No sé para qué es esto pero postié lo mas me gusta

viernes, 16 de julio de 2010

Nunca me entendió el punto, creo.


 

JJ tenía pocos amigos y solo una actividad recreativa: el futbol. Todos los días jueves jugaba al futbol con los chicos del trabajo. Jugar al futbol consistía en: reunirse con los chicos del trabajo, jugar un rato y quedarse hasta alrededor de las tres de la mañana comiendo choripán y mucha pero mucha cerveza. En fin, él la pasaba bien y no me molestaba en absoluto. Pero como siempre, en algo derrapó porque criterio tenía poco.

Me levanto un viernes a la mañana, voy a la cocina, al baño del baño a la cocina. Mientras caliento el café con leche y me preparo para bañarme tengo pasar si o si por el comedor varias veces. En una de esas veces que paso, escucho un ruido que me llama la atención, parecía el ruido de una moto pero era algo imposible. Como no tenía puestos mis  anteojos, fui al cuarto y me los puse, enfoco, miro y vuelvo a mirar porque no podía creer lo que veía. ¿Qué veo? Veo un bulto enorme durmiendo en el futón, me acerco tratando de que el olor a birra no me desmaye y lo veo, era el Pampa, un cordobés que trabaja en la misma empresa en la que JJ y yo trabajábamos. El Pampa era uno de los que siempre jugaba al futbol con JJ.
Como no esperaba ver a nadie durmiendo en el living, voy corriendo para preguntarle a JJ, ¿por qué estaba el Pampa en el departamento?, ¿cómo no me avisó? ¡Ni siquiera un cartel al lado del despertador! Lo iba a matar a JJ.
A todo esto, no había nada tan difícil como hablar con JJ cuando estaba dormido. La verdad es que parecía muerto el tipo, seguro habría llegado a cualquier hora.

-          ¡JJ!, ¡gordo!, ¡gordo!, ¡Eu!, ¿quién es el que esta durmiendo en el futón? ¿es el Pampa?, ¿por qué vino a dormir acá si tiene casa?
-          ¿Qué?, ¿qué pasa, Paula?, bajá, bajá un cambio, nena.
-          ¿Es el Pampa el que está en el futón?, ¿quién es el que esta durmiendo en el living?
-          ¡¿Ehh?! ¿qué pasa, gorda?, estas hablando muy rápido.
-          ¿Qué pasa?, ¿qué?, ¿qué pasa?, yo te voy a explicar JJ, la puta madre, qué pasa. *ya estaba sacada y recontra caliente*
-          ¡Ehhh!, nena, si así te levantas vos ¿cómo te ponés si te saco guita, mami?, pará un poquito Paulita.
-          Me quiero ir a laburar pero me encuentro con una ballena en el living y no entiendo nada. Quiero que me respondas y me deliras, no te hagas el pelotudo, JJ. Escuchame, me levanto, voy y vengo de la cocina al baño, del baño a la cocina un millón de veces, estoy en remera y bombacha y paso por el living si o si. Veo un terrible bulto en el futón, no sé qué es, porque no parece tener forma humana. Es mi casa y quiero saber quién esta ahí, durmiendo en mi living, con un olor a birra impresionante, como si esto fuera el Octuberfest.
-          ¡Ah! Si, si, es el Pampa, gorda, perdoná que no te avisé.
-          Pero JJ, dejame un papel al menos, una nota, avisando que el Pampa está en el living durmiendo y por lo menos, me pongo el jogging antes de salir del cuarto.
-          ¡Uy! Es verdad, estas en bombacha, che, ¿y?, ¿te vio el culo?, ¿qué bulto viste? –
-          Ay! No, no me vió el culo si ronca que da calambre. JJ, ¡callate!, por favor te pido, ¿qué bulto voy a ver? ¡Por dió!, no lo entiendo, ¿por qué esta acá?
-          ¡Ah! Él no podía ir a la casa, tomó mucho cuando terminamos de jugar anoche, ¡tenía un pedo! Si la novia lo ve así, le arma un quilombo bárbaro, ¿viste como es la mina esa?, medio pirucha está.
-          Terminaron de jugar, chuparon a lo pavo y se tiro ahí, ¿así como vino?
-          No, le dije que se saque el pantalón así dormía mas cómodo, mío no le entra nada, le di unas sabanas y la frazada roja.
-          ¿Se acostó todo traspirado?
-          ¡UH, nena! ¿qué querías?, ¿qué lo bañe?
-          No, esta bien, dejá, total las sábanas las lavo yo. Me voy a trabajar. Chau, JJ. *creo que era las cinco de la tarde y me seguía preguntando cómo no me había avisado*

Pasadas unas semanas, me levanto un viernes y veo la misma escena, solo que esta vez JJ avisó con un cartel el abajo del despertador. Salí de la habitación con jogging tratando de no hacer ruido, tome la leche, me bañé y me fui a trabajar.
Durante el almuerzo, en el comedor, hablo con JJ y con un tono de voz de chica contenta le digo:

-          ¡Gracias, amor! me avisaste que estaba el Pampa durmiendo en el futón.
-          ¿Viste, leeenda? Además le dije que se bañe así no ensuciaba las sábanas *mientras me lo dice me guiña un ojo*
-          ¿EH? ¿se bañó? *le preguntaba pero en el fondo no sé si quería saberlo*
-          Si, ¿qué tiene?, ¿por qué pones esa cara de mierda, Pau?
-          Pero JJ, usó la toalla del baño, la grande, la que estaba ahí seguro, ¿no?
-          ¡Y si!, ¿qué pretendías?, ¿qué no se seque?
-          ¡Ay! Nooooo, pero le tendrías que haber dado una toalla limpia o separar esa que usó él, ¿uso el jabón también? ¿el jabón de la bañadera?
-          ¡Uuuuy, nena! ¡Sos rompe, Paula!, ¿qué te haces la fifí?
-          No, JJ, no me hago nada. Pero con el jabón o la toalla se trasmiten enfermedades. Ya me parecía raro, la toalla húmeda y vos no te habías bañado. Además vi las marcas enormes negras de pies en la bañadera.
-          Gorda, le dije que se bañe porque VOS me dijiste lo de las sábanas la otra vez, ¿me estás jodiendo?
-          ¡Ay! ya sé, JJ, pero me da asco, usó el mismo jabón que yo.
-          ¿Qué más usó? ¿mi cepillo de dientes?
-          ¡Ay! ¡Que tarada sos! ¿cómo le voy a dar uno nuestro, o usado? Le di uno nuevo, uno del placarcito.
-          Nunca encontrás nada, pero justo fuiste a encontrar el cepillo de dientes nuevo OralB que tengo de repuesto… sos de no creer. Además, si no viene tan seguido, ¿para qué le das cepillo de dientes nuevo?
-          Mira, sos insoportable Paula, si ensucia las sábanas te calentás, sino te calentás también porque se baña y usa las toallas, o usa el jabón o porque dejó las marcas de los pies en la bañadera. ¡Si se va a bañar es porque esta sucio! ¡a la bañadera se entra sucio! ¿sabías eso?, ¿quién te entiende, Paula? ¡No hay poronga que te venga bien! ¡Ni una puta poronga te viene bien, nena!

Nunca me entendió el punto, eso esta claro. Ahora me pregunto, cuando hizo referencia a que ninguna poronga me venía bien, ¿habrá incluido la suya? 

sábado, 10 de julio de 2010

En una oración dijo todo: “no me interesa”.

En una relación, muchas veces la extensión de la charla es inversamente proporcional a la posibilidad de arreglar la relación. Es que cuando ya esta casi todo perdido el intento se hace cada vez con menos potencia porque ya venis dejando mucha energía en los intentos anteriores.

Ya en “las diez de ultimas”, frase de la abuela Merce que no se bien de donde sale esta expresión pero se aplica a todos esos momentos en los que ya no tenes mucho tiempo. Como decir “esta en las diez de última” es: está por morirse.
Retomando este pequeñito relato, sigo: ya en las diez de última de la relación. Intento dialogar con JJ pero utilizo un tomo de voz de mujer un tanto cansada.
-          JJ, tenemos que organizarnos mejor.
-          ¿En qué sentido lo decís?
-          Y, por ejemplo, vos que sabes usar programas tan complejos en tu Mac, podrías poner a lavar ropa en el lavarropas. Así las tareas las vamos adelantando, sobretodo el que llega primero. Hay días que vos no tenes facultad y llegas tipo 7 de la tarde, mientras que yo llego a las 11 de la noche.
-          Pero llego muerto, gorda.
-          Si, pero yo también estoy muerta, llego a las 11 de la noche y si vos podes poner a lavar ropa adelantas un montón. El lavarropas lava solo JJ. Lo maneja mi abuela. Es fácil. ¿Por qué no venís así te muestro como tenes que hacer?
-          ¿Ahora queres que vaya?
-          Son dos minutos, JJ. Lo maneja la abuela Merce. Vos arreglas el auto, descuartizas la cpu, la desarmas y la volves a armar, esto es una lavarropas. ¡Anda solo!
-          Es que, ¿sabes lo pasa?
-          No, decime. ¿Qué pasa?
-          No me interesa aprender a usarlo. Nunca voy a poner ropa a lavar, Paula.
El pronóstico: intensas tormentas.

Al borde del desborde.



Los intentos de arreglo con JJ eran agua corriente. Hasta que uno llega a decir “basta” en una relación intenta hacer que funcione. Todo con el fin de que "la relación", esa especie de ente, funcione. A veces esos intentos sirven y otras veces desgastan, pero no sabes si sirven o desgastan hasta que no probas. Con este diálogo me di cuenta que hacer que “la relación” funcione estaba siendo esfuerzo mío y que del otro lado tenía poca recepción. Esto de darme cuenta de que del otro lado tenía poca recepción lo vi pero hice de cuenta que no vi nada.
Más o menos las cosas fueron así:
-          JJ, mi amor, necesitaría que, por favor, me ayudes con algunas cosas de la casa. No puedo mas, desde que estamos juntos hago el doble de cosas. Plancho doble, lavo doble, cocino doble. De Luna olvidate, gordo, Luna es mía y de ella me encargo yo. *la verdad es que no me alcanzaba el tiempo para cocinar, lavar, planchar, hacer las compras y todo. Él llegaba antes que yo y no era capaz de pelar una papa. Necesitaba que dividiéramos las tareas porque estaba perdiendo a lo pavo*
-          Y, pero yo no se hacer nada de esas cosas que me decís, además, no decías nada de todas las veces cocino yo, gorda.
-          Si, JJ, vos cocinas cuando tenés ganas, pero tenemos que comer todos los días nosotros y vos más que yo. Porque yo me arreglo con cualquier cosa que hay en la heladera, en cambio vos, querés bife con puré, pollo, ensalada, me haces cocinar porque para vos comer panchos no es cena.
-          Bueno, Pau, pero si es por vos me tenes meta panchos y hamburguesa todos los días.
-          Tampoco exageres tanto, JJ, además cuando cocinas armás un despelote tremendo. Jamás le embocas al tamaño del tarro que vas usar para hervir fideos. Te das cuenta cuando ves que no te entran, entonces ahí agarras otra cacerola más grande y así ensucias todo. Mirá JJ, no me hagas acordar cuando hiciste pollo a la sal porque le pusiste tanta sal que se desbordó y se empezó a caer sobre la chapa del horno, ¡imposible de despegar esa puta sal!, y no me ayudaste ni un poco a limpiar esa costra que se hizo.
-          ¿No te ayudé?, no tenes cara, Pula Jimena. Compré yo todos los líquidos Mr. Musculo que hay en el Coto para limpiar el horno y decís que no ayudé, ¡la de guita que gasté!
-          JJ, dejá de lamentarte, por favor, porque quiero que tengamos una charla lo más adulta que sea posible.
-          Bueno, a ver, decime, charla adulta.
-          Y, por lo menos cuando tomas Coca Cola no dejes el vaso por ahí, llevalo a la cocina. Llego y la casa esta tapizada de vasos con restos de Coca Cola, ¿no podes rellenarte el mismo vaso que venias usando?, ¿tanto te jode?
-          Sabes, gorda que voy directo a la heladera cuando quiero Coca y no tengo en cuenta si ya tomé. Agarro un vaso y me sirvo Coca. No lo veo tan grave.
-          ¡Uy! Si te olvidas de los vasos que vas usando, estamos más jodidos de lo que pensé, menos mal que vivimos en setenta metros cuadrados.
-          Bueno, ¿tanto drama por eso? Dejá, esta bien, voy a buscar los vasos y voy a usar siempre el mismo, tá bien, ¿más tranquila ahora?, ¡tanto quilombo por un vaso del orto! *se fue al cuarto murmurando por lo bajo*
Meses después, traté de hablar adultamente de nuevo con JJ, lógico que ya tenía menos paciencia que antes  porque los vasos seguían sembrados por todos lados y no contaba mucho con su colaboración para las cosas diarias. No quedaba otra alternativa que volver sobre el tema:
-          Algo tenemos que hacer, JJ. No puedo seguir haciendo todo yo sola. Ni siquiera das vuelta la ropa cuando te la sacas, las medias hechas un bollo, JJ, ¡así no se pueden lavar!
-          Uy, Paula, cuando se te mete algo en la cabeza no te lo saca nadie, la nueva es que yo tengo que colaborar.
-          ¡¿Tan loco te parece lo que te digo, JJ?!  *y si, le parecía muy loco lo que yo decía, bastaba con ir una vez a la casa y ver como lo trataba Porota. El flaco ahí era un rey. Llegaba y se sentaba automáticamente en su computadora, tranqui, ciento veinte. Ahí nomás, al minuto estaba la Poro con un vaso de Coca Cola bien fría que se la dejaba al lado del teclado en una bandejita y con una sonrisa enorme le decía, “¿te hago un sanguchito?” Viendo las cosas desde ese lugar, convivir conmigo era peor que vivir en Camboya, ¡claro que le parecía loco mi pedido de colaboración! Pero yo no tenía tiempo para nada. No sé, la vida de por si es jodida si vos me la jodes más te quiero lejos*
-          Pau, ¿qué querés, decime?, ¿pretendés que de vuelta la ropa?, que la ponga al derecho.
-          Y si, mínimo. *ya estaba por llorar porque notaba que él lo tomaba como un capricho mio y no lo hacía convencido*
-          Bueno, gorda, sin tan importante es para vos, daré vuelta la ropa, a ver si alguna vez dejás de reclamarme cosas, ¿sabes?, tengo los huevos llenos, Pau.
-          Sos un pelotudo malcriado de mierda, ¡andate a cagar!
Después de algunos meses ya casi al borde de desbordarme emocionalmente, vuelvo sobre lo mismo, pero el tono de comunicación ya no era el mismo:
-          Flaco, sos un potus, ¿sabias?, pero lamentablemente necesito que me ayudes con algo.
-          Uy, Paula, ¿y ahora que te pasó?, ¡que torcidita viniste!, ¿qué pasa?, ¿se te sublevaron las telemarketers, que venias tan calentita?
-          No querido, mi trabajo esta perfecto, mi problema es acá, ¿sabes?, estoy hirviendo fideos para que cenemos, limpio un toque el balcón porque Luna hizo pis. Descuelgo la ropa seca y se esta por terminar el programa con una tanda de ropa que hay que colgar, ¡estoy a pleno!, ¿no se te ocurre darme una mano con algo?
-          Aguantá gorda, aguantá dos minutos que veo los goles de Racing y estoy. No te enojes, ¿si?
-          ¿Que estas qué, JJ?, ¿los goles?, ¿hizo goles?, disimulá que todo te chupa un huevo,  JJ.
-          Bueno, nena, ya te ayudo, ¿qué queres que haga?
-          No hay leche para desayunar mañana. Todavía no cerró Disco *el Disco quedaba exactamente enfrente del departamento*
-          ¿Qué?, ¿y yo tengo que ir?
-          No, sabes que pensé en mandar a Luna primero, pero tengo miedo que la caguen con el vuelto, ¿viste?
-          ¡Que graciosa estas! Tinelli, ¿sos “Tinelli” ahora, nena?
-          ¡Ay! JJ, mirá siguí cual potus mirando a Racing. ¡Dejá! Voy yo a comprar la leche para que los dos desayunemos mañana. *mientras agarro la billetera con mucha violencia, me dice con un tono de “estar muy hinchado las pelotas”*
-          ¿Qué?, ¿te enojaste ahora, nena? ¡Sos más rara, Paula!
-          ¿Yo soy la rara ahora?
-          Tanto que colabore, tanto que colabore, ¿por qué no te ponés de novia con uno de la Cruz Roja y me dejas de hinchar las pelotas, nena? *respiré hondo y dejé de discutir porque era para darle un cachetazo en el medio de la cara*

viernes, 9 de julio de 2010

Mimos por msn, también son mimos, aunque no sea amor.



mm dice:
 Buen dia! Como anda?
 Anoche soñe con Ud
pau jime.- dice:
 ay! 
 jajaja
 cuenteme
 no me la deje ahi
mm dice:
 teniamos sexo loco!!!
pau jime.- dice:
 pero asi me lo dice???
mm dice:
 y si…
pau jime.- dice:
 pongame
 algo de romance
mm dice:
 le cuento
pau jime.- dice:
 mm cuenteme mas
mm dice:
 Mire
 recuerdo la locacion........
 estábamos en xx
 pero era algo bastante confuso
 una especie de protesta que ud habia pensado
pau jime.- dice:
 pero me asocia a las protestas?
 y ud me hizo dejar de protestar?
mm dice:
 no me entiende
 tarde ya de noche
 Ud. estaba bastante mal por una situación que estaba pasando en xx
 y yo me aproveche
pau jime.- dice:
 ah! como en la realidad
mm dice:
 disculpeme!
pau jime.- dice:
 que?
 por que?
mm dice:
 por que me aproveche
pau jime.- dice:
 en el sueño?
 no pasa nada!!
 pero a ud le parece que la pase mal?
 en el sueño...
mm dice:
 y la verdad que no
pau jime.- dice:
 entonces no me pida disculpas
mm dice:
 no fue honesto
pau jime.- dice:
 me engaño?
 ud no acabo?
mm dice:
 no
 si y ud tambien
pau jime.- dice:
 y que no fue honesto...no entiendo
 en q me engaño?
mm dice:
 Ud. estaba angustiada
 y yo la consolé
pau jime.- dice:
 ah! y me hizo la gran “veni que te consuelo"
mm dice:
 claro
 Ud. no se opuso, a decir verdad
pau jime.- dice:
 pero, en fin...yo acepte
mm dice:
 claro
pau jime.- dice:
 y no la pase mal
 no pasa nada...
mm dice:
 tenia que contarle mi sueño
pau jime.- dice:
 hizo bien mm
 me alegro un poco el dia
mm dice:
 me da un poco de verguenza
 por eso uso este medio
pau jime.- dice:
 claro cuenta poner la cara para decir cosas asi
 este medio desinhibe
 soño lindo por lo que me cuenta
mm dice:
 mentiria si dijera lo contrario
pau jime.- dice:
 y no, ahora no mienta
 que me arruina todo
mm dice:
 jaja!

Toda la coonversación es real pero solo esa persona puede saber quien es "mm" (persona que inicia conversacion en msn). Jamás guardo las conversaciones que mantengo por msn (ni por ningún medio, a menos que sean conversaciones desopilantes o de personas con las que no mantengo contacto actualmente, a pesar de ello, conservo el anonimato de estas personas). Esta charla fue muy graciosa, me sorprendió mucho además y, en momentos de muchisima angustia como estos que estoy transitando ahora me ayudó a comenzar mejor el día y logró hacerme reir.

¡No, con los playmobils no!


-¿No pusiste lo de los playmobils en el blog, Jime?
- No, Margui…no lo puse.
- Ah, no, no, no. Lo tenés que poner, ¡es buenísimo!
Y como Marga lo sugirió acá va el relato de los playmobils.

En el segundo intento de convivencia con JJ, aclaro, segundo intento que no fue tal. En realidad, fue un intento de demostrarle a JJ lo lejos que estábamos uno del otro, que no existía amor, al menos de mi parte y de que ya nada nos unía. Se lo quise demostrar empíricamente, ponele, para que deje de pensar que era un capricho mío.
Gran estupidez la mía, lo sé, perdimos el tiempo y nos desgastamos el alma los dos. Pero dejando de lado todo aquello que pertenezca al terreno melancólico, el contexto de nuestra  relación se resume, más o menos, así.
Pretendí que JJ viera que no funcionaba nuestra  relación y que no se trataba de un capricho mío. Mi actitud, a fin de querer demostrar que “esto no iba”, no era la mejor. Por ejemplo, a la ropa de JJ no le ponía suavizante, no lo acompañé más  a ningún evento familiar ni de sus amigos, tampoco lo participaba de los míos y, como digo frecuentemente: “yo ya no me comía ni la punta”, es decir que no soportaba nada, mi tolerancia era casi nula. Sólo media cara de culo de su parte era motivo suficiente como para levantarme en plena cena, agarrar mi plato y terminar cenando bien lejos de él, en cualquier otro lugar del departamento. Todo esto lo hacía embanderando una de las frases que me acompañó durante aquellos tiempos: “demasiadas caras de culo soporto de la gente a lo largo del día, como para llegar a mi casa y tener que tolerar la tuya también, JJ. Mi casa, nuestra casa, debe ser el lugar donde encontremos el mayor confort posible. Si vos no colaboras para que esta casa sea el mejor lugar donde podemos estar, el mejor refugio que podemos encontrar: te transformaste en una piedra, flaco”… y todos sabemos lo incómodas que son las piedras en el camino.

Así venia yo, áspera, ponele, con ese tonito de voz algo altanera al hablar, pero ojo, él tenía lo suyo y no se quedaba atrás. También se amotinaba en “pie de lucha”, onda los trotskos de la facultad de ciencias sociales. Eso si, los amotinamientos de JJ son para otra entrada, o varias, en este blog, ¡bah! el blog se va nutrir de los amotinamientos, caprichos, razonamientos más que extraños, formas de actuar y de contestar imposibles de comprender en un hombre de treinta años.

Entre todas sus particularidades, JJ coleccionaba playmobils, no uno, ni unos cuantos, sino que coleccionaba toda la escena completa. Tampoco eran los muñequitos en una caja que guardaba porque ya no jugaba más con eso, ¡no! Los playmobils debían estar desplegados, con toda la escena armada en uno, no, en realidad, en varios estantes que estaban destinados para eso, eran los estantes de mis libros y cada vez que yo intentaba sacar un libro tratada de hacerlo con mucho equilibrio para no tirar ninguno pero era casi imposible. Los playmobils así dispersos eran muy molestos, juntaban mucha tierra y como son livianitos, el viento los hacía volar cada vez que se abría la ventana del balcón y con gran facilidad terminaban en el piso. Y, ¿adiviná qué pasaba cuando tocaban el piso?, para JJ era un desastre, pero era algo lógico que una vez que el playmobil tocara el piso Luna lo agarrara y lo escondiera entre los trapitos de su cucha. Ella también los coleccionaba. Pero, todo se transformaba en trágico porque lamentablemente, los perros para agarrar las cosas, las muerden y algo irreparable para un playmobil. Cuando un playmobil tiene mordidas las manitos o la cabeza ya no le entra el peluquín o la copita de vino para brindar. Ese es el drama.

Por eso, cada vez que JJ se daba cuenta que faltaba algo o que algún playmobil estaba mordidito armaba un quilombo impresionante que, sumado a mi escaza tolerancia, todo terminaba siempre en una batalla. 
Pensar que todo se debía a esos playmobils, ¡que locura! Peleas eternas por esos juguetes que sólo estaban en exhibición. Pero ojo, el amor de JJ por sus playmobils tenía un límite claro: jamás limpió ni un puto playmobil, ni una maldita copita, ni la nave espacial, ni el camión de bomberos, nunca limpió una mierda y eso aumentaba mi queja contra esos juguetitos detestables con pelito patético y manitos que ¡no eran manitos, por el amor de dios!

Un sábado arrancó a pura batalla cuando llego al mediodía, después de haber ido al  gimnasio, llego tranquila, contenta, sin preocupaciones porque estaba prácticamente sedada después de la rutina zarpada que había hecho. Abro la puerta del departamento y JJ me recibe de la peor manera que podía llegar a recibirme: con cara de culo y sin un "Hola" previo. Detesto profundamente llegar a cualquier lado, a la facultad, a la casa de una amiga, al laburo, a donde sea que llegue y que me ataquen con un tema sin ni siquiera decirme "hola". La cara de culo de JJ noté que fue instantánea, se transformó en cuanto me vio entrar y en un segundo me di cuenta el por qué, ¡claro! ¿cómo se me ocurre no ponerme el buzo en la cintura para que me tape el culo cuando estoy con calzas y la remera no me llega hasta el tobillo?, ¿cómo hago una cosa así?. JJ en lugar de decirme un "Hola" me recibe así:
-¿Así fuiste al gimnasio, Paula? *respiro hondo porque tengo mooooy poca tolerancia para responderle*
-Si, fui así JJ, ¿qué querés que me ponga?, a ver, decime, ¿una sotana, nene? *mientras le hablo pienso que jamás fui al gimnasio con calzas zarpadas color blanco, nunca un top o algo súper sexy. Siempre fui con calzas y una remera común, no con una remera hasta la rodilla pero tampoco un top. Me envenenaban esos comentarios porque pensaba en las chicas que van súper sexies y yo, al lado de ellas, parezco una boluda y me tengo que bancar que él me recontra cague a pedos porque se me veía el culo. Obvio que no se me veía, se marcaba a lo sumo, pero mis remeras siempre llegan un poco más abajo de la cintura. Todo me reafirmaba una sola cosa: ¡que desubicado es este flaco!*
-No me cargues, Paula, sabes a lo que me refiero. ¡Se te ve todo el culo!
-Bueno, basta, JJ, cambiame la carita y tratemos de almorzar con algo de paz, no me hagas calentar, por favor.
-¿Ahora soy yo el que te hago calentar?, pero sos vos la que no te pones el buzo en la cintura sabiendo que a mi no me gusta que andes sin el buzo atado. Si antes te lo ponías, ¿por qué ahora no?
-Porque antes trataba de evitar estos quilombos, pero siempre tenés algún motivo para generar discusiones al pedo, entonces, haga lo que haga me peleas, por eso no me caliento más porque total vos me vas a pelear, JJ. No sé, lo tuyo es genético en un punto, nene.
-Ah, ¡pará! ¡pará, Paula! ¡No abras la ventana del balcón! *ni bien me lo dice miro hacia el balcón y no puedo creer lo que veo. Vuelvo a mirar y me enfurezco como nunca*
-¿Vos estas loco?, estas completamente desquiciado, JJ, decime ya qué hace Luna en el balcón con los cinco grados que hace, ¡hace un frio de locos, flaco! ¡sos un animal! ¡Luna esta temblando, forro! ¡pesa cinco kilitos nada más! ¡la vas a matar!
-¡Que exagerada sos! Es un perro, Paula, ¡pará, nena!¡no le abras! ¡está en penitencia!, ¡dejala ahí! Tiene que aprender a no tocar mis playmobils.
-¡Perdón! Vos sos un enfermo mental, nene. Tenés que estar en una clínica apartado de la sociedad. 
-Es así, Paula. La perra es una malcriada por tu culpa y no puede ser que haga lo que ella quiera. No tiene límites.
-¿Vos sos pelotudo?
-Dejá de insultarme, Paula.
-Te pregunté algo, respondeme, ¿sos pelotudo?
-Cortala, dejá de hacerte la canchera porque te queda mal y ya puse la mesa, asique vení a comer.
-No la corto nada. Me tenés tan, pero tan cansada con esos playmobils de mierda, que ya siento que estoy al lado de un pelotudo de catorce años. Estos putos playmobils, porque te aclaro que parecen bien putitos con ese pelito de forros que tienen, siempre se caen. Tocas un libro y se caen, abrís la ventana y el viento los tira. La perra es perra y actúa como perra, por eso guarda todas las cositas que encuentra entre sus trapitos, papa frita.   
-Es indefendible, Paula, Luna siempre hace lo que quiere.
-Luna se cree que los putitos playmobils son sus hijos, JJ, vos no la entendés. Como todo en esta vida, no entendés nada. *eso de que Luna se "cree" que los playmobils son sus hijos, son chistes que JJ no entiende que son chistes, cree que yo realmente pienso así y odia esa clase de comentarios. Justamente por eso se los hago en plena discusión*
-¡No le abras a Luna! *ya le estaba abriendo la ventana y la perra entró en un segundo cagada de frio*
-Ya le abrí, tarde, querido. 
-No sabes tener animales, Paula.
-Mira JJ, vamos a hacer así porque no podemos seguir discutiendo eternamente por esto. Vos sacas los playmobils hoy y los guardás en una caja o paso la aspiradora y los chupo todos, mañana.
-¡Callate Paula! Nunca te vas a animar a aspirarlos.
-Bueno, mañana vemos si me animo, por las dudas, vos, guardalos vos.

Lógicamente, no sacó ni un puto playmobil, ninguno pasó a estar en ninguna caja, seguían ahí, paraditos los putitos. En el estante, del departamento del piso diecinueve, piso en el que cada vez que abrías la ventana el viento, a gusto y piaccere, los desparramaba por todos lados. Grato momento para Luna, obvio, no le daban las patitas para correr, poder llevárselos todos a su cucha y esconderlos entre sus trapitos.

JJ, no guardó nada.
El final: predecible.
Por eso al día siguiente le pregunté:
-Tampoco hoy pensás guardar los playmobils, JJ.
-Paula, tengo que ir a la casa de Tebi a terminar la entrega de mañana, ya lo sabes, ¿para qué preguntás?
-Bueno, después no te sorprendas.
-¡Ay! Hacé lo que quieras Paula, pero no me jodas más.
-Bueno.

Los aspiré. Aspiré todo, menos las naves, las mesas, las sillas y esas cosas grandes que eran parte de las escenas. Cosas que por las aspiradora no pasan, pero que si entraron cómodamente en una bolsa. 

Después, todo fue a parar a la Iglesia donde esta el Padre Pablo, nunca me acuerdo el nombre de esa Iglesia pero sé que es sede de Cáritas, asique, seguramente, hoy esté jugando con esos playmobils algún nene que no los considera un caprichito, sino un simple juego.

Todavía me los reclama, ¡paaaaaaabre!

Se dice de mí.

Así dicen que soy, parece que soy la malaprendida, la que siempre hace "lo que quiere", la que anda con "mala yunta", la desobediente, la ingobernable, la caprichosa, la contestataria, la oveja negra, la enrosquera y cocorita que se cree muy "viva" pero que en realidad siempre termina perdiendo. Soy la que "siempre dá la nota". En fin, así dicen que soy. Esto quizás sea solo la mirada de algunos. Los que me conocen saben que soy demasiado normal.

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Muy buenos blogs, haceme caso y leelos. No te hagas el malaprendido conmigo