiler principalmente. Pero Lucre no estaba sola, estaba casada con Tito y tenía un bebe de un año, Robertito, si como el padre se llamaba.

Tratá de imaginarte la siguiente imagen, un Renault 4 que es un auto pequeño, bueno, en ese pequeño auto íbamos: JJ, Lucre, Tito, Robertito y yo. Hasta ahí íbamos más o menos bien. Pero JJ omitió un pequeño detalle, la casita reservada en un principio no alcanzaba para tantos asique el veintitrés de diciembre perdimos una parte de la guita de la reserva de esa primer casa para alquilar otra casa más grande, ergo, más cara.
               
                Otra característica de JJ es que omitía ciertos detalles. En realidad no sé si los omitía, los olvidaba, si me los ocultaba a mí o si lo tenía planeado con anterioridad y conmigo jugaba al “factor sorpresa”. Me presentaba el problema tan sobre la fecha que no había manera de resolverlo y la única alternativa era la que JJ proponía. Bueno, estrategia o no,  la realidad era que la Poro se quedaba sola ya que se iban de vacaciones, en la misma fecha sus dos únicos nietos, JJ y Lucrecia. Dentro de este marco de situación para el veintiocho  de diciembre, día inolvidable para mí ya que por un momento creí que se trataba de una joda del día de los inocentes, JJ me plantea lo siguiente:
-          Gorda, mirá, te quiero decir algo de las vacaciones. Ya sé que el tema “vacaciones” te tiene harta desde hace dos meses pero esto es importante porque se trata de mi abuela, ¿viste?
-          ¿Qué le pasa a la Poro, JJ?
-          No, no le pasa nada, Pau. Pero como mi hermana se viene con nosotros de vacaciones mi abuela quedaría quince días sola y no puede quedarse sola tantos días, me da miedo, mirá si le pasa algo.
-          Pero vos y tu hermana son dos pelotudos JJ, discúlpame que te diga.
-          Ya tenés que insultar, ya tenés que pelear no podes hablarme bien, ¿no?, ¿te cuenta mucho hablarme bien, Paula?
-          ¿Sabes lo que pasa, JJ? Desde octubre estamos con este temita de las vacaciones, viendo si es una casa, si es otra, primero parece que vamos solos, después resulta que no, que viene tu hermana con toda su descendencia. ¿Sabés cómo me tiene este temita, nene? Ya vengo gastando mucha guita en el alquiler de este departamento con todo y la verdad es que creo que lo mejor es no ir a ningún lado y guardar esa guita. Además, ya sabes lo que pienso de ese auto.
-          ¡Uy! ¿Qué te pasa con el auto?
-          Ese auto que me dió mi papá tiene once años JJ y no me digas que el motor es nuevo porque ya lo sé. Pero ese auto es para andar por acá no para ir de Ushuaia a la Quiaca como León Gieco, querido. ¡Es una locura ir en ese auto, con un bebe hasta la costa! ¡Ese auto nos deja parados en cualquier momento! ¡En plena ruta!
-          Cómo te gusta discutir a vos, pero ¿sabes qué? Ese auto tiene todos los papeles al día y también le hice la verificación técnica para poder salir a la ruta Si lo sabes, ¿para qué carajo me decís que el auto no va? ¡El auto esta perfecto, Paula, perfecto!
-          Si, JJ, ya sé que le hiciste la verificación técnica pero también sé que cuando fuiste, volviste re contento porque te atendió un boludo que no se dio cuenta de nada, no se dio cuenta de la mierda que le pusiste a las ruedas. Esos cosos que no sé como carajo se llama.
-          ¿Qué cosos?, ¿los balancines decís?
-          ¡Ay! no sé, cómo se llama. Bueno, no importa qué era. Pero también me acuerdo que la verificación técnica la hiciste en San Antonio de Padua para poder llevar a la madre de tu cuñado que es cana, la llevabas por la dudas, como reaseguro. JJ, sos flor de trucho y salir con ese auto a la ruta es una locura, pero me tenés tan, pero tan cansada que de estas vacaciones ya me quiero volver sin ni siquiera haber ido.
-          ¿Terminaste, Paula?
-          Si, terminé. Ahora ¿me podés decir qué pasa con la Poro, por favor?
-          No se puede quedar sola mi abuela, Paula, mi hermana viene con nosotros. ¡Son quince días mi abuela sola!
-          Y que no venga tu hermana así se queda con tu abuela que es también la abuela de ella.
-          Se nota que no querés que venga mi hermana con nosotros, pero te recuerdo que no llegamos, ni en pedo, con los gastos. Cambiamos a una casita con una  habitación más porque venían mi hermana, Tito y mi sobrino. Además, mi abuela no sale de vacaciones desde que yo tenía diez años, cuando se hizo cargo de Lucre y de mí.
-          ¿Y? ¿entonces JJ? ¿qué querés que hagamos?
-          Y...no sé, pero quizás éstas sean las últimas vacaciones de mi abuela.

Ah, bueno, ante tamaña afirmación no me quedó otra alternativa que decir “bueno, que venga tu abuela también con nosotros”. No pensaba cargar con la culpa de que la señora abandone este mundo sin estas últimas vacaciones porque yo dije, “no, que tu abuela no venga”.
Así las cosas, la Poro vino también. Todos en un Renault 4. Apelo nuevamente a tu imaginación y te invito a que trates ver la siguiente imagen en tu mente: un Renault 4, en ese auto íbamos: JJ, Lucre, Tito, Robertito, la Poro y yo. Seis personas en un auto que es solo para 4.

                El treinta y uno de diciembre armando el bolso, JJ me dice con tonito “cocorito” el tono de su voz transmitía lo siguiente: “¡desubicada!, ¿qué haces?”, ese fue el tomo de voz que utilizó JJ, para decirme ésto:
-          ¡Pará, pará Paula! No podemos llevar mucha ropa, no van a entrar tantas cosas en el auto. Acordate que como va Robertito, hay que llevarle el cochecito, además mi hermana consiguió una carpita para llevar a la playa porque sino el sol cocina al bebe. También hay que llevar una sombrilla y un par de reposeras porque Poro no puede sentarse en la arena, tiene ochenta años.
-          Pero en la costa hace frio a la noche JJ, tengo que llevar un buzo y zapatillas, mínimo, por si llueve. ¡Ah! JJ también hay que llevar toallas y sábanas.
-          No, no, sábanas no llevemos mejor, dormimos así nomas, Paula. ¡Sábanas no!
-          ¡Vos estas completamente desquiciado, flaco! ¿cómo nos vamos a acostar sobre un colchón extraño sin ni siquiera poner una sábana? ¡No sabemos quién durmió ahí antes!
-          ¡Uy, nena! ¡Que fifí que sos! Yo te digo algo, Paula, como le dije a mi hermana, no lleven ropa al pedo porque lo que no entra en el auto lo dejo en Buenos Aires.

Demás esta decir que nunca pasé tanto frio como esas vacaciones y que una vez que llegamos la hermana de JJ se había llevado el placard entero, prácticamente. Tanta ropa llevó Lucre que el mismo JJ me dijo: “Tenés razón Pau, mi hermana se fue al carajo con toda la ropa que trajo”. Bueno, una para mí, ¡gracias!, pensé en ese momento.

Llegó la madrugada del primero de enero y todo estaba listo para cargar en auto. La logística era así: JJ iba a su casa en zona oeste, buscaba a su hermana, a su cuñado, a su sobrino y a su abuela. Después venía para el departamento, cargábamos lo nuestro y de ahí salíamos hacia la costa. Llega JJ al departamento, agarra su bolso y el mío, yo agarro a Luna, un huesito de ella y una mantita que usa siempre para dormir. JJ me mira con cara de asesino serial y me dice:

-          ¡Olvidate Paula! la perra no entra en el auto ya somos muchos.
-          ¿Cómo? ¿podes repetir eso otra vez, por favor, JJ?
-          Pau, amor, no es que yo sea malo, pero ya somos muchos, el auto no da más, esta hasta las pelotas, ¿no sabés? ¡No entra nada más!
-          ¿Qué pensaste? ¿qué Luna se va a quedar quince días acá sola?
-          No sé, Paula, es tu perra. No pensé nada, que se yo. Pensé que la llevabas de tu vieja, ni idea.
-          ¿A ver si entiendo?, va toda tu familia en MI auto y yo no puedo llevar a mi perra que solo pesa cinco kilos nada más. ¿Por qué te crees que te dije alquilá casita con patio? Aunque sea un patio chiquito, pero que tenga patio.
-          Por la parrilla, Paula, ¿no querías patio con parrilla?
-          Nunca dije parrilla JJ. ¡Me chupa un huevo la parrilla! ¡La parrilla me da igual! Dije patio y era por Luna que te dije “alquilá con patio”.
-          Paula, sordo no soy, dijiste patio con parrilla.
-          Mirá JJ, Luna viene de vacaciones con nosotros o nos quedamos las dos acá en Buenos Aires y te vas vos. Es más, andate vos JJ, para mí es mejor porque ahorro guita.
-          ¡Sos divina para arruinar todo, Paula!, eso es lo mejor que sabés hacer, ¡gracias, che!

domingo, 15 de agosto de 2010

No me presenten a nadie.

Siempre es mejor hablar claro, ¿no?. Bueno, entonces, si hablo claro ¡no te ofendas! Es mas, agradecémelo, no te hago perder el tiempo y el tiempo todos sabemos que "vale oro".
De repente me llega un mail de facebook, asunto: "¡Hola Guadi!" enviado por EE. No sabía quien era EE hasta que leí ese mail. 
Honestamente no sé si algunos hombres piensan lo que escriben o si realmente lo escriben convencidos de que lo que están haciendo esta bien. Simplemente, me descolocan. Cuando lo pienso en serio creo que hay una especie de maltrato de parte de ellos. Por ejemplo, este chico, EE, no me conoce, de repente me envía un mail y me invita a su casa ya que ahí esta una amiga mía. Hasta ahí vamos bien, pero considerando que es pleno mes de julio y que el reloj marca la 1am, creo que eso es un maltrato o un egoísmo extremo. El flaco dice "venite a casa, no seas garca", ¿garca flaco?, ¿que decís?, es la 1am de un frío, muy frío domingo del mes de julio y pretendés que yo salga de mi casa, camine 5 cuadras hasta la Avenida Maipú, espere un colectivo 60 y vaya a tu casa en San Fernando. ¡Tenés el cerebro FRITO, flaco, sabelo!
Cuando el abordaje que me hacen va por ahí, el flaco tiene un solo destino posible: "la salida". La salida la tiene comprada, pero, como todo en esta vida es mejor tomarlo con humor, siempre prefiero divertirme antes de darle exit.
Como me divertí con esta conversación comparto aquí este escaso contacto con EE, que comenzó con este mail de facebook en cuyo  asunto decía "¡Hola Guadi!", el mensaje era éste:
1º mail, dice EE,  en julio a las 1:06
-          Soy amigo de Guada y Mati, autorizame (se refería a que lo acepte en facebook). Beso, gracias.
2º mail, respondo yo, Pau Jime en julio a las 1:13
-          Ya te acepte, pero ¿sos de tuiter, también? Yo no soy Guadi.
3º mail, dice EE, en julio a las 1:15
-          Estoy con Guadi y Mati en este momento, en mi casa, ¿por qué no te venís?
4º mail, respondo yo, Pau Jime en julio a las 1:18
-          Pero, ¿vos leíste el "asunto" del mensaje que me mandaste? ¡Ah! ¿no sos de tuiter?. No voy porque hace mucho frío, es muy tarde, ¡Beso a Guadi! (lo acepté rápidamente porque lo confundí con un chico de twitter, cosas que me pasan muy seguido)
5º mail, dice EE,  en 10 de julio a las 1:20
-          Pregunta Guadi si le pusiste whisky al té. ¿Por qué? no puse nada raro en el asunto del mail... (nunca se dió cuenta de su error, ni miró, pero bue, a esta altura es lo de menos)
6º mail, dice EE,  en 10 de julio a las 1:20
-          Acá hay calor humano pau jime, venite, no seas garca!!  (esa expresión "acá hay calor humano" “venite, no seas garca” lo sepultó, pobre tipo, justo a mí me lo dice)
7º y último mail, respondo yo, Pau Jime en julio a las 1:24
-          El asunto del mail que me mandaste dice "Hola Guadi", yo no soy Guadi, ustedes tomaron whisky ahí me parece. Gracias por la invitación, pero justamente, lo que estoy evitando son los humanos. Pásenla lindo ustedes :D


Es verdad, con estas tan poco atractivas "citas", prefiero quedarme con mi perra en lugar de interactuar con esa especie de seres humanos caracterizados por la comodidad extrema. Me quedé con Luna, bien calentitas las dos.




Se dice de mí.

Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.

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Muy buenos blogs, haceme caso y leelos. No te hagas el malaprendido conmigo